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A contracorriente
Trata sobre reflexiones personales
Acerca de
Soy una mujer de mediana edad con hijos adolescentes y disfruto escribiendo mis pensamientos; también leyendo los de los demás. Quiero ver más allá de las cosas y las personas, quiero comprender el sentido de todo. Tal vez pido demasiado, pero no dejaré de intentarlo.
Sindicación
 
Salud 3
Mi hija pequeña no tuvo muchos problemas de bebé, aparte de las consabidas bronquitis espásticas de sus hermanos. Sin embargo, la tos le hacía vomitar y, como comía poco, estaba muy delgada. Tenía seis años cuando nos dió la mayor preocupación al contraer una enfermedad reumática extraña que se llama vasculistis infantil o púrpura. Se pasó un mes tumbada sin poderse ni mover y con unos dolores terribles, porque sus vasos sanguíneos tenían una especie de reacción alérgica que los hacía reventar. Como no existe tratamiento, más que la cortisona y los antiinflamatorios, se le fue pasando poco a poco. Sin embargo, pasó todo ese año con debilidad y dolores de estómago, y sobretodo de pies. Aún ahora, seis años después, sigue teniendo síntomas como inflamación de articulaciones o dolores cuando se costipa. Por eso, habitualmente toma antibióticos al menor síntoma.
Por lo demás, le pillaron un dedo con una puerta y perdió la uña. Tenían una infección y el médico me asustó diciendo que podía coger gangrena, así que la dejé en casa dos semanas. La verdad es que mis tres hijos han faltado al colegio mucho más de lo normal, pero con motivos suficientes.
A los ocho años se rompió un brazo en el mes de julio. A los nueve años descubrimos que tenía un hueso de más en cada pie (escafoides accesorio). Como consecuencia, si se tuerce un tobillo no se le cura, a no ser que guarde reposo una semana. Cuando no lo sabíamos, le duró más de un mes. Así que ahora tiene que tener mucho cuidado con sus pies, su brazo y el frío. La varicela la cogió una semana antes de su Primera Comunión pero, como estaba vacunada, le dió bastante leve.
 
Salud 2
Mi hija mayor nació con un soplo cardiaco. Cuando me lo dijeron me quedé hecha polvo y la enfermera pensó que tenía una depresión pos-parto. No, lo que tenía era pura preocupación. Cuando me explicaron que no era grave, se me pasó el disgusto. Entonces fue cuando a la niña le salió un bulto en el cuello. Nos dijeron que era un tumor, que se le iba a quedar la cabeza torcida... Al final resultó que era un hematoma de parto y se le quitó con fisioterapia.
Acabábamos de salir de esto, cuando empezamos con las bronquiolitis, que dieron paso al asma, el cual nos tuvo unos diez años oyéndola toser todas las noches, tres estaciones al año, todas menos el verano. Después de pasar miles de veces por urgencias, optamos por darle cortisona de prevención y con eso, y la edad, finalmente el asma pasó a ser un mal recuerdo, aunque todavía tiene alguna ligera recaída.
Nació con los dedos índices de los pies montados sobre el pulgar. Se le han bajado poco a poco. Se rompió un dedo de la mano y uno del pie, si no recuerdo mal. Lo peor fue un año que se torció el mismo tobillo varias veces y no acababa de curarse nunca. Luego le dolía por las noches. Creo que no he dicho que mis tres hijos son sonámbulos. La niña tuvo un verano en que se levantaba todas las noches y venía a nuestro cuarto. Ahora están más tranquilos.
Mi hija está operada de sinequia vulvar, que viene a ser como la fimosis, pero en niña. Tenía muchas molestias e infecciones y no tuvimos más remedio que operarla a los cinco años. También estuvo ingresada en el hospital con dos años con neumonía agravada por una gastroenteritis muy fuerte. Nos dió un buen susto. Ha pasado la varicela a los tres años.
 
Salud I
Mi hijo mayor al nacer nos dió un susto porque los médicos pensaban que tenía paladar hendido, una malformación grave. Sin embargo, gracias a Dios, solamente tenía un pliegue en el paladar. No me extraña que le hubiera faltado ácido fólico durante el embarazo teniendo en cuenta que me lo pasé vomitando. Ya se lo decía yo al médico, pero no le daba importancia.
Al poco empezó con las bronquiolitis y bronquitis, hasta que lo llevé a la guardería y tuvo su primera neumonía a los dos años. Yo estaba embarazada de mi hija mayor. Después tuvo otras cuatro, así que ya nos acostumbramos, a los tres, cuatro, cinco y siete años. El problema es que, al ser alérgicos, todas las infecciones se le complicaban. Nos pasábamos el día en urgencias.
Después empezaron las tendinitis, y gracias a ello conocimos músculos y tendones de los que nunca habíamos oído hablar. Al chico le gustaba el baloncesto, pero siempre se torcía los dedos hacia atrás, por un problema que ha heredado de mí.
A los doce nos dió otro susto, cuando tuvieron que operarlo de apendicitis. Llevaba tiempo con molestias, pero decían que estaba estreñido. A mí los médicos me han dicho de todo. También tiene el tendón de aquiles corto y le duele, pero un traumatólogo me dijo que "las madres hiperbolizamos las dolencias de los niños".
A los catorce se rompió un brazo, una de las últimas veces que bajó a jugar con los vecinos, y es que el pobre tiene mala suerte también. Después tuvo tres años seguidos unas laringitis que le duraron cerca de un mes cada una, sin dejar de toser. Así llegamos con cosas menores hasta cuando se hizo un esguince en cada pie y acabó en silla de ruedas otro mes.
Sin olvidar, claro está, la varicela, paperas, y múltiples gastroenteritis, pero eso entra dentro de lo normal.
 
Epopeya. 3ª parte
Quitarles los pañales a mis hijos fue cada vez más sencillo. Con el mayor lo pasamos mal, porque coincidió con el nacimiento de su hermana y rechazó el cambio. Con la segunda fue más rápido, y a la pequeña la enseñaron en la guardería.
Al chico lo llevamos a la guardería con dos años, pero lo tuvimos que sacar por problemas de salud hasta los tres años. Su hermana entró con un año y medio porque quería ir con él. Sin embargo, eso se le olvidó rápido y estuvo un mes llorando a la entrada. Casi la saco.
La pequeña fue con dos años, al principio muy contenta y luego, sin embargo, también estuvo llorando un mes. Nunca se sabe.
Solamente los llevaba cuatro horas al día , porque a esa edad creo que necesitan más estímulos y acostumbrarse a estar con otros niños antes de ir al colegio.
En cuanto al colegio, la verdad es que tuvimos mala suerte. El chico empezó en un colegio público al lado de casa, pero su profesora tenía problemas de salud mental y el niño acabó completamente descentrado.
Así que lo llevamos, con su hermana ya, a un colegio fuera de la ciudad, con un autobús que los recogía a las ocho de la mañana y estaban siempre cansados, los pobres.
Después conseguimos plaza en otro más cercano. Allí entraron los tres y estuvieron unos siete años, hasta que finalmente nos construyeron un colegio concertado religioso cerca de casa y conseguimos cambiar a las niñas, porque ese era el colegio que hubiéramos querido tener desde el principio.
Ahora van a colegios distintos, pero al final estamos bastante satisfechos con el resultado. Claro que estoy deseando ya que acaben, no sea que tengamos que cambiarlos una vez más. Me temo que por querer hacerlo todo tan bien hemos cometido muchos errores, pero supongo que es ley de vida.
 
Epopeya. 2ª parte
Mi hijo mayor tuvo cólicos del lactante hasta los cinco meses. Por la noche, dormía cinco horas seguidas, pero por el día nunca más de media hora. El resto del tiempo lo pasaba llorando y yo meciéndolo, o paseándolo. Como yo había salido tan débil del parto, literalmente me apoyaba en una pared y me quedaba dormida. A mis tres hijos tuve que darles biberón además del pecho porque no engordaban.
Mi hija mediana sólo se dormía moviéndole la cuna. El problema es que podían llegar a ser hasta mil veces, y mientras el chico tenía que esperar a que terminara y se disgustaba. Tenía un problema de autoregulación de la temperatura corporal, y en verano le subía la fiebre. Se le pasó sólo. También tuvo un soplo benigno al nacer.
Eso sí, los dos comían como leones. Tenía que darles un biberón extra al día para que no se quedaran con hambre y, cuando probaron las papillas, nunca tenían bastante. En cambio, la pequeña, apenas si comía. Las papillas le sentaban mal porque debía tener alguna intolerancia, y se alimentó casi unicamente de leche hasta los dos años.
Pero dormía como una bendita. Era dejarla en la cuna y ya estaba dormida. Como crecía mucho, no me preocupaba demasiado el tema de la alimentación. Además, cuando tienes varios hijos, ya no te agobias tanto con esas cosas.
Para mí, lo importante era que estuvieran bien de salud y verlos contentos. Porque, la verdad es que estaban casi siempre malos. Cuando criaba a los dos mayores juntos, hubo un tiempo en que ambos usaban pañales y era muy estresante. En seguida, empezaron a jugar juntos y nos fuimos relajando. Cuando nació la pequeña, ya eran un equipo y los tres se organizaban sus propios juegos y pasaban las horas entretenidos.
Así que nosotros disfrutamos mucho esta época a pesar de todo. Los llevábamos de paseo, al cine o de viaje, incluso al extranjero. Practicamente no los dejamos con nadie. Ibamos juntos a todas partes como una piña, y fue estupendo.
 
