Post de Oro diciembre 2006
Nominado por: Clara Estrella (63) Porque se tomó la molestia de traducír esta pequeña historia con una enseñanza para tener muy en cuenta.
Autor: Michael Gavin, editado en su blog Cosas de interes el día 27
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Mirando unos periódicos americanos, me he encontrado con esta historia, que podría ser real, que alguien ha insertado en uno de ellos. Me ha gustado tanto que he decidido tomarme un rato para traducirla y compartirla con vosotros. Espero que os guste. A mí, al menos, me ha hecho reflexionar.
Un día, cuando era un estudiante de primer año en el instituto, vi que un niño de mi clase iba a casa de la escuela. Su nombre era Kyle. Parecía que se llevaba todos sus libros. Pensé: "¿Por qué se llevará alguien a casa todos sus libros un viernes? Realmente debe ser un poco raro. "Yo tenía un fin de semana estupendo planeado (un partido de fútbol con mis amigos mañana por la tarde), entonces me encogí de hombros y continué.
Al cabo de un minuto, vi a un grupo de niños que corrían hacia él. Mientras corrían, le pegaban e insultaban, haciéndole caer en medio de la calle. Sus gafas salieron disparadas para caer a unos tres metros. El chico alzó la vista y vi esta tristeza terrible en sus ojos.
Mi corazón se sobresaltó. Corrí hacia él mientras él buscaba sus gafas y vi un una lágrima en un ojo. Cuando le di sus gafas le dije: “Déjalos, son unos bestias. No tendrán nada mejor que hacer con sus vidas"
Él me miró y dijo: “Gracias " Había una sonrisa en su cara. Era una de aquellas sonrisas que mostraban verdadera gratitud. Le ayudé a recoger sus libros, y le pregunté dónde vivía. Resulta que vivía cerca de mi casa, y entonces le pregunté por qué nunca lo había visto antes.
Me dijo que había ido a la escuela privada antes de este año. Yo nunca había ido con un niño de escuela privada antes. Hablamos todo el camino a casa, y llevé sus libros. Resultó ser un chico bastante simpático. Lo pregunté si quería jugar a fútbol el sábado conmigo y mis amigos. Dijo que sí. Estuvimos todo el fin de semana por ahí y cuanto más llegué a conocer a Kyle, más me gustó. Mis amigos pensaron lo mismo de él.
El lunes por la mañana vino con su enorme montón de libros. Le paré y dije, “Te vas a poner cuadrado con ese montón de libros cada día" Él se rió y me dio la mitad de los libros. Durante los próximos cuatro años, Kyle y yo nos hicimos amigos íntimos Cuando nos hicimos mayores, comenzamos a pensar en la universidad. Kyle se había decidido por una universidad y yo por otra. Yo sabía que nosotros siempre seríamos amigos, que la distancia nunca sería un problema. Él iba a ser médico y yo iba para estrella de fútbol.
Kyle era el alumno que da el discurso de despedida al final de curso de nuestra clase, así que tuvo que preparar un discurso para la graduación. Yo estaba tan contento de no ser yo quien saliese allí a hablar. El día de graduación, vi a Kyle. Tenía buen aspecto. Se notaba que había hecho mella en él el instituto. Todo el mundo lo apreciaba y por ello iba a ser él quien diese el discurso. Le di un golpe en la espalda y le dije: “Ánimo, hoy es tu día”. Me miró agradecido y solo acertó a decir “Gracias”. Entonces empezó a hablar.
“La graduación es el momento para agradecer a los que te ayudaron durante los años difíciles. Tus padres, tus profesores, tus hermanos,… pero sobre todo tus amigos. Debo decir que ser amigo de alguien es el mejor regalo que uno puede tener. Voy a contarles una historia. "
Miré a mi amigo con incredulidad cuando contó la historia del primer día que nos conocimos. Él había planeado suicidarse durante el fin de semana. Habló de como había limpiado a fondo su armario para que su madre no tuviese que hacerlo más tarde y llevaba sus libros a casa. Me miró fijamente y me sonrió. "Afortunadamente, fui salvado. Mi amigo me salvó de hacer una estupidez. "
La gente estalló en un murmullo. Vi a sus padres mirarme con agradecimiento. Nunca antes había sospechado que tuviesen tanta gratitud para mí.
Nunca subestimes el poder de tus acciones. Con un pequeño gesto puedes cambiar la vida de una persona, para mejor o para peor. Todos nos hemos de encontrar tarde o temprano, y lo mejor es saber que cualquier otra persona podrías ser tú mismo.
Autor: Michael Gavin, editado en su blog Cosas de interes el día 27
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Mirando unos periódicos americanos, me he encontrado con esta historia, que podría ser real, que alguien ha insertado en uno de ellos. Me ha gustado tanto que he decidido tomarme un rato para traducirla y compartirla con vosotros. Espero que os guste. A mí, al menos, me ha hecho reflexionar.
Un día, cuando era un estudiante de primer año en el instituto, vi que un niño de mi clase iba a casa de la escuela. Su nombre era Kyle. Parecía que se llevaba todos sus libros. Pensé: "¿Por qué se llevará alguien a casa todos sus libros un viernes? Realmente debe ser un poco raro. "Yo tenía un fin de semana estupendo planeado (un partido de fútbol con mis amigos mañana por la tarde), entonces me encogí de hombros y continué.
Al cabo de un minuto, vi a un grupo de niños que corrían hacia él. Mientras corrían, le pegaban e insultaban, haciéndole caer en medio de la calle. Sus gafas salieron disparadas para caer a unos tres metros. El chico alzó la vista y vi esta tristeza terrible en sus ojos.
Mi corazón se sobresaltó. Corrí hacia él mientras él buscaba sus gafas y vi un una lágrima en un ojo. Cuando le di sus gafas le dije: “Déjalos, son unos bestias. No tendrán nada mejor que hacer con sus vidas"
Él me miró y dijo: “Gracias " Había una sonrisa en su cara. Era una de aquellas sonrisas que mostraban verdadera gratitud. Le ayudé a recoger sus libros, y le pregunté dónde vivía. Resulta que vivía cerca de mi casa, y entonces le pregunté por qué nunca lo había visto antes.
Me dijo que había ido a la escuela privada antes de este año. Yo nunca había ido con un niño de escuela privada antes. Hablamos todo el camino a casa, y llevé sus libros. Resultó ser un chico bastante simpático. Lo pregunté si quería jugar a fútbol el sábado conmigo y mis amigos. Dijo que sí. Estuvimos todo el fin de semana por ahí y cuanto más llegué a conocer a Kyle, más me gustó. Mis amigos pensaron lo mismo de él.
El lunes por la mañana vino con su enorme montón de libros. Le paré y dije, “Te vas a poner cuadrado con ese montón de libros cada día" Él se rió y me dio la mitad de los libros. Durante los próximos cuatro años, Kyle y yo nos hicimos amigos íntimos Cuando nos hicimos mayores, comenzamos a pensar en la universidad. Kyle se había decidido por una universidad y yo por otra. Yo sabía que nosotros siempre seríamos amigos, que la distancia nunca sería un problema. Él iba a ser médico y yo iba para estrella de fútbol.
Kyle era el alumno que da el discurso de despedida al final de curso de nuestra clase, así que tuvo que preparar un discurso para la graduación. Yo estaba tan contento de no ser yo quien saliese allí a hablar. El día de graduación, vi a Kyle. Tenía buen aspecto. Se notaba que había hecho mella en él el instituto. Todo el mundo lo apreciaba y por ello iba a ser él quien diese el discurso. Le di un golpe en la espalda y le dije: “Ánimo, hoy es tu día”. Me miró agradecido y solo acertó a decir “Gracias”. Entonces empezó a hablar.
“La graduación es el momento para agradecer a los que te ayudaron durante los años difíciles. Tus padres, tus profesores, tus hermanos,… pero sobre todo tus amigos. Debo decir que ser amigo de alguien es el mejor regalo que uno puede tener. Voy a contarles una historia. "
Miré a mi amigo con incredulidad cuando contó la historia del primer día que nos conocimos. Él había planeado suicidarse durante el fin de semana. Habló de como había limpiado a fondo su armario para que su madre no tuviese que hacerlo más tarde y llevaba sus libros a casa. Me miró fijamente y me sonrió. "Afortunadamente, fui salvado. Mi amigo me salvó de hacer una estupidez. "
La gente estalló en un murmullo. Vi a sus padres mirarme con agradecimiento. Nunca antes había sospechado que tuviesen tanta gratitud para mí.
