La música
He leído hace poco que se ha demostrado cómo escuchar música afecta al cerebro hasta tal punto que estimula la producción de hormonas. Es decir, que es tan fuerte como un producto químico.
Así se explica que a veces al escuchar una canción vuelvas a sentir las emociones que tuviste la primera vez que la oíste. O que una canción por algún motivo te ponga triste o alegre.
Hay veces que te identificas tanto en un momento dado que parece que están hablando de tu vida o que la han escrito sólo para tí.
Esto es independiente del género musical, del intérprete e incluso de la época. Yo puedo presumir de que tengo una colección musical que abarca desde lo más clásico Bethoven y demás, a lo más actual.
También tengo música más flamenca como Camela y típica de algunos países sudamericanos. Incluso música árabe y rock. Hay recopilaciones en mis muebles de todos los que considero clásicos de la música moderna, como son David Bowie, Elton John..., y también música española de todas las épocas. Pero también me encantan los Rolling Stones, Estopa y Oasis.
A mis hijos les he acostumbrado a escuchar todos los estilos. A veces les ocurre que en el colegio no saben de qué están hablando, porque sus compañeros solamente conocen los éxitos del momento.
Yo pienso que es una pena, centrarse sólo en lo actual y perderse los grandes logros de otras épocas. Al fin y al cabo, de lo que suena ahora pervivirá una pequeña parte, que teóricamente es lo mejor. Aunque en eso no incluyo las canciones publicitadas por televisión con cantantes prefabricados. Ya sabeis a qué me refiero.
También en las librerías se ven cada día miles de libros nuevos, y algunos interesantes me temo que no se venden por falta de promoción. Así son las cosas. Por eso yo procuro no limitarme nunca a lo último, a lo que está de moda. La música especialmente porque es algo atemporal e impersonal. Es algo que se funde con tu alma y te provoca sensaciones difíciles de describir y por eso tiene un valor por sí misma, aparte de las modas de cada momento.
Así se explica que a veces al escuchar una canción vuelvas a sentir las emociones que tuviste la primera vez que la oíste. O que una canción por algún motivo te ponga triste o alegre.
Hay veces que te identificas tanto en un momento dado que parece que están hablando de tu vida o que la han escrito sólo para tí.
Esto es independiente del género musical, del intérprete e incluso de la época. Yo puedo presumir de que tengo una colección musical que abarca desde lo más clásico Bethoven y demás, a lo más actual.
También tengo música más flamenca como Camela y típica de algunos países sudamericanos. Incluso música árabe y rock. Hay recopilaciones en mis muebles de todos los que considero clásicos de la música moderna, como son David Bowie, Elton John..., y también música española de todas las épocas. Pero también me encantan los Rolling Stones, Estopa y Oasis.
A mis hijos les he acostumbrado a escuchar todos los estilos. A veces les ocurre que en el colegio no saben de qué están hablando, porque sus compañeros solamente conocen los éxitos del momento.
Yo pienso que es una pena, centrarse sólo en lo actual y perderse los grandes logros de otras épocas. Al fin y al cabo, de lo que suena ahora pervivirá una pequeña parte, que teóricamente es lo mejor. Aunque en eso no incluyo las canciones publicitadas por televisión con cantantes prefabricados. Ya sabeis a qué me refiero.
También en las librerías se ven cada día miles de libros nuevos, y algunos interesantes me temo que no se venden por falta de promoción. Así son las cosas. Por eso yo procuro no limitarme nunca a lo último, a lo que está de moda. La música especialmente porque es algo atemporal e impersonal. Es algo que se funde con tu alma y te provoca sensaciones difíciles de describir y por eso tiene un valor por sí misma, aparte de las modas de cada momento.
El destino
Es un tema que me interesa mucho. Ayer estuve viendo una película llamada "un destino de ida y vuelta". Trataba sobre un hombre que tiene la oportunidad de cambiar algo malo que le sucedió de pequeño y, de ese modo, su futuro también cambia.
Se convierte en una persona rica con éxito social, pero entonces descubre que no era eso lo que realmente deseaba.
Yo también he estado pensando últimamente en cómo habría sido mi vida si hubiera tomado otras decisiones. Hay una señora que lleva a los niños al mismo colegio que yo y es una antigua compañera mía, con la que en algún momento llegué a formar pandilla.
Luego ella fue una buena estudiante y tiene un buen trabajo y vive en un chalet en una urbanización lujosa. Tal vez si yo hubiera seguido con esas amistades también habría estudiado y trabajado y ahora tendría un mejor nivel de vida y relaciones importantes.
Sin embargo, yo tuve pocas amigas, entre ellas mi cuñada, la hermana de mi marido. Estudié poco, me casé con ventidos años, trabajé sólo dos años y tuve tres hijos. No hubría podido hacer eso si hubiera ido a la universidad.
