La partida (Henry)
Aquella noche June se presentó preciosa, como siempre. Su vestido ceñido, con una falda muy corta, atraía las miradas de casi todos lo hombres del restaurante en el que nos citamos.
Cenamos junto al mediterráneo, en nuestra isla preferida. La noche era deliciosa: estrellada, una suave pero refrescante brisa, June...
Terminamos de cenar y dimos un paseo por la enorme y desértica playa. Era junio y todavía había pocos turistas. Algunos chiringuitos seguían abiertos aquí y allá, y algunos parroquianos apuraban la noche mientras la música chill out se fundía con el ruido de las olas.
Paramos en uno a tomar una copa. Un poco apartado, bajo unos árboles, sobre unas tablas en la arena de la playa, había una mesa de billar. El dueño del chiringuito nos dijo que cerraba enseguida, pero que si queríamos jugar, que por el nos podíamos quedar hasta el amanecer.
Allá fuimos. Cogimos entre risas cada uno un palo de billar, colocamos las bolas, y comenzamos a jugar.
Jamás le había encontrado la erótica a ese juego hasta esa noche. En el primer lanzamiento de June, se inclinó sobre el tapete y me quedé embelesado por la figura y su posición, así, inclinada, un pie ligeramente adelantado, su culo en pompa, sus pechos casi rozando el tapete.
Algo parecido pensó ella cuando lancé yo: me miró con esa cara lasciva que tan bien conozco.
A mi cuarto lanzamiento, ella se colocó frente a mi. La miré y vi como el palo estaba entre sus piernas, levantando la falda de su vestido, sus muslos casi completamente espuestos. Fallé, por supuesto, y ella rio.
Me vengué. Cuando le tocó a ella hice algo parecido: coloqué el palo entre mis piernas y comencé a pasar mi mano como si me estuviera masturbando. Falló.
En mi turno fue ella la que se inclinó frente a mi, exponiendo sus pechos a través de dos botones desabrochados para el efecto. Fallé.
Ahora le tocaba a ella. Se inclinó sobre el tapete y no pude resistirme a coger sus caderas por detrás y apretarme a su culo. Se quedó quieta. Retiró su palo, lo cogí, y lo coloqué entre sus piernas, subiéndolo, levantando con el su falda, hasta alcanzar el tope.
Ella seguía inclinada sobre la mesa. Me recliné sobre ella y besé su espalda y su cuello. Mis manos buscaron sus tetas, sus pezones ya duros, y los pellizqué levemente.
Ella se quiso dar la vuelta pero no le dejé. Se quedó inclinada sobre la mesa mientras yo me agaché, levanté su vestido hasta la cintura y mordisqueé sus gluteos mientras mi mano buscaba debajo de la tela de su tanga. Estaba húmeda, y yo sediento de ella.
Retiré la tela y busqué su deliciosa raja. Comencé a lamerla y a sentir sus jedeos. Mis manos y mi lengua recorrieron su sexo, aprovecharon la posición para humedecer su culo. Me excitaba terriblemente tenerla así.
Me levanté, me bajé mis pantalones y saqué mi verga totalmente erecta. Deseaba poseerla allí sobre el billar. Primero así, desde atrás, se la clavé casi con urgencia. Noté un gemido cuando la penetré. Un gemido medio de sorpresa, medio de placer.
Tenía ganas de follarme a June, muchos deseos, y quería follérmela allí. Quería que nuestra noche fuera de billar y playa.
Empujé un buen rato agarrando a June por las caderas, cuando vi por el rabillo del ojo a la única pareja que quedaba en la playa, sentados en una hamaca, mirándonos sorprendidos.
Me separé de June, me terminñe de despojar de mi ropa, hice lo mismo con june,le di la vuelta, retiré las bolas de la mesa y la tumbé. Volví a saborear unos instantes su sexo y me coloqué sobre ella penetrándola. Ella me apretó con fuerza con sus piernas hacia ella, casi impidiéndome moverme, mientras gemía y me arañaba ligeramente la espalda. Yo estaba a punto de correrme.
Dimos la vuelta y se puso sobre mi. Me comenzó a follar con fuerza, desplomándose cobre mi pelvis en cada movimiento, y arrancándome jadeos con cada caida.
Tardamos poco en corrernos los dos. Nos soltamos en nuestros jadeos, en nuestros gemidos, en nuestros gritos, en nuestros orgasmos. Nos corrimos juntos sobre la mesa, con hambre de más sexo, cuando June se dio cuenta de la pareja de la hamaca: el nos miraba mientras ella le hacía una mamada.