Nunca subestimes el poder de tus acciones. Con un pequeño gesto puedes cambiar la vida de una persona, para mejor o para peor. Todos nos hemos de encontrar tarde o temprano, y lo mejor es saber que cualquier otra persona podrías ser tú mismo.
Post de Oro noviembre
Nominado por: Ana González (Fuenlabrada), socia RAIB nº 85
Autor : Javí Rumí , editado en su blog " Javi Rumi Monólogos"
Motivo : "Me ha gustado mucho el juego de palabras y el sentido del humor que destila el post"
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Un día cualquiera
Estaba un día caminando por la calle cuando de pronto vi un atracador que le estaba robando el bolso a una señora que rondaba los ochenta, y esos son demasiados bolsos. El ladrón se fue corriendo y yo haciendo acopio de mi gran ética cívica decidí seguirlo, corrí tras él dos manzanas y conseguí atraparlo, a él y a las manzanas. Le dije:-¿No te da vergüenza robar a señoras tan mayores?Me respondió:-No, pero sólo les robo su bolso.Yo contraataqué:-¿Y para qué quieres tú un bolso?-Para regalárselo a mi mujer moribunda.-Vaya lo siento, ¿cuánto le queda?-Ah pues no sé... tiene 36... espero que le queden unos 45 años más o menos.-Entonces no está moribunda.-Yo te digo que morir se va a morir.Este pensamiento me estuvo rondando la cabeza un largo tiempo, unos cuantos minutos, una voz interior me decía "te vas a morir, tarde o temprano morirás", luego me dijo que quemara cosas y decidí ir al psicólogo. El psicólogo me dijo su tarifa y yo preferí quemar un bosque, sale mucho más rentable.Me sentía culpable por haber quemado un bosque, lo compensé inundando un pueblo.Unos días más tarde me volví a encontrar a la señora de los ahora setenta y nueve bolsos.-Joven -me dijo- ¿alcanzaste al ladrón?-Vieja -le respondí yo, era un juego que teníamos ella y yo, se trataba en definir nuestra edad- sí pero no conseguí su bolso, lo siento.-Maleducado.Y se fue.Ser maleducado no es un insulto que a mí me moleste, es un insulto que debería molestar a mis padres, ellos fueron los que me educaron, bueno ahora que lo pienso Internet también debería ofenderse.Ahora la voz interior me decía "sé un buen cristiano, cree en Dios, lo necesitas" y yo preferí quemar otro bosque, era algo más factible.
Autor : Javí Rumí , editado en su blog " Javi Rumi Monólogos"
Motivo : "Me ha gustado mucho el juego de palabras y el sentido del humor que destila el post"
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Un día cualquiera
Estaba un día caminando por la calle cuando de pronto vi un atracador que le estaba robando el bolso a una señora que rondaba los ochenta, y esos son demasiados bolsos. El ladrón se fue corriendo y yo haciendo acopio de mi gran ética cívica decidí seguirlo, corrí tras él dos manzanas y conseguí atraparlo, a él y a las manzanas. Le dije:-¿No te da vergüenza robar a señoras tan mayores?Me respondió:-No, pero sólo les robo su bolso.Yo contraataqué:-¿Y para qué quieres tú un bolso?-Para regalárselo a mi mujer moribunda.-Vaya lo siento, ¿cuánto le queda?-Ah pues no sé... tiene 36... espero que le queden unos 45 años más o menos.-Entonces no está moribunda.-Yo te digo que morir se va a morir.Este pensamiento me estuvo rondando la cabeza un largo tiempo, unos cuantos minutos, una voz interior me decía "te vas a morir, tarde o temprano morirás", luego me dijo que quemara cosas y decidí ir al psicólogo. El psicólogo me dijo su tarifa y yo preferí quemar un bosque, sale mucho más rentable.Me sentía culpable por haber quemado un bosque, lo compensé inundando un pueblo.Unos días más tarde me volví a encontrar a la señora de los ahora setenta y nueve bolsos.-Joven -me dijo- ¿alcanzaste al ladrón?-Vieja -le respondí yo, era un juego que teníamos ella y yo, se trataba en definir nuestra edad- sí pero no conseguí su bolso, lo siento.-Maleducado.Y se fue.Ser maleducado no es un insulto que a mí me moleste, es un insulto que debería molestar a mis padres, ellos fueron los que me educaron, bueno ahora que lo pienso Internet también debería ofenderse.Ahora la voz interior me decía "sé un buen cristiano, cree en Dios, lo necesitas" y yo preferí quemar otro bosque, era algo más factible.
Post de Oro octubre
Nominado por: Mati (81) Autor: Boris Bellman, editado en su blog "Palabras Violentas" el día 22 Motivo: porque el autor expresa en pocas palabras totalmente ubicadas lo que siente y porque es un tema que puede dar mucho debate. ==============================
Cuando Jorge Allen, el poeta, se cruzaba con alguna mujer hermosa, caia en el mas hondo desasosiego.
Esta muchacha no sera para mí -pensaba mientras la veía doblar para siempre la esquina. Es que cada mujer que pasa frente a uno sin detenerse es una historia de amor que no se concretará nunca. Y ya se sabe que los hombres de corazón sueñan con vivir todas las vidas.
En ocasiones especiales, Allen usurpaba el tranco de las mas buenasmozas para decirles algo:
- Vea, si no me conoce, no podra usted darse el lujo de olvidarme (...)
"La conspiración de las Mujeres Hermosas" - Alejandro Dolina (Crónicas del Ángel Gris)
Una mezcla de situaciones (un interesante intercambio de posteos y la llegada del verano, para ser más exactos) ha logrado sembrar en mí la semilla del recuerdo de mujeres hermosas en una vida que en pocos días llegará a su vigésimo aniversario.
Las mujeres hermosas son como ilusiones que brillan detrás de una vidriera, mostrando lo que las monedas no compran y sonriendo a ese que nunca es uno. Los hombres sensibles creen que existe una conspiración y hay quienes creen que no existen más que para pasar por delante nuestro y llevarse una mirada envuelta en perfume. Como seres no reales que se ven, pero que no están realmente.
Hay quien tuvo la oportunidad de acercarse a una mujer hermosa para tratar de venderle un corazón vacante pero estos espejismos no contestan y miran siempre hacia adelante, mientras se pierden en el horizonte de la vereda.
Las mujeres hermosas nunca se pasean con hombres hermosos. Masculinos de los más comunes se muestran del brazo de ejemplares de colección ante la envidia de los mortales, que ni lo suficientemente comunes somos como para ganarnos una vuelta a la manzana al lado de una ilusión.
Pero así son las ilusiones. Irreales hasta que se hacen realidad. Y una mujer hermosa no estaría conmigo y si lo hace, quizá no sea tan hermosa.
Quizá sea real que es mucho mejor.
Quizá de besos de amor y no de aire, quizá lea poesía y no Cosmopolitan.
Si no están en una oficina o en un aula, hagan click en el enlace y viajen un rato por las tierras del Ángel Gris. Soñar nunca está de más.
Hoy empiezo una nueva rutina, robada de mi amigo (aunque modificada) y co blogger en cajondelfondo Matías Calderón. Todos los posteos un tema, no es el que estoy escuchando como hace el Sr. Calderón sino el que mejor me vaya para el posteo, la situación o mis ganas.
Hoy: Stealers wheel - Stuck in the middle with you.
Post de Oro septiembre 2006
Nominado por: Hurricane (75)
Autor: Orsai, editado en su blog Orsai el dia 13
Motivo: El motivo es que cuenta una historia muy ingeniosa, con un remate que me dejó realmente sorprendido.
Miércoles 13 de Septiembre, 2006 El intermediario
Hay dos clases de miserables que te tocan el timbre antes de las nueve: los vendedores y los cobradores. Sólo se diferencian en que los cobradores no sonríen cuando les abrís. El que me tocó el timbre ayer era un vendedor. Tenía esa sonrisa amable que pide a gritos una trompada. Yo, en piyama, no tuve reflejos ni para cerrarle la puerta en la nariz. Entonces él sacó una planilla, me miró, y dijo algo que no estaba en mis planes:
—Disculpe que lo moleste, señor Casciari —su acento era español—, pero nos consta que usted todavía es ateo.
