La televisión de los 80 (y XXII): la dirección general de RTVE.
Vamos a concluir la extensa sección que ha supuesto esta temporada 2006-2007 la televisión de los 80 con este apartado tan interesante y tan pertinente.
Sí, porque, por mucho que al hablar de la televisión de los 80 nos vengan a la cabeza aquellos programas tan memorables, nada de eso hubiera sido posible sin los directores de programación ni por supuesto sin los directores generales de
Radio Televisión Española, quienes, con sus respectivos mandatos, han impreso toda su personalidad a la programación ochentera, que es la que nos ocupa aquí.
Durante toda la historia de TVE, muchos han sido los directores generales que han pasado por el ente, ya desde el primero de ellos,
Jesús Suevos, hasta el actual
Luis Fernández, designado ya no por el partido en el gobierno si no por el parlamento español. En los 80, el director general de RTVE era todavía dictado por el Gobierno, y a pesar de encontrar gobiernos de Unión de Centro Democrático y Socialista, lo cierto es que algunos de ellos sorprendieron con su aperturismo. No es el caso del primero de ellos.
La década comenzaba con el mandato de Fernando Arias-Salgado Montalvo, “Director General del Organismo Autónomo RTVE”, quien había comenzado tal mandato en 1977. Se trataba del primer director general de RTVE de la democracia, y el que ocupó el cargo durante la segunda parte de la Transición. De su mandato podemos destacar el desmantelamiento de los aparatos mediáticos del Movimiento, y por ende, la reforma total a partir de las elecciones generales de 1977 de los antiguos estamentos e influencias franquistas en la televisión española. Nada más llegar al cargo, Arias-Salgado unió las 46 emisoras de Radio Cadena Española (RCE) y las 27 de la CES (cadena de radio de sindicato único) al ente público RTVE.
Sin embargo, para Lorenzo Díaz, autor del libro
50 años de TVE, publicado por Alianza Editorial el pasado año, Arias-Salgado Montalvo era una persona poco partidaria de los grandes cambios. “…trajo de nuevo el inmovilismo. Se rodeaba de la vieja guardia conservadora de la casa siempre al acecho del organigrama en situaciones involutivas. Hizo desaparecer el programa
La Clave y consiguió que la contestación laboral le hiciera la primera huelga de toda la historia de TVE, los días 18, 19 y 20 de diciembre de 1978. También le estalla el escándalo de la corrupción cuando se publica en el diario El País, a finales de enero de 1980, la auditoría o informes de control financiero realizados en 1979 por RTVE a instancias del entonces ministro de Hacienda, Fernández Ordóñez”.
En el citado libro, es el propio Jesús Hermida, con su testimonio, el que apuntala el carácter conservador de la dirección general. “Sé que me quisieron hacer la vida imposible por una cuestión política; sé quién fue pero no lo voy a decir. […] y después de una década trabajando en la CBS para la televisión mexicana y española y me traje doce ideas que creía que podían funcionar, entre ellas, una llamada
Su turno. Y cuando entregué los folios, el prepotente señor que me recibió: ‘Esto no es América’, y tiró los papeles. Y me sentí fatal, porque acababa de aterrizar en Norteamérica, donde se me pagaba en dólares y me trataban como a un rey, y aquí no se me respetaba. […] Un arreglo de cuentas que yo aguanté como pude y que tenía el visto bueno del director general, Fernando Arias-Salgado…”
En este libro el ex director general Rafael Ansón (el responsable de los grandes servicios informativos de la primera Transición, cuyo prestigio llegó a equiparar por unos años a TVE con la BBC británica) acusa a Arias-Salgado de haberse vendido a la UCD. “Nosotros quisimos vender Estado democrático. Luego ha ido por otros derroteros. Se ha hecho mucho más partidista. Cuando los fines globales del Estado están conseguidos, la televisión se queda disponible para que la utilicen los partidos en el gobierno, y eso es lo que está pasando ahora. A mí me tocó históricamente hacer lo que hice y si me hubiera tocado más tarde a lo mejor lo que hubiera hecho era ponerme al servicio de UCD. Y eso es lo que hizo Fernando Arias-Salgado”.
