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Las letras de una magnolia
Letras Unidas
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Sindicación
 
La Lola
La Lola es una señora mayor, casi octogenaria, de cabellos cortos y duros. Es dulce, sensible y siempre luce una amplia sonrisa con la que deja entrever una dentadura postiza perfecta.
Las arrugas de su rostro se desdibujan sutilmente en su tez rosada. Y sus manos, con unas cuantas manchas de vejez que se esconden entre las pronunciadas venas, siguen siendo suaves y perfectas.
Cada mañana abandona su casa situada en los bajos de la calle Mayor del pueblo.
A paso lento coge el bastón, se pone sus gafas oscuras y se dirige al trabajo.
Ella sabe que muchos dependen de ella. Muchas ilusiones están puestas en la Señora Lola, como dicen sus vecinos.
Sentada en un pequeño habitáculo pasa más de cinco horas diarias.
Los Jueves, tan sólo pasa cuatro ya que al haber mercado, la gente que pasa por delante de ella aumenta.
- Hola Señora Lola, que tal la mañana- le pregunta de verdulera con el delantal impecable y una cofia pegada a la cabeza.
- Muy bien, aquí, como cada día.- responde Lola con una amplia sonrisa.- A ver si hoy tengo más suerte, que hace muchos meses que los sueños no se pasan por aquí.
A la Señora Lola le gusta su trabajo. Ella sueña con poder ofrecer a todos los que a diario la visitan, eso que más anhelan… poder hacer realidad algún sueño.
- Me da uno por favor- le dice un joven poniendo la mano en el bolsillo del pantalón buscando unos euros.
- ¿Cuál quieres chico?
- El que Usted quiera-
- Toma, éste es el último de la serie. Acaba en 26, ¿te gusta?
- Si claro que si.
El joven lo coge y cuando va a darle el importe a la Señora Lola, ésta le roza suavemente la mano y le dice:
- Suerte joven
Una sensación extraña invade el corazón de Lola.
- Este chico…. – piensa.- Su mano era muy joven y aunque mis ojos no me han permitido verlo, lo he sentido triste y abatido.-
Cuando sus cupones se han acabado, recoge todo, saca el limpia cristales y como si de todos los sentidos gozara, saca brillo a todos los cristales del pequeño habitáculo.
Pero en su mente sigue apareciendo el joven de la mañana.
- Pobre chico- se repite- ¿Cuál será su pena?
Esa noche y como cada noche, a las nueve en punto enciende su radio para escuchar en directo el sorteo y comprobar si por suerte ha dado algún premio.
Una llamada telefónica la distrae y lo único que consigue escuchar es : decenas 2; unidades 6.
A la mañana siguiente y a los pocos minutos de haber abierto la ventanita de los sueños, como ella dice, una voz que no le es desconocida la saluda.
- Señora muchas gracias- escucha
- No sabes cuanto me alegro joven. ¿Lo llevabas entero?, no recuerdo cual te di, ya sabes a mi edad la memoria empieza a flaquear un poco- dice sonriendo
- Si señora, enterito- dice el joven con una voz entrecortada- No sabe como lo necesitaba
- Lo se chico- dice la Señora Lola, lo sé, lo noté en tu mano
- Mi madre …- titubeo- lleva tiempo esperando poder operarse pero…una operación muy cara… ahora por fin
- Me alegro joven-
Lola le coge de la mano y con la otra busca su rostro. Lo acaricia suavemente y le dice:
- Ve, ahora ve con tu madre, pero prométeme una cosa.
- Lo que quiera, dígame- inquiere el joven
- Cuando todo haya terminado, quiero conocer a esa persona que tiene la suerte de tener un hijo como tu. ¿Lo harás?

La Señora Lola es feliz así. Aun viviendo en la absoluta oscuridad, aun sin ver el rostro de los que la visitan a diario, su vida es esa…. Ver esos sueños cumplidos