Tal vez me hubiera encontrado con mi marido en otro momento, en otro lugar, o tal vez no. Pero no me hubiera casado tan joven y seguramente no hubiera tenido tantos hijos, si tenía que ocuparme de un trabajo de responsabilidad, y no podría estar tanto con ellos.
Así que me pasa como al hombre de la película, que prefiero este destino y no lo cambio por otro. Soy feliz así, aunque fuera una mala estudiante, una secretaria fracasada y un ama de casa corriente. Es el camino que yo misma he recorrido con sus cosas malas y buenas y no quiero volver atrás.
Se convierte en una persona rica con éxito social, pero entonces descubre que no era eso lo que realmente deseaba.
Yo también he estado pensando últimamente en cómo habría sido mi vida si hubiera tomado otras decisiones. Hay una señora que lleva a los niños al mismo colegio que yo y es una antigua compañera mía, con la que en algún momento llegué a formar pandilla.
Luego ella fue una buena estudiante y tiene un buen trabajo y vive en un chalet en una urbanización lujosa. Tal vez si yo hubiera seguido con esas amistades también habría estudiado y trabajado y ahora tendría un mejor nivel de vida y relaciones importantes.
Sin embargo, yo tuve pocas amigas, entre ellas mi cuñada, la hermana de mi marido. Estudié poco, me casé con ventidos años, trabajé sólo dos años y tuve tres hijos. No hubría podido hacer eso si hubiera ido a la universidad.
Tal vez me hubiera encontrado con mi marido en otro momento, en otro lugar, o tal vez no. Pero no me hubiera casado tan joven y seguramente no hubiera tenido tantos hijos, si tenía que ocuparme de un trabajo de responsabilidad, y no podría estar tanto con ellos.
Así que me pasa como al hombre de la película, que prefiero este destino y no lo cambio por otro. Soy feliz así, aunque fuera una mala estudiante, una secretaria fracasada y un ama de casa corriente. Es el camino que yo misma he recorrido con sus cosas malas y buenas y no quiero volver atrás.
La locura informática
Tengo que reconocer que esto de la informática me viene muy grande. Suerte que tengo a mi marido para echarme una mano.
He intentado mantenerme al día con el word y algo de internet, pero cuando sale un aviso en la pantalla la verdad es que tiemblo, sobretodo cuando es del tipo de "¿está seguro que quiere hacer eso?, o "se advierte que esta acción puede dañar su equipo". Porque habitualmente no tiene importancia, pero a veces sí la tiene y es verdad que vas a perder toda la información almacenada o a romper el equipo.
El problema es que esto de la informática casi no existía hace veinte años, y desde entonces se ha desarrollado a gran velocidad por múltiples frentes, porque todo el mundo quiere tener su pedazo de negocio; pero está muy desorganizado. Apenas te da tiempo a enterarte de un nuevo sistema cuando ya ha salido otro, los programas se modifican continuamente y la oferta es infinita.
Aquí mismo, escribiendo este blog, me encuentro con opciones que no sé utilizar, y lo peor es que no me explican en ningún sitio para qué sirven, porque se sobreentiende que yo debería saberlo. Pues lo siento, no soy una experta en informática, ni siquiera soy de ciencias.
Nadie se ha parado a dar explicaciones, y los manuales son ininteligibles. Pero lo peor es que no merece la pena el esfuerzo, porque todo cambia a tal velocidad que es imposible estar al día, para mí por lo menos, no para los que trabajan en esto. Si te compras un ordenador haces muy mal negocio a no ser que tenga un servicio técnico que te vaya actualizando cada año todo el equipo. De otro modo te encuentras con que los programas nuevos y los juegos no funcionan en tu viejo aparato de hace dos años y adaptarlo te puede costar más que comprar uno nuevo. Pasa lo mismo con los móviles y las agendas electrónicas.
No sé si es una utopía, pero pienso que habría que echarle un poco el freno a la tecnología y aprovechar el tiempo para ponerse de acuerdo, para fijar un estandard, de manera que al menos sea todo compatible.
Lo triste de esto, es que el tren del desarrollo se ha convertido en un tren de altísima velocidad y de este modo es imposible que lo puedan coger en otros países menos preparados, o incluso la gente que aquí en España carece de recursos y ayuda para adaptarse continuamente.
Por eso esto que llaman la globalización se ha convertido en el nuevo entretenimiento de unos pocos que pueden acceder a todas partes, mientras una gran mayoría se conforma con los restos del desarrollo.