Eso fue lo que dijo. Textual. Ni una palabra más, ni una palabra menos.
Que supiera mi apellido no fue lo que me dio miedo, porque está escrito en el buzón de afuera. Tampoco la acusación religiosa, que pudo haber sido casual. Lo que me aterró fue la frase “nos consta que”.
Desde que el mundo es mundo, nadie que use la primera persona del plural es buena gente. Pero la frase “nos consta que” indica, además, que alguien anduvo revolviendo cosas en tu pasado. Y quien la pronuncia nunca es tu amigo, porque habla en representación de otros, y esos otros siempre son los malos. “Nos consta que” es una construcción que sólo usan los matones de la mafia, los abogados de tu ex mujer y las teleoperadoras de Telefónica.
—¿Me equivoco, señor Casciari? —insistió el vendedor al notarme disperso— ¿Es usted todavía ateo?
—Son las nueve de la mañana —le dije—. A esta hora soy lo que sea más rápido.
—Lo más rápido es que me diga la verdad.
—Entonces soy cristiano. Tomé la Comunión a los ocho años, en la Catedral de Mercedes. Tengo testigos. ¿Algo más?
—Eso lo sabemos, eso lo sabemos —dijo, sonriente—... Pero también estamos al tanto de que usted, por alguna razón, no se tragó la hostia.
Mi corazón dejó de latir. Esto me ocurre siempre que el pánico me traslada a la infancia. A mis secretos de la infancia. Y entonces la memoria me llevó, rauda, a una mañana imborrable de 1979.
Ahora estoy sentado en la séptima fila de la Iglesia Catedral de Mercedes, vestido de blanco inmaculado, junto a otras trescientas criaturas de mi edad, a punto de recibir mi Primera Comunión. La misa la oficia el padre D’Ángelo. Mis padres, mis abuelos, y una docena de parientes llegados de la Capital están a un costado del atrio, apuntándome con máquinas de sacar fotografías.
Tengo dos niños a mi lado. A la derecha el Chiri Basilis, y a la izquierda Pachu Wine. Los tres somos pichones católicos fervientes: durante un año entero hemos asistido a los cursos previos en el Colegio Misericordia. Sábado tras sábado, por la mañana, nos han preparado para esta jornada milagrosa, en que recibiremos el cuerpo de Cristo.
El padre D’Ángelo está diciendo cosas que me llenan de alegría, de emoción y de responsabilidad. Habla de ser buenas personas, habla del amor, de la lealtad y del compromiso hacia Dios. Yo estoy hipnotizado por sus palabras. En un momento miro a mi derecha, para saber si al Chiri le pasa lo mismo. El Chiri está con la boca entreabierta, lleno de júbilo. Miro a la izquierda, para saber si a Pachu Wine le ocurre otro tanto, y entonces veo su oreja.
La oreja de Pachu Wine está llena de cerumen.
La cera es una sustancia asquerosa, grasienta, que aparece a la vista sólo cuando el que la ostenta no se ha lavado las orejas. Pachu tiene kilo y medio de esa mugre pastosa, como si se la hubieran puesto a traición con una manga pastelera. Es tan grande el asco, tal la repugnancia, que toda la magia del cristianismo se escapa para siempre de mi corazón.
Dos minutos después estoy haciendo fila por el pasillo principal de la Iglesia, dispuesto a recibir la Comunión. Pero tengo arcadas. Cuando me llega el turno, el Padre D’Ángelo me ofrece la hostia y yo la tomo con los labios entreabiertos, pero no la digiero por miedo a vomitar a Cristo. Vomitar a Cristo, a los ocho años, es peor que pajearse. Entonces, con cuidado, la saco de mi boca y la guardo en el bolsillo. A la salida, entre las felicitaciones familiares, arrojo la hostia a un contenedor.
Nunca jamás le he contado esto a nadie. Y ésta es, de hecho, la primera vez que lo escribo. El hombre que había tocado a mi puerta, sin embargo, conocía la historia.
—Usted no puede saber eso —susurré. Ya no lo tuteaba.
—No se asuste, señor Casciari —me dijo—, y permítame pasar, será sólo un momento.
No se le puede negar el paso a alguien que sabe lo peor nuestro, lo nunca dicho, lo escondido. Yo debo tener tres o cuatro secretos inconfesables, no más, y el señor que ahora estaba sentándose a mi mesa sabía, por lo menos, uno. ¿Qué quería de mí este hombre? ¿Quién era?
—No importa quién soy —dijo entonces, leyéndome el pensamiento—. Y no quiero nada suyo tampoco. Sólo deseo que evalúe las ventajas de convertirse. Usted no puede vivir sin un Dios.
Respiré hondo. Creo que hasta sonreí, aliviado.
—¿Sos un mormón? —exclamé— Casi me hacés cagar de un susto. Es que como no te vi con un compañerito pensé que…
—No soy mormón —interrumpió.
—Bueno, Testigo de Jehová, lo que sea… Sos de ésos que tocan el timbre temprano. Un rompebolas de los últimos días.
—Tampoco —dijo, sereno—. Pertenezco a Associated Gods, una empresa intermediaria de la Fe.
—¿Perdón?
—Las religiones están perdiendo fieles, como usted sabe. Se han quedado en el tiempo. Nuestra empresa lo que hace es adquirir, a bajo coste, stock options de las más castigadas: cristianismo, budismo, islamismo, judaismo, etcétera, y las revitaliza allí donde son más débiles.
—¿La caridad?
—El marketing —me corrigió—. El gran problema de las religiones es que los fieles las adoptan por tradición, por costumbre, por herencia…, y no por voluntad. Nosotros brindamos la opción de cambiar de compañía sin coste adicional y, en algunos casos, con grandes ventajas.
—Yo estoy bien así —le dije.
—Eso no es verdad, señor Casciari. Sabemos que usted no está conforme con el servicio que le brinda el cristianismo.
El desconocido tenía razón. Hace un par de semanas yo estaba en el aeropuerto y se aparecieron unos Hare Krishnas. Me dio un poco de rabia verlos tan felices: siempre están en lugares con aire acondicionado y los dejan vestirse de naranja…
—…y nadie les prohíbe ir descalzos —dijo el intermediario, otra vez leyéndome el pensamiento.
Desde ese momento, más rendido que asustado, decidí seguir pensando en voz alta.
—Cuando veo a los mormones me pasa parecido —dije—: a ellos les dan una bici y un traje fresquito. A los judíos les dan un año nuevo de yapa, a mediados de septiembre. A los musulmanes los dejan que las mujeres vayan en el asiento de atrás. Los Testigos de Jehová se salvan de la conscripción… ¿Y nosotros qué? ¿A los cristianos, qué nos dan?
—Buenos consejos, quizás —dijo el hombre.
—No cojas por el culo, no uses forro, no abortes, no compres discos de Madonna —me estaba empezando a calentar—. Prefiero una bicicleta con cambio.
—Eso vengo a ofrecerle, señor Casciari: un cambio… La semana pasada convencí a un cliente cristiano de pasarse al Islam. El pobre hombre tenía una novia oficial y dos amantes. Se moría de culpa; casi no dormía. Ahora se casó con las tres y está contentísimo. Lo único que tiene que hacer es, cada tanto, rezar mirando a La Meca.
El intruso empezaba a caerme bien. Por lo menos, tenía una conversación menos previsible que la de un fanático religioso.
—¿Y cuánto cuesta cambiarse a otra creencia? —pregunté.
—Si lo hace mediante Associated Gods, no le cuesta un centavo. Es más, le regalamos un teléfono móvil o un microondas. Nosotros nos encargamos del papeleo, de la iniciación y de los detalles místicos. Y si no está seguro de qué nueva religión elegir, lo asesoramos sin coste adicional.
—Un teléfono no me vendría mal.
—En su caso no, porque usted es ateo. Está ese pequeño incidente del cerumen —me sonrojé al oirlo en boca de otro—… Los regalos son cuando el cliente se pasa de una compañía a otra, y usted no pertenece a ninguna, técnicamente.
Yo sabía que el problema con Pachu Wine, tarde o temprano, me iba a jugar en contra.