Epopeya 1ª parte
Me he dado cuenta de que nunca había contado en el blog cómo me fue en mis embarazos y partos y primeros meses de mis hijos. Así que voy a hacerlo ahora. No quiero asustaros, no es que yo sea un caso típico, pero puede interesar a los que van a pasar por ello.
Mi primer embarazo fue tremendo. Me pasé hasta los cinco meses vomitando unas diez veces al día. Como no me aguantaba nada en el estómago, tenía miedo de perjudicar al bebé, así que tomaba mucha leche. Luego me he enterado que es lo menos indicado. Acabé con riesgo de preclamsia, proteinuria y no sé cuántas cosas más.
El segundo embarazo conseguí no vomitar, a pesar de que tenía una acidez de estómago tan fuerte que todo me sabía a tierra. Además tuve tos, calambres y un poco de ciática.
El tercer embarazo fue más tranquilo, pero me lo pasé entero, por prescripción médica, con unas medias de compresión fuerte, que tenía que ponerme en la cama al levantarme y me costaba un montón. Debido a los problemas circulatorios, el médico me había recomendado que no tuviera más hijos, pero no le hice caso.
Yo sentía una gran necesidad de tener al menos tres hijos, y las malas experiencias se me olvidaban asombrosamente rápido.
Mi primer parto fue sin anestesia. Creí que me moría. Recuerdo que la epidural costaba 90.000 pesetas. Fue con ventosa, como el segundo, porque mis hijos mayores tenían la cabeza más grande de lo normal, y me tuvo que abrir la episiotomía tres veces.
El segundo parto ya fue con epidural, pero se me fue para un lado la anestesia y tenía una pierna dormida mientras el otro lado me dolía.
El tercer parto fue natural, con buena anestesia y sin problemas. Pero entonces llegaron los entuertos (contracciones del útero que tienen las mujeres con varios hijos) y aquello fue tan fuerte como un segundo parto y casi no pude darle el pecho a la niña.
A pesar de todo, no debió ser tan mala, cuando tuve tres hijos en cinco años por elección propia, y puedo asegurar que compensa todo aquello, y lo que vino a continuación.
 
Acoso escolar
Me cuesta mucho escribir este post, porque todo lo que tiene que ver con la violencia me descompone, y más con niños.Tengo tres hijos. Les enseñé a ser tolerantes, a no meterse jamás con los débiles o los que tienen algún defecto. Les enseñé, como me enseñaron a mí, el "vive y deja vivir" y creo que lo hice bien. Mis hijos son de aquellos que se portan bien y se mantienen al margen de las disputas de la clase.

Tal vez me equivoqué... Tenía que haberles enseñado a ser duros, a defenderse con palabras y golpes, a no dejarse comer el terreno, y sin duda no se hubieran metido nunca con ellos. Los tres han sido víctimas más de una vez de los matones de turno. Por ejemplo, mi hija pequeña tuvo que soportar durante tres años a una compañera que tenía la bonita costumbre de venir corriendo detrás suyo y pegarle un empujón para tirarla.

Cada vez que hablaba con el tutor me decía que la otra niña estaba mejorando mucho, porque tenía muchos problemas. Así que todavía teníamos que estar agradecidos. He ido muchas veces a hablar a los colegios y me han dicho de todo: que yo quería armar un escándalo, que estaba poniendo en entredicho la autoridad de los profesores, que tenía que probar lo que había ocurrido (pero mis hijos no llevan cámaras de vídeo), que era simplemente mentira, que ellos habían empezado... Por cierto, mis hijos van a buenos colegios y vivimos en un barrio tranquilo de Madrid, no es el Bronx.

Sólo espero que este curso no me toque otra vez ponerme la armadura y marchar al colegio a defender a mis hijos, porque yo no sirvo para esto, soy demasiado sensible.
 
Crecer a los niños cuanto antes
Esta sociedad en que vivimos es cada vez más veloz. Así que hay quien parece que piensa que los niños se tienen que adaptar cuanto antes mejor. Los niños de hoy parecen adultos en miniatura.
Paso porque tengan móvil, porque es práctico para tenerlos localizados; sufro el que usen ropa a la moda que les queda incomodísima, y que nadie se la quite... Ya las superconsolas, dvd y ordenadores me parece pasarse.
Pero lo que realmente me preocupa es el cine y la televisión. Porque están viendo programas teóricamente para niños que son programas de mayores ligeramente adaptados. Si no cómo se explica que aparezcan cadáveres repugnantes en las películas de Disney. Ya sé de algunos críos que se han asustado y han salido del cine. Luego los que ganan son las consultas de los psicólogos.
También está el tema del sexo, del cual se supone que los niños no deberían entender, porque no está a su alcance todavía. Sin embargo, las películas infantiles están llenas de referencias sexuales, lo que me hace sospechar que muchos las entienden. Y luego habrá quien se extrañe de que aumenten los embarazos en adolescentes, si se presenta el sexo como algo casi obligatorio.
Pero lo que más me molesta es el tema de la violencia. Nuestros hijos están más protegidos que nunca de los malos tratos, pero entre ellos consideran natural una agresividad que, entre otros sitios, aprenden a través de algunos dibujos animados infantiles. Las consecuencias están todos los días en las noticias. Los niños de hoy ya tienen problemas propios de adultos.
Es que no se puede predicar la paz y el amor, mientras permites que el negocio audivisual esté inundando a los niños de sexo y violencia. Pero, claro, la pela es la pela, y así nos va.
 
El carnet por puntos para padres
Como ya he dicho, estoy republicando mis primeros post, que salieron en la páginal digital de una revista.
El carnet por puntos para padres
Está muy bien eso del carnet por puntos para los conductores, pero para cuándo un carnet por puntos para padres. Bueno, habría que empezar por un curso preconcepción, igual que hay cursillos prematrimoniales, porque mucha gente entiende de niños menos que de coches.
Una vez el niño aquí, entonces se entregarían los consabidos doce puntos por pareja, que se podrían perder por ejemplo en los siguientes casos:

- A los padres que les regalan a sus hijos un ordenador portátil, la psp, y el móvil 3G. - 4 puntos menos- por quitarles la ilusión de conseguir las cosas en su momento.
- A los padres que se creen que una asistenta o cuidadora puede sustituirles perfectamente en sus funciones con sus hijos -4 puntos menos- por caraduras.
- A los padres que deciden que un niño de ocho años ya es lo bastante mayor para ir y volver sólo del colegio y quedarse sólo en casa -6 puntos menos- por irresponsables.
- A los padres que optan por abusar de los abuelos y robarles sus merecidos años de jubilación. -6 puntos menos- por malos hijos.
- A los padres que les compran la última moda a los niños y no les importa si van literalmente enseñando el culo. - 6 puntos menos-
por no enseñarles a respetarse.
- A los que les ríen la gracia cuando se saltan las normas y perjudican al prójimo. -8 puntos menos- por no enseñarles a respetar.
- A los que permiten que se pongan tatuajes y piercings. -10 puntos menos por ponerlos en peligro físico.
- A los que les dejan volver a cualquier hora. -10 puntos menos- por privarles del descanso y no saber lo que están haciendo.
- A los que los cargan de actividades extraescolares para quitárselos de encima. -10 puntos menos- por tontos de no disfrutarlos.
- Y por último, a los que caen en todos los vicios a la vez, que son la mayoría, les quitaría los doce puntos y que hagan un cursillo de seis meses, a ver si aprenden a ser padres.
Yo tampoco soy perfecta, me temo, pero ya es bastante fácil equivocarse para encima empezar mal desde el principio.
 
La educación de los niños II
El otro día fui a un restaurante a comer y en la mesa de al lado había una familia con un niño de uno siete años y un bebé. El niño parecía un adulto porque tenía delante una especie de ordenador personal, pero era un dvd portátil.
Entonces pensé: realmente muy cómodo para los padres, se conecta el niño al aparato y ya no hay niño. También serviría darle algún tipo de tranquilizante, como a las vacas, o también con niños más mayores sirve el soborno económico para que se porten bien.
Sin embargo, eso es trampa. No vale ir por el camino más fácil, porque a la larga acabarán pagando las consecuencias y serán los primeros perjudicados por no haber enseñado a su hijo a comportarse en público.
Sé muy bien que educar a los niños es una tarea ingrata y terriblemente aburrida. Consiste en repetir las mismas cosas un millón de veces y no tienes ninguna garantía de éxito. Pero es así como funciona, no hay un camino fácil. No se puede programar a los niños como un robot. Además no traen manual de instrucciones.
Hay mucha gente por ejemplo que tiene en su casa un salón grande intocable, donde no dejan entrar a los niños. Luego tienen otro cuarto de estar "leonera", donde les permiten hacer lo que quieran, incluído comer y estropear los muebles. El resultado es que esos niños cuando van de visita no respetan tu casa, te pisan alegremente el sofá y te tiran la comida por el suelo. La culpa no es suya, es que están sin educar.
Este niño del restaurante, ya no sabe comer si no tiene una pantalla delante, y, por supuesto, no sabrá relacionarse con la gente. El día que el aparatito se quede sin batería o lo que sea, se va a sentir perdido. No sé si me daba más rabia o más pena de la criatura.
Así que señores padres, luego no vayan a quejarse de que no se comunican con su hijo. Se empieza de pequeños o si no luego ya es demasiado tarde, porque cuando llegan a la adolescencia ya no atienden a razones.
 
La educación de los niños I
A continuación voy a republicar los post que escribí en su momento sobre niños pequeños. Mis hijos ya son adolescentes y la mayoría de mis lectores no tienen hijos. Por eso los había borrado. Espero que mis experiencias puedan servir de guía para otras madres. Un saludo.
Sobre este tema podría escribir durante horas, porque tengo tres niños y es mi ocupación principal. La educación ha cambiado mucho en los últimos años.
El caso es que los colegios han bajado mucho de nivel, e incluso, me cuentan que la universidad ya no es lo que era, y, sin embargo, los niños ya no aprueban ni pasan de curso y dejan los estudios más que antes. Esta claro que algo falla.
Acabo de recoger mi título de bachiller. Ni siquiera lo había reclamado porque cuando yo terminé mis estudios todo el mundo era bachiller. Por lo menos en mi colegio, nadie se planteaba que se pudiera seguir adelante sin haber aprobado siquiera el bachillerato. Ahora resulta que en los instituto cuando acaba la ESO, apenas pasa un cincuenta por ciento con suerte al curso siguiente, y eso en los sitios de nivel, porque en la zona sur de Madrid, pasan tres o cuatro.
Yo lo que veo es que se ha perdido el valor del esfuerzo y todo lo que cuesta conseguir, ya no interesa. Los niños tienen más actividades que nunca, más oportunidades de aprender cosas nuevas, pero muchas academias no son más que aparcamientos donde los mantienen entretenidos y tampoco pretenden mucho más.
Claro está que la culpa es más de los padres que de los profesores. Porque éstos últimos han perdido todo su poder y su capacidad de sanción, y de esta manera tienen las manos atadas. Los que pretenden subir el nivel acaban en tratamiento psicológico.
Antes lo normal era ser más o menos buen estudiante, y a los que suspendían se los miraba mal. Ahora, parece ser que a quien miran mal es a los buenos estudiantes, son los raros, los marginados.
Es un problema de mentalidad de la sociedad muy complicado de resolver. Desde los medios de comunicación se está dando la imagen de que lo único que cuenta es el éxito rápido y el dinero.
No se valora la satisfacción personal de la labor bien hecha.
Ayer me preguntaba mi hijo que porqué me empeño en que saque buenas notas, si lo van a pasar el curso igual; y me cuesta mucho explicarle que si no se acostumbra a esforzarse ahora, no será capaz en el futuro de hacer cosas más difíciles y dedicarle toda su atención tanto a los estudios como a su trabajo, que es la mejor manera de sacar buenos resultados y tener realmente éxito en la vida.
Pero no del que sale en las revistas, sino del que implica ser feliz porque haces lo que te gusta y has podido elegir libremente.
 