Algunos nos conformamos con intentar no hacer mucho el ridículo, cuando se trata de manejar el ordenador, el móvil, etc... Pero no puedo evitar pensar que el problema no es mío. El problema es que nos están ofreciendo muchas más posibilidades que las que realmente necesitamos.
He intentado mantenerme al día con el word y algo de internet, pero cuando sale un aviso en la pantalla la verdad es que tiemblo, sobretodo cuando es del tipo de "¿está seguro que quiere hacer eso?, o "se advierte que esta acción puede dañar su equipo". Porque habitualmente no tiene importancia, pero a veces sí la tiene y es verdad que vas a perder toda la información almacenada o a romper el equipo.
El problema es que esto de la informática casi no existía hace veinte años, y desde entonces se ha desarrollado a gran velocidad por múltiples frentes, porque todo el mundo quiere tener su pedazo de negocio; pero está muy desorganizado. Apenas te da tiempo a enterarte de un nuevo sistema cuando ya ha salido otro, los programas se modifican continuamente y la oferta es infinita.
Aquí mismo, escribiendo este blog, me encuentro con opciones que no sé utilizar, y lo peor es que no me explican en ningún sitio para qué sirven, porque se sobreentiende que yo debería saberlo. Pues lo siento, no soy una experta en informática, ni siquiera soy de ciencias.
Nadie se ha parado a dar explicaciones, y los manuales son ininteligibles. Pero lo peor es que no merece la pena el esfuerzo, porque todo cambia a tal velocidad que es imposible estar al día, para mí por lo menos, no para los que trabajan en esto. Si te compras un ordenador haces muy mal negocio a no ser que tenga un servicio técnico que te vaya actualizando cada año todo el equipo. De otro modo te encuentras con que los programas nuevos y los juegos no funcionan en tu viejo aparato de hace dos años y adaptarlo te puede costar más que comprar uno nuevo. Pasa lo mismo con los móviles y las agendas electrónicas.
No sé si es una utopía, pero pienso que habría que echarle un poco el freno a la tecnología y aprovechar el tiempo para ponerse de acuerdo, para fijar un estandard, de manera que al menos sea todo compatible.
Lo triste de esto, es que el tren del desarrollo se ha convertido en un tren de altísima velocidad y de este modo es imposible que lo puedan coger en otros países menos preparados, o incluso la gente que aquí en España carece de recursos y ayuda para adaptarse continuamente.
Por eso esto que llaman la globalización se ha convertido en el nuevo entretenimiento de unos pocos que pueden acceder a todas partes, mientras una gran mayoría se conforma con los restos del desarrollo.
Algunos nos conformamos con intentar no hacer mucho el ridículo, cuando se trata de manejar el ordenador, el móvil, etc... Pero no puedo evitar pensar que el problema no es mío. El problema es que nos están ofreciendo muchas más posibilidades que las que realmente necesitamos.
La televisión
Es el cincuenta aniversario de televisión española y he empezado a comparar esa televisión que veía de pequeña con la de ahora. Es fácil criticar, pero hay que tener en cuenta las circunstancias. Sí es verdad que hay telebasura, pero es porque la gente la pide.
Hace cincuenta años la televisión cumplía una labor de entretenimiento pero también de instrucción. Yo creo que la cultura general de los pueblos mejora cuando tienen estos aparatos, porque la gente no puede evitar enterarse, por ejemplo, de dónde está Rusia, que de otro modo muchos no lo sabrían.
Los programas antiguos iban mucho con esa idea de enseñar. Ahora se supone que todo el mundo tiene un nivel mínimo, y sólo buscar entretener. También hay más oferta de canales y la responsabilidad de cada uno no es tan grande. Gracias al gran invento del mando a distancia, se puede elegir más o menos.
Bueno, yo es que también tengo televisión por cable, aún así, hay veces que acabo apagando la tele. Pero tampoco tiene nada de malo apagar y dedicarse a otras cosas. Lo que tiene la tele es que es muy tentadora y, por su culpa, hacemos menos ejercicio. Porque hay veces que anda uno perezoso y lo que más te apetece en el mundo es sentarse en el sofá, y si encima te ponen algo insustancial, te puedes quedar horas y horas.
Luego dices: ay madre, tenía que haber hecho esto y lo otro.
De todas maneras yo procuro no colgarme de ningún programa y les limito a los niños las horas de dibujos animados. (Porque no les importa ver el mismo episodio diez veces). La tele como todo está bien con moderación. A mí me gustan las series policiacas como "Sin Rastro", Cagney y Lacey y familiares como "Aqui no hay quien viva" y "Cuéntame". También hay cosas de calidad si las buscas.
Pero también confieso que a veces veo los cotilleos y me ayuda a relajarme y desconectar. Así que, la verdad, me costaría mucho tener que vivir unos días sin televisión, es parte de nuestra rutina.