Lalo Azcona (uno de los periodistas más consagrados junto a Gozalo, Isabel Tenaille o Pedro Macía, en los telediarios “prodremocráticos”) ya manifiesta los problemas que tuvo Arias-Salgado a la hora de organizar los servicios informativos de la casa: “No hubo una ruptura política con el nuevo director general: Fernando Arias-Salgado, sino personal, porque nombró a un director de informativos llamado Fernando Bofill con el que teníamos que despachar todo, y eso es imposible en el terreno informativo. Y dimitimos y nos fuimos todos, los más significativos, unos quince”. Los aires de renovación tuvieron el gran obstáculo de Arias-Salgado en TVE. El proselitismo de Arias-Salgado con la UCD fue rápidamente palpable.
“La involución de Arias-Salgado la vi desde fuera—comenta la periodista Victoria Prego—estaba en Londres y allí compartí la corresponsalía con José Luis Navas porque Arias-Salgado mantuvo a este señor cuando ya estaba cesado por Ansón. Y cuando denuncié la situación irregular del señor Navas en Londres a Fernando Arias-Salgado no le gustó nada y acabó encantado cuando dije que dimitía”.
El propio Lorenzo Díaz comenta que “con la involución de Arias-Salgado, a los telediarios se les controla y ahí tienes a Joaquín Castro Beraza y Pedro Fernaud, que reescribían todas las cosas censurando los textos de los redactores”.
Arias-Salgado dejaría el cargo en 1981. Le sucedió Fernando Castedo Álvarez. En su breve mandato (de enero a octubre), tuvo que afrontar el intento del golpe de Estado del 23-F y también logró la aprobación final del Estatuto de Radio Televisión Española. Entonces Iñaki Gabilondo era ya Jefe de Informativos de TVE y a él le correspondió la labor de cubrir el intento fallido de Tejero y de Milans del Bosch.



A Castedo también se le atribuyen los intentos de volver a una información política menos involucrada. De ahí sus denodados intentos de alargar el telediario hasta una hora y media de duración para dar cabida a mayor cantidad de información para su contraste.
Además de esto, Castedo recupera a los grandes nombres del telediario ‘prodemocrático’ del exdirector general Rafael Ansón: por ejemplo, Pedro Macía. El telediario conducido por Macía cambiaría su nombre en la primera edición durante un tiempo por el de Crónica 3, para ser luego sustituido por Jesús Hermida y Rosa María Mateo. Para la tercera edición, Castedo pone al frente a Joaquín Arozamena y Victoria Prego (de TVE 2) y le cambia el nombre al telediario por el de Al cierre. Es Castedo, a su vez, el que acaba con la política de centralizar toda la información en el jefe de Informativos (como hacía Arias-Salgado con Bofill), y con Castedo nace la descentralización por secciones de los telediarios. Así, por ejemplo, Luis Mariñas se quedó en Nacional, mientras Baltasar Magro se destinó a la información de la Casa Real.
El aperturismo y el tratamiento de la información de manera más o menos ‘imparcial’ no fueron sinónimo de tranquilidad, sin embargo. En el contexto de un gobierno de transición hacia las elecciones de 1982, Iñaki Gabilondo fue destituido el 21 de mayo según él cree, por presiones del presidente Leopoldo Calvo-Sotelo, por la manera de abordar una información sobre el paro. Esto precipitaría no mucho después la destitución de Castedo, en octubre de 1981.
Castedo sin duda, ha sido uno de los grandes directores generales de la casa: consiguió unas inversiones por valor de 15.000 millones de pesetas destinados a la cobertura del Mundial ’82 y a la modernización de todo TVE, saneó las cuentas de las dos cadenas, aumentó la producción propia de programas, creó el área de especiales (encomendada a José Luis Balbín), inició los convenios con la industria cinematográfica española con un total de 1.300 millones de pesetas “destinados a la producción nacional de series y largometrajes; redujo a poco más de la mitad los más de 1.200 cargos que había en RTVE e inició el proceso de institucionalización de las tres sociedades –TVE, RNE Y RCE—según los modelos occidentales de las televisiones públicas al objeto de independizarlas del Gobierno”.