—Pero de todas maneras este mes hay una oferta especial —me dijo el vendedor—: si se convierte antes del 30 de octubre a una religión menor, le ofrecemos una segunda creencia alternativa, totalmente gratis.
—No entiendo. ¿Qué vendría a ser una religión menor?
—Hay creencias superpobladas, como el budismo, el confucionismo… La cienciología, sin ir más lejos, últimamente es lo más pedido por las adolescentes, y ya no quedan cupos… Y después hay otras religiones más nuevas, más humildes. Estamos intentando captar clientes en estas opciones, a las que llamamos creencias de temporada baja.
—¿Cuáles serían, por ejemplo?
El vendedor abrió su portafolios y miró una planilla:
—El taoismo, el vudú, el oromo, el panteísmo, el rastafarismo, por nombrarle sólo algunas. Si usted no es mucho de rezar, y no le importa que no haya templos en su barrio, le recomiendo alguna de éstas. Son muy cómodas.
—¿Se puede comer jamón?
—En algunas incluso se puede comer gente.
—Me interesa. ¿Cuál sería la más distendida?
—Si no le gusta esforzarse, le recomiendo el panteísmo: casi no hay que hacer nada. Solamente, cada mes o mes y medio, tendría que abrazar un árbol, por contrato.
Me entregó un folleto explicativo, a todo color.
—Me gusta —dije, mirando las fotos— pero tendría que conversarlo con mi mujer…
El intermediario no se daba por vencido:
—Si firma ahora le regalamos también el rastafarismo, una creencia centroamericana que lo obliga a fumar porro por lo menos dos veces al día.
—Me las quedo. A las dos — dije entonces, ansioso—. ¿Dónde hay que firmar?
El intermediario me hizo rellenar unos formularios y firmé con gusto tres o cuatro papeles sin mirarlos mucho, porque estaban todos escritos en inglés. Antes de irse, me dejó una especie de biblia panteísta (escrita por Averroes), un sahumerio, una pandereta y una bolsita de porro santo. Lo despedí con un abrazo y lo vi salir de casa y perderse en la esquina.
Como todavía era temprano me volví a meter en la cama. Guardé la bolsita y la pandereta en la mesa de luz, me puse boca arriba en la oscuridad de la habitación y sonreí. “Todo por cero pesos —pensé, satisfecho— cero sacrificio, cero esfuerzo. Nada de sudor de tu frente, nada de parirás con dolor, ni esas ridiculeces del cristianismo, mi antigua y equivocada fe”.
Cristina seguía durmiendo, a mi lado. Su reloj despertador, extrañamente, marcaba todavía las 8.59, pero eso no era posible. Habíamos estado hablando más de una hora con el intermediario. Tenían que ser casi las diez de la mañana. Entonces Cristina se dio vuelta y me abrazó.
—¿Otra vez te está doliendo la espalda? —dijo, entredormida.
Sin saber por qué, tuve un mal presentimiento. Como si algo no estuviera funcionando del todo bien.
—No, ¿por?
—Las manos… Te huelen a azufre —susurró, y se volvió a dormir.
Entonces sí, el reloj marcó las nueve en punto.
Autor: Orsai, editado en su blog Orsai el dia 13
Motivo: El motivo es que cuenta una historia muy ingeniosa, con un remate que me dejó realmente sorprendido.
Miércoles 13 de Septiembre, 2006 El intermediario
Hay dos clases de miserables que te tocan el timbre antes de las nueve: los vendedores y los cobradores. Sólo se diferencian en que los cobradores no sonríen cuando les abrís. El que me tocó el timbre ayer era un vendedor. Tenía esa sonrisa amable que pide a gritos una trompada. Yo, en piyama, no tuve reflejos ni para cerrarle la puerta en la nariz. Entonces él sacó una planilla, me miró, y dijo algo que no estaba en mis planes:
—Disculpe que lo moleste, señor Casciari —su acento era español—, pero nos consta que usted todavía es ateo.
Eso fue lo que dijo. Textual. Ni una palabra más, ni una palabra menos.
Que supiera mi apellido no fue lo que me dio miedo, porque está escrito en el buzón de afuera. Tampoco la acusación religiosa, que pudo haber sido casual. Lo que me aterró fue la frase “nos consta que”.
Desde que el mundo es mundo, nadie que use la primera persona del plural es buena gente. Pero la frase “nos consta que” indica, además, que alguien anduvo revolviendo cosas en tu pasado. Y quien la pronuncia nunca es tu amigo, porque habla en representación de otros, y esos otros siempre son los malos. “Nos consta que” es una construcción que sólo usan los matones de la mafia, los abogados de tu ex mujer y las teleoperadoras de Telefónica.
—¿Me equivoco, señor Casciari? —insistió el vendedor al notarme disperso— ¿Es usted todavía ateo?
—Son las nueve de la mañana —le dije—. A esta hora soy lo que sea más rápido.
—Lo más rápido es que me diga la verdad.
—Entonces soy cristiano. Tomé la Comunión a los ocho años, en la Catedral de Mercedes. Tengo testigos. ¿Algo más?
—Eso lo sabemos, eso lo sabemos —dijo, sonriente—... Pero también estamos al tanto de que usted, por alguna razón, no se tragó la hostia.
Mi corazón dejó de latir. Esto me ocurre siempre que el pánico me traslada a la infancia. A mis secretos de la infancia. Y entonces la memoria me llevó, rauda, a una mañana imborrable de 1979.
Ahora estoy sentado en la séptima fila de la Iglesia Catedral de Mercedes, vestido de blanco inmaculado, junto a otras trescientas criaturas de mi edad, a punto de recibir mi Primera Comunión. La misa la oficia el padre D’Ángelo. Mis padres, mis abuelos, y una docena de parientes llegados de la Capital están a un costado del atrio, apuntándome con máquinas de sacar fotografías.
Tengo dos niños a mi lado. A la derecha el Chiri Basilis, y a la izquierda Pachu Wine. Los tres somos pichones católicos fervientes: durante un año entero hemos asistido a los cursos previos en el Colegio Misericordia. Sábado tras sábado, por la mañana, nos han preparado para esta jornada milagrosa, en que recibiremos el cuerpo de Cristo.
El padre D’Ángelo está diciendo cosas que me llenan de alegría, de emoción y de responsabilidad. Habla de ser buenas personas, habla del amor, de la lealtad y del compromiso hacia Dios. Yo estoy hipnotizado por sus palabras. En un momento miro a mi derecha, para saber si al Chiri le pasa lo mismo. El Chiri está con la boca entreabierta, lleno de júbilo. Miro a la izquierda, para saber si a Pachu Wine le ocurre otro tanto, y entonces veo su oreja.
La oreja de Pachu Wine está llena de cerumen.
La cera es una sustancia asquerosa, grasienta, que aparece a la vista sólo cuando el que la ostenta no se ha lavado las orejas. Pachu tiene kilo y medio de esa mugre pastosa, como si se la hubieran puesto a traición con una manga pastelera. Es tan grande el asco, tal la repugnancia, que toda la magia del cristianismo se escapa para siempre de mi corazón.
Dos minutos después estoy haciendo fila por el pasillo principal de la Iglesia, dispuesto a recibir la Comunión. Pero tengo arcadas. Cuando me llega el turno, el Padre D’Ángelo me ofrece la hostia y yo la tomo con los labios entreabiertos, pero no la digiero por miedo a vomitar a Cristo. Vomitar a Cristo, a los ocho años, es peor que pajearse. Entonces, con cuidado, la saco de mi boca y la guardo en el bolsillo. A la salida, entre las felicitaciones familiares, arrojo la hostia a un contenedor.
Nunca jamás le he contado esto a nadie. Y ésta es, de hecho, la primera vez que lo escribo. El hombre que había tocado a mi puerta, sin embargo, conocía la historia.
—Usted no puede saber eso —susurré. Ya no lo tuteaba.
—No se asuste, señor Casciari —me dijo—, y permítame pasar, será sólo un momento.
No se le puede negar el paso a alguien que sabe lo peor nuestro, lo nunca dicho, lo escondido. Yo debo tener tres o cuatro secretos inconfesables, no más, y el señor que ahora estaba sentándose a mi mesa sabía, por lo menos, uno. ¿Qué quería de mí este hombre? ¿Quién era?