Me voy
No de internet, no. Me voy a otro blog por las siguientes razones:
Uno. Principalmente para poder borrar comentarios y prohibir direcciones, cosa que no se puede hacer aqui.
Dos. Porque me hace ilusión poner un contador de visitas.
Tres. Me apetece un cambio y curiosamente ahora me siento más identificada con la plantilla azul que he encontrado en blogia.
Estuve mirando en otros servidores, pero lo veía demasiado complicado y no me acababa de convencer.
Por otra parte, como no sé poner enlace, os doy mi dirección así en plan manual: sigoacontracorriente. blogia.com
Espero que no me perdáis de vista. Hasta pronto. Besos. Susana.
pd. No olvidéis el artículo siguiente, que también es de hoy.

El nuevo blog está aquí:
http://sigoacontracorriente.blogia.com
 
Ruso
Cuando pienso en el futuro, ya no me veo trabajando. Hace casi dos años, cuando abrí este blog, sí veía todavía alguna posibilidad, pero ahora ya no.
Volver a trabajar me complicaría demasiado la vida. Tengo que llevar a las niñas al colegio y luego recogerlas, y salen a distinta hora. Además, he decidido que tengo que estar más encima por las tardes, porque en el año que me dediqué al alemán había descuidado demasiado a los mayores y están en una edad difícil.
Ahora pienso que seguramente pasaré de cuidar a mis hijos a ocuparme de mis nietos, si Dios quiere. Tengo ganas de que se jubile mi marido, aunque aún le falta, y poder hacer esos viajes cortos que tanto nos apetecen.
En cuanto a mí misma, me gustaría estudiar ruso. Es curioso, porque recuerdo que era bastante pequeña cuando ya había decidido que quería tener tres hijos y hablar cinco idiomas.
Lo intenté con el árabe, pero tiene el mismo problema que el chino: no es un idioma único, sino que practicamente en cada ciudad se habla distinto, y eso hace casi imposible alcanzar un buen nivel.
Cuando empecé con el árabe, al mismo tiempo, me salió una buena oferta para ruso, pero no podía hacer las dos cosas y elegí. Después no he vuelto a ver ese anuncio, pero yo confío en que encontraré la manera de estudiarlo. Como mi hijo juega al ajedrez, dice que quiere vivir en Rusia y lo mismo me viene bien algún día; aunque yo prefiero que vivan más cerca.
Tuve un tío por parte de padre al que no llegué a conocer. Trabajaba de periodista en Suiza y hablaba perfectamente cinco idiomas. Es extraño que al final haya tenido tanto en común con él. El caso es que me daría por contenta si consigo estos objetivos en el futuro, aunque no vuelva a trabajar. "No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita". Es una de mis máximas.
De todas maneras, si está en mi destino trabajar, creo que la oportunidad vendrá a mí y espero no volver a desperdiciarla, como ha sido mi especialidad hasta ahora.
 
Lujos innecesarios
Cuando hablaba el otro día de mis amigos alemanes, no llegué a contaros que realmente no alquilaban apartamentos. Vivían en pisos compartidos, en habitaciones con derecho a cocina, como viven ahora tantos inmigrantes.
No necesitaban ninguna clase de lujos. Yo, que físicamente parezco alemana, también tengo esa clase de mentalidad. Tal vez algún gen antiguo se ha cruzado en mi adn. Por ejemplo, no me hace ninguna ilusión ir a un restaurante caro a pagar un dineral por cualquier cosa.
En cambio, me encanta comer de bocadillo, y a mi marido también. El tampoco es aficionado a los lujos.
Yo siempre pienso que tengo suerte de no ser rica porque el caviar y las ostras me dan mucho asco. Me mareo en barco, y no sé esquiar ni montar a caballo, ni ganas. En cambio, me encanta salir a pasear sin destino fijo, tomar un café en una terraza o ir de tiendas sin comprar nada.
Sin embargo, mis hijos me están saliendo un poco señoritos. El otro día me decía el chico que quería una cama de matrimonio para él sólo, pero eso no es nada, porque la chica quiere un cuarto para ella sola. Van a vivir como los reyes antiguos cada uno en sus aposentos. Bueno, ya cambiarán de opinión.
Además se quejan de que nuestro coche es pequeño, y tiene siete plazas. Cuando tengan que comprarse uno con su sueldo, ya sabrán lo que es un coche pequeño, y una casa pequeña y alquilada. Soñar es gratis. La pequeña dice que quiere irse de vacaciones de hotel. Eso también lo quiero yo, aunque me vale con un hostal que esté limpio. Los precios de los hoteles están por las nubes. Es como si pagaras unos muebles nuevos cada noche.
En ropa también gasto lo justo. Es una de las ventajas de no trabajar y no tener que estar impecable todo el tiempo. Para mí el auténtico lujo es ese, poder dedicarme a lo que realmente quiero. Y lo demás, alguna vez lo echo de menos, pero se me pasa enseguida.
 
Algo más que una canción
El último post de Eva me ha recordado una canción. Es de Don Maclean, del mismo album que American Pie.
A mí siempre me hace pensar en que me gustaría haber conocido a mi marido antes, claro que entonces seguramente él no hubiera podido estudiar tanto...
Os la pongo en inglés porque pierde sentido en la traducción:

We walked both sides in every street,
through all kind of windy weather,
but it was never a defeat,
as long as we can walk together,

so there's no need of turning back,
couse all road lead to where we stand,
and I believe we walked them all,
no matter what we may have planned, anymore...

Espero que esté bien, la he puesto de memoria. Esta es la traducción libre:
Hemos caminado por distintos lados de la calle, a través de toda clase de vendavales, pero eso no significa que hayamos fracasado, desde el momento en que ahora caminamos juntos.
Así que no hay necesidad de dar la vuelta, porque todos los caminos conducen a donde estamos ahora, y yo creo que los hemos recorrido todos. Ya no importa lo que hubieramos planeado.

Va también para Pikifiore. Todos tenemos algo en el pasado que no nos gusta, pero ese camino nos ha traído hasta aqui. Y, como yo creo en el destino, pienso que si pudiéramos volver atrás ya no seríamos las mismas personas.
 
Libertad
Muchos piensan que la libertad es hacer lo que quieres en cada momento. Yo pienso que la libertad es poder elegir lo que quieres hacer.
En un mundo ideal estarían siempre abiertas todas las opciones, pero en el mundo real sólo hay algunas posibilidades a tu alcance. Por ejemplo, como les digo a mis hijos, para poder trabajar en lo que realmente te gusta primero tienes que alcanzar el nivel de estudios que se requiere. Es decir, que si lo que deseas es una carrera de ciencias, tienes que mantener una media de notable, y eso supone que no eres libre hasta que lo consigas.
La libertad esconde muchos sacrificios. Yo soy libre de no trabajar gracias a que mi marido ha estudiado y trabaja por los dos, porque es ingeniero y se vuelca en su trabajo.
La libertad también significa poder decir "no". No se es más libre por tener muchos amigos, relaciones y nuevas experiencias, sino por poder decidir realmente con quién quieres estar. A veces la presión del entorno es tan fuerte que acaba con tu voluntad. Hoy en día los chicos y chicas tienen más que nunca, por lo que he visto.
Por último, para mí la libertad debería significar que puedes defender tus ideas, sin que nadie te mire mal. En ese sentido nos queda mucho por andar. No en este blog, porque no tengo queja de vosotros. Pero ahí fuera, es mejor no mencionar que vas a misa, o ya te descartan como interlocutor válido.
La libertad hay que ganarsela cada día y es inseparable del respeto. En una pareja, especialmente, ser libres no puede signficar que cada uno hace su voluntad sin contar con la opinión del otro. Crear una familia y convivir un grupo de personas distintas en una casa significa que todos tienen que renunciar a una parte de su libertad en favor del bien común. Es la única manera de que funcione.
Así que, hay que defender la libertad, pero hay que tener en cuenta que ser libre para actuar no garantiza que estés haciendo lo correcto.
 