Hace cincuenta años la televisión cumplía una labor de entretenimiento pero también de instrucción. Yo creo que la cultura general de los pueblos mejora cuando tienen estos aparatos, porque la gente no puede evitar enterarse, por ejemplo, de dónde está Rusia, que de otro modo muchos no lo sabrían.
Los programas antiguos iban mucho con esa idea de enseñar. Ahora se supone que todo el mundo tiene un nivel mínimo, y sólo buscar entretener. También hay más oferta de canales y la responsabilidad de cada uno no es tan grande. Gracias al gran invento del mando a distancia, se puede elegir más o menos.
Bueno, yo es que también tengo televisión por cable, aún así, hay veces que acabo apagando la tele. Pero tampoco tiene nada de malo apagar y dedicarse a otras cosas. Lo que tiene la tele es que es muy tentadora y, por su culpa, hacemos menos ejercicio. Porque hay veces que anda uno perezoso y lo que más te apetece en el mundo es sentarse en el sofá, y si encima te ponen algo insustancial, te puedes quedar horas y horas.
Luego dices: ay madre, tenía que haber hecho esto y lo otro.
De todas maneras yo procuro no colgarme de ningún programa y les limito a los niños las horas de dibujos animados. (Porque no les importa ver el mismo episodio diez veces). La tele como todo está bien con moderación. A mí me gustan las series policiacas como "Sin Rastro", Cagney y Lacey y familiares como "Aqui no hay quien viva" y "Cuéntame". También hay cosas de calidad si las buscas.
Pero también confieso que a veces veo los cotilleos y me ayuda a relajarme y desconectar. Así que, la verdad, me costaría mucho tener que vivir unos días sin televisión, es parte de nuestra rutina.
El tráfico y otros horrores
Esta mañana aparqué el coche como siempre a unos cien metros del colegio y entonces llega un listo y aparca en el paso de cebra, y me acordé de este post. El tráfico me desespera.
Intento ser optimista sobre el futuro de la humanidad, pero entonces subo al coche y se acaban mis esperanzas. ¿Cómo vamos a ser capaces de resolver los problemas del mundo, si ni siquiera podemos compartir el espacio público sin que unos intenten abusar de otros?
Empezando por la doble fila y a pesar de que comprendo que alguna vez pueda ser inevitable. Lo que no comprendo son las personas que habitualmente dejan el coche en mitad del carril, abren la puerta de par en par y se bajan tranquilamente a tomar un café. Me pregunto si son conscientes de las molestias e incluso el peligro que ocasionan a los demás. Al lado de mi casa tengo un ejemplo continuo de esto.
Luego están los que no utilizan los intermitentes, los que adelantan sin necesidad y te frenan delante, los que bloquean los cruces y no te ceden el paso ni de broma. También están los que salen de casa con la hora justa para llegar al trabajo a las nueve en punto todos a la vez, porque no le van a regalar a la empresa un sólo minuto de su tiempo. Así que todos los días te los encuentras corriendo desesperados porque llegan tarde y, digo yo, ¿no podrían levantarse cinco minutos antes?
En otros países más necesitados tienen graves problemas de delicuencia y terrorismo. Como las personas son iguales en todas partes, aqui no tenemos excusa para atacar a nadie, pero aprovechamos el vehículo para demostrar que la humanidad no tiene remedio. Me imagino que es mucho pedir que los países se pongan de acuerdo para algo como acabar con el hambre y la guerra, cuando las personas ni siquiera somos capaces de respetar las normas de tráfico.
Habría que volver a los tiempos en que te encontrabas un policía en cada esquina para que de verdad la gente se respetara. Pero no es la solución evidentemente. Así que no espero grandes cosas tampoco a nivel internacional. La humanidad es igual en todas partes, me temo. En cuanto tienen ocasión y el poder para hacerlo te demuestran una y otra vez que el resto de la gente no les importa lo más mínimo.
De vez en cuando aparece uno que sí te deja pasar y entonces yo me quedo parada un momento, porque me pilla desprevenida, y nunca sabrá esa persona cuánto le agradezco su gesto. Esas personas me recuerdan que todavía hay gente que se preocupa, gente como vosotros, que piensa en los demás, y tal vez la humanidad sí que tenga remedio, aunque vaya tan poco a poco que casi no se note.
Tal vez las buenas intenciones y los gestos amables sea como granitos de arena que vayan formando una playa y algún día, aunque yo no le vea, seamos capaces de ponernos de acuerdo, no sólo para compartir las carreteras sin abusar de los demás, sino incluso para compartir el planeta Tierra dejando que los países pobres alcancen un nivel de vida digno. Soñar no cuesta nada.