Los dos siguientes directores generales de RTVE (designados por UCD, por el presidente del Gobierno Leopoldo Calvo Sotelo) tuvieron un mandato breve. Se trata de Carlos Robles Piquer (del 23 de octubre de 1981 al 22 de julio de 1982) y Eugenio Nasarre Goicoechea (del 23 de julio al 6 de diciembre de 1982).



Con el mandato de Robles Piquer empieza la polvareda y las presiones políticas. El PSOE y el Partido Comunista denuncian, ya en el Consejo de Administración la clara parcialidad de los Informativos, en el que los cambios comienzan a proliferar rápidamente. Jesús Hermida se ve obligado a dejar el telediario y Alberto Delgado asume la tercera edición.
Las disensiones internas no se hacen esperar. El 16 de abril de 1982 un total de 180 profesionales de los Servicios Informativos escriben una carta (la declaración de Húmera, así llamada por haberse escrito en un bar de esa localidad a iniciativa de Mariñas y Tom Martín Benítez, integrantes de la llamada ‘banda del porrón’) en la que denuncian las presiones políticas y el partidismo político al que se están viendo sometidos por la nueva dirección. Esta primera carta, firmada entre otros por Clara Isabel Francia, Rosa María Mateo, Luis Mariñas o Baltasar Magro, sería rápidamente contestada el 11 de mayo de 1982 por otro grupo de profesionales del telediario (182 en total: entre ellos Pedro Macía, López Castillo y Castro Beraza), que apoyaban sin fisuras al nuevo director general Carlos Robles Piquer, el cual, en declaraciones a El País, ya declaraba que no creía que la televisión influyera en los resultados electorales. Cinco periodistas que escriben la primera carta de protesta (Ramón Barro, Carmen Sepúlveda, Baltasar Magro, Luis Mariñas…) son expedientados, pero reciben el apoyo de los miembros socialistas del Consejo de Administración y de Rodolfo Martín Villa, ministro de Administración Territorial y posterior Vicepresidente primero del gobierno en julio de 1982. Dice Luis Mariñas: “El diplomático Robles Piquer, cuñadísimo de Fraga, había conseguido enfrentar a las dos familias ideológicas del ente y había permitido que los demócratas dieran un paso de gigante para adueñarse del medio”.
Siguiendo la ley del péndulo, Robles Piquer volvió al hermetismo. Rescata al conservador Castro Beraza y a algunos de los que estaban con Arias-Salgado, pero no queda ahí la cosa. Robles Piquer escribe una noticia de su puño y letra que causa gran polémica. Además, obliga a firmar una carta en la que se asegura, se están viviendo los mejores años de la televisión, y que ésta goza de libertad. El Consejo de Administración no puede más. Las trifulcas provocan la salida de Robles Piquer (y su entrada en Alianza Popular, AP, actual Partido Popular, PP, partido al que se le acusó de favorecer) y la llegada de Eugenio Nasarre Goicoechea, el llamado demo-cristiano.
Nasarre Goicoechea fue propuesto por el secretario general de UCD Iñigo Cavero, y su función fue allanar el camino y calmar los ánimos antes de las elecciones generales de octubre de 1982. La política que se practicó fue la de satisfacer a los dos grupos enfrentados. Así, un telediario se le concede al no expedientado Luis Mariñas (primera edición) y otro para el ucedeista Rafael Ortega, el que fuera corresponsal de Radio Nacional de España en Roma, mientras que Juan Roldán es designado nuevo director de Informativos. La segunda edición la llevaba Ramón Colom y la tercera Santiago López Castillo y Secundino González. (Mariñas inauguró con su telediario, el mismo día de la jornada electoral, 28 de octubre de 1982, los estudios de Torrespaña: el Pirulí).
La cobertura de las elecciones fue grandiosa, estuvo presentada por Jesús Hermida y Lalo Azcona entre otros, y constituyó un ejemplo, al igual que la cobertura de la visita del Papa Juan Pablo II (a la que se le dedicó más presupuesto que para los comicios) de la buena televisión que se había hecho hasta el momento en España.
