LA MUJER DE LAS BOTAS NUEVAS
Al doblar cada esquina, al entrar en la cafeteria o salir de clase, al ir a los lavabos sentía que ella le clavaba la mirada en la nuca, que ella la observaba cada movimiento que hacía.
Ella estaba convencida de que aquella chica la perseguía, aunque también era consciente de que eso era quizá una forma de confirmar sus creencias acerca de su persona, pues se podía ver con sólo mirarla que se sentía segura de sí misma. Unas botas de tacón le bastaban para fijar sus pasos, un espejo para verse guapa, un pirópo para afianzar la estima que poseía en esos momentos.
A veces se sentía culpable, por su pasado, por su presente, tenía las mismas inseguridades que podría tener cualquier mujer. Se preguntaba a menudo cómo sería su vida si fuera otra persona, cómo sería si tan sólo hubiera decidido otras cosas, o simplemente si su pasado no hubiera sido el que es. Pensaba por momentos que la vida no es más que un cúmulo de casualidades, a pesar de que ella siempre había creído firmemente en el destino, no como algo inamovible, pero sí como algo decisivo para todo lo que había vivido hasta entonces.
Prefería la seguridad de la vida con la que era relativamente feliz en esos momentos, con una mujer de la que estaba enamorada y que la amaba sin condiciones, tal y como era, sin huir del pasado que tanto le atormentaba.
Le seguía el juego a aquella chica que tanta curiosidad le despertaba, y que le provoca una sonrisa. Le hacía gracia aquella manía persecutoria tan propia de adolescentes y que ella ya había dejado atrás hace mucho tiempo.
Sólo jugaba, porque era una manera de no romper una ilusión que sólo ella podía mantener, sin hacer daño a nadie. Todo a pesar de los rumores sobre su homosexualidad en los entornos que frecuentaba, a pesar de que ella nunca traspasaría una linea, pues estaba muy segura de que sólo había una mujer a la que ella amaba.
Ella estaba convencida de que aquella chica la perseguía, aunque también era consciente de que eso era quizá una forma de confirmar sus creencias acerca de su persona, pues se podía ver con sólo mirarla que se sentía segura de sí misma. Unas botas de tacón le bastaban para fijar sus pasos, un espejo para verse guapa, un pirópo para afianzar la estima que poseía en esos momentos.
A veces se sentía culpable, por su pasado, por su presente, tenía las mismas inseguridades que podría tener cualquier mujer. Se preguntaba a menudo cómo sería su vida si fuera otra persona, cómo sería si tan sólo hubiera decidido otras cosas, o simplemente si su pasado no hubiera sido el que es. Pensaba por momentos que la vida no es más que un cúmulo de casualidades, a pesar de que ella siempre había creído firmemente en el destino, no como algo inamovible, pero sí como algo decisivo para todo lo que había vivido hasta entonces.
Prefería la seguridad de la vida con la que era relativamente feliz en esos momentos, con una mujer de la que estaba enamorada y que la amaba sin condiciones, tal y como era, sin huir del pasado que tanto le atormentaba.
Le seguía el juego a aquella chica que tanta curiosidad le despertaba, y que le provoca una sonrisa. Le hacía gracia aquella manía persecutoria tan propia de adolescentes y que ella ya había dejado atrás hace mucho tiempo.
Sólo jugaba, porque era una manera de no romper una ilusión que sólo ella podía mantener, sin hacer daño a nadie. Todo a pesar de los rumores sobre su homosexualidad en los entornos que frecuentaba, a pesar de que ella nunca traspasaría una linea, pues estaba muy segura de que sólo había una mujer a la que ella amaba.