Intento ser optimista sobre el futuro de la humanidad, pero entonces subo al coche y se acaban mis esperanzas. ¿Cómo vamos a ser capaces de resolver los problemas del mundo, si ni siquiera podemos compartir el espacio público sin que unos intenten abusar de otros?
Empezando por la doble fila y a pesar de que comprendo que alguna vez pueda ser inevitable. Lo que no comprendo son las personas que habitualmente dejan el coche en mitad del carril, abren la puerta de par en par y se bajan tranquilamente a tomar un café. Me pregunto si son conscientes de las molestias e incluso el peligro que ocasionan a los demás. Al lado de mi casa tengo un ejemplo continuo de esto.
Luego están los que no utilizan los intermitentes, los que adelantan sin necesidad y te frenan delante, los que bloquean los cruces y no te ceden el paso ni de broma. También están los que salen de casa con la hora justa para llegar al trabajo a las nueve en punto todos a la vez, porque no le van a regalar a la empresa un sólo minuto de su tiempo. Así que todos los días te los encuentras corriendo desesperados porque llegan tarde y, digo yo, ¿no podrían levantarse cinco minutos antes?
En otros países más necesitados tienen graves problemas de delicuencia y terrorismo. Como las personas son iguales en todas partes, aqui no tenemos excusa para atacar a nadie, pero aprovechamos el vehículo para demostrar que la humanidad no tiene remedio. Me imagino que es mucho pedir que los países se pongan de acuerdo para algo como acabar con el hambre y la guerra, cuando las personas ni siquiera somos capaces de respetar las normas de tráfico.
Habría que volver a los tiempos en que te encontrabas un policía en cada esquina para que de verdad la gente se respetara. Pero no es la solución evidentemente. Así que no espero grandes cosas tampoco a nivel internacional. La humanidad es igual en todas partes, me temo. En cuanto tienen ocasión y el poder para hacerlo te demuestran una y otra vez que el resto de la gente no les importa lo más mínimo.
De vez en cuando aparece uno que sí te deja pasar y entonces yo me quedo parada un momento, porque me pilla desprevenida, y nunca sabrá esa persona cuánto le agradezco su gesto. Esas personas me recuerdan que todavía hay gente que se preocupa, gente como vosotros, que piensa en los demás, y tal vez la humanidad sí que tenga remedio, aunque vaya tan poco a poco que casi no se note.
Tal vez las buenas intenciones y los gestos amables sea como granitos de arena que vayan formando una playa y algún día, aunque yo no le vea, seamos capaces de ponernos de acuerdo, no sólo para compartir las carreteras sin abusar de los demás, sino incluso para compartir el planeta Tierra dejando que los países pobres alcancen un nivel de vida digno. Soñar no cuesta nada.
Ultimas noticias
HE APROBADO!!!
Fui ayer a ver el exámen y he pasado por los pelos. La parte escrita, que pensaba que estaba bien, me había salido bastante mal. Pero el caso es que ya tengo por fin mi título de alemán, con veinte años de retraso. Y me ha gustado tanto este curso que quiero seguir el año que viene con cuarto.
Pero, como la felicidad no podía ser completa, el miércoles se me murió el pollito de carbonero. Lo peor es que estuve casi tres horas intentando sacarlo adelante y eso fue un mal trago.
A veces tengo la impresión de que tengo las alegrías contadas. Es decir, que por cada cosa buena que me pasa tiene que venir una mala. Por ejemplo, cuando empecé a salir con mi marido se murió mi perro, el mismo día. Cuando me dieron plaza en alemán, al poco se murió mi tortuga. Supongo que es casualidad, pero me hace pensar.
Hay veces que realmente me da un poco de miedo tener suerte en la vida. Tengo la superstición de que tiene que haber una contrapartida, y eso me hace sentir culpable cuando algo va bien.
En fin, no quiero deprimiros. Lo que ocurre es que hubiera preferido suspender parte del exámen y conservar al animalito.
Mis hijos también parece que van a aprobar el curso, las niñas con buenas notas. Así que el verano se presenta tranquilo.
Nos iremos a Asturias el quince de julio. Yo soy madrileña de casi tres generaciones, pero tenía una abuela asturiana a la que no llegué a conocer, y, sin embargo se ve que lo llevo en la sangre. Cuando voy allá me siento como en casa y creo que yo estoy hecha para ese clima. El calor me sienta fatal. Ya queda poco, y espero que todos disfrutemos de un buen verano.
Fui ayer a ver el exámen y he pasado por los pelos. La parte escrita, que pensaba que estaba bien, me había salido bastante mal. Pero el caso es que ya tengo por fin mi título de alemán, con veinte años de retraso. Y me ha gustado tanto este curso que quiero seguir el año que viene con cuarto.