Con Nasarre Goicoechea concluyen los directores ucedeos de TVE. A Nasarre Goicoechea corresponde la promoción de los programas religiosos y católicos del ente, así como las primeras circulares que hablaban de la incompatibilidad de los trabajadores de RTVE.
Así llegamos a la era socialista de RTVE en los 80, era que comienza con el que se ha dado en llamar “el calvinismo”, y no precisamente hablando del credo protestante en Suiza.


La llegada del socialismo supuso la puesta en marcha de las medidas desestimadas por Robles Piquer y suavizadas por Eugenio Nasarre. Lo primero que hace José María Calviño después de ser nombrado director general de RTVE es nombrar a José Luis Balbín como director de Informativos. El telediario cambió radicalmente su plantilla. Se quedaron Luis Mariñas, Secundino González, Asunción Valdés y Pablo Sebastián, mientras Joaquín Arozamena pasaba a TVE 2 y los fines de semana Julio Bernárdez. Se incorporan Manuel Campo Vidal y Rosa María Artal, mientras continúan Baltasar Magro y Rosa María Mateo, ésta los fines de semana.
El “balbinato” dura poco, exactamente hasta el 21 de septiembre de 1983, fecha en la que Balbín deja el cargo y es sustituido por Enrique Vázquez, con el que comienza la depuración socialista en TVE. Se marchan Asunción Valdés, Paloma Gómez Borrero, Rosa María Artal y Pablo Sebastián, mientras llegan José Hervás y Felipe Mellizo a la tercera edición del telediario.
Para 1984 se incorporan al telediario Pepe Navarro, Paco Montesdeoca (hombre del tiempo), Adela Cantalapiedra y Marisol González. Pero no todo queda ahí. El 30de junio de 1984 Luis Mariñas cesa en el telediario. Se le acusa de no cubrir una rueda de prensa de Felipe González (estaba cubriendo un partido de fútbol), tal y como sospecha el propio periodista. Su compañero Secundino González decide dimitir por solidaridad con Mariñas, y en el lugar de éste ponen a Julio Bernárdez, declarado militante del PSOE. En octubre ruedan más cabezas: Joaquín Arozamena y Rosa María Mateo dejan el telediario por disensiones con la dirección de los Servicios Informativos.
Los problemas provocan la destitución de Enrique Vázquez y a partir de enero de 1985, con Enric Sopena como nuevo director, se intenta crear un equipo sólido. Así, llegan al telediario Ángeles Caso, Concha García Campoy y Carlos Herrera. Durante este año se incorpora la fórmula de las parejas de presentadores, Manuel Campo Vidal y Ángeles Caso en el TD 1 y Carlos Herrera y Concha García Campoy en el TD2 de las 9 de la noche. Rosa María Mateo pudo volver y se ocupó del telediario de madrugada. Felipe Mellizo continuaba los fines de semana, auque pronto sería sustituido por Luis Carandell. Por otra parte, la sección de “El tiempo” se desgaja de los informativos ya en este momento.
Según Luis Mariñas, el grado de manipulación con el tándem Calviño-Enric Sopena alcanzó cotas considerables: “La etapa de Calviño-Sopena me parece terrible, porque Calviño está vendido al poder y porque Enric Sopena es un hombre de ideología socialista y se pone de moda que los textos que hacían referencia a ministerios o departamentos, las notas introductorias, se corrigieran en los mismos ministerios”.
El fair play en la plantilla dura hasta finales de 1986, apreciándose sólo ligeros cambios: Carlos Herrera deja paso a Paco Lobatón, y Ángeles Caso a María Escario. A pesar de este bienio de calma, las acusaciones políticas al telediario no desparecieron, y el colmo fue la sobreimpresión de las siglas del PSOE que aparecían en la repetición de los goles de Emilio Butragueño en el partido España-Dinamarca en el Mundial de Méjico’86 (en el telediario 2 del 19 de junio de dicho año).