Los peligros de internet
Ya sé que es una contradicción que critique lo mismo que estoy utilizando en este momento. Pero es que internet es un arma poderosa que te puede ayudar mucho o te puede complicar la vida sin necesidad.
Conozco muchos casos ya de parejas que se han roto porque uno de los dos tenía una relación por ordenador. Es realmente muy tentador. Todos tenemos épocas mejores y peores en nuestra vida y todos nos sentimos solo e incomprendidos alguna vez. Para una persona con dominio de la psicología no hay cosa más fácil que dar a entender que te comprende y está de tu parte. La cosa empieza como una conversación de amigos pero, la naturaleza es muy fuerte, una cosa lleva a la otra, y, sin darse cuenta ya han llegado demasiado lejos.
Hay gente que entra a los chats y juega a ese juego para ver que puede conseguir. Hay gente incluso que se hace pasar por quien no es porque eso le permite vivir otra vida más emocionante que la suya propia. Yo podría haber abierto este blog diciendo que soy un hombre, o una chica joven con muchas relaciones. Pero eso iría completamente contra mi carácter.
Nunca en la historia había sido tan fácil ser infiel. Antes un hombre o mujer insatisfechos tenían que salir a la calle y esperar cruzarse con otra persona en las mismas circunstancias. Ahora basta un clic de ratón y ya tienes a tu disposición varios cientos. Pero de este modo no se llega a conocer bien a una persona. Para conocer a alguien tienes que verlo interactuar con los demás. Así que estas relaciones no suelen llegar a buen puerto en general. Pero sí que sirven casi siempre para echar a perder otras.
Esa es una de las puertas que es mejor no abrir. Yo ni siquiera pongo mi correo en el blog, ni entro en ningún foro. Porque, aunque tenga las ideas muy claras, nadie se libra de un momento de debilidad, que te puede salir demasiado caro.
 
La pareja y los hijos
Siguiendo con los hijos, ya sé que por desgracia mucha gente no puede elegir su horario de trabajo. Yo soy una afortunada, aunque no trabajar significa también estar escaso de dinero siempre.
El problema es que algunos padres y madres que ven poco a sus hijos, no tienen ninguna gana de discutir con ellos cuando llegan a casa. La solución es hacer la vista gorda y darles todo lo que quieran.
No es mi caso, pero sí el de los compañeros de mis hijos, y luego llegan a casa diciendo que yo soy una mala madre porque no les dejo la libertad que tienen los otros.
Yo les contesto que, porque soy su madre y me preocupo por ellos, es por lo que tengo que poner límites. No quiero que mis hijos se acostumbren a tener todo inmediatamente sin ningún esfuerzo por su parte. Pero voy a contracorriente, como siempre.
Sus amigos se pasan horas en el messenger y se gastan un dineral en mensajes en el teléfono móvil. Vuelven a casa a las doce y no les preguntan dónde han estado. Todo eso me parecería bien si no fuera porque ni siquiera han terminado la Eso.
Yo les digo que, cuando tengan dieciocho años, sus estudios y la posibilidad de elegir, entonces serán libres para hacer lo que quieran con su vida. Pero ahora no, porque yo tengo la obligación de intentar por lo menos que terminen el bachillerato, y para eso sobran tantas distracciones como tienen.
Hace veinte años yo tenía unos amigos alemanes, que habían salido de su casa a los quince años para vivir por su cuenta y habían madurado muy rápido. El estado subvencionaba los alquileres y ellos devolvían hasta el último marco con su trabajo (porque eran alemanes). Eso en este país no funcionaría, pero aquellos que habéis cambiado de provincia para estudiar habéis hecho algo parecido. Es una lástima que mis hijos no tengan que irse.
Me daría pena por una parte, pero por otra sin duda eso les enseñaría a apreciar lo que cuesta ganarse la vida y llevar una casa. No son conscientes de que como no se esfuercen más, no van a poder mantener el nivel de vida que tienen ahora; porque yo les quiero mucho y, precisamente por eso, no pienso dejar que se queden en nuestra casa hasta los treinta años. Un adulto tiene que hacer su propia vida para llegar realmente a conocerse.
 
Tener o no tener hijos
Yo tengo tres hijos, ya mayorcitos. Siempre había querido tener tres y las circunstancias ayudaron y no me lo pensé demasiado.
Ya había dejado de trabajar. El otro día me dijo mi hija que a qué edad pueden ir los niños a la guardería y yo le contesté: a los 4 meses. ¿Y no les da pena dejarlos tan pequeños?
Pues sí, ese es uno de los motivos de que yo no me decidiera a volver a trabajar. No me veía dejando a un bebé en la guardería. La gran ventaja que tienen los funcionarios es que pueden tomar un año de excedencia para cuidar un hijo. Mi cuñada lo hizo.
Cada vez estoy más convencida de que tenía que haber preparado una oposición, porque los funcionarios son los únicos que realmente pueden compatibilizar el trabajo y la familia. En la empresa privada tienes suerte si sales a las cinco o las seis de la tarde, y luego te toca volver a casa, lo cual puede llevarte fácilmente una hora más.
Teniendo en cuenta que los niños pequeños se acuestan sobre las ocho de la tarde, eso te deja apenas tiempo para relacionarte con tus hijos. Pero es que además del trabajo generalmente se sale cansado y con pocas ganas de aguantar niños.
A veces echo de menos mi profesión de secretaria, pero no me arrepiento de haber estado en casa con mis hijos estos años porque, a pesar de las enfermedades y demás problemas, los he disfrutado mucho. Y porque además mi marido viene a comer a casa.
Sin embargo, si yo hubiera tenido una profesión apasionante y tuviera que dedicarle muchas horas al día, creo que no hubiera tenido hijos o solamente uno, porque los niños necesitan mucha atención.
No creo en eso del tiempo "de calidad". No se trata de llevarlos al parque de atracciones. Se trata de estar con ellos cuando te necesitan, cuando se aburren, les duele algo y tienen alguna preocupación, y eso no se puede programar por horas.
Así que yo os recomendaría que os lo penséis mucho antes de tener hijos, que luego no se pueden devolver, ni guardar en un armario. No es imprescindible tenerlos, pero si los tenéis es un compromiso de por vida. Hay demasiados padres que no entienden esto.
 
La suerte
Durante unos cinco años he estado jugando al mismo número del cupón de la once y todavía me acuerdo de cuál era. Pero resulta que la chica que me lo vendía se ha trasladado y se ha llevado su número y ya no tengo la posibilidad de comprarlo.
Me preocupa que toque y me entere, porque sería una faena, y todavía soy tan boba que cuando paso por un kiosko miro los números.
También compro lotería casi todas las semanas, aunque lo más que me han tocado han sido 300 euros y llevo gastados muchos mas, pero ya se sabe que si no compras no te puede tocar.
Sin embargo, hay personas o familias que parece que tienen más suerte con los juegos de azar, o tal vez sólo se trata de que gastan más dinero y tienen más posibilidades. A mí me da un poco de rabia cuando sé que le ha tocado a alguien que no necesita el dinero.
Pero la verdad es que no es más que envidia por mi parte. Una vez conseguí las chapas de bebida para un coche, y resulta que había tirado una el día anterior y me quedé sin él. Otra vez estuve a punto de comprar lotería en un bar, no lo hice, y tocó allí en navidades. He estado enviando las etiquetas de nescafé mucho tiempo y ahora mando las de la leche asturiana, porque no se diga.
Así que pienso que lo mío no son los premios. Tengo que conseguir cada cosa con esfuerzo. Lo que sí me vino muy bien, aunque esté feo decirlo, es una herencia de una tía de mi marido a la que casi no conocía, que llegó justo cuando necesitaba un coche más grande.
No sé porqué estas navidades me había hecho ilusiones con el tema de la lotería. Estaba bastante convencida de que nos iba a tocar algo. Habíamos hecho planes con el dinero: ir a la boda de mi hermano, comprar un apartamento en Asturias, e incluso un piso donde estuvimos alquilados, que ahora está a la venta.
Pero parece que no está en nuestro destino eso de tener dinero de sobra. Aún así, naturalmente, no me quejo. Ya sé que lo importante es la salud y el amor. Pero, a veces, sólo a veces, me gustaría saber lo que es vivir sin preocupaciones económicas. Otra vez será.
 
Propósitos cumplidos
Ya sé que voy contra la estadística, pero creo que en el año 2007 cumplí con casi todos mis propósitos.
Por ejemplo, conseguir el certificado de tercero de alemán, y apuntarme a algún tipo de gimnasia. También salir más con mi marido, que además, como salimos a pasear, también nos sirve para hacer ejercicio.
Después de tanto tiempo repitiendo los mismos propósitos de año nuevo, voy a tener que hacer unos nuevos. Por ejemplo:
Recuperar la confianza con mis hijos mayores, que cada vez son más reservados y luego pasa lo que pasa. Dedicarles tiempo a los tres.
Llamar a mis padres por teléfono más a menudo. Intentar ver a mis hermanos durante el año. (Eso no depende de mí).
Hacer nuevas amistades.
Arreglarme más, pintarme de vez en cuando, ponerme falda. Voy siempre con pantalones porque soy muy friolera y además porque tengo unas varices horribles detrás de las rodillas. Pero no son operables, porque el problema es interno.
Repasar los idiomas. No dejar que me pase otra vez el tiempo.
Cocinar comida menos rápida y más sana.
Seguir saliendo con mi marido. Ir a más sitios.
Viajar. Eso es más bien un deseo poco realista.
Bueno, ahora no se me ocurren más, pero ya son unos cuantos. Espero que vuestros propósitos también se cumplan lo mejor posible, que sean realistas y que os hagan felices. A veces el secreto de la felicidad está en desear lo que puedes tener y no obsesionarse con cosas que en el fondo no te interesan. Pero para descubrir lo que realmente deseas hay quien tarda casi toda la vida.
Así que mi último deseo será que elijamos bien nuestros propósitos.
Feliz año y que lo paséis bien el 31.
 
Feliz Navidad
Casi se me olvida felicitaros. Últimamente, cada año me pilla la Navidad más por sorpresa. Cuando voy a darme cuenta faltan pocos días y yo ni siquiera he preparado los regalos.
Este año, con más razón, con lo preocupada que estoy, me acabo de dar cuenta de que mis hijos todavía no han decidido lo que quieren ni lo hemos buscado en las tiendas, así que este fin de semana nos vamos a tener que ir de compras.
Mi hermano se casa el día siete de enero en México y no puedo ir porque están los billetes de avión por las nubes y no tengo con quién dejar a los niños. Aparte de que soy tonta y me gustaría ir con ellos.
De todas maneras, es su segunda boda. Él tiene cuatro hijos de otro matrimonio, ella tres, y entre los dos creo que juntan cinco perros. Por suerte allí la vida es más barata y las casas más grandes.
Su mujer le dejó hace dos años, porque tenía un amante, cosa que nos enteramos después, y él cayó en una depresión terrible. Estuvimos realmente preocupados por su salud.
Así que ahora me alegro de que haya encontrado a alguien, aunque sea todo tan complicado, pero él puede con todo, no se ahoga en un vaso de agua como yo. No parecemos hermanos.
Pero sí le quiero mucho y me da pena que viva tan lejos y que no pueda ir a su boda, aunque, como dice mi marido, nos vemos tan poco ahora como cuando vivía aqui.
Bueno, a lo que iba. Que lo paséis muy bien, que aprovechéis que sois jóvenes la mayoría, pero que no corráis demasiados riesgos, que os quiero a todos de vuelta por aqui, y paso lista.
Besos a todos.
 