Pero, como la felicidad no podía ser completa, el miércoles se me murió el pollito de carbonero. Lo peor es que estuve casi tres horas intentando sacarlo adelante y eso fue un mal trago.
A veces tengo la impresión de que tengo las alegrías contadas. Es decir, que por cada cosa buena que me pasa tiene que venir una mala. Por ejemplo, cuando empecé a salir con mi marido se murió mi perro, el mismo día. Cuando me dieron plaza en alemán, al poco se murió mi tortuga. Supongo que es casualidad, pero me hace pensar.
Hay veces que realmente me da un poco de miedo tener suerte en la vida. Tengo la superstición de que tiene que haber una contrapartida, y eso me hace sentir culpable cuando algo va bien.
En fin, no quiero deprimiros. Lo que ocurre es que hubiera preferido suspender parte del exámen y conservar al animalito.
Mis hijos también parece que van a aprobar el curso, las niñas con buenas notas. Así que el verano se presenta tranquilo.
Nos iremos a Asturias el quince de julio. Yo soy madrileña de casi tres generaciones, pero tenía una abuela asturiana a la que no llegué a conocer, y, sin embargo se ve que lo llevo en la sangre. Cuando voy allá me siento como en casa y creo que yo estoy hecha para ese clima. El calor me sienta fatal. Ya queda poco, y espero que todos disfrutemos de un buen verano.
Tengo dos pollitos de gorrión
Desde niña me encantan los animales, incluso los insectos y reptiles. Los animales de compañía han tenido un papel importante en mi vida. Yo no puedo tener una mascota en casa, como quien tiene un televisor nuevo. Me encariño mucho con ellos.
Tuve un perro durante dieciseis años. Era un setter irlandés. Para mí, que lo conocí con cuatro años, era un miembro de mi familia. Yo le cuidaba y lo sacaba a pasear todos los días. Cuando murió estuve llorando bastante tiempo y todavía hoy le recuerdo con cariño.
Mi experiencia más importante en estos años fue la vida de mis tortugas. Aunque muchos puedan pensar que esos animales son como piedras, que apenas se mueven, las mías nos hacían mucho caso porque no eran tortugas comunes.
Sobre ese tema escribí varios post en su momento. Ahora los releo y me da lástima porque las tortugas también se me murieron. La verdad es que yo había hecho una apuesta importante por conservar al menos a una de ellas (la más sana de las dos) el mayor tiempo posible. Pero sólo fui capaz de mantenerla tres años.
Tal vez no sirvo para cuidar mascotas. Así que no debería haber recogido un pollito que encontré en la calle hace dos semanas. De momento parece que está sano, pero come poco y tengo miedo de que se me acabe muriendo. No quiero darles otro disgusto a los niños. Y, si sobrevive, la idea era soltarlo. Pero no sé si podremos hacerlo o no porque vuela bastante poco.
En fin, que no escarmiento y me he vuelto a encariñar con un animal. Espero que esta vez el final de la historia merezca la pena.
Y después de escribir este post en borrador, salí a la calle y encontré otra cría de gorrión caída del nido, así que ahora son dos. La segunda de momento no come nada. Ya os contaré si consigo sacarlas adelante. Vaya líos que me busco yo sola.
Tuve un perro durante dieciseis años. Era un setter irlandés. Para mí, que lo conocí con cuatro años, era un miembro de mi familia. Yo le cuidaba y lo sacaba a pasear todos los días. Cuando murió estuve llorando bastante tiempo y todavía hoy le recuerdo con cariño.
Mi experiencia más importante en estos años fue la vida de mis tortugas. Aunque muchos puedan pensar que esos animales son como piedras, que apenas se mueven, las mías nos hacían mucho caso porque no eran tortugas comunes.
Sobre ese tema escribí varios post en su momento. Ahora los releo y me da lástima porque las tortugas también se me murieron. La verdad es que yo había hecho una apuesta importante por conservar al menos a una de ellas (la más sana de las dos) el mayor tiempo posible. Pero sólo fui capaz de mantenerla tres años.
Tal vez no sirvo para cuidar mascotas. Así que no debería haber recogido un pollito que encontré en la calle hace dos semanas. De momento parece que está sano, pero come poco y tengo miedo de que se me acabe muriendo. No quiero darles otro disgusto a los niños. Y, si sobrevive, la idea era soltarlo. Pero no sé si podremos hacerlo o no porque vuela bastante poco.
En fin, que no escarmiento y me he vuelto a encariñar con un animal. Espero que esta vez el final de la historia merezca la pena.
Y después de escribir este post en borrador, salí a la calle y encontré otra cría de gorrión caída del nido, así que ahora son dos. La segunda de momento no come nada. Ya os contaré si consigo sacarlas adelante. Vaya líos que me busco yo sola.