La criba que hizo Calviño con su llegada al ente el 9 de diciembre de 1982 no fue nada desdeñable. Figuras históricas de TVE dijeron adiós: entre ellos Antonio López (que contaba con el apoyo de la Federación Socialista de Madrid, con Joaquín Leguina a la cabeza), socialista de pro y partidario de la televisión de partido, pero también Juan Guerrero Zamora, Gustavo Pérez Puig, Joaquín Soler Serrano, Luis Ezcurra, Eugenio Pena… Y las sorpresas continuaron. ¿Quién podía esperarse que un socialista apostara en el diseño de programación por programas made in USA? Pues en efecto así fue. Cuando por las pantallas de TVE comenzaron a asomarse
Dallas,
Dinastía,
Falcon Crest o
Flamingo Road todos se quedaron boquiabiertos. También de la era Calviño son las series
Segunda enseñanza de Ana Diosdado con Pedro Masó,
Vaya par de gemelas o la extranjera
Norte y sur con Patrick Swayze. Los éxitos de Calviño fueron
El hombre y la tierra,
Entre amigos,
De jueves a jueves con Mercedes Milá,
Jazz entre amigos,
Tocata,
Auambabulubabalambambú,
Fin de siglo,
Informe semanal, el despegue de la televisión matinal con
Buenos días,
Más vale prevenir… Pero sin duda los mayores índices de audiencia los cosecha el citado España-Dinamarca con un 9,1% de aceptación (a pesar de esto la valoración de las retransmisiones deportivas de TVE por parte de los telespectadores se sitúa en un mediocre 7,0 de nota) y la película
Espartaco, con un 8,6 %. Hablando de películas, el 27 de junio de 1986 se repone
Lo que el viento se llevó, cuando ya la destitución de Calviño se olía en los pasillos de TVE. Pero no se libró de los fiascos, a pesar de todo. Los programas
Mirar un cuadro, de Alfredo Castellón, o
Ni en vivo ni en directo, de Emilio Aragón no cuentan con la aceptación de la audiencia.
La competencia sigue llegando, por otra parte. Euskal Telebistá cumple un año y TV3 inicia sus emisiones. Es la llegada de las autonómicas. Aquél otoño, el contrato de TV3 con el Fútbol Club Barcelona ya manifestaba que “pretendía introducir cautelas sobre la libertad de información de la emisora”, al pairo de lo que estaba pasando en TVE.
El mandato de Calviño estuvo marcado por la polémica desde el principio. Tal y como comenta el periodista de El País, Pérez Ornia, a la división de la cúpula socialista en el ente se le unieron las amenazas de huelga de los trabajadores, que se oponían a la voluntad de Calviño de aplicar el crecimiento cero a los salarios de los trabajadores. Al final, se consiguieron nueve puntos. También se encargó de desmantelar el consejo asesor en temas religiosos para la programación que había creado Nasarre Goicoechea, con asesores como Lorenzo López Sancho o el fallecido recientemente Jaime Campmany, quien cobraba en TVE por tres cosas: por ser redactor de
300 millones, por redactor de RNE y por hacer de asesor del consejo. A mediados de la década, los atentados de ETA, junto con la campaña de ingreso de España en la OTAN caldean el ambiente. Enric Sopena encarga hacer un video del pasado franquista de Fraga (que fue editado por Arturo Pérez Reverte) para contrarrestar los continuos reproches de Fraga al Gobierno, diciendo que si él fuera ministro del Interior hubiera acabado hace tiempo con ETA. Las protestas del ex presidente de la Xunta no se hicieron esperar.
Pero, ¿Por qué acaba el mandato de Calviño? Tal y como él mismo manifestó, aunque su mandato se destinó a modernizar TVE y a mostrar la nueva sociedad española modernizada y democrática en la televisión (sin renunciar ni herir el pasado, pero mirando al futuro), su espíritu modernista fue lo que en realidad causó el mayor choque. Un choque que no interesaba al PSOE en una primera legislatura ya bastante cargadita. Por todo ello, y aunque la directiva del PSOE le aguantó en el cargo hasta después del verano, con la reposición de
Lo que el viento se llevó, Calviño hacía todo un guiño político a lo que había sido un mandato controvertido, pero clave en la democratización y en el modernismo del ente público.