—No importa quién soy —dijo entonces, leyéndome el pensamiento—. Y no quiero nada suyo tampoco. Sólo deseo que evalúe las ventajas de convertirse. Usted no puede vivir sin un Dios.
Respiré hondo. Creo que hasta sonreí, aliviado.
—¿Sos un mormón? —exclamé— Casi me hacés cagar de un susto. Es que como no te vi con un compañerito pensé que…
—No soy mormón —interrumpió.
—Bueno, Testigo de Jehová, lo que sea… Sos de ésos que tocan el timbre temprano. Un rompebolas de los últimos días.
—Tampoco —dijo, sereno—. Pertenezco a Associated Gods, una empresa intermediaria de la Fe.
—¿Perdón?
—Las religiones están perdiendo fieles, como usted sabe. Se han quedado en el tiempo. Nuestra empresa lo que hace es adquirir, a bajo coste, stock options de las más castigadas: cristianismo, budismo, islamismo, judaismo, etcétera, y las revitaliza allí donde son más débiles.
—¿La caridad?
—El marketing —me corrigió—. El gran problema de las religiones es que los fieles las adoptan por tradición, por costumbre, por herencia…, y no por voluntad. Nosotros brindamos la opción de cambiar de compañía sin coste adicional y, en algunos casos, con grandes ventajas.
—Yo estoy bien así —le dije.
—Eso no es verdad, señor Casciari. Sabemos que usted no está conforme con el servicio que le brinda el cristianismo.
El desconocido tenía razón. Hace un par de semanas yo estaba en el aeropuerto y se aparecieron unos Hare Krishnas. Me dio un poco de rabia verlos tan felices: siempre están en lugares con aire acondicionado y los dejan vestirse de naranja…
—…y nadie les prohíbe ir descalzos —dijo el intermediario, otra vez leyéndome el pensamiento.
Desde ese momento, más rendido que asustado, decidí seguir pensando en voz alta.
—Cuando veo a los mormones me pasa parecido —dije—: a ellos les dan una bici y un traje fresquito. A los judíos les dan un año nuevo de yapa, a mediados de septiembre. A los musulmanes los dejan que las mujeres vayan en el asiento de atrás. Los Testigos de Jehová se salvan de la conscripción… ¿Y nosotros qué? ¿A los cristianos, qué nos dan?
—Buenos consejos, quizás —dijo el hombre.
—No cojas por el culo, no uses forro, no abortes, no compres discos de Madonna —me estaba empezando a calentar—. Prefiero una bicicleta con cambio.
—Eso vengo a ofrecerle, señor Casciari: un cambio… La semana pasada convencí a un cliente cristiano de pasarse al Islam. El pobre hombre tenía una novia oficial y dos amantes. Se moría de culpa; casi no dormía. Ahora se casó con las tres y está contentísimo. Lo único que tiene que hacer es, cada tanto, rezar mirando a La Meca.
El intruso empezaba a caerme bien. Por lo menos, tenía una conversación menos previsible que la de un fanático religioso.
—¿Y cuánto cuesta cambiarse a otra creencia? —pregunté.
—Si lo hace mediante Associated Gods, no le cuesta un centavo. Es más, le regalamos un teléfono móvil o un microondas. Nosotros nos encargamos del papeleo, de la iniciación y de los detalles místicos. Y si no está seguro de qué nueva religión elegir, lo asesoramos sin coste adicional.
—Un teléfono no me vendría mal.
—En su caso no, porque usted es ateo. Está ese pequeño incidente del cerumen —me sonrojé al oirlo en boca de otro—… Los regalos son cuando el cliente se pasa de una compañía a otra, y usted no pertenece a ninguna, técnicamente.
Yo sabía que el problema con Pachu Wine, tarde o temprano, me iba a jugar en contra.
—Pero de todas maneras este mes hay una oferta especial —me dijo el vendedor—: si se convierte antes del 30 de octubre a una religión menor, le ofrecemos una segunda creencia alternativa, totalmente gratis.
—No entiendo. ¿Qué vendría a ser una religión menor?
—Hay creencias superpobladas, como el budismo, el confucionismo… La cienciología, sin ir más lejos, últimamente es lo más pedido por las adolescentes, y ya no quedan cupos… Y después hay otras religiones más nuevas, más humildes. Estamos intentando captar clientes en estas opciones, a las que llamamos creencias de temporada baja.
—¿Cuáles serían, por ejemplo?
El vendedor abrió su portafolios y miró una planilla:
—El taoismo, el vudú, el oromo, el panteísmo, el rastafarismo, por nombrarle sólo algunas. Si usted no es mucho de rezar, y no le importa que no haya templos en su barrio, le recomiendo alguna de éstas. Son muy cómodas.
—¿Se puede comer jamón?
—En algunas incluso se puede comer gente.
—Me interesa. ¿Cuál sería la más distendida?
—Si no le gusta esforzarse, le recomiendo el panteísmo: casi no hay que hacer nada. Solamente, cada mes o mes y medio, tendría que abrazar un árbol, por contrato.
Me entregó un folleto explicativo, a todo color.
—Me gusta —dije, mirando las fotos— pero tendría que conversarlo con mi mujer…
El intermediario no se daba por vencido:
—Si firma ahora le regalamos también el rastafarismo, una creencia centroamericana que lo obliga a fumar porro por lo menos dos veces al día.
—Me las quedo. A las dos — dije entonces, ansioso—. ¿Dónde hay que firmar?
El intermediario me hizo rellenar unos formularios y firmé con gusto tres o cuatro papeles sin mirarlos mucho, porque estaban todos escritos en inglés. Antes de irse, me dejó una especie de biblia panteísta (escrita por Averroes), un sahumerio, una pandereta y una bolsita de porro santo. Lo despedí con un abrazo y lo vi salir de casa y perderse en la esquina.
Como todavía era temprano me volví a meter en la cama. Guardé la bolsita y la pandereta en la mesa de luz, me puse boca arriba en la oscuridad de la habitación y sonreí. “Todo por cero pesos —pensé, satisfecho— cero sacrificio, cero esfuerzo. Nada de sudor de tu frente, nada de parirás con dolor, ni esas ridiculeces del cristianismo, mi antigua y equivocada fe”.
Cristina seguía durmiendo, a mi lado. Su reloj despertador, extrañamente, marcaba todavía las 8.59, pero eso no era posible. Habíamos estado hablando más de una hora con el intermediario. Tenían que ser casi las diez de la mañana. Entonces Cristina se dio vuelta y me abrazó.
—¿Otra vez te está doliendo la espalda? —dijo, entredormida.
Sin saber por qué, tuve un mal presentimiento. Como si algo no estuviera funcionando del todo bien.
—No, ¿por?
—Las manos… Te huelen a azufre —susurró, y se volvió a dormir.
Entonces sí, el reloj marcó las nueve en punto.
Post de Oro agosto 2006
PLUTÓN
De Adrià Urpí editado en su blog "NOBLEZA OBLIGA"
Ayer fue un día aciago para los que creemos que la ciencia debe tener algo de romanticismo. Ayer, la poderosa “banda de los cuatro” se salió con la suya. Hartos como estaban de soportarte, hartos de ver como lucías en los planetarios junto a ellos, han conseguido por fin expulsarte. Una muestra más del racismo de los “gaseosos”.
“Adiós Plutón” titulaba ayer un periódico que se adelantaba a la decisión. ¿Cómo que adiós?, acaso te toman por una simple bombilla que se enciende y se apaga por un interruptor.?, Es que acaso dejas de brillar en el cielo?.