El otro lado del péndulo
Pensaba que ya había publicado este post, pero no lo he encontrado. Me lo han recordado unos comentarios en el de hym del viernes.
Hace mucho un profesor de historia nos contaba la teoría del péndulo, según la cual, cuanto más extrema es una situación en un momento dado, más extrema será también la reacción que produce.
Supongo que eso explica lo que sucede ahora con alguna mujeres que no tienen el menor reparo en afirmar que somos, no iguales, sino superiores a los hombres en todos los aspectos.
Entrevista: "En la tele, ¿las mujeres al poder?". Respuesta: "En esto y en todo. Tenemos más capacidad".
Si un hombre hubiera dicho eso, ya le estaría poniendo verde en todas partes. Si lo dice una mujer, ¿se supone que tiene gracia?
Empieza a preocuparme seriamente esta "caza de brujos", este afán de competición, esta rivalidad entre sexos. Porque somos diferentes y complementarios y es bueno que sea así. Lo importante es que tengamos los mismos derechos ante la ley.
Mirando atrás, no es cierto que los padres y madres de hace cien años fueran unos malvados que maltrataban a sus hijas y mujeres. La naturaleza era la responsable de que las mujeres no pudieran trabajar, porque teniendo diez hijos es difícil hacer otra cosa y la mayoría no querían renunciar a tener una familia. En cuanto a que no las dejaran salir solas y demás, hay que tener en cuenta que era una sociedad mucho más peligrosa que la nuestra. Y los padres que concertaban el matrimonio de sus hijas, lo hacían con la sana intención de buscarles el mejor marido posible, que las mantuviera y las protegiera. No era porque no quisieran a sus hijas. Nuestros bisabuelos lo hacían lo mejor que podían y sabían.
Los anticonceptivos son los mayores responsables de la liberación de la mujer, junto con la mejora de las condiciones económicas y sociales, y la mayor seguridad que existe en general en este siglo.
Ni las mujeres somos perfectas, ni los hombres tampoco. Hay buenas y malas personas en ambos géneros. La única diferencia es que los hombres actúan más abiertamente y nosotras generalmente somos más sutiles, lo que no nos hace menos culpables.
El secreto de llevarse bien está en aceptar al otro como es, con sus virtudes y defectos, no pretender modificarlo a nuestro gusto. Porque, además, suponiendo que pudiéramos cambiarlo, lo más probable es que el resultado no nos gustara nada. Hay que darle un voto de confianza a la naturaleza y la evolución, que saben lo que hacen. No caigamos en el camino fácil de la soberbia, porque sería cambiar una injusticia por otra equivalente.
 
La otra vida
Ya sabéis que soy creyente por la educación que he recibido. Algunos sabéis también que durante mi primer año de vida estuve muerta bastante tiempo a causa de una deshidratación.
Aunque no debería acordarme de esa experiencia, me quedó la sensación de haber dejado mi cuerpo atrás y seguir estando viva. Tal vez sólo se trataba de la falta de oxígeno en mi cerebro.
Cuando hablo de la vida eterna, no es solamente algo en lo que todos necesitamos creer, yo realmente lo siento. Porque, no sé si fue a causa de mi muerte, pero después he seguido viviendo situaciones difíciles de explicar.
Las personas que han muerto en mi familia, siguen estando muy presentes para mí, e incluso la gente que no conocía. Puede que sea simplemente porque rezo y mantengo así vivo su recuerdo. Pero en momento especiales noto claramente su presencia a mi alrededor.
Vais a pensar que sin duda estoy loca, qué le voy a hacer. Si es verdad, al menos es una locura que me consuela bastante.
Generalmente es en ese momento justo entre la vigilia y el sueño, cuando me suceden cosas especiales. Cuando murió mi tortuga, por ejemplo, vi su silueta saliendo de la tierra donde la había enterrado, como una luz que se elevaba desde el suelo.
Mi perro, al que quería tanto, hace tiempo que no lo veo en sueños, pero cuando está le acaricio igual que entonces. Una vez recuerdo que estaba yo triste por algo, y mi abuelo me dió un abrazo que me sentó de maravilla. No es tanto verlos, como sentirlos cerca.
El otro día estaba despierta aún y sentía claramente una mano amiga debajo de mi mano. No sé de quién sería, pero me confortaba. Hace poco estábamos sufriendo porque era el aniversario de mi cuñado y le sentí, vi el cementerio y me invadió una sensación de paz y felicidad. Saqué la conclusión de que no hay que sufrir por los muertos, porque ellos ya no sufren, son felices. (Va por tí, chica cool).
A veces me da un poco de miedo todo esto, pero aún así sé que soy afortunada de poder creer en algo. Quiero pensar que de alguna manera al volver dejé tendido un puente entre esta y otra vida. Por eso mi fe es total y sincera, pero no puedo enseñar a nadie a creer. Eso solamente se puede sentir.
 
Experiencias
Siguiendo con los adolescentes, he leído en un informe que algunas zonas del cerebro no llegan a desarrollarse hasta los veinte años. Es decir, que cosas como la responsabilidad y el autocontrol no son propias de adolescentes porque simplemente aún no están preparados para asumirlo.
Por esa razón yo, que me encantan las frases hechas, como sabéis, suelo decir que "hay puertas que es mejor no abrir´, porque luego no hay quien las cierre, y tienes que estar seguro de que estás listo para afrontar las consecuencias y eso lleva su tiempo.
Para aprender a pensar, para sacar tus propias conclusiones, es imprescindible la experiencia. No solamente la tuya propia sino los cientos de anécdotas que vas atesorando a lo largo de tu vida.
Por ejemplo, yo me acordaba el otro día de una vecina mía que quería vivir la vida a tope, y lo hizo, hasta que se suicidó con veinte años. También recuerdo otra chica más bien inocente que se quedó embarazada cuando aún iba al colegio. Recuerdo a los amigos de mis hermanos que jugaron con fuego y se quemaron: uno se suicidó, otro murió en accidente de moto, otro lo mataron, otro fue a la cárcel...
Yo era una niña por entonces pero me enteraba de todo, porque siempre he tenido esta afición por las vidas de los demás, que me lleva a aprender de los errores ajenos y sacar conclusiones propias.
Siempre fui más público que actriz, especialmente de pequeña porque era muy tímida. Además, como ya he dicho, leía todo lo que caía en mis manos, aunque fuera para adultos.
A veces pienso que soy como una enorme antena parabólica, que voy sintonizando todas las emisoras y elaborando los datos.
Si yo pudiera sacar del disco duro de mi cerebro esa información, copiarla y enseñarsela a mis hijos, tal vez entonces me creerían. Pero me temo que ellos tendrán que aprender de su propia experiencia.
 
La impotencia
Te crees que llevas las riendas de tu vida y la de los tuyos, pero es mentira. Tantos años dedicados a cuidar a los hijos, preocupándote no sólo de su alimentación y su salud, sino sobretodo de su bienestar. Tanto tiempo intentando que sean personas sensatas y tolerantes, enseñarles a pensar.
Horas, días y años, repitiendo tu experiencia, intentando que no caigan en los mismos errores, toneladas de cariño y comprensión. Procurando controlar si sus amigos son buena gente, si en el colegio les tratan con justicia, si tienen lo que necesitan.
Tantas horas jugando con ellos, hablando de la vida, preocupándome por lo que sienten, intentando que todo vaya bien. Las frases que he repetido como un loro: "ahora lo importante es estudiar", "los amigos cambian, la familia siempre está ahí", "no hay que dejarse llevar".
Y cuando ya creía que tenían esto claro y podía confiar en ellos, me relajé e intenté recuperar el tiempo con mi marido. Eso fue hace un año aproximadamente, mi hijo mayor cumplía quince, la segunda trece, la pequeña diez. Les di más libertad, como querían.
Ahora resulta que mi hijo va a suspender tres o cuatro asignaturas. Parece ser que no sabe estudiar o no se concentra o no estudia lo suficiente. No lo sé. Me paso el día persiguiéndole, pero si no sale de él..., es él el que tiene que hacer todo lo posible para aprobar. Hace un par de años sacaba notables y ahora no sé si va a ser capaz de sacar el bachillerato.
Pero me preocupa más mi hija mayor, porque casi no la conozco. Ha decidido que ya es adulta y quiere vivir como tal. Se ha vuelto marginal e intolerante, todo lo contrario de lo que yo le enseñé, y no parece que sea solamente una etapa en su vida. Ahora tiene novio y los demás ya no pintamos nada.
Mientras mi pequeña, que es muy sensible, lo pasa mal, y yo no puedo hacer nada. No puedo evitar pensar que de alguna manera tiene que ser culpa mía, en algo me tengo que haber equivocado.
No sé si he sido demasiado rígida, o demasiado liberal. No sé si debería haberme ido a trabajar y dejar que se las arreglaran por sí mismos. Sólo sé que ya hice todo lo que sabía y no ha dado resultado y ahora me siento impotente. No puedo vivir por ellos, tengo que dejar que cometan sus propios errores. Pero es muy duro, porque yo sé que en este momento se están jugando su futuro, y que después ya no hay marcha atrás.
 