El 17 de octubre de 1986 tomaba ya posesión Pilar Miró, la primera mujer directora general de RTVE. Con Pilar Miró se intentaban suavizar los ánimos y crear una televisión frívola y de entretenimiento, en el que las rivalidades y rencillas políticas se limaran todo lo posible. El mismo día de su investidura ya declaró que su política iba a ser completamente diferente de la de Calviño. Tal y como recoge Lorenzo Díaz: “en su declaración de principios en el Congreso de los Diputados del 12 de diciembre de 1986, afirmó que importa más el espectador que los beneficios económicos”.
Ya desde su nombramiento y sobre todo a partir de enero de 1987, trae a los hermanos Luis de Benito y Julio de Benito al telediario, mientras llegan Elena Sánchez e Isabel Tenaille por otro lado. Se crea una especie de telediario del fin de semana que presentará Pedro Erquicia desde octubre de 1987 y enero de 1988, fecha en la que le sucede Andrés Aberasturi, con María Escario.
Esta voluntad apolítica de Miró, le granjeó, por desgracia, tortazos tanto de uno como de otro flanco. El mal resultado electoral obtenido por el PSOE en las elecciones municipales del 10 de junio de 1987 fue reprochado por Alfonso Guerra, que culpaba el tratamiento informativo de TVE como responsable. Según el ex ministro, TVE había discriminado al PSOE permitiendo que dirigentes de los partidos de la oposición que no eran candidatos a las municipales, ni para las autonómicas, ni para el Parlamento Europeo, aparecieran en pantalla vituperando al Gobierno.
En abril de 1988, Campoy se marcha de los informativos y su lugar en el TD2 lo ocupa María San Juan. Pedro Piqueras, llegado de la radio, sustituye a De Benito y esto ya provoca polémica, porque este cambio suscita interés en el Congreso de los Diputados. Miró debe explicar la sustitución y se le acusa ya entonces de ejercer presión sobre los periodistas en el telediario. Siguen las remodelaciones: Teresa Castanedo llega al TD1 en octubre de 1988, Elena Sánchez y María Escario pasan a deportes y María San Juan al fin de semana, con Aberasturi. Quedaba poco para uno de los bombazos que tuvo que sufrir en su mandato Pilar Miró.
El 14 de diciembre la huelga general, como ya vimos en un post anterior, deja en engro la pantalla de la televisión por primera vez en más de 30 años. Los intentos de Miró por evitarla resultan imposibles dado que los trabajadores se han reunido para boicotear la señal del repetidor principal. Y la negociación es ardua y tensa.
Aún así, Pilar Miró es una gran embajadora de TVE en el mundo. Consiguió con Cory Aquino, presidenta de Filipinas, un convenio con la televisión de aquél país, se reunió en Lausana para hablar con el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Juan Antonio Samaranch sobre los Juegos Olímpicos de Seúl, viajó a Rabat para aclararles a los marroquíes las condiciones de recepción de TVE, a Copenhague para solucionar unos problemas con la tele danesa, y viajó a Pekín para un intercambio cultural con Eduardo Sotillos, al que llamó sinólogo, para burla cómplice de toda la delegación española.
Otra gran polémica la sufrió por el fútbol. En Pekín se enteró de la polémica que estaba generando la negativa a retransmitir el partido Real Madrid-Nápoles para la Copa de Europa. La UEFA había castigado al Real Madrid por no hacer nada contra sus ultras, y Pilar Miró dijo que no lo retransmitía porque en ese horario había otros tres partidos programados. La mediación de Alfonso Guerra fue la puntilla esperada por el grupo Popular para acusar a TVE de falta de independencia a pesar de los desmentidos de Miró.