¿Cómo pueden ser tan vanidosos ese amasijo de moléculas orgánicas como para pretender que una simple decisión suya te borrará del cielo?. Me imagino que debes estar partiéndote de risa.
http://blogs.ya.com/noblezaobliga/files/pluton0.jpg
Con el fichaje de Neptuno en el siglo XVIII por parte del club de los “gaseosos”, estos lo tenían ya todo “atado y bien atado”. Los cuatro “peques” delante del SOL : El caliente Mercurio, Venus la coqueta, la tontita Tierra que durante siglos creyó ser el centro de todo el Universo nada menos y el belicoso Marte. Tras ellos, en el “exterior”, la “banda de los cuatro gaseosos”, que con su enorme número de satélites creen ser ellos mismos pequeños sistemas solares…engreídos!!! . No fueron capaces de aprobar las oposiciones a Estrella y no les quedó más remedio que orbitar alrededor de una llamada Sol…la cual no es que sea muy especial que digamos. Todo parecía perfecto….pero he aquí que las órbitas de Neptuno y Urano hacían cosas extrañas. Un tipo avispado, Percival Lowell, enunció que esto sólo podía indicar la existencia de otro planeta. Y por fin, en los años treinta, Clyde W. Tombaugh del observatorio Lowell te descubrió. Estando tan lejos te pusieron el nombre del dios de los Infiernos romano, y además lo hicieron por homenaje a su antecesor y fundador del Observatorio Percival Lowell, cuyas iniciales P.L. son las dos primeras letras de tu nombre.
De repente, cobraste protagonismo, eras el último, y todo el mundo te conocía. Hasta los más pequeños aprendían que Plutón es el plantea más pequeño y lejano del Sistema Solar. La banda de los cuatro, es decir Júpiter el orgulloso, Saturno el “dandy” del anillo , Urano el inexpresivo (que cara más lisa y aburrida…a los dos minutos de observarlo ya está uno bostezando) y Neptuno, el príncipe destronado, el envidioso ex último planeta. Estos dos últimos además le copian a Saturno el anillo…envidiosos!!!.
Recuerdo de pequeño, un programa de televisión para niños que llevaba por nombre “Destino Plutón”, de hecho, esta semana se estrena una película que lleva el nombre de “Desayuno en Plutón”. Tu nombre es sinónimo de lejanía, de misterio, de soledad….aunque de sólo nada…tu satélite Caronte es el mejor tratado del Sistema Solar. Muchos os consideran un planeta doble, algo así como un matrimonio bien avenido, tanto que tenéis sincronizadas vuestras órbitas. Así siempre os estáis mirando cara a cara, de la misma manera. Tú sólo ves una cara de Caronte, y él siempre ve de ti la misma faz….siempre juntos, si eso no es amor....
http://blogs.ya.com/noblezaobliga/files/plutoncaront.jpg
Una de las páginas de Internet más amenas de Astronomía www.neufplanetes.org (en francés, y creo que también en ingles) le ha quedado el nombre obsoleto….menuda faena.
Los advenedizos satélites galileanos de Júpiter (Io, Europa, Ganímedes y Calisto), junto con Titán, el más grande de los de Saturno y algún otro, siempre andaban quejosos de que, siendo más grandes que tú, nadie les conocía…nadie habla de ellos. Arthur C. Clarke tuvo a bien situar el origen del misterioso monolito en Europa (2010 Odisea Dos), pero nada más; ellos apenas contaban, a pesar de ser mayores que tú. Ellos ni siquiera pueden aspirar al título de planeta.
Encima, hace pocos años, se empezó ha hablar del décimo planeta, que recibió el nombre de Sedna, deidad marina femenina de la cultura esquimal; eso enfureció aún más a la banda de los cuatro….y para rematarlo, otra “pelandusca” del cinturón de asteroides, Ceres (deidad agrícola griega, homóloga a la Cibeles romana), también se apuntaba al carro, también reclamaba su reconocimiento, sólo faltó que tu vecina UB313, bautizada con el ridículo nombre de Xena (de California tenían que ser los cenutrios que la bautizaron) también apoyara el tema y quisiera ser planeta…..Así que Júpiter no aguantó más y dijo basta con un sonoro puñetazo en la mesa. Reunidos en consejo, las mentes pensantes humanas deciden tu degradación. Pero no te enfades con todos los terrícolas, algunos seguimos estando de tu parte.
Hoy ya no eres un planeta del sistema solar; eres de segunda división, un “planeta enano”….pero ya no estás sólo. Ceres junto con alguno más del cinturón de asteroides y tú, Sedna y otros vecinos de tu zona (cinturón de Kuyper) formáis una categoría que cada vez será más numerosa.
Dentro de unos pocos cientos de años…o quizá sólo decenas, volverás a la carga y seguro que conseguiás volver a estar donde mereces…y seguramente con más como tú.
Ahora, tú nos miras y sonríes, por una parte sabes que los que te han deshonrado no vivirán demasiado, a lo sumo algunas decenas de años; dentro de cine años casi seguro que no existirá ya ninguno de ellos, pero tú seguirás ahí arriba, ahí lejos…y además, sonríes porque tú sí que sabes que hay más allá, algo que no alcanzaremos a saber hasta dentro de un montón de años….pero tú lo sabes, conoces los cuerpos que hay más allá, sabes de estrellas que nunca llegaremos a ver….y pretenden hacerte daño llamándote enano?...
Algunos seguiremos llamándote planeta, seguirás siendo para nosotros no el último del Sistema Solar , sino el Primero del Más Allá.
Sean felices.
Adrià Urpí
De Adrià Urpí editado en su blog "NOBLEZA OBLIGA"
Ayer fue un día aciago para los que creemos que la ciencia debe tener algo de romanticismo. Ayer, la poderosa “banda de los cuatro” se salió con la suya. Hartos como estaban de soportarte, hartos de ver como lucías en los planetarios junto a ellos, han conseguido por fin expulsarte. Una muestra más del racismo de los “gaseosos”.
“Adiós Plutón” titulaba ayer un periódico que se adelantaba a la decisión. ¿Cómo que adiós?, acaso te toman por una simple bombilla que se enciende y se apaga por un interruptor.?, Es que acaso dejas de brillar en el cielo?.
¿Cómo pueden ser tan vanidosos ese amasijo de moléculas orgánicas como para pretender que una simple decisión suya te borrará del cielo?. Me imagino que debes estar partiéndote de risa.
http://blogs.ya.com/noblezaobliga/files/pluton0.jpg
Con el fichaje de Neptuno en el siglo XVIII por parte del club de los “gaseosos”, estos lo tenían ya todo “atado y bien atado”. Los cuatro “peques” delante del SOL : El caliente Mercurio, Venus la coqueta, la tontita Tierra que durante siglos creyó ser el centro de todo el Universo nada menos y el belicoso Marte. Tras ellos, en el “exterior”, la “banda de los cuatro gaseosos”, que con su enorme número de satélites creen ser ellos mismos pequeños sistemas solares…engreídos!!! . No fueron capaces de aprobar las oposiciones a Estrella y no les quedó más remedio que orbitar alrededor de una llamada Sol…la cual no es que sea muy especial que digamos. Todo parecía perfecto….pero he aquí que las órbitas de Neptuno y Urano hacían cosas extrañas. Un tipo avispado, Percival Lowell, enunció que esto sólo podía indicar la existencia de otro planeta. Y por fin, en los años treinta, Clyde W. Tombaugh del observatorio Lowell te descubrió. Estando tan lejos te pusieron el nombre del dios de los Infiernos romano, y además lo hicieron por homenaje a su antecesor y fundador del Observatorio Percival Lowell, cuyas iniciales P.L. son las dos primeras letras de tu nombre.
De repente, cobraste protagonismo, eras el último, y todo el mundo te conocía. Hasta los más pequeños aprendían que Plutón es el plantea más pequeño y lejano del Sistema Solar. La banda de los cuatro, es decir Júpiter el orgulloso, Saturno el “dandy” del anillo , Urano el inexpresivo (que cara más lisa y aburrida…a los dos minutos de observarlo ya está uno bostezando) y Neptuno, el príncipe destronado, el envidioso ex último planeta. Estos dos últimos además le copian a Saturno el anillo…envidiosos!!!.
Recuerdo de pequeño, un programa de televisión para niños que llevaba por nombre “Destino Plutón”, de hecho, esta semana se estrena una película que lleva el nombre de “Desayuno en Plutón”. Tu nombre es sinónimo de lejanía, de misterio, de soledad….aunque de sólo nada…tu satélite Caronte es el mejor tratado del Sistema Solar. Muchos os consideran un planeta doble, algo así como un matrimonio bien avenido, tanto que tenéis sincronizadas vuestras órbitas. Así siempre os estáis mirando cara a cara, de la misma manera. Tú sólo ves una cara de Caronte, y él siempre ve de ti la misma faz….siempre juntos, si eso no es amor....
http://blogs.ya.com/noblezaobliga/files/plutoncaront.jpg
Una de las páginas de Internet más amenas de Astronomía www.neufplanetes.org (en francés, y creo que también en ingles) le ha quedado el nombre obsoleto….menuda faena.
