Música de Jazz

En el negro piano de cola
sentado, erguido frente a él
acariciando las teclas marfil
como acariciando la piel
suave y tersa de su amada
Con sus pantalones oscuros
su camisa blanca
y sus tirantes negros
invita a sus dedos a bailar
un dulce baile
a esa brillante
y reluciente trompeta
Una piel negra
un sombrero claro
y en sus hombros sujeto
el peso de ese viejo saxo
saxo que habla de amor
de vida y de pasión
El bajo, el contrabajo
los timbales, la batería...
La sala vacía
copas en las mesas
humo de tabaco y luz de focos
magnifica combinación
música y sentimientos
Y en el ambiente
notas entrelazadas
que elevan, que transportan
Notas que llegan al corazón
notas que erizan la piel
Sueño cumplido

Cursaba tercero de básica cuando Eva ganó el concurso de pintura que había organizado su colegio.
Siempre andaba con su estuche repleto de lápices y colores por todas partes. Si tenía que esperar en el dentista, allí mismo sacaba una hoja de su mochila, su estuche y empezaba a dibujar. Tenía buenas cualidades para todo lo manual; el dibujo, la pintura. Cualidades que había heredado de su abuelo materno.
Cuando en verano se dirigía al pueblo a pasar allí unos días, lo primero que hacía después de saludar a los familiares, era pasear por toda la casa. Mirar los cuadros que había pintado su abuelo y había colgado por todas las paredes de la casa, intentando localizar alguno nuevo.
Era como visitar una exposición de arte, donde las salas eran más acogedoras que las habituales.
Pasaron los años y su afición por la pintura iba en aumento. Cada vez que finalizaba uno, llamaba a quien había sido su maestro.
- Mira abuelo, ayer acabé este lienzo.- Le decía con gran entusiasmo y a la espera de recibir el elogio que sabía su abuelo le daría.
Las telas se iban amontonando en el altillo de su armario. A medida que pasaban los años, el tiempo que le dedicaba a la pintura era menor.
Cuando cumplió los quince años, un mal funcionamiento del corazón la dejó sin maestro. Su abuelo había muerto sin poder ver la exposición que él siempre decía orgulloso que haría algún día su nieta.
Quiso hacer cursos de dibujo para aprender diferentes técnicas y perfeccionar su estilo pero la economía familiar no se lo podía permitir.
Los años iban pasando y los lienzos permanecían inacabados durante meses tapados con una sábana sobre el caballete, hasta que sacando un hueco a su tiempo, lo terminaba. Cuando así ocurría, siempre repetía la misma frase.
- Abuelo, este te gustaría. He conseguido una combinación de colores maravillosa.
Eva se casó con un prestigioso abogado, que le permitió poder dejar de trabajar.
Crió a sus tres hijos con todo el cariño y amor que una madre da a sus hijos, dedicándoles todo su tiempo, pero cuando estos fueron mayores, los días se le empezaban a antojar eternos.
Desde el día que se casó no había vuelto a coger un pincel, ni siquiera había esbozado un simple dibujo. Tan sólo había hecho algún dibujo infantil para que lo colorearan sus hijos.
Una mañana al despertar decidió que era el momento de hacer aquello que jamás había hecho. Apuntarse en una Academia de pintura.
El mismo día que se cumplían 30 años de la muerte de su abuelo, en la sala de Arte de su pueblo, un gran cartel anunciaba “Exposición de pintura de Eva Lorente”. La sala se llenó, más de cincuenta lienzos adornaban todas las paredes de la sala con sus respectivas placas doradas con el título del cuadro.
El primero que se podía ver era el rostro de un anciano, con el pelo blanco, arrugas en todo el rostro, una mirada penetrante y una gran sonrisa. Bajo el lienzo, una placa con el titulo “Mi maestro- Mi abuelo”
anoche grité tu nombre

Anoche pronuncié tu nombre,
lo grité a los cuatro vientos.
Y mientras gritaba, una gaviota me lo robó.
Se lo llevó, hasta donde se pierde el horizonte ,
hasta donde el cielo y la tierra se juntan,
se funden, se mezclan.
Como el agua a la tierra.
Como el mar a la arena.
Como mi mano a la tuya.
Corrí tras él descalza,
sintiendo el frío de la arena en mis dedos
Y esperé
Como la barca espera la noche en aguas tranquilas
y la brisa movía las velas, los mástiles, mi pelo
El murmullo de las olas, eran el eco de mi grito,
de tu nombre
Y en un baile de nubes en el cielo,
se desdibujó tu figura, tu rostro
Alcé mi mano, atrapando esa nube, ese rostro
Entonces....
Mis palabras murieron en tus labios
Mi luz murió en tu mirada
Y pronuncié tu nombre
Y lo grité a los cuatro vientos.