Tampoco gustaron algunas iniciativas de Miró, como los programas frívolos, el cargarse la sesión de cine del sábado por la tarde, ni tampoco el que realizara ella misma el especial de fin de año de 1988. Tuvo éxito, eso sí, con la serie
El Quijote, realizada por
Manuel Gutiérrez Aragón,
Juncal,
La mujer de tu vida,
En familia,
Su turno (regreso de Gabilondo y Hermida, respectivamente),
Tariro tariro,
Por la mañana,
Puesta a punto con Eva Nasarre,
Ahí te quiero ver…
Pero lo peor llegó el 14 de octubre de 1988, precisamente cuando se encontraba en Roma. En la prensa española se publican tres facturas de su compra de la ropa. Poco después, el diputado de AP, Luis Ramallo solicita una relación pormenorizada de todos los gastos de vestuario tanto de Miró como de Calviño aplicados a los presupuestos destinados a TVE. Ramallo decía que esas facturas le habían llegado “por un canal diferente del habitual por el que recibo la información de TVE, es decir, de forma anónima. No me extrañaría nada que procedieran de los propios socialistas. En menos de treinta días, la señorita Miró se gastó 711.368 pesetas. Esto es un escándalo similar al del uso del Mystère por parte de Alfonso Guerra para regresar de un viaje privado. Los socialistas han tomado la nación como si fuera su propio cortijo, y no tienen inconveniente en esquilmar al contribuyente cada año un poco más”, espetaba Ramallo.
Miró no se intimidó. Ella aseguraba que esos gastos eran gastos de representación que también había utilizado Calviño. Miró creía que era normal que lo gastos de vestuario no salieran de su bolsillo, igual que Calviño había contado con gastos de representación sin especificar detalles. Ella sin embargo lo hizo con facturas. Declaró que no estaba dispuesta a comprar de su sueldo el dinero que le hacía falta para trabajar y que así seguiría haciéndolo. "Las personalidades a las que tengo que atender van desde presidentes de Gobierno hasta personalidades de la cultura, el deporte y la música. No haré públicos los nombres porque me parece una indelicadeza”, dijo en el Congreso.
El País no tardó en escribir una réplica: “Hay que agradecer a Pilar Miró su sinceridad y su desparpajo", se escribió en un editorial de El País. "Y eso, a pesar de que la interventora general de Hacienda, Angustias Marugán, ha sido contundente: 'No hay partida presupuestaria que pueda amparar este tipo de gastos'. ¿Qué hacer ahora?". La oposición pidió la cabeza de Miró, y aunque el PSOE no lo hizo, tampoco la cubrió, para así proteger la imagen del partido en una legislatura delicada. Y así fue como finalizaba el creativo mandato de Pilar Miró en TVE, quien fue absuelta en julio de 1992 de la acusación de los vestidos. Lorenzo Díaz no duda en analizar la figura de Miró sobre TVE: “Los análisis sobre las causas de su irresistible ascenso—propiciada por el presidente del Gobierno, amigo personal—y su dramática caída fueron muy diversos. El supuesto maquiavelismo de Alfonso Guerra, con el que siempre tuvo fuertes discrepancias, planeó sobre el conflicto vivido, por la realizadora distante, enigmática, soberbia”. Y por cierto, Miró tuvo que poner de su bolsillo el dinero gastado...


Así llegamos al último director general de RTVE de los 80: Luis Solana Madariaga, que tomó posesión del cargo el 13 de enero de 1989, cargo que le duraría bien poco, hasta el 23 de febrero de 1990. En su mandato, además de mantener la plantilla anterior del telediario (salvo la incorporación de Francine Gálvez), podemos destacar la cobertura de la Guerra del Golfo Pérsico, una guerra falseada, como posteriormente hemos sabido, por la pésima cobertura y fiabilidad de las fuentes utilizadas en el periodismo internacional. El mandato de Solana Madariaga es un mandato puente hasta el de Jordi García Candau, ya plenamente de los 90. Por ende, la programación de Solana Madariaga mantuvo las directrices de Pilar Miró en su año de duración. De este año 1989 podemos recordar programas y series como
La forja de un rebelde,
Eva y Adán agencia matrimonial,
Pero esto, ¿qué es?,
Cajón desastre,
El precio justo, etc.
Y con Luis Solana Madariaga concluimos este extenso pero sin duda trepidante apartado sobre la dirección general de RTVE.
Si no hay alguna otra petición, yo concluiría aquí los episodios del gran apartado de la televisión de los 80, que ha ocupado el grueso de esta temporada 2006-2007. Si hay algún dato de los 80 que no se haya incluido o si queréis hacer una aclaración sobre la televisión de los 80, este blog está abierto y tenéis el enlace de comentarios a vuestra entera disposición. Pues por ahora apagamos la televisión en este blog.