Los advenedizos satélites galileanos de Júpiter (Io, Europa, Ganímedes y Calisto), junto con Titán, el más grande de los de Saturno y algún otro, siempre andaban quejosos de que, siendo más grandes que tú, nadie les conocía…nadie habla de ellos. Arthur C. Clarke tuvo a bien situar el origen del misterioso monolito en Europa (2010 Odisea Dos), pero nada más; ellos apenas contaban, a pesar de ser mayores que tú. Ellos ni siquiera pueden aspirar al título de planeta.
Encima, hace pocos años, se empezó ha hablar del décimo planeta, que recibió el nombre de Sedna, deidad marina femenina de la cultura esquimal; eso enfureció aún más a la banda de los cuatro….y para rematarlo, otra “pelandusca” del cinturón de asteroides, Ceres (deidad agrícola griega, homóloga a la Cibeles romana), también se apuntaba al carro, también reclamaba su reconocimiento, sólo faltó que tu vecina UB313, bautizada con el ridículo nombre de Xena (de California tenían que ser los cenutrios que la bautizaron) también apoyara el tema y quisiera ser planeta…..Así que Júpiter no aguantó más y dijo basta con un sonoro puñetazo en la mesa. Reunidos en consejo, las mentes pensantes humanas deciden tu degradación. Pero no te enfades con todos los terrícolas, algunos seguimos estando de tu parte.
Hoy ya no eres un planeta del sistema solar; eres de segunda división, un “planeta enano”….pero ya no estás sólo. Ceres junto con alguno más del cinturón de asteroides y tú, Sedna y otros vecinos de tu zona (cinturón de Kuyper) formáis una categoría que cada vez será más numerosa.
Dentro de unos pocos cientos de años…o quizá sólo decenas, volverás a la carga y seguro que conseguiás volver a estar donde mereces…y seguramente con más como tú.
Ahora, tú nos miras y sonríes, por una parte sabes que los que te han deshonrado no vivirán demasiado, a lo sumo algunas decenas de años; dentro de cine años casi seguro que no existirá ya ninguno de ellos, pero tú seguirás ahí arriba, ahí lejos…y además, sonríes porque tú sí que sabes que hay más allá, algo que no alcanzaremos a saber hasta dentro de un montón de años….pero tú lo sabes, conoces los cuerpos que hay más allá, sabes de estrellas que nunca llegaremos a ver….y pretenden hacerte daño llamándote enano?...
Algunos seguiremos llamándote planeta, seguirás siendo para nosotros no el último del Sistema Solar , sino el Primero del Más Allá.
Sean felices.
Adrià Urpí
Post de Oro de julio
Poema de Julio, de Martín Hache editado en su blog PLANETA HACHE
Oscura y fría caverna
En estas rutinarias tardes de largos silencios y apagados matices, cuando del sol apenas queda un guiño con la promesa del mañana, es cuando meditar se convierte en el merecido reposo del guerrero, en la tarea inverosímil de resucitar las quimeras del pasado y avecinarlas a los anhelos del presente, en un baile de llamas frágiles que se eternizan con la palabra. La luna me da la espalda mientras se asoma por la ventana de mis deseos. Ayer la fui infiel y no perdona fácilmente. Trataré de conquistarla de nuevo en alguna otra noche de versos y cánticos mudos, a la orilla del silencioso mundo interior que habita en mi caverna, oscura y fría como la dejé, justo antes de aventurarme al vacío. La noche se acerca sigilosa, rumbo a navegar nuevamente sobre la tranquilidad de un mar despoblado de prejuicios, donde sumergir todos y cada uno de mis secretos taciturnos... Martín Hache (20/07/06)
Oscura y fría caverna
En estas rutinarias tardes de largos silencios y apagados matices, cuando del sol apenas queda un guiño con la promesa del mañana, es cuando meditar se convierte en el merecido reposo del guerrero, en la tarea inverosímil de resucitar las quimeras del pasado y avecinarlas a los anhelos del presente, en un baile de llamas frágiles que se eternizan con la palabra. La luna me da la espalda mientras se asoma por la ventana de mis deseos. Ayer la fui infiel y no perdona fácilmente. Trataré de conquistarla de nuevo en alguna otra noche de versos y cánticos mudos, a la orilla del silencioso mundo interior que habita en mi caverna, oscura y fría como la dejé, justo antes de aventurarme al vacío. La noche se acerca sigilosa, rumbo a navegar nuevamente sobre la tranquilidad de un mar despoblado de prejuicios, donde sumergir todos y cada uno de mis secretos taciturnos... Martín Hache (20/07/06)
Post de Oro junio
POST: Alfie (27.06.06) AUTOR: Fénix, blog Ashesway NOMINADO POR: Anka López, blog LA REINA LEONA TIVOS: por la dulzura con la que habla de su amiga perruna, por el recuerdo de la perri.
Tras la muerte de mi padre y hasta que me independizé hace ya tres años, compartía habitación con mis tres niñas: Kewpie, Molly y Alfie.Cada una de ellas merece un post independiente, así que como dos ya se fueron hace un tiempo, este va para mi munchi, mi Alfie.Se fue hace un mes.Nadie la quería. Tenía ocho meses y sólo conocía la jaula en la que vivía desde que nació. Cuando me la dieron, me dijeron que iba a tener que ser paciente con ella, porque casi ni sabía caminar.La primera noche ya lo comprobé,porque no caminaba: se arrastraba por la casa.Teóricamente, era mi regalo para mi madre.Pero para poder controlarla mejor, desde el primer día durmió conmigo. La subí a la cama, y la puse a mi lado, pegadita a la pared y a la altura de mi barbilla.Y así dormiría durante los diez años siguientes.Fue madre muy jovencita, con un año.Un descuido con Puppy, nuestro rey de la casa. Fue un parto muy difícil que casi le costó la vida. De los cinco cachorros que debian nacer,sólo dos sobrevivieron a la cesárea : Indy y Penny. Cuando los fui a recoger a ella y a sus niños tras la operación, los veterinarios me advirtieron que larecuperación de Alfie iba a ser lenta y dificil.También me dijeron que dudaban que los cachorros pasaran de aquella noche pero que si pasaban, yo tendría que hacer de madre, porque ella no tendría fuerzas ni leche para alimentarlos.La misma noche,de madrugada, en un stop entre biberón y biberón, algo me despertó.Noté que algo me pasaba por la boca con insistencia. Era suave y blando.Cuando logré abrir los ojos, vi como Alfie se llevaba a los cachorros a su cuna;primero a uno y luego a la otra, los enchufó a las tetas, mientras me miraba.Lloré emocionada. Estuvo toda la noche atendiéndolos, limpiándolos y dándoles lo que ella creía que era leche.Los sacamos adelante juntas, ella y yo. Aún hoy, los veterinarios recuerdan la historia con cariño y respeto.Alfie era besucona, cariñosa desde que te miraba, valiente, sufrida y obediente;divertida y una cachonda que siguió buscándole el cuerpo a Puppy cada vez que tenía ocasión.Se fue con trece años.Era tauro ( como yo) y una gran amiga que vivirá siempre en mi corazón, como el resto de los que se han ido.
Post de Oro mayo 2006
Conversaciones con la muerte
La semana pasada la muerte se instaló en nuestras vidas. Mi sabia intuición me había alertado de antemano, así que con premeditación y alevosía cerré la puerta de casa con doble vuelta de llave, esperando ingenuamente que se olvidara de ella.
Pero la muerte no olvida.
Se filtró por las paredes y empecé a notar su presencia reflejada en sus ojos, en su piel, en sus manos.
Al principio su presencia me resultaba molesta, imagínate! estaba enfadada con la mismísima muerte. La odiaba más que la temía, le formulaba miles de preguntas que no me contestaba, no entendía porqué me la quería arrebatar, porqué tanta crueldad.
Poco a poco, con el paso de las horas compartidas, la muerte y yo hemos aclarado muchas cosas.
Una noche me desperté y la vi sentada al borde de mi cama. Pasó un rato hasta que decidió hablarme. Con voz suave y muy lentamente me dijo que la muerte forma parte de la vida y si lloramos por la muerte de alguien,no hacemos más que llorar por nosotros mismos, no por la persona que se va.
