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Las letras de una magnolia
Letras Unidas
Acerca de
Mejor que opinen los que se decidan a leerme.
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Sindicación
 
Tercera entrega. (ultima)
¿De verdad mamá que nos vamos a Madrid?- me preguntó mi hija.
- ¿Tu quieres ir a Madrid?
- Si claro.
- Pero?. ¿Y el colegio?- preguntó el mayor desde el otro lado del pasillo del avión.
- No te preocupes, por un día que no vayas, no pasará nada.
Sus caras reflejaban una ilusión y una alegría terrible. Y eso que aún no lo sabían todo.
Se sentaron cada uno en su asiento, se abrocharon los cinturones y empezaron a mirar y curiosear todo. El compartimiento de revistas del asiento delantero, el folleto con las instrucciones en caso de emergencia, las luces? todo era nuevo para ellos.
Pero de repente?
- Mamá, pero Ricardo (el niño ?listillo? que estaba sentado delante), dice que este avión va a Paris.
- Tu donde quieres que vaya. ¿A Madrid o a París?- le pregunté mientras los mellizos estaban escuchándolo todo.
- Yo a Madrid
- No, yo a Paris
- Bueno, no, yo también a Paris.
Parecía que no se ponían de acuerdo.

Ya veía que no podría mantener la sorpresa hasta donde yo quería así que?
- Pues venga- miré a mi marido- ¿Nos vamos a Paris?
- Si, si, si. Todos gritaron a la vez
- ¿De verdad mamá?- me preguntó la niña.
- Que si, de verdad. Veréis.- Les llamé a los tres para que prestaran atención.
- ¿Vosotros sabéis que hay en Paris?- Les pregunté
- Eurodisney- respondió rápidamente el mayor.
- Si, la casa donde vive el Mickey- dijo la niña
- Eso es Eurodisney- le remarcó el mediano.
- ¿Recordáis también lo del regalo sorpresa?
- Os dijimos que lo tendríais esta semana ¿verdad?- les dijo mi marido.
- Pues esto es el regalo sorpresa, les dijimos.- Tres días en Eurodisney. No uno, sino tres- les remarcamos.

Os prometo que me es imposible describir sus caras.
La niña, me cogió de la mano muy fuerte.
- Mamá de verdad?, no me engañas?
- Que no, que de verdad nos vamos allí
- ¿Mamá, que puedo hacer?- me preguntó acariciándome la cara
- ¿hacer para que?- Le pregunté desconcertada
- Para agradecerte esto.- Y seguidamente me dio, creo que el abrazo más fuerte y mas largo que jamás me había dado.
- No me tienes que agradecer nada- le dije- Yo lo único que quiero es que os portéis bien, que no os peleéis entre vosotros y ahora que os lo paséis muy pero que muy bien.

Giré la cabeza hacia donde estaban los dos niños y mi marido y vi como el mayor estaba abrazado a mi marido.
Él me miró con una cara tierna. Cuando se separó vi la cara de mi hijo enrojecida y con los ojos repletos de lágrimas.
- ¿Qué te pasa?- le pregunte- ¿No gusta el regalo sorpresa?
- Gracias, dijo con grandes esfuerzo. Y de nuevo empezó a llorar y a abrazarse a mi marido.
De mientras los mellizos iban haciendo planes de lo que harían estos días.

Y esos tres días han pasado como un suspiro. Tres meses planeándolo todo y cuando llega el día?. Zas? se acabó.
Y si, se acabó pero se que estos reyes mis hijos no lo olvidarán jamás. Sus caras durante estos días me lo repetían a cada instante.
Para ellos ha sido como estar en un cuento de hadas.( y para mi )
- Creo que aun estoy soñando- no paraba de repetir el mayor
La niña abrazando y besando a todos los personajes que se cruzaban con ella.
- Mira mamá pinocho-. Gritaba. Y se iba corriendo a abrazarlo, mientras que su hermano mellizo se preocupaba de por donde veían los personajes y si pasaban frío.

Frío?. Nosotros si que pásmanos frío. Pero todo mereció la pena.
Porque ellos no lo olvidarán jamás pero yo tampoco

 
Pues.... dejo la segunda parte...
Llegaba la hora de embarcar y todo estaba demasiado tranquilo. (menos los pasajeros, claro). Ya alguien se decidió a ir a preguntar. Su cara de desagrado me dio a entender que habría retrasos.

