El cazador cazado
Como bien sabeis, comencé mi andadura por estas tierras ya hace 2 meses impulsado por un amigo y por las ganas de contar mis pensamientos (algunos, no todos).
Durante este tiempo, he tenido mucho contacto con él, hemos compartido risas, historias, secretos, complicidades...
Hemos hablado casi a diario, siempre teniendo para conmigo una palabra de aliento, un apoyo, mostrándose ante mí como un salvavidas al que agarrarme, a la par que yo, desde mi posición, le enseñaba cómo se vive a este lado.
Hoy, es él quien necesita de mí. Es un papel que me viene grande, ése de dar consejos, puesto que no soy nadie para darlos, pero me veo en la necesidad de hacerlo, se lo debo, y quiero hacerlo que creo que es lo más importante. No hacerlo como obligación, sino por devoción hacia ese amigo, al que le debo muchas noches en vela charlando y dejando atrás soledad, amargura y desazón.
Por eso hoy, me siento como el cazador cazado, aquél que necesitaba de apoyo y consejos, es hoy quien los dá y me veo en el papel de alentarlo, de alegrarlo, distraerlo, empujarlo hacia la vida. Aunque muchas veces pienso que podría seguir yo mismo mis propios consejos, puesto que predico mucho pero no sigo ni llevo a cabo ni la mitad de lo que sale de mi boca o de lo que pasa por mi cabeza.
Así, esta relación se ha convertido como en un columpio de los de antes en los que cada uno se sentaba en un extremo y, con el peso que se hacía, el otro subía, y luego bajaba, se impulsaba en el suelo y eras tú el que estabas arriba. En muchos momentos, me siento arriba, empujado por sus palabras, pero muchas otras me siento sin fuerzas para empujarlo a él hacia lo alto. De todas formas, las sacaré porque se lo debo, y así lo siento.
Espero que todos tengais a alguien que os empuje en el columpio y que no seais egoistas, y que empujeis también vosotros alguna vez, porque tanto se disfruta cuando está uno arriba, como viendo al otro en tu lugar, aunque tú estés abajo.
Un saludo.
Durante este tiempo, he tenido mucho contacto con él, hemos compartido risas, historias, secretos, complicidades...
Hemos hablado casi a diario, siempre teniendo para conmigo una palabra de aliento, un apoyo, mostrándose ante mí como un salvavidas al que agarrarme, a la par que yo, desde mi posición, le enseñaba cómo se vive a este lado.
Hoy, es él quien necesita de mí. Es un papel que me viene grande, ése de dar consejos, puesto que no soy nadie para darlos, pero me veo en la necesidad de hacerlo, se lo debo, y quiero hacerlo que creo que es lo más importante. No hacerlo como obligación, sino por devoción hacia ese amigo, al que le debo muchas noches en vela charlando y dejando atrás soledad, amargura y desazón.
Por eso hoy, me siento como el cazador cazado, aquél que necesitaba de apoyo y consejos, es hoy quien los dá y me veo en el papel de alentarlo, de alegrarlo, distraerlo, empujarlo hacia la vida. Aunque muchas veces pienso que podría seguir yo mismo mis propios consejos, puesto que predico mucho pero no sigo ni llevo a cabo ni la mitad de lo que sale de mi boca o de lo que pasa por mi cabeza.
Así, esta relación se ha convertido como en un columpio de los de antes en los que cada uno se sentaba en un extremo y, con el peso que se hacía, el otro subía, y luego bajaba, se impulsaba en el suelo y eras tú el que estabas arriba. En muchos momentos, me siento arriba, empujado por sus palabras, pero muchas otras me siento sin fuerzas para empujarlo a él hacia lo alto. De todas formas, las sacaré porque se lo debo, y así lo siento.
Espero que todos tengais a alguien que os empuje en el columpio y que no seais egoistas, y que empujeis también vosotros alguna vez, porque tanto se disfruta cuando está uno arriba, como viendo al otro en tu lugar, aunque tú estés abajo.
Un saludo.





