logotipo

img_google
A contracorriente
Trata sobre reflexiones personales
Acerca de
Soy una mujer de mediana edad con hijos adolescentes y disfruto escribiendo mis pensamientos; también leyendo los de los demás. Quiero ver más allá de las cosas y las personas, quiero comprender el sentido de todo. Tal vez pido demasiado, pero no dejaré de intentarlo.
Sindicación
 
Demasiado directa
Estoy un poco preocupada porque he visto que en internet se lleva mucho el buen rollo y yo no sé si valgo para eso. Tengo un problema y es que nunca he sabido hacer la pelota, tengo tendencia a decir lo que pienso de forma quizás demasiado directa.
Estoy haciendo comentarios y a veces veo que todo el mundo da la razón y yo soy la única que lleva la contraria, siguiendo mi lema de "a contracorriente", pero no me gustaría que pensárais que soy una antipática, es que estoy mayor. Me refiero a que me cuesta quitarle importancia a las cosas, tal vez porque sé por experiencia que algunas tonterías traen consecuencias graves.
Por ejemplo, lo de chatear por internet. En el último año he conocido dos casos de parejas que se han separado, con hijos por medio, por culpa de que uno de los dos tenía otra relación por internet. Y sé que han intentado quitarle importancia y decir que era sólo un juego, pero es que no se puede jugar con los sentimientos ajenos. El resultado ha sido depresiones y tratamiento psicológico.
Ya sé que es muy tentador relacionarte con conocidos o desconocidos que, por escrito, casi siempre te siguen la corriente, porque no tienen nada que perder, porque no están implicados en tu vida y en el fondo no les afecta lo que te pase. Cada vez se forman más parejas por internet y, en la mayoría de los casos, cuando se conocen en persona se decepcionan. Pero yo no escribo para llevarme bien con todo el mundo, aunque me guste, escribo para intercambiar opiniones y formas de ver la vida.
Así que lo que quería transmitir es que espero que no me reprochéis que sea tan sincera, y lo siento si soy algo brusca, pero es que no puedo seguir la corriente si no estoy de acuerdo, va contra mi personalidad, aunque eso me ha traído muchos problemas en la vida.
 
Las cosas viejas
Parece mentira como se puede encariñar uno con las cosas. Ocurre especialmente con aquello con lo que tienes más contacto, como una casa o tu coche. También con alguna ropa o juguetes que te traen recuerdos y parece que al verlo rememoras los momentos vividos.
El problema es que no se puede acumular todo, ni se puede conservar las cosas de forma indefinida. A mí me ha tocado el turno de cambiar de coche con gran dolor de mi corazón.
Ya sé que sólo es un montón de metal, pero también la casa de mis padres es un montón de ladrillos y cemento y, sin embargo, para mí es como un ser vivo, una colección de recuerdos y emociones.
En esta sociedad en que vivimos yo debo de ser la excepción, porque se ha convertido en costumbre deshacerse rápidamente de las cosas y de los coches, tal vez porque así evitas el encariñamiento. Al lado de los cubos de basura se pueden ver muebles en buen estado, televisiones y toda clase de accesorios para bebés. Lo cual, al margen de su valor sentimental, no deja de ser un desperdicio absoluto.
Porque no se trata sólo de que lo aprecies más o menos, se trata de que hace veinte años en España, a nadie se le hubiera pasado por la cabeza tirar esas cosas a la basura, sino que hubieran intentado venderlas. Y es que lo que aquí es basura, no tan lejos como pensamos podría seguir funcionando y mejorando la calidad de vida de otras personas..
Mientras tanto, yo me sigo resistiendo con todas mis fuerzas a deshacerme de nada, y me da igual si soy una sentimental. Más vale tener demasiados sentimientos que darte todo igual. Se empieza por no valorar tus cosas y se acaba no valorando tampoco a las personas. No abandonéis vuestras cosas viejas, regaladlas.
(mayo 2006)
 