Aprender a pensar
Para los que se extrañaban del artículo anterior, se refiere a un par de comentarios que he hecho, y me han contestado como dando a entender que no conozco ciertas situaciones, cuando la verdad es que hay cosas que no han cambiado desde tiempos de los romanos, y antes. Me temo que cada generación cree que descubre algo nuevo cuando lo cierto es que todos hemos pasado por lo mismo.
Lo que tenía mi colegio es que te enseñaban a pensar por tí mismo. Por eso de allí salía gente de derechas y de izquierdas. Ahora parece que la mayoría de la gente no tiene opinión propia sobre practicamente ningún tema. Tal vez esto se debe a que no leen. Una persona que lee habitualmente libros, periódicos o blogs, está sin duda mejor informado sobre los diferentes puntos de vista. Informarse es el primer punto fundamental para poder formar una opinión. Hay que conocer todas las opciones y los puntos de vista.
A partir de ahí, se trata de empezar a distinguir quien dice la verdad y quien no, o al menos, quién pretende dar una imagen distinta de la realidad, porque el problema es que generalmente nadie tiene toda la razón. No es nada fácil, entresacar aquello que te parece acertado.
Después todavía queda contrastar la información. (Eso que no suelen hacer los periodistas). La gente piensa que todo lo que se publica está contrastado, pero el caso es que cualquiera puede decir cualquier cosa sin tener que demostrarlo. Hay que confirmarlo por diferentes caminos y personas, antes de poder empezar a pensar que algo es correcto, y, aún así, puedes equivocarte.
Pero todo ese proceso es lento y cansado. Así que por lo que yo veo, muchos prefieren que les den todo digerido y se tragan absolutamente todo lo que dicen los medios de comunicación, incluso aunque se contradigan, y lo que les cuenta cualquiera.
Aprender a pensar por sí mismo, es la gran asignatura pendiente. Por ejemplo: cuando tienes un hijo los pediatras te dicen que lo saques a pasear todos los días, aunque haga frío. Luego veo padres y madres sacando al niño después del trabajo de noche y lloviendo. Para colmo, el noventa por ciento van hablando por el móvil y no le hacen ni caso al bebé.
Pero la idea es sacarlos a mediodía en invierno para que les dé la luz solar. Si no pueden, más vale que se queden en casa disfrutando de sus niños. Claro, que para saber eso haría falta que se hubieran leído la cantidad de revistas y libros sobre el tema que yo consulté antes incluso de que nacieran mis hijos, y eso lleva su tiempo, y es mucho más cómodo seguir la consigna del día.
 
La otra generación
A veces me hace gracia cuando oigo hablar de los niños de los sesenta, del "baby boom", como si fuéramos unos inocentes.
No sé de dónde sacan esa idea de que nos pasábamos el día rezando, pensando en nuestros pecados y esas cosas. Tampoco los de los años cincuenta, mis hermanos mayores, eran así.
En mi colegio nunca tuvimos esa represión que cuentan. De hecho, la educación sexual nos la dió una monja muy completa, y tampoco nos hacía falta, porque ya lo sabíamos.
En un colegio de niñas, las raras eran las que no tenían novio, o pareja, rollo, o como le quisieran llamar. Allí todas las chicas sabían a lo que iban y además hablaban de ello.
Cuando pienso en esa época, me da la impresión de que éramos más maduros. No sé si será verdad, pero desde luego yo tomaba vino en las comidas porque era lo normal, y café sólo. En las discotecas bebíamos cubatas desde los catorce. Eso sí, no nos emborrachábamos, porque además salía muy caro.
Fumábamos, por supuesto, antes de que se supiera bien todo el tema de los peligros para la salud, y no nos escondíamos. Tal vez porque no tenía el encanto de lo prohibido, éramos más moderados.
Lo que sí que puedo asegurar es que nos tomábamos los estudios muy en serio. Más que nada, porque al que no estudiaba lo ponían inmediatamente a trabajar.
Cuando leo vuestros post, dando por hecho que los cuarentones, especialmente los casados, no sabemos nada de la vida, pienso que realmente entonces se corrían más riesgos que ahora.
No se practicaba tanto sexo seguro, porque no había sida, la heroína estaba más extendida y mucha gente caminaba por el filo de la navaja. Algunos se cayeron. Otros seguimos aqui, y el que seamos padres y madres de familia, no significa que no tengamos experiencia de la vida. Sólo estamos de vuelta.
No hablo tanto por mí, porque yo me casé a los ventidos, pero mis hermanos cincuentones pueden darle clase a muchos jóvenes. Así que si los ven por la calle y piensan "mira, que carca", se pueden llevar toda una sorpresa, porque no los conocen como yo.
Claro que, todo esto no se lo creen mis hijos, cuando les digo que sabe más el diablo por viejo que por diablo.
 
Gran engaño
Reconozco que en su día hice un esfuerzo por seguir el programa "Gran Hermano". La verdad es que me aburrían un montón las conversaciones inacabables, pero, aún así, llegue a conocer a los concursantes y a simpatizar con algunos.
Yo pensaba que el programa no duraría más que un par de temporadas, hasta que se acabara la novedad. Las primeras ediciones tenían cierta espontaneidad y frescura. La gente era bastante natural.
Sin embargo, han pasado ya nueve años y ahí sigue. Buscando aumentar el morbo de las situaciones, los organizadores eligen gente polémica e intransigente, con la intención de que choquen unos con otros y den más juego al programa.
No contentos con eso, también traen familiares y amigos dispuestos a hablar en favor de los suyos y en contra de los demás. Vale todo: insultos, traiciones y conspiraciones, con tal de ganarse el favor del público y echar las manos sobre el tesoro.
En la última edición, han puestos juntos a un-a transexual y un inmigrante negro musulmán. Para la siguiente tendrían que conseguir un marciano, por lo menos. El caso es provocar tensiones.
Los amigos ya no son amigos, ni los amantes enamorados, ni siquiera los enemigos son tales. Se trata de una inmensa obra de teatro donde cada cual elige un papel con el único objetivo de llamar la atención más que nadie. Las situaciones son falsas, porque cada gesto y cada palabra son premeditados para causar un efecto.
Lo que me extraña mucho es que siga teniendo audiencia. Pero el público manda y yo me pregunto si veremos "Gran Hermano 20".
Con lo poco que me gustan a mí las discusiones reales, sólo me falta verlas en televisión, pero pasa también en otros programas como "supermodelos". La gente se humilla lo que haga falta por tener un futuro profesional. Me parece penoso, pero mientras haya quien se preste al juego, seguirá habiendo estos programas. Bueno, supongo que hay cosas peores.
 
Cosas sobre mí
He encontrado un meme muy completo y voy a hacerlo, aunque me da una pereza horrorosa.
1. Edad: 41

2. Día de la semana: Domingo por la tarde. Cuando los niños están haciendo deberes y ya no queda nada más pendiente.

3. Mes – Octubre. No hace calor ni frío y no tengo alergia.

4. Algo que no soportes de una persona - La hipocresía.

5. Si quieres ligarte a alguien ¿Cómo lo haces?
No lo recuerdo…

6. ¿Te gusta conducir?
Me da miedo. Me saqué el carnet mayor porque no me quedaba más remedio, pero la verdad es que soy un peligro público.

7. Algo que eches de menos
Los viajes. Vivir al día. La falta de responsabilidades. Vamos, las ventajas de la juventud.

8. Tres cosas que te gustan de ti
Soy muy cariñosa y no me avergüenzo de demostrarlo.
Soy bastante tolerante con otras ideas, mientras nadie salga perjudicado. Pero si tengo que reaccionar, lo hago.
Me preocupa mucho el mundo y la naturaleza.

9. Tres cosas que no te gustan de ti
Soy débil. Me ahogo en un vaso de agua.
Soy demasiado sensible, incluso con temas ajenos.
He desaprovechado muchas oportunidades en la vida.

10. Tres cosas que te den miedo
La muerte de mis seres queridos.
Perder la buena relación con mis hijos.
La guerra, la enfermedad, etc.

11. Tres cosas que lleves puestas ahora
Un chandal azul
Una camiseta interior abrigadita. (Soy muy friolera)
Zapatillas cómodas.

12. Tres cosas sin las que podrías vivir cada día
Sin ver las noticias.
Sin comprar ropa.
Sin el último modelo de tecnología.

13. Tres de tus cantantes o grupos preferidos ahora.
Maná, sin duda, Joaquin Sabina y Efecto Mariposa.

14. Tres canciones favoritas en este momento.
Cualquiera de estos cantantes

15. Tres cosas que quieras en una relación
- Amor
- Respeto
- Pasión

16. Dos verdades y una mentira
No cocino bien.
Me gusta mucho leer.
Soy una deportista.

17. Tres cosas que te atraigan del sexo opuesto
La seguridad en si mismo. Alguien que lo tiene claro y va a por ello, me resulta muy atractivo. (copiado de Alba)
Responsabilidad y capacidad de trabajo.
Sentido del humor y ternura.

18. Tres cosas que no puedes hacer
Deporte. No estoy hecha para eso, pero lo intento.
Estar todo el día activa, sin tomarme un descanso.
Desentenderme de los pensamientos de mis hijos.

19. Tres de tus hobbies favoritos
Los idiomas. Me gustaría seguir con el árabe y empezar ruso.
Leer. De pequeña me he leído hasta las páginas amarillas.
No hacer nada. Pasar el tiempo con mi familia.

20. Tres cosas que estás deseando hacer ahora
Acabar el meme porque me tengo que ir. xD
Tomarme otro café. Tengo vicio.
Recoger a los niños.

21. Tres sitios dónde te gustaría ir de vacaciones
A cualquier sitio sin salir de España.
Quisiera volver a Italia, sobretodo Roma.
Turquía. Me atrae mucho esa cultura.

22. Tres cosas que te gustaría hacer antes de morir
Ser abuela. Cuidar de mis nietos.
Practicar de verdad los idiomas.
Hacer buenos amigos.

23. Tres cosas que te hacen llorar
Cualquier drama humano o animal.
La rabia que me produce la injusticia.
La depre, cuando me da.

4. Tres cosas que te hacen sonreír
Mi marido, cuando salimos a pasear juntos sin prisa.
Mis hijos, cuando se entretienen juntos y congenian.
Mis padres, cuando se miran con cariño.

Tres cosas que te hacen reír a carcajadas
El humor inteligente, en algunos programas.
Las bromas de mis hijos.
Algunos de vuestros post.

