Problemas en los aeropuertos
Viajar en avión es muy cómodo y rápido, pero también tiene sus complicaciones. Sobre todo cuando se viaja en grupo y con muchas maletas. A parte de situaciones que son bastante usuales como el retraso de vuelos o el extravío de equipaje, he podido tener la experiencia de otras que no lo son tanto, provocadas en algunos casos por mi querido amigo y director del que ya os he hablado, Silvio.
Él es una de las personas a las que admiro porque no conoce la vergüenza ni jamás se la ha cruzado de lejos. Es persistente y no tiene ningún problema en discutir hasta que termina saliéndose con la suya, principalmente porque por no escucharlo más le dan la razón.
En fin, el primer fin de semana de mayo, volvíamos de un congreso que se celebró en Bellaria (Italia) un grupo de bailarines de diferentes compañías de baile. Viajábamos todos juntos y en los billetes de avión constaba como que éramos un grupo. Esto era importante para poder facturar el equipaje todos juntos y no cada uno sus maletas, pues de esta forma, nos era más difícil facturar sin tener que pagar por el exceso de equipaje.
(Lo explico: viajábamos con la compañía "vueling". Es cierto que tiene vuelos muy baratos, pero obviamente ganan dinero por otro lado. Sólo permitían, si no recuerdo mal, 15 o 18 kg de equipaje por persona. Teniendo en cuenta que a parte de llevar cada uno su ropa y cosas personales hay que llevar el vestuario de las actuaciones y el atrezzo, esto resulta bastante complicado. Pero si se factura en grupo se puede contrarrestar lo que llevan unos de más por lo que llevan otros de menos. De modo que si hay que pagar algo, no es tanto como de la otra forma)
Bueno, pues la cuestión es que al viajar hacia Italia, en el aeropuerto de Valencia, no tuvimos ningún problema. Pero a la vuelta, en el aeropuerto de Milano sí. Cuando fuimos a facturar, nos dijeron que debía ser individualmente. Silvio les explicó a los trabajadores que éramos un grupo, que éramos bailarines... pero nada. Pidió por favor que fuese un encargado para hablar con él pero siguió diciendo lo mismo. Así que después de intentarlo de buenas formas y no conseguir nada, mi gran director nos dijo a todos que cambiáramos equipaje de unas maletas a otras hasta conseguir que ninguna sobrepasara el peso impuesto. ¿Os imagináis una cola de 20 personas y nosotros con todas las maletas abiertas en el suelo pasándonos la ropa de unos a otros? Pues eso es lo que hicimos. Estuvimos más de media hora tratando de solucionar nuestro problema.
Naturalmente, a la gente que había esperando no le hizo nada de gracia, y a los trabajadores tampoco. Pero nosotros conseguimos facturar el equipaje sin pagar casi nada. Aunque yo tuve que ponerme tres chaquetas y cambiarme mis cómodas zapatillas por unas botas de tacón para conseguirlo.
Él es una de las personas a las que admiro porque no conoce la vergüenza ni jamás se la ha cruzado de lejos. Es persistente y no tiene ningún problema en discutir hasta que termina saliéndose con la suya, principalmente porque por no escucharlo más le dan la razón.
En fin, el primer fin de semana de mayo, volvíamos de un congreso que se celebró en Bellaria (Italia) un grupo de bailarines de diferentes compañías de baile. Viajábamos todos juntos y en los billetes de avión constaba como que éramos un grupo. Esto era importante para poder facturar el equipaje todos juntos y no cada uno sus maletas, pues de esta forma, nos era más difícil facturar sin tener que pagar por el exceso de equipaje.
(Lo explico: viajábamos con la compañía "vueling". Es cierto que tiene vuelos muy baratos, pero obviamente ganan dinero por otro lado. Sólo permitían, si no recuerdo mal, 15 o 18 kg de equipaje por persona. Teniendo en cuenta que a parte de llevar cada uno su ropa y cosas personales hay que llevar el vestuario de las actuaciones y el atrezzo, esto resulta bastante complicado. Pero si se factura en grupo se puede contrarrestar lo que llevan unos de más por lo que llevan otros de menos. De modo que si hay que pagar algo, no es tanto como de la otra forma)
Bueno, pues la cuestión es que al viajar hacia Italia, en el aeropuerto de Valencia, no tuvimos ningún problema. Pero a la vuelta, en el aeropuerto de Milano sí. Cuando fuimos a facturar, nos dijeron que debía ser individualmente. Silvio les explicó a los trabajadores que éramos un grupo, que éramos bailarines... pero nada. Pidió por favor que fuese un encargado para hablar con él pero siguió diciendo lo mismo. Así que después de intentarlo de buenas formas y no conseguir nada, mi gran director nos dijo a todos que cambiáramos equipaje de unas maletas a otras hasta conseguir que ninguna sobrepasara el peso impuesto. ¿Os imagináis una cola de 20 personas y nosotros con todas las maletas abiertas en el suelo pasándonos la ropa de unos a otros? Pues eso es lo que hicimos. Estuvimos más de media hora tratando de solucionar nuestro problema.
Naturalmente, a la gente que había esperando no le hizo nada de gracia, y a los trabajadores tampoco. Pero nosotros conseguimos facturar el equipaje sin pagar casi nada. Aunque yo tuve que ponerme tres chaquetas y cambiarme mis cómodas zapatillas por unas botas de tacón para conseguirlo.