médicos y medicinas
La gente que me conoce sabe que soy muy escéptica con los médicos. No porque piense que no saben lo que hacen, sino más bien porque pienso que creen saber más de lo que realmente saben.
Me explico: cada persona es un mundo y cada organismo reacciona de una manera distinta, dependiendo de tantos factores que hoy en día es imposible conocerlos y tenerlos en cuenta.
Así que la misma medicina a unos les funciona y a otros incluso les perjudica. Esto viene porque, cada vez que voy a la farmacia, se empeñan en no querer venderme ni codeína para la tos, ni cortisona para la alergia. Porque parece ser que ahora han descubierto que tienen muchos efectos secundarios y que incluso los drogadictos lo utilizan para sus fines. Pero, ¿qué culpa tengo yo de lo que hagan los drogadictos, si yo toda la vida he tomado estas medicinas y me funcionaban, para que ahora me las quieran censurar?
Ahora pretenden que tome otras cosas que, no sólo no me curan, sino que empeoran los síntomas. Es como cuando llevaba a mis hijos al médico y me decían "es sólo un catarro de vías altas", y que no les diera nada. Al cabo de dos días ya era una bronquitis, claro.
Ahora confieso que casi no voy al médico. Practico la automedicación y me va mucho mejor de momento.Creo que en mi caso y el de mis hijos, nadie conoce mejor que yo lo que les pasa y lo que necesitan. La experiencia a veces te ayuda más que los estudios médicos.
Si se trata de algo nuevo, entonces sí voy a la consulta. Pero, como mucha gente, estoy cansada de que me digan: que cualquier molestia en primavera es alergia; si es en invierno, es un catarro; si eres mujer, es psicológico; si eres mayor, no tiene arreglo.
Creo que hay muchos médicos que se limitan a seguir sus libros al pie de la letra, y están tan seguros de sí mismos que ni siquiera te escuchan, y eso me pone de los nervios.
Sin embargo, por los pocos que te comprenden y te ayudan, y por lo que han adelantado en este medio siglo, tendremos que seguir dando gracias a la medicina, a pesar de lo demás.
(junio 2006)
 
diversidad cultural
Gracias por vuestro apoyo. Un poco de timidez no es malo, sólo pasarse. Lo bueno es que en internet no me afecta.
Estaba acordándome estos días de cuando yo era pequeña, hace cuarenta años. Recuerdo que estuve en Londres y me llamó la atención la variedad cultural y racial que había y la relación cercana que tenían con sus antiguas colonias. Por entonces, en España, éramos todos blancos y muy parecidos. Creo que hemos salido ganando y que hemos recuperado el trato con unos parientes lejanos que teníamos demasiado olvidados.
Sin embargo, ha sido todo tan rápido, que me cuesta explicarles a mis hijos que no hace mucho en España no había inmigrantes, sino que éramos nosotros los que emigrábamos. En estos tiempos, hay mucha gente que no recuerda la realidad antes de internet.
A principios de siglo, este país se podía considerar pobre, a mediados todavía estábamos despegando, pero en los últimos veinte años el salto ha sido vertiginoso. Lo que no entiendo es la falta de memoria de la gente que ya no se acuerdan de cuando sólo teníamos un coche, si lo teníamos, y cuando sólo se viajaba en verano, los que viajábamos.
Me siento muy cercana de estas personas que llegan ahora dispuestos a ganarse la vida, más o menos engañados por lo que les contaba en sus países de orígen. Nosotros pretendemos que se adapten y se olviden de sus costumbres, pero es su tradición lo que les mantiene unidos a su familia y les da fuerzas para salir adelante.
Otra cuestión es que no respeten los derechos de las mujeres. Ahí si se debe intervenir, pero como una excepción.
Sin embargo, lo ideal sería para ellos que no tuvieran que emigrar y en eso los países ricos tienen la última palabra. Mientras tanto podemos intentar acoger un número razonable de personas, pero no países enteros. La solución real no está en nuestras manos, pero lo que no deberíamos olvidar nunca es que nosotros fuimos ellos.
(mayo 2006)
 