Bueno, ya he cumplido. Hasta la próxima.
 
Africa
Estaba pensando en buscar regalos de Navidad en Internet, porque, a pesar de todo, yo sigo apoyando a algunas ongs. Aunque el caso del "arca de Zoé", me parece espantoso.
La cuestión es que el continente africano hoy por hoy tiene muy mal arreglo. Empezamos porque está lleno de dictaduras y de gente que se queda con los beneficios de la venta de materias primas, que es practicamente el único medio de vida que tienen. Cuando sigues la maraña de los intereses, resulta que hay multinacionales apoyadas por países que presumen de demócratas, como Francia o Estados Unidos, que se están beneficiando de los conflictos internos.
Cuando se trata de organizar un país, se encuentran con tribus enfrentadas, más de quinientos idiomas distintos y los accidentes geográficos. Así es casi imposible hacer infraestructuras.
Luego están las tradiciones. Está muy bien que la gente conserve sus costumbres ancestrales, pero a veces suponen un freno al desarrollo. Por ejemplo, la poligamia, o el hecho de que las niñas se casen a los catorce y tengan tantos hijos. Es imposible que puedan defender sus derechos en esa situación.
También están las enfermedades endémicas, que casi no tienen tratamientos, y no digamos el SIDA, que está acabando con millones de personas. Convencerles de que utilicen preservativos, aunque los tuvieran, es casi imposible, y la fidelidad no digamos.
Cada país tiene una problemática tan complicada, que si pusieran expertos a estudiarla, aún así dudo que encontraran una solución. Especialmente cuando se trata de pensar hasta qué punto tenemos derecho a decirles lo que tienen que hacer.
Por otra parte, hay costumbres como la ablación del clítoris o el canibalismo incluso que, no por ser tradiciones, tienen que ser respetables. Tal vez el hecho de no querer inmiscuirnos demasiado sea la causa de que ellos no puedan salir de la pobreza. Pero, sin embargo, intentar intervenir tampoco da buenos resultados.
Así que me temo que lo único que queda, lo menos malo, son algunas ongs, que intentan mejorar sus condiciones de vida.
 
Historia de un fracaso
Carmencita, que debe ser muy psicóloga, me ha pillado. Pero no estoy tanto triste, sino decepcionada.
Os voy a contar una historia. Había una vez una bloguera que llevaba ya tiempo escribiendo una bitácora. Al principio, no tenía lectores porque no sabía como darse a conocer. Con el tiempo, consiguió hacerse con un grupo de blogs interesantes y los puso de enlaces, para así poder seguirse mutuamente.
La bloguera era una persona de pensamiento tradicional, católica y más bien de derechas, así que no tenía mucho en común con los demás. Sin embargo, desde el principio reinaba el respeto en el blog y, aquellos que discrepaban con ella, se lo hacían saber con toda educación y razonando sus diferencias.
Así que la bloguera estaba contenta, pero quiso ser demasiado ambiciosa. Quería que sus post antiguos llegaran a más gente, y abrió un nuevo blog en otra página.
El sitio que eligió teoricamente era visitado por gente más parecida a ella, cuarentones, amas de casa y madres. Pero curiosamente nunca parecían estar de acuerdo con ella. Y, no sólo eso, sino que se lo hacían saber sin ninguna consideración ni delicadeza, de manera que la bloguera andaba siempre disgustada. Aún así seguía, porque no sabía si tenía otros lectores que no comentaran habitualmente, pero que apreciaran sus ideas.
Aunque llevar dos blogs al día le daba mucho trabajo, la bloguera consiguió su minuto de gloria en una revista de ámbito nacional, pero a un alto precio. Pasó el tiempo y la bloguera publicaba los mismos artículos en los dos blogs. Mientras que en uno le llegaban comentarios con reflexiones profundas, en el otro le seguían contestando tonterías.
Y llegó un día en que la bloguera decidió hablar de un tema muy serio que le importaba mucho, y entonces pudo comprobar lo que ya sospechaba: que la gente del otro blog no merecía la pena.
Así que borró el otro blog, pero le quedó un sabor de boca amargo, y suerte que todavía le queda uno: el de las personas diferentes que, sin embargo estáis abiertos a todas las opiniones y valoráis a cada cual por sí mismo. Fin.
 
Año nuevo, blog nuevo
Sobre el post anterior, no me refiero a que alguien "se sienta perjudicado", sino a que lo esté realmente. Hay mucho paranoico.
He retrocedido a las primeras entradas de mi blog y he borrado el primer año. No es que hiciera falta y además muchos post estaban repetidos, pero me he sentido mejor así.
Algunas experiencias que contaba forman ya parte del pasado y no tenía mucho sentido conservarlas a la vista. Tengo una copia de seguridad en el disco duro. La voy a pasar a un CD y así no pierdo nada.
Hay veces en la vida que uno necesita descargarse un poco de recuerdos para poder mirar hacia adelante. Aún sabiendo que esas historias tienen mucho que ver con lo que soy ahora. Es como hacer limpieza en la casa, cosa que yo siempre voy dejando para otro día, y así tengo yo todas las habitaciones a rebosar.
Creo que es sano, de vez en cuando, hacer un esfuerzo para olvidar el pasado y no dejar que la nostalgia nos corte las alas. Según dicen el cerebro no podría funcionar si no descartara parte de la información.
Ahora, la verdad es que estoy encantada con mi clase de gimnasia china. Es justo lo que andaba necesitando, porque además de que nunca he estado en forma, ultimamente me había dejado mucho.
Nos reímos un montón porque la mayoría de las señoras son mayores que yo y los ejercicios no nos salen demasiado bien. El ambiente es muy agradable. Lo único que no he conseguido es intimar con alguien lo suficiente para poder salir a tomar café algún día y charlar de nuestras cosas. Sin embargo, creo que de momento no voy a intentar cambiarme de grupo, por si acaso en otro no encajo tan bien.
Más vale que vaya recargándome de energía positiva, porque se acerca la Navidad y yo la llevo fatal. Quiero daros las gracias otra vez porque vuestros blogs me ayudan mucho a salir de mí misma y abrirme al mundo. Un beso.
 
El límite
En el artículo anterior hablábamos de que el respeto empieza por saber poner límites. De ese modo no tendríamos que inventar ahora la segregación sexual, que para mí es dar un paso atrás.
Estos días he estado preguntándome dónde está el límite hasta el que una persona puede soportar una situación.
Por ejemplo, en la pareja, es muy complicado. Porque a veces piensas que no puedes más y, pasado el tiempo, ya no le das tanta importancia. Las emociones del momento te nublan la razón y a veces resulta que estás dándole más valor de lo que tiene.
Sin embargo, está claro que hay cosas que no se deben admitir como la infidelidad y los malos tratos. Y en estos casos es mejor cortar por lo sano que hacer la vista gorda, porque si ya lo has admitido una vez no tienes fuerza para negarlo la siguiente.
Eso pasa también con los niños. Mi suegra dice que los hijos llevan un notario pequeñito dentro que toma nota de todo lo que dices y haces. De manera que, si luego quieres negarles algo que antes habías permitido, el niño se acuerda y ya no te hace caso.
Aunque quiera muchísimo a mis hijos, he tenido muy claro desde el principio que tenía que ponerles límites, porque el respeto entre las personas solamente funciona si es mutuo. Pero esto tienen que aprender cuando son pequeños, porque luego llega la adolescencia y todo lo que les dices les parece una tontería.
El límite entre los adultos depende de cada persona. Yo creo que aguanto mucho en general, pero cuando me harto ya no hay vuelta atrás. Hay cosas que no admito. No me gustan las personas que parecen estar conformes con todo y con todos, porque creo que en la vida hay veces en que uno debe definirse para bien o para mal.
Si no lo haces, luego no puedes quejarte de las consecuencias.
¿Dónde está el límite que separa el acoso escolar de los juegos de niños?, ¿y el límite entre el coqueteo y el acoso sexual?, ¿dónde está el límite entre la libertad y el abuso?
En mi opinión, cuando alguien sale seriamente perjudicado. Entonces es cuando debemos decir: hasta aqui hemos llegado y no voy a admitir esto nunca más. Nuestros derechos acaban donde empiezan los derechos de los otros.
 
Sobre la dignidad
"Cualidad de la persona que se respeta a sí misma y merece el respeto de los demás".
La dignidad de la persona para mí viene a ser el derecho que todos tenemos de que se nos valore como un ser inteligente, con sentimientos, necesidades y gustos personales. Pero es verdad que, para que los demás nos valoren, tenemos que empezar por valorarnos nosotros mismos. Por otra parte, es mutuo. Para reclamar tu derecho a la dignidad personal, es imprescindible que tú también respetes la ajena.
¿Cómo se respeta uno a sí mismo? Siendo consecuente, no poniéndose en ridículo, defendiendo su espacio personal, su familia y sus planes de futuro. Tanto hombres como mujeres. Por eso no me gusta que los adolescentes lleven pantalones cortos de tiro, que se les ve el culo. El otro día vi una chica de no más de doce años enseñándolo todo.
¿Cómo se merece el respeto de los demás? En mi opinión, considerándolos personas completas, no un físico que admirar, o una cuenta corriente jugosa, o una persona con fama y poder, sino un todo. En una palabra, respetándolos.
Entonces vamos al otro extremo. Me acabo de enterar de que hay hoteles para mujeres, porque algunas se sienten agredidas con la mirada de los hombres. Eso ya me parece una barbaridad.
Una cosa es preservar la dignidad de las personas, y otra que ya no podamos relacionarnos unos con otros. Lo que hace falta es menos rivalidad y desconfianza y más comunicación y tolerancia entre los sexos. Ya sé que es fácil de decir, pero para empezar podríamos a empezar por no tomarnos a mal una simple mirada de interés.
 