La vida es muerte y la muerte es vida.
Cuando llegue el momento, la muerte se llevará a mi madre. Me ha dicho que no tendremos que esperar mucho. Mientras tanto converso con ella, con la muerte,ahora ya sin miedos y sin odios, sólo esperando que el círculo se cierre.
E L S A
Pd: Quiero agradecer a todos y cada uno de vosotros todo el apoyo que me estáis demostrando, ya sea aquí en mi blog en forma de comentario o por correo privado. Gracias de todo corazón.
Post de Oro abril 2006
Si supiera dibujar haría un dibujo...no, no, haría muchos dibujos, tantos y tantos como cosas hay, para poder contar como ven mis ojos.
Pintaría, por ejemplo, la luna, pero no la luna qué supongo que ve la gente, y que imagino que será como la veía yo antes, no, esa no..., pintaría “mi” luna, como la veo ahora.
Pero como no sé dibujar, sólo me queda intentar explicar con palabras ese dibujo que haría si supiera dibujar.
Mi luna ya no es una luna, son tres lunas, unas montadas sobre otras. Dependiendo si esa noche ha decidido mostrarse entera, o una uñita, o asomarse un poco más, dependiendo de eso, así las veo yo de juntas a mis lunas...Cuánto más pequeñas, más juntas, más montadas. Al primer vistazo siempre hay una que manda, pero pasados unos segundos ya son todas iguales, una al lado de otra, otra encima de una...Así, así son, así me he acostumbrado a verlas. Al principio de tener esta nueva y extraña visión, me empeñaba en separarlas, me desesperaba intentando que la luna volviera a ser la que había conocido desde siempre, la luna que pintaba cuando era niña...pero ya no, ya la he aceptado así, ya me gusta y la reconozco de esa manera, y lo mejor de todo es que creo que he conseguido que cuando yo la miro, la luna no esté sola en el cielo estrellado, ya nunca está sola si soy yo quién la mira...están las tres lunas y las estrellas alrededor, estrellas que tampoco son como antes...las estrellas parecen fuegos artificiales después de haber estallado y comienzan a diluirse, a apagarse...justo en ese momento, justo así es como veo las estrellas, con mil destellos y un ojito negro en el centro, por donde miran a la luna y me miran a mí.
Y si supiera dibujar, haría un cuadro muy grande con las lunas y las estrellas que parecen fuegos artificiales, pero no sé dibujar.
Pintaría, por ejemplo, la luna, pero no la luna qué supongo que ve la gente, y que imagino que será como la veía yo antes, no, esa no..., pintaría “mi” luna, como la veo ahora.
Pero como no sé dibujar, sólo me queda intentar explicar con palabras ese dibujo que haría si supiera dibujar.
Mi luna ya no es una luna, son tres lunas, unas montadas sobre otras. Dependiendo si esa noche ha decidido mostrarse entera, o una uñita, o asomarse un poco más, dependiendo de eso, así las veo yo de juntas a mis lunas...Cuánto más pequeñas, más juntas, más montadas. Al primer vistazo siempre hay una que manda, pero pasados unos segundos ya son todas iguales, una al lado de otra, otra encima de una...Así, así son, así me he acostumbrado a verlas. Al principio de tener esta nueva y extraña visión, me empeñaba en separarlas, me desesperaba intentando que la luna volviera a ser la que había conocido desde siempre, la luna que pintaba cuando era niña...pero ya no, ya la he aceptado así, ya me gusta y la reconozco de esa manera, y lo mejor de todo es que creo que he conseguido que cuando yo la miro, la luna no esté sola en el cielo estrellado, ya nunca está sola si soy yo quién la mira...están las tres lunas y las estrellas alrededor, estrellas que tampoco son como antes...las estrellas parecen fuegos artificiales después de haber estallado y comienzan a diluirse, a apagarse...justo en ese momento, justo así es como veo las estrellas, con mil destellos y un ojito negro en el centro, por donde miran a la luna y me miran a mí.
Y si supiera dibujar, haría un cuadro muy grande con las lunas y las estrellas que parecen fuegos artificiales, pero no sé dibujar.
Post de Oro marzo 2006
PARA NACHO de Yolanda Garcia
Siguen cayendo lágrimas porque el dolor es tan fuerte que no hay calmante ni anestesia que me lo puedan quitar. Siguen cayendo lágrimas porque el vacío es tan grande que duele. Ya no tendré tus ojos mirándome, ya no tendré tu brazo sobre mis hombros cuando veíamos una película, ya no me darás la mano al caminar juntos, ya no tengo tu presencia, ni tus besos, ni tus bromas, ya no te tengo conmigo. Ya no cocinaré para ti, ni te abrazaré en la cama, no volverás a apoyar tu cabeza en mi pecho, ni dormiré pegada a ti. Ya no veré tu caminar pausado, no oiré tu voz. Ya no me darás los buenos días ni las buenas noches. Ya no existirá entre nosotros otra intimidad que no sea la del recuerdo, la de tu ropa en mi casa, tu maquinilla en el baño y todos aquellos objetos que han quedado esparcidos juntos a los míos. Se acabaron las carreras para llegar cuanto antes a tu encuentro, ya no te compraré tus revistas, ni estaré pendiente de todas aquellas cosas que te gustaban.
Nacho, te confieso que soy egoísta porque quiero seguir teniéndote a mi lado. Te confieso que me invade la ira porque no soporto que me falte tu presencia. Nacho, me resisto a saber que ya no estás conmigo, que ya no me preguntarás como estoy ni me dirás como estás. Ya no hay un mañana, ya no hay planes, ya no queda más que la pena y el recuerdo. Ya no puedo besarte, ya no puedo mirar tus ojos, ni tocar tus manos, ni reirme contigo, ni provocar tu risa, ni excitar tu cuerpo, ni alimentar tu alma.
Ya no sirve de nada pensar que vamos a hacer en Semana Santa o en verano porque ya no significan nada, un alto en el trabajo, unos días para cambiar la rutina, SIN TI.
Nacho falleció el pasado 16 de marzo, una enfermedad degenerativa le arrancó de mi lado, tenía 37 años y estaba organizando su fiesta de cumpleaños el próximo 27. NACHO, MI NOVIO.
Siguen cayendo lágrimas porque el dolor es tan fuerte que no hay calmante ni anestesia que me lo puedan quitar. Siguen cayendo lágrimas porque el vacío es tan grande que duele. Ya no tendré tus ojos mirándome, ya no tendré tu brazo sobre mis hombros cuando veíamos una película, ya no me darás la mano al caminar juntos, ya no tengo tu presencia, ni tus besos, ni tus bromas, ya no te tengo conmigo. Ya no cocinaré para ti, ni te abrazaré en la cama, no volverás a apoyar tu cabeza en mi pecho, ni dormiré pegada a ti. Ya no veré tu caminar pausado, no oiré tu voz. Ya no me darás los buenos días ni las buenas noches. Ya no existirá entre nosotros otra intimidad que no sea la del recuerdo, la de tu ropa en mi casa, tu maquinilla en el baño y todos aquellos objetos que han quedado esparcidos juntos a los míos. Se acabaron las carreras para llegar cuanto antes a tu encuentro, ya no te compraré tus revistas, ni estaré pendiente de todas aquellas cosas que te gustaban.
Nacho, te confieso que soy egoísta porque quiero seguir teniéndote a mi lado. Te confieso que me invade la ira porque no soporto que me falte tu presencia. Nacho, me resisto a saber que ya no estás conmigo, que ya no me preguntarás como estoy ni me dirás como estás. Ya no hay un mañana, ya no hay planes, ya no queda más que la pena y el recuerdo. Ya no puedo besarte, ya no puedo mirar tus ojos, ni tocar tus manos, ni reirme contigo, ni provocar tu risa, ni excitar tu cuerpo, ni alimentar tu alma.
Ya no sirve de nada pensar que vamos a hacer en Semana Santa o en verano porque ya no significan nada, un alto en el trabajo, unos días para cambiar la rutina, SIN TI.
Nacho falleció el pasado 16 de marzo, una enfermedad degenerativa le arrancó de mi lado, tenía 37 años y estaba organizando su fiesta de cumpleaños el próximo 27. NACHO, MI NOVIO.