La dichosa timidez
Ya sé que dije que no iba a escribir en una temporada, pero tengo vicio. Para evitarlo, a partir de mayo he decidido volver a publicar algunos post antiguos que nadie leyó en su momento, aquellos que pienso que reflejan más mi historia y mi manera de ser.
El otro día leí en algún sitio, que la timidez es una enfermedad crónica. Tienen razón, todo el mundo le quita importancia, como si no fuera más que un vicio que se pasa con los años. Sin embargo, para mí ha sido un lastre que ha condicionado mi vida.
Yo era tan tímida que no me atrevía a hablar con mis hermanos mayores. Mis padres llegaron a pensar que era autista. En el colegio tenía todos los síntomas: temblor de manos, sudoración, sonrojo y palpitaciones, y esa sensación de presión en el pecho, que solamente otro tímido puede reconocer.
Tuvo mucho que ver con que no fuera buena estudiante y no me manejara bien en el trabajo. Yo pensaba que con los años lo superaría, pero no es verdad. Con los años aprendes a manejarlo, buscas un ritual o actitudes para evitar que se te note tanto.
Hay situaciones en las que me siento más segura de mi misma, con gente que ya conozco y tengo confianza. Entonces puedo pasar por una persona normal. Tal vez más callada, demasiado educada.
Pero no me metáis en una reunión con mucha gente desconocida porque me voy a un rincón intentando desesperadamente pasar desapercibida. Hace años que evito esas situaciones. No puedo evitar dar la impresión de soberbia y no me gusta nada.
Sin embargo, hay momentos en que pierdo la timidez y peleo como una gata, cuando algo me parece injusto, yo no me callo. Muchas veces me han dicho eso:"caray con la mosquita muerta"; y es que yo sigo siendo tímida y siempre lo seré, pero tengo mis principios, una cosa no quita la otra.
 
Trenes que ya no pasan
No quiero empezar sin deciros que estoy encantada de haber conseguido comunicarme con vosotros (aunque algunos de mis enlaces todavía no funcionan), y que os agradezco muchísimo todos vuestros comentarios.
El problema es que me estoy enganchando a esto, la verdad, y he mirado el calendario y me temo que ya no puedo dedicarle tanto tiempo en una temporada. Me va a costar no hacerlo.
Resulta que en junio me presento al exámen de tercero de alemán y para mí es muy importante porque es lo primero que hago por mí misma en mucho tiempo.
La historia antigua es que yo aprobé la selectividad (hace un siglo), pero no quise hacer carrera porque no me gustaba estudiar. De haber elegido una carrera, hubiera sido filología germánica. Pero yo quería aprender varios idiomas y me hice secretaria.
Lo del trabajo no salió bien, entre otros motivos, porque una secretaria despistada no es una buena combinación. Así que dejé de trabajar, pensando eso de "tengo toda la vida para trabajar". Pero el problema es que hay trenes que sólo pasan una vez, y ahora no encuentro la ocasión o la oportunidad para volver.
Con el alemán me pasó lo mismo. No me presenté en su momento, porque me equivoqué de día. Diez años después me presenté por libre y no aprobé. Y ahora tengo esta oportunidad que no puedo desperdiciar, con lo que me cuesta ir a clase por la tarde.
Tenía un nivel alto de inglés, medio de francés y alemán, árabe elemental. Me encantan los idiomas, pero el problema es que no los practico. Por eso debería volver a trabajar, aunque esté a gusto en casa con mis hijos.
Mientras tanto, he aprendido una cosa: no dejad pasar los trenes, que nunca sabes si vendrán más.
 