Por la mirada de June intuí que a ella le apetecía jugar...
Cenamos junto al mediterráneo, en nuestra isla preferida. La noche era deliciosa: estrellada, una suave pero refrescante brisa, June...
Terminamos de cenar y dimos un paseo por la enorme y desértica playa. Era junio y todavía había pocos turistas. Algunos chiringuitos seguían abiertos aquí y allá, y algunos parroquianos apuraban la noche mientras la música chill out se fundía con el ruido de las olas.
Paramos en uno a tomar una copa. Un poco apartado, bajo unos árboles, sobre unas tablas en la arena de la playa, había una mesa de billar. El dueño del chiringuito nos dijo que cerraba enseguida, pero que si queríamos jugar, que por el nos podíamos quedar hasta el amanecer.
Allá fuimos. Cogimos entre risas cada uno un palo de billar, colocamos las bolas, y comenzamos a jugar.
Jamás le había encontrado la erótica a ese juego hasta esa noche. En el primer lanzamiento de June, se inclinó sobre el tapete y me quedé embelesado por la figura y su posición, así, inclinada, un pie ligeramente adelantado, su culo en pompa, sus pechos casi rozando el tapete.
Algo parecido pensó ella cuando lancé yo: me miró con esa cara lasciva que tan bien conozco.
A mi cuarto lanzamiento, ella se colocó frente a mi. La miré y vi como el palo estaba entre sus piernas, levantando la falda de su vestido, sus muslos casi completamente espuestos. Fallé, por supuesto, y ella rio.
Me vengué. Cuando le tocó a ella hice algo parecido: coloqué el palo entre mis piernas y comencé a pasar mi mano como si me estuviera masturbando. Falló.
En mi turno fue ella la que se inclinó frente a mi, exponiendo sus pechos a través de dos botones desabrochados para el efecto. Fallé.
Ahora le tocaba a ella. Se inclinó sobre el tapete y no pude resistirme a coger sus caderas por detrás y apretarme a su culo. Se quedó quieta. Retiró su palo, lo cogí, y lo coloqué entre sus piernas, subiéndolo, levantando con el su falda, hasta alcanzar el tope.
Ella seguía inclinada sobre la mesa. Me recliné sobre ella y besé su espalda y su cuello. Mis manos buscaron sus tetas, sus pezones ya duros, y los pellizqué levemente.
Ella se quiso dar la vuelta pero no le dejé. Se quedó inclinada sobre la mesa mientras yo me agaché, levanté su vestido hasta la cintura y mordisqueé sus gluteos mientras mi mano buscaba debajo de la tela de su tanga. Estaba húmeda, y yo sediento de ella.
Retiré la tela y busqué su deliciosa raja. Comencé a lamerla y a sentir sus jedeos. Mis manos y mi lengua recorrieron su sexo, aprovecharon la posición para humedecer su culo. Me excitaba terriblemente tenerla así.
Me levanté, me bajé mis pantalones y saqué mi verga totalmente erecta. Deseaba poseerla allí sobre el billar. Primero así, desde atrás, se la clavé casi con urgencia. Noté un gemido cuando la penetré. Un gemido medio de sorpresa, medio de placer.
Tenía ganas de follarme a June, muchos deseos, y quería follérmela allí. Quería que nuestra noche fuera de billar y playa.
Empujé un buen rato agarrando a June por las caderas, cuando vi por el rabillo del ojo a la única pareja que quedaba en la playa, sentados en una hamaca, mirándonos sorprendidos.
Me separé de June, me terminñe de despojar de mi ropa, hice lo mismo con june,le di la vuelta, retiré las bolas de la mesa y la tumbé. Volví a saborear unos instantes su sexo y me coloqué sobre ella penetrándola. Ella me apretó con fuerza con sus piernas hacia ella, casi impidiéndome moverme, mientras gemía y me arañaba ligeramente la espalda. Yo estaba a punto de correrme.
Dimos la vuelta y se puso sobre mi. Me comenzó a follar con fuerza, desplomándose cobre mi pelvis en cada movimiento, y arrancándome jadeos con cada caida.
Tardamos poco en corrernos los dos. Nos soltamos en nuestros jadeos, en nuestros gemidos, en nuestros gritos, en nuestros orgasmos. Nos corrimos juntos sobre la mesa, con hambre de más sexo, cuando June se dio cuenta de la pareja de la hamaca: el nos miraba mientras ella le hacía una mamada.
Por la mirada de June intuí que a ella le apetecía jugar...