Gracias a todos
Dejé ayer un mensaje de agradecimiento en contestación a alguno de vuestros comentarios. Pero no estando convencida que lo recibais, prefiero hacerlo con un mensaje nuevo.
Luis, muchas gracias por tus comentarios, por tus aclaraciones y por hacer que cada noche me acueste con un agradable sensación de haber aprendido algo nuevo y de haberme hecho saber que mis relatos sirven para más de lo que yo podía iamginar.
Vicente, se que gracias a tí, mis mensajes no quedarám huerfanos de comentarios. Te lo agradezco de corazón.
Mari Carmen, me llegaron tus felicitaciones. Gracias también por ello.
Y a todos lo que me leen y no me dejan rastro de sus pisadas... MUCHAS GRACIAS.
Luis, muchas gracias por tus comentarios, por tus aclaraciones y por hacer que cada noche me acueste con un agradable sensación de haber aprendido algo nuevo y de haberme hecho saber que mis relatos sirven para más de lo que yo podía iamginar.
Vicente, se que gracias a tí, mis mensajes no quedarám huerfanos de comentarios. Te lo agradezco de corazón.
Mari Carmen, me llegaron tus felicitaciones. Gracias también por ello.
Y a todos lo que me leen y no me dejan rastro de sus pisadas... MUCHAS GRACIAS.
Paisaje
Una ventana pequeña, con los marcos de madera blanca, que se esta volviendo amarillenta, (me parece que tendré que pasarle una mano de pintura). Una repisa de mármol gris. Gris oscuro, como la noche y frío como el hielo.
Así es la ventana a la que me asomo cada noche. En la que apoyo mis brazos en el frío mármol, y en la que paso muchos instantes observando, soñando, y recordando.
Es increíble como cambia el paisaje y los pensamientos, si se mira por ella, con la claridad del sol a cuando lo haces cuando la noche es cerrada y oscura.
Anoche, el viento movía sin cesar las fuertes hojas de la magnolia que tengo justo delante. Digo que son fuertes, porque estirando un poco mi brazo puedo tocarlas y comprobar su robustez. Sus hojas brillan y anoche, algunas de ellas, aún mantenían pequeñas gotas de lluvia que se resistían en caer o evaporarse.
Cogí una entre mis manos, la acerque haciendo que la rama que la unía al grueso tronco se doblara. Le quité esos circulitos transparentes que cogían la tonalidad del verde de la hoja, y la sequé. Quedó aún más brillante de lo habitual.
Me pareció de una belleza espectacular. Tan esbelta, con un color tan lleno de vida, y con sus nervios sobresaliendo de su piel, como las venas que recorren nuestro cuerpo.
Luego la solté, y la rama recobró con un brusco movimiento de retroceso, su posición inicial.
Anoche se podía percibir con mucha claridad el dibujo que formaban las montañas. Las luces parpadeantes (que aún no se porque parpadean), de las casas, de las carreteras, de los vehículos solitarios por caminos de tierra. Y a cada luz le escribía una historia. Quizás mi historia, quizás mis sueños, quizás mis anhelos.
Anoche, el cielo estaba limpio. El viento y las lluvias de todo el día se habían llevado las nubes hacia otro lugar, dejando toda la zona que podía alcanzar mis ojos, limpia para poder observar la cantidad de estrellas que me acompañaban.
Y a cada estrella le puse un nombre. A la más brillante, le puse el tuyo. Y me hablaban, me sonreían,
De repente una de ellas empezó a perder su luz, lentamente fue desapareciendo, lentamente se fue apagando, hasta morir. Y entonces me asusté. Sentí que perdía a una parte de mí, de mi historia, de mi sueño. Y si... me asusté.
No quité mi vista de ese hueco que había dejado, de ese espacio oscuro y negro. Si es cierto que aparecían otras, en otros lugares del firmamento otras luces parpadeantes dejaban ver su luz, pero esa había desaparecido.
Quizás pasaron tres o cuatro minutos cuando ese hueco volvió a ser ocupado, esa estrella volvió a aparecer junto a las demás.
Fue entonces cuando me di cuenta que una fina nube la había tapado por unos instantes.
- ¿Porque me has hecho esto? Le pregunté.
- ¿Porque me has hecho creer que te habías ido? Le repliqué
Y con una voz suave y dulce como la miel me respondió.
- Hay ocasiones en las que no podemos evitar que una espesa nube nos cubra por completo, apagando nuestro brillo y ocultándonos a la vista de todo sin darnos ni siquiera tiempo a avisar.
- ¿Pues sabes?, le comenté
No quiero que tu paso por mi vida, sea como un suspiro de niebla, como un tiempo que se olvida. No quiero pensar que cada vez que te oculta una nube, mueres y desapareces para siempre.