Mi marido es tecnoadicto
Me casé con un ingeniero, puede que eso explique todo. Su trabajo es para él media vida, es mucho más que una obligación, es una vocación desde niño, algo que le absorbe.
Copiando a Eva diré que no sé realmente si soy una de sus obligaciones o una afición, pero me conformo con que me haga un hueco en algún sitio. Mi pareja es muy bueno en su trabajo, porque se entrega en cuerpo y alma a lo que hace, por eso, hay temporadas en que sé que apenas puedo contar con él. Es lo que hay.
Pero lo que llevo peor es su aficción a la tecnología. Tiene un novia, que se llama Palm. Es un aparatito diabólico de agenda electrónica, una especie de ordenador de bolsillo, donde lo mismo puede leer un libro, que escribir, recibir mails, navegar por internet, consultar mapas, escuchar música, manejar la tele, traducir frases, y no sé ni cuántas cosas más.
Así que cuando estamos sentados en el sofá, mientras yo leo o veo la tele, él puede estar trabajando o leyendo revistas en inglés, o viajando por el mundo, y así es difícil que me preste atención...
La Palm, el ordenador, internet, el piano digital y cualquier cosa con chips y baterías se interponen entre nosotros. Es superior a él. Pero ya sé que es así, lo tomas o lo dejas. Me casé con un tecnoadicto.
Yo, que tengo el disco duro rayado, mis gráficos dejan mucho que desear y mi sistema operativo no está actualizado. Mi procesador ya no funciona como antes y mi impresora no es último modelo. ¿Cómo voy a competir con toda esa tecnología de vanguardia?
Por suerte en alguna parte, todavía conserva un corazón cálido, que sabe que todo ese metal no le puede ofrecer lo más importante: un amor verdadero.
Copiando a Eva diré que no sé realmente si soy una de sus obligaciones o una afición, pero me conformo con que me haga un hueco en algún sitio. Mi pareja es muy bueno en su trabajo, porque se entrega en cuerpo y alma a lo que hace, por eso, hay temporadas en que sé que apenas puedo contar con él. Es lo que hay.
Pero lo que llevo peor es su aficción a la tecnología. Tiene un novia, que se llama Palm. Es un aparatito diabólico de agenda electrónica, una especie de ordenador de bolsillo, donde lo mismo puede leer un libro, que escribir, recibir mails, navegar por internet, consultar mapas, escuchar música, manejar la tele, traducir frases, y no sé ni cuántas cosas más.
Así que cuando estamos sentados en el sofá, mientras yo leo o veo la tele, él puede estar trabajando o leyendo revistas en inglés, o viajando por el mundo, y así es difícil que me preste atención...
La Palm, el ordenador, internet, el piano digital y cualquier cosa con chips y baterías se interponen entre nosotros. Es superior a él. Pero ya sé que es así, lo tomas o lo dejas. Me casé con un tecnoadicto.
Yo, que tengo el disco duro rayado, mis gráficos dejan mucho que desear y mi sistema operativo no está actualizado. Mi procesador ya no funciona como antes y mi impresora no es último modelo. ¿Cómo voy a competir con toda esa tecnología de vanguardia?
Por suerte en alguna parte, todavía conserva un corazón cálido, que sabe que todo ese metal no le puede ofrecer lo más importante: un amor verdadero.
De todo un poco
Estoy emocionada por vuestro mensajes de apoyo. Sin embargo, me temo que no tengo muy buenas noticias.
El exámen oral no me salió bien porque me puse muy nerviosa. Tuve una recaída de timidez muy inoportuna y me quedé en blanco un par de veces, a pesar de haberme tomado una tila. Con todo, espero poder llegar al cinco, porque utilicé más o menos las expresiones que correspondían a ese tema.
El escrito tenía tres partes: lo de comprensión de lectura y escritura creo que me salió muy bien, pero lo de escuchar unos vídeos y contestar unas preguntas puede ser que no lo apruebe.
Lo bueno es que cada parte es independiente y se puede ir al exámen de septiembre para repetir solamente una parte o dos. El día quince salen las notas y ya os contaré si ha habido suerte.
Lo que pasa es que este exámen tiene su parte de estudiar y su parte de suerte o de inspiración que tengas en ese momento y ahí es donde yo he fallado y no he tenido mucha suerte.
Pero bueno, lo importante es que ya está hecho y me he quitado un gran peso de encima, de momento.