Juguetes de género
Yo era una niña de mi época que jugaba con muñecas, pero también con coches y cosas de mis hermanos. Sobretodo me gustaba leer.
Mis hijas, no sé porqué, nunca han tenido mucha afición a las muñecas, a pesar de que tienen el cuarto lleno. Tal vez porque jugaban con su hermano a juegos más neutros.
Mi hijo también tenía sus guerreros, coches y demás, pero se las arreglaban para jugar con todo a la vez y así lo pasaban muy bien. Yo me preocupaba de organizar un poco para que hicieran juegos educativos de vez en cuando, puzles, intelect y demás.
Ha empezado la campaña de Navidad, cada año antes, y una vez más me quedo asombrada de ver como a los fabricantes de juguetes les da exactamente igual lo políticamente correcto, lo que recomiendan los psicólogos y lo que demanda la sociedad.
Será porque el negocio es el negocio y ellos tienen estudios de mercado que les dicen exactamente lo que prefieren los niños y las niñas cada temporada.
Los juguetes de niña. Ya no se trata tanto de cuidar bebés, que también hay, sino de tener muñecas modelo con mucha ropa y actitudes superficiales en la vida. Tanto hablar de la independencia de la mujer y luego compramos muñecas descerebradas que sólo tienen en mente gustar a los muñecos.
Los juguetes de chico parece que pretenden convertir a los niños en personas obsesionadas por la acción, la violencia y los monstruos.
¿Dónde fue a parar la igualdad? Yo no pretendo que obliguemos a los niños a jugar con muñecas, si no les gustan. Pero, como siempre, hay un término medio, y yo lo he comprobado.
Creo que debería haber más juguetes educativos y que promuevan el juego en grupo, la participación, y que sirvan sobretodo para niños y niñas. Es cuestión de plantearselo a los fabricantes.
 
Mi amor
Las formas de manifestar amor varían según la época y la cultura, pero el amor es único. El amor no es relativo, de hecho creo que es lo único absoluto que hay, y el amor de pareja es parte del amor universal, de eso que algunos llamamos Dios.
Para hablar de amor hay que estar enamorado de verdad. No sé si es el momento más oportuno para tratar este tema, con tantas parejas en crisis en la red, pero siento que tengo que hacerlo y tal vez a alguno le ayude a recordar.
Llevo veinte años con mi marido y todavía no me he acostumbrado a que tenga que viajar. Cada vez que se va mi vida se queda en suspenso, no porque no siga haciendo cosas, sino porque noto su ausencia. Le echo de menos. No me quiero ir a dormir, porque no quiero estar sola en la cama. No me apetece hacer la comida para mí sola, así que me tomo cualquier cosa.
Alguno creerá que esto es porque no trabajo y no tengo otros temas en que pensar, pero por más ocupada que esté no se va nunca de mi pensamiento, lo tengo presente. Eso es amor.
Mi marido no es especialmente guapo, pero para mí no hay nadie más atractivo. No me fijo en otros hombres, no lo he hecho nunca, porque no me hace ninguna falta. Yo opino sobre lo que les gusta a otras, pero para mí no existe nadie más. De hecho, cuando leo eso de que la atracción sólo dura cinco años o siete, pienso que sin duda se refieren a los que no están realmente enamorados. Lo nuestro es afinidad de cuerpo y alma.
No necesito que me lo diga, ni que me regale nada. No es un romántico. Me basta con sentirle cerca y cogernos las manos, igual que les he visto hacer a mis padres por más de cuarenta años. Quiero envejecer a su lado.
Como la vida es imprevisible, si algún día mi marido se fijara en otra, le quiero tanto que preferiría saberle feliz en otra casa que desgraciado conmigo, aunque eso me rompiera el corazón. Y si, por desgracia, la vida nos separa, sé que podría salir adelante, por mis hijos, pero no volvería a ser yo, completa, como soy ahora. Siempre me faltaría algo.
En estos veinte años ha habido muchas malas épocas, temporadas de distanciamiento incluso de meses. Porque hemos sufrido juntos y nos hemos vuelto a encontrar, por eso pienso que nuestro amor vive más allá del tiempo y el espacio.
Sólo os deseo a todos que sintáis alguna vez algo así. Por favor, no penséis que el AMOR es una quimera, una ilusión, un engaño. De otras cosas no podré hablar en primera persona, pero en esto soy testigo y espero serlo siempre.
 
Parejas
Hablando de parejas heterosexuales, porque es lo que yo conozco, no por ninguna otra razón, lo primero es elegir bien.
Hay muchos estudios muy buenos sobre este tema, y parece ser que la gente, en un primer momento elige un poco por apariencia, por genes, e incluso por el olor de las hormonas. Esto es el enamoramiento inicial que puede durar unas horas o unos meses.
En esta fase no se razona, así que el enamorado es el más guapo, el más listo, el más simpático. Poco a poco empiezas a verlo como realmente es y ahí es donde entran las circunstancias.
No debería ser así, pero hay gente que sigue con su pareja porque le gusta su grupo de amigos, por no aislarse, por su nivel económico, por presumir de chico-a, porque a su familia le gusta...; mucha gente, por no estar solo, porque no pueden vivir sin estar emparejados.
El tiempo pasa. Al cabo de unos años llega el momento en que piensan que deberían dar un paso más y casarse, porque sus amigos lo han hecho y todo el mundo les anima. Algunos deciden dejarlo aunque signifique acabar una etapa, otros se dejan llevar por la situación. Si los dos trabajan, se ven pocas horas, de manera que la convivencia es bastante fácil. Sólo coinciden el fin de semana para el ocio y el descanso. Pasan los años.
Pero llega el momento en que deciden tener hijos porque ya tienen edad. Esa es la prueba de fuego para muchas parejas, cuando tienen que repartirse las tareas, despertarse en plena noche y discutir sobre la educación de los niños. Si superan esa etapa, en principio, significa que su relación tenía buena base.
Aún así, la vida sigue poniéndote pruebas y tienes que superarlas cada día, pero cada paso que avanzas te hace más fuerte, más seguro de tu amor. Entonces el problema está en confiarse y creer que ya no hay que demostrarlo. Es una fase más del proceso: darse cuenta de que el amor hay que cuidarlo a diario, porque nadie se libra de una crisis de vez en cuando, aunque no quieran reconocerlo, pero todo se puede superar si existe un sentimiento profundo.
Esa es mi experiencia, por lo menos hasta el momento.
 
Oposicionitis
Dícese de una curiosa enfermedad que se está extendiendo entre las mujeres que conozco, las cuales se pasan absolutamente todo su tiempo libre y fines de semana preparando oposiciones.
Hasta cierto punto sería normal, pero les roba horas de sueño, les está afectando a su salud y perjudica a sus parejas e hijos, que no pueden hacer ninguna clase de planes en su compañía. No entienden por qué yo no quiero preparar oposiciones también.
Primer caso: licenciada en farmacia. Desde que yo la conozco, hace más de diez años siempre ha estado preparando alguna oposición. Como además trabaja media jornada en una farmacia, no tiene mucho tiempo y nunca consigue aprobarlas. La última que estaba haciendo ni siquiera era para trabajar, sino para hacer una especialización en un hospital. Pero, como ella no quiere dejar su trabajo ni trasladar a su familia, sólo aceptaría la plaza si le tocara en Madrid, cosa practicamente imposible. Y, sin embargo, sigue.
Segundo caso: trabaja como administrativa interina en un organismo público. El año pasado consiguió una plaza en otro sitio, pero pidió la excedencia porque no quiere dejar su puesto. LLeva al menos cinco años opositando. Me ha dicho que está preparando otra. Además, está estudiando derecho con la única intención de poder presentarse a las oposiciones de grado medio. Tiene taquicardia.
Tercer caso: licenciada en matemáticas, profesora de instituto en excedencia. LLeva tres años presentándose a dos oposiciones a la vez, la superior y la técnica. Si esta vez consigue aprobar y no le dan plaza en Madrid, también pediría la excedencia. Ha sufrido mareos recientemente.
No es que no les gustara la vida que llevaban, no es que no tuvieran suficiente para vivir. Es que de alguna manera se sentían culpables por no haber alcanzado su potencial profesional. Pero, yo me pregunto hasta que punto se sienten presionadas por la sociedad .
Porque yo sí que noto que la gente me mira mal, porque no tengo carrera y he renunciado a tener una vida laboral. El día de la mujer trabajadora yo me siento discriminada, y a veces también se me pasa por la cabeza la idea de preparar oposiciones para disimular que lo que pasa es que estoy bien así y no necesito más.
 
La especulación inmobiliaria
Yo tuve mucha suerte. Hace doce años, cuando me compré el piso solamente estaban empezando a subir los precios. Eso sí, las hipotecas estaban por las nubes.
Mi piso me costó dieciseis millones de pesetas, que aún estoy pagando, y ahora vale más de cincuenta. Supongo que debería estar contenta, pero es una tontería, porque si quisiera comprar otro tendría que pagar al menos esa cantidad.
¿De quién es la culpa? Es facil culpar al gobierno. Tal vez deberían controlar el precio del suelo y los beneficios de las inmobiliarias, pero estamos en un mercado libre y no sé si se puede hacer.
Sin embargo, hay otro culpable al que nadie acusa: nosotros mismos.
Llevo diez años viendo como, cada vez que se construye un nuevo edificio, al poco de entregar los pisos, ya están la mitad a la venta.
Son los especuladores, la gente que se enriquece invirtiendo en vivienda, comprando a veinte para vender a cuarenta.
¿Y quienes son los grandes perjudicados? Aquellos que solamente podrían comprar a veinte. Así es como suben los precios de la vivienda en toda España. Ni siquiera los pisos de protección oficial se libran de los vendedores en dinero negro.
Por otra parte, es verdad que una pareja que empieza no necesita un piso en propiedad y en otros países viven alquilados. Pero aqui la gente no quiere alquilar porque no tiene garantías jurídicas de que va a cobrar el alquiler, y tampoco se les puede obligar en un estado democrático.Luego también están los que realquilan los pisos y cobran por una habitación un precio desmesurado.
Supongo que es lo que llaman la picaresca española, pero entonces no vale ir a quejarse, si has tenido parte en el problema. Los que no conozcan a nadie en su familia que haya hecho negocio de esa manera, son los únicos que pueden protestar.
Mientras tanto sólo podemos esperar que de verdad empiecen a bajar los precios de los pisos, como dicen.