Las relaciones personales
Hablando de relaciones largas, una vez escuché a una pareja de viejecitos que llevaban cincuenta años juntos. Al preguntarles por su secreto, uno de ellos dijo que era "callarse".
Puede sonar un poco fuerte, pero creo que tiene razón. No es que debas callarte cuando hay un problema importante por medio. Es que hay que saber encontrar el momento y el tono adecuado para discutir. No sirve de nada enzarzarse en peleas a gritos, donde salen a relucir sapos y culebras de hace meses o años. Esto sólo vale para acabar diciendo cosas que no piensas o que vas a dejar de sentir en cuanto se te pase el enfado.
Es el caso de una amiga mía. Reconozco que la envidiaba porque tenía una pareja de estas que "están hechos el uno para el otro", que se llevaban de maravilla y daba gusto verlos juntos.
Sin embargo, siempre han pasado de estar en el paraíso directamente al infierno, sin pasar por el purgatorio. En el último año ya se han separado dos veces, la última esta semana. El problema es que no saben discutir, se faltan al respeto, se insultan, se atacan, y luego vienen las reconciliaciones gloriosas. Pero eso no es forma de vivir, y menos con dos niñas por medio.
En una relación hay puertas que no debes abrir nunca, porque después no hay quien las cierre. Hay que intentar no herir a la gente que quieres, porque esas heridas nunca acaban de sanar.
Ya sé que hay veces en que no puedes evitarlo. Pero es mejor pasar una temporada en el purgatorio. Es decir, quedarse solo y pensar. Hacer un ejercicio matemático sobre pros y contras y llegar a una conclusión sobre si realmente te merece la pena mantener esa pareja o esa amistad.
Cuando llevas tiempo con alguien, los recuerdos generalmente cuentan a favor: los buenos momentos y las veces que te ha apoyado en las dificultades. Si el balance es negativo, es mejor acabar cuanto antes.
Pero si es positivo, ha llegado el momento de las concesiones: a veces hay que callarse y aceptar al otro como es y no pretender más que lo que puede darte. Pero esto naturalmente es mutuo y puedes esperar lo mismo. Y no significa que no puedas pedir nada, siempre que no imagines que debe adaptarse a tus necesidades en todo momento.
Se trata de un proceso complicado, pero generalmente las cosas funcionan cuando hay sentimientos profundos y tolerancia. Aún así puede salir mal, pero no será porque no hayas puesto todo de tu parte.
 
Un año más tarde
Voy a cumplir un año desde que creé esta bitácora. Cómo pasa el tiempo, y yo que creía que no iba a encontrar sobre qué escribir, la verdad es que me sobran temas.
Empecé como un diario personal, porque no tenía interés en que me leyeran, ni sabía tampoco cómo conseguirlo. Más adelante empecé a interesarme por otros blogs.
Al principio, la verdad es que no veía nada que me gustara, entre los más leídos y los últimos creados, hasta que encontré gente interesante. Me aficioné a hacer comentarios, pero firmaba con el correo, en lugar de mi página web. Ahora ya sé hacerlo, o eso espero.
Hace una semana o dos estuve poniendo los enlaces en mi página, para llegar más rápido a aquellos que leo habitualmente. No sé si debería avisarles de que les he enlazado. No sé cuáles son las reglas no escritas de internet.
Yo soy muy novata en esto y en la informática en general. No sé cómo se ponen fotografías y menos vídeos. Pero de todas maneras, lo que a mí realmente me gusta es volcar mis pensamientos en estas líneas.
También disfruto mucho siguiendo las historias de otras personas. Sus reflexiones creo que me enriquecen como persona. Me ayudan a comprender lo que es importante. Me refuerzan en mis buenas intenciones. Me hacen sentir que en el fondo todos queremos lo mismo, que no somos tan diferentes.
Sé que algunos han llegado a ser amigos virtuales y se interesan realmente unos por otros. Me gustaría ser uno más en esta comunidad de gente que sabe bucear en los sentimientos y las sensaciones, y expresarlos, por cierto, bastante mejor que yo.
Este blog me ha abierto la puerta a nuevas experiencias que me gustaría compartir, porque así es como alcanzan su máximo valor. De momento, espero poder seguir dedicándole mi tiempo y mi ilusión.