Hasta cierto punto fue bien el retraso pues en la puerta de embarque anunciaba un vuelo que no era el que nosotros debíamos coger.
Media hora más tarde de la prevista avisan para embarcar. Me puse en la cola y dejé a lo niños que siguieran jugando. Cuando ya quedaba poco les llamé.
- Venga chicos que me voy. ¿Queréis subir a ver el avión o no?
- Si claro.
Creo que con los nervios de ver el avión por dentro y que tampoco sabían como funciona todo esto de los vuelos, pasó todo desapercibido para ellos.

Pasaron por el ?finger? corriendo, contentos y alegres. Cuando entraron uno de los tres (no recuerdo cual) se paró en seco. Quizás las azafatas en la puerta o tantos asientos seguidos, no se que fue pero le llamó la atención.
Nos dirigimos a nuestros asientos, como si nada ocurriera, coloqué sus chaquetas en la parte superior (uno de ellos se extrañó) y nos sentamos.
Justo delante se colocó uno de los niños con los que habían estado jugando.
- ¿Vosotros también vais a París?
Mi cara se descompuso
- No, nosotros no vamos a ningún sitio. Es mi mamá la que se va a Madrid. Dijo el mayor
- Este avión va a París- Volvió el niño ?listillo? a repetir
- Que no, que este avión va a Madrid. Inquirió mi hijo. ? A que si mamá, que este avión va a Madrid-
- Claro que si hijo. Ya verás ¿pregúntale a la azafata? . Quien estaba escuchando todo lo que los niños decían.
- Si claro, este avión va a Madrid.
Parecía que hasta la azafata supiera todos nuestros planes. Pero?
Ya las conversaciones entre los niños empezaban a ser demasiado peligrosas y podían empezar a sospechar algo. Así que con una mirada hacia mi marido decidimos contar donde íbamos.
- Jo, yo quiero ir en avión- dijo el mayor.
-Si?, te apetece?, pues venga átate el cinturón. Nos vamos todos a Madrid.
Se miraron entre ellos como diciéndose mil cosas sólo con la mirada.
- ¿De verdad? Me preguntó la niña, que estaba sentada junto a mí.

Los planes, seguían saliendo según lo previsto.
¿Hasta cuando podríamos mantener la sorpresa?
¿Cuándo se enterarían de que aquello empezaba a ser el principio de su regalo sorpresa de Reyes?

?.. Continuará
 
Hace una semana
Hace una semana, a estas horas estaba yo de viaje. Un viaje sorpresa para mis peques (el regalo de reyes un poco atrasado, jejeje).
Han sido tres meses de preparativos intensos. Tres meses planeando como hacer para comprar los billetes y que no se enteraran (eso fue lo más fácil), después planear que decirles para que el viernes se levantaran a las cuatro de la madrugada y no se enfadaran. Y lo más complicado? como hacer para convencerlos de subir al avión sin sospechar nada.
Pues os cuento.
El Jueves durante la cena se les avisó que tenían que irse pronto a la cama.
- Jo, siempre nos vamos pronto. Mis amigos de clase se van siempre más tarde (comentarios varios)
- Si, pero mañana mamá se va de viaje y tiene que ir pronto al aeropuerto.
- Pues ve tu sola, no? (el mayor)
- Si, ya sabes que cuando voy, siempre voy sola, pero papá tiene su coche estropeado y necesitará al mio. Así que me acompañareis al aeropuerto y después papá os llevará al cole.
La verdad es que hasta aquí, pareció colar.
- Venga y si queréis, intentaré a ver si os dejan subir un ratito al avión para que veáis como es por dentro. (Al ser la primera vez que iban en avión me dio mucho margen)
Todo hay que decir que al día siguiente, cuando se levantaron, ni rechistaron. Creo que se levantaron mejor que cuando lo hacen a su hora habitual. ¿Será que hacer cosas que les rompa la rutina también les agrada?
Al salir de casa, vino la primera pregunta con la que yo no había pensado.
- ¿ Y porque te llevas tantas maletas? ¿Y la cámara de video?
Mi cerebro empezó a darle a la imaginación.
- Veréis, es que no se cuantos días estaré fuera. Lo más seguro que regrese esta noche, pero por si acaso me tengo que quedar más días tengo que ir prevenida. No lo creeis?
- Y la cámara?.
- Pues por cosas del trabajo que tendré que filmar.
Otro obstáculo más superado. Todo un alivio
La llegada al aeropuerto fue más rápida de lo que imaginaba. Lógico a esas horas aun no han puesto las calles y las farolas están agotadas de iluminar durante toda la noche las calles vacías.
- Chicos, iros con papá donde está el caballo (una bonita figura de Botero que a uno de los peques siempre le ha llamado la atención) mientras, yo facturaré las maletas.
Cuando me liberé de las maletas, los planes iban sobre ruedas. Todo estaba saliendo de maravilla pero aun quedaba lo más difícil, que subieran al avión sin sospechar.