Así que te... miraré cada noche, te buscaré a cada instante, y te soñaré tras las nubes
Así es la ventana a la que me asomo cada noche. En la que apoyo mis brazos en el frío mármol, y en la que paso muchos instantes observando, soñando, y recordando.
Es increíble como cambia el paisaje y los pensamientos, si se mira por ella, con la claridad del sol a cuando lo haces cuando la noche es cerrada y oscura.
Anoche, el viento movía sin cesar las fuertes hojas de la magnolia que tengo justo delante. Digo que son fuertes, porque estirando un poco mi brazo puedo tocarlas y comprobar su robustez. Sus hojas brillan y anoche, algunas de ellas, aún mantenían pequeñas gotas de lluvia que se resistían en caer o evaporarse.
Cogí una entre mis manos, la acerque haciendo que la rama que la unía al grueso tronco se doblara. Le quité esos circulitos transparentes que cogían la tonalidad del verde de la hoja, y la sequé. Quedó aún más brillante de lo habitual.
Me pareció de una belleza espectacular. Tan esbelta, con un color tan lleno de vida, y con sus nervios sobresaliendo de su piel, como las venas que recorren nuestro cuerpo.
Luego la solté, y la rama recobró con un brusco movimiento de retroceso, su posición inicial.
Anoche se podía percibir con mucha claridad el dibujo que formaban las montañas. Las luces parpadeantes (que aún no se porque parpadean), de las casas, de las carreteras, de los vehículos solitarios por caminos de tierra. Y a cada luz le escribía una historia. Quizás mi historia, quizás mis sueños, quizás mis anhelos.
Anoche, el cielo estaba limpio. El viento y las lluvias de todo el día se habían llevado las nubes hacia otro lugar, dejando toda la zona que podía alcanzar mis ojos, limpia para poder observar la cantidad de estrellas que me acompañaban.
Y a cada estrella le puse un nombre. A la más brillante, le puse el tuyo. Y me hablaban, me sonreían,
De repente una de ellas empezó a perder su luz, lentamente fue desapareciendo, lentamente se fue apagando, hasta morir. Y entonces me asusté. Sentí que perdía a una parte de mí, de mi historia, de mi sueño. Y si... me asusté.
No quité mi vista de ese hueco que había dejado, de ese espacio oscuro y negro. Si es cierto que aparecían otras, en otros lugares del firmamento otras luces parpadeantes dejaban ver su luz, pero esa había desaparecido.
Quizás pasaron tres o cuatro minutos cuando ese hueco volvió a ser ocupado, esa estrella volvió a aparecer junto a las demás.
Fue entonces cuando me di cuenta que una fina nube la había tapado por unos instantes.
- ¿Porque me has hecho esto? Le pregunté.
- ¿Porque me has hecho creer que te habías ido? Le repliqué
Y con una voz suave y dulce como la miel me respondió.
- Hay ocasiones en las que no podemos evitar que una espesa nube nos cubra por completo, apagando nuestro brillo y ocultándonos a la vista de todo sin darnos ni siquiera tiempo a avisar.
- ¿Pues sabes?, le comenté
No quiero que tu paso por mi vida, sea como un suspiro de niebla, como un tiempo que se olvida. No quiero pensar que cada vez que te oculta una nube, mueres y desapareces para siempre.
Así que te... miraré cada noche, te buscaré a cada instante, y te soñaré tras las nubes
Un año más
Diez minutos y seré un año mayor.
¿Porqué hay gente a la que le preocupa cumplir años?
A mi, no es que me desagrade, todo lo contrario. Cada vez que cumplo un año más estoy más contenta. Contenta de haber vivido ese año, contenta de haber disfrutado de esos días, de esos meses, de ese año más.
Y se, que dentro de escasos diez minutos, empezaré de nuevo a vivir otros 365 días en los que no dejaré pasar ni un solo minuto sin disfrutarlo y sacarle su jugo.
Mas experiencia, mas serenidad, mas convencimiento de que la vida se vive sólo una vez y hay que disfrutar cada segundo.
Así que.....
A por él voy
¿Porqué hay gente a la que le preocupa cumplir años?
A mi, no es que me desagrade, todo lo contrario. Cada vez que cumplo un año más estoy más contenta. Contenta de haber vivido ese año, contenta de haber disfrutado de esos días, de esos meses, de ese año más.
Y se, que dentro de escasos diez minutos, empezaré de nuevo a vivir otros 365 días en los que no dejaré pasar ni un solo minuto sin disfrutarlo y sacarle su jugo.
Mas experiencia, mas serenidad, mas convencimiento de que la vida se vive sólo una vez y hay que disfrutar cada segundo.
Así que.....
A por él voy