A pesar de ser ya las seis de la mañana, estaban muy despejados, tanto que empezaron a jugar con mas niños que estaban frente a las puertas de embarque. Vuelos a distintos lugares, Málaga, Madrid, Paris, otro a Madrid, Mallorca, etc.
- Mamá, de verdad que podremos subir al avión para verlo.
- claro que si cielo, ya he hablado con la azafata y os dejará subir un ratito a todos. Luego os bajareis con papá y os llevará al cole, ¿vale?

Me parecía increíble. Todo Estaba saliendo según lo previsto
 
Volver a empezar



Los dolores eran ya inaguantables. La mano de Pedro estaba enrojecida de tantas veces que Angela la apretujaba con todas sus fuerzas intentando mitigar así ese dolor.
- Venga, no te preocupes. Todo irá bien. Ya verás- intentaban animarle.
La sala del hospital era fría a pesar de estar en pleno mes de Julio.
Angela tiritaba después de cada contracción.
- Por favor, esto es inaguantable- gritaba
De repente unas lágrimas brotaron de sus ojos.
- ¿Por qué lloras? – le preguntó Pedro. Ya queda poco. Aguanta!.
- No lloro por el dolor, Pedro. Tengo miedo, mucho miedo
No hizo falta que Angela dijera nada más. Pedro sabía perfectamente a que se refería.
- ¿Y si vuelve a pasar lo mismo?. No lo soportaría. ¿Y si también nace muerto como pasó con Jesús?
- No, los médicos dicen que todo está bien. Que el niño no sufre y que los latidos de su corazón son normales.

Al poco rato una joven con una bata verde entró en la sala.
- Venga, vamos a la sala de partos. Este muchachito está pidiendo a gritos salir- Dijo la joven con una amplia sonrisa.
Angela no soltaba la mano de Pedro. Parecía que se habían quedado pegadas de la fuerza ejercida.

El doctor Serrano la estaba esperando en la sala de partos.
- Animo Angela. Un par de esfuerzos más y todo habrá acabado.
El corazón de Angela se aceleraba por momentos. El miedo que tenía por que todo saliera bien le anulaba el dolor de las contracciones.
- Venga, ahora cuando te diga ya, empuja con todas tus fuerzas. Le indicaba el médico.
El rostro de Angela se enrojeció por el esfuerzo a la vez que Pedro la animaba y le acariciaba el rostro.
A los dos minutos, de nuevo otro esfuerzo.
- Venga, otra vez!
- Mas. Mas fuerte! Empuja! Un poco más!
Angela se estaba desencajando
- Ya está aquí, venga!!
De repente se hizo un silencio en la sala que a Angela le pareció eterno, pero cuando iba a preguntar que sucedía, el llanto de un bebé llenó toda la sala.
La enfermera le acercó al pequeño bebé al pecho y Angela, sin soltar para nada la mano de Pedro, rompió a llorar.

- Me duele mucho- dijo Angela.
- No te preocupes, ya todo acabó. Ahora te pondré un par de puntos y te podrás ir a la habitación con tu hijo.
- No, no. Me duele!. Gritaba
El doctor Serrano estaba desconcertado. – No puede ser- pensaba.

Al poco rato, el doctor le acarició la pierna tiernamente.
- Angela, hay que volver a empezar . Ahí viene otro bebé.