Sobre lo que me habéis comentado de los adolescentes, es verdad que es una edad difícil y hay que estar mucho encima de ellos. Mi hijo mayor, por ejemplo, cada vez estudia menos tiempo, y yo le digo que hay que prepararse para un siete y quedarse en un cinco, con mala suerte, pero no sirve prepararse para cinco. Cruzo los dedos a ver si esta evaluación trae todo aprobado. Las niñas de momento son bastante responsables, pero nunca se sabe.
En cuanto a mi sobrino, no me da lástima porque viva con sus padres, sino porque me parece que no vive la vida a fondo.
Bueno, muchas gracias por vuestro interés. Me habéis ayudado mucho a seguir esforzándome hasta el final y no rendirme.
El exámen oral no me salió bien porque me puse muy nerviosa. Tuve una recaída de timidez muy inoportuna y me quedé en blanco un par de veces, a pesar de haberme tomado una tila. Con todo, espero poder llegar al cinco, porque utilicé más o menos las expresiones que correspondían a ese tema.
El escrito tenía tres partes: lo de comprensión de lectura y escritura creo que me salió muy bien, pero lo de escuchar unos vídeos y contestar unas preguntas puede ser que no lo apruebe.
Lo bueno es que cada parte es independiente y se puede ir al exámen de septiembre para repetir solamente una parte o dos. El día quince salen las notas y ya os contaré si ha habido suerte.
Lo que pasa es que este exámen tiene su parte de estudiar y su parte de suerte o de inspiración que tengas en ese momento y ahí es donde yo he fallado y no he tenido mucha suerte.
Pero bueno, lo importante es que ya está hecho y me he quitado un gran peso de encima, de momento.
Sobre lo que me habéis comentado de los adolescentes, es verdad que es una edad difícil y hay que estar mucho encima de ellos. Mi hijo mayor, por ejemplo, cada vez estudia menos tiempo, y yo le digo que hay que prepararse para un siete y quedarse en un cinco, con mala suerte, pero no sirve prepararse para cinco. Cruzo los dedos a ver si esta evaluación trae todo aprobado. Las niñas de momento son bastante responsables, pero nunca se sabe.
En cuanto a mi sobrino, no me da lástima porque viva con sus padres, sino porque me parece que no vive la vida a fondo.
Bueno, muchas gracias por vuestro interés. Me habéis ayudado mucho a seguir esforzándome hasta el final y no rendirme.
Llegó el momento
El día que tanto temía ha llegado: el martes tengo el exámen oral de alemán. He estudiado un montón, pero tengo miedo de quedarme en blanco. Luego el miércoles tengo cuatro horas de exámen escrito, con su parte de comprensión oral, escrita y redacción.
Ya sé que no me va nada importante en ello, no es una oposición, pero es importante para mí. Además tengo miedo de fracasar por mis hijos, porque me han visto estudiar y no quiero que piensen que no merece la pena, con lo que me cuesta que se esfuercen.
Bueno, sobretodo el chico, que está en la edad difícil, quince años, porque las niñas de momento siguen sacando buenas notas.
Pero el caso es que me siento responsable por todos, por las horas en que les dejo sólos y me voy a clase y la verdad es que me siento un poco culpable, aunque sé que en el fondo es bueno para todos. Porque pienso que es importante que vean que a mí también me gusta estudiar y que tengo mis propios intereses. Pero la verdad es que sí que se quejan un poco de que me vaya y es que están acostumbrados a verme siempre en casa a su disposición.
Lo que pasa es que ya van siendo mayores y pienso que tengo que ir dejándoles aire para que ejerciten sus alas. Porque a mí me encanta tenerlos en casa ahora, pero más adelante me gustaría que fueran independientes, que tengan sus amigos, sus planes y que no tengan miedo de salir al mundo a buscar lo que quieren.
Tengo un sobrino de ventiséis años que sigue viviendo en casa de sus padres y, que yo sepa no ha tenido novia, y pocos amigos, y ni siquiera ha terminado la carrera. Sus padres y él parecen tan felices, pero cuando yo lo veo me da lástima, porque pienso en lo que se está perdiendo. A mí me educaron en la idea de que cada cual tiene que cometer sus propios errores, pero para eso hay que salir a arriesgarse, no quedarse encerrado en el cascarón.
Y lo digo yo, que soy supercasera. Es que hay un tiempo para cada cosa. Ahora ha llegado mi momento de buscar nuevos horizontes, y espero no echarlo todo a perder el martes. Acordaros de mí.
Ya sé que no me va nada importante en ello, no es una oposición, pero es importante para mí. Además tengo miedo de fracasar por mis hijos, porque me han visto estudiar y no quiero que piensen que no merece la pena, con lo que me cuesta que se esfuercen.
Bueno, sobretodo el chico, que está en la edad difícil, quince años, porque las niñas de momento siguen sacando buenas notas.
Pero el caso es que me siento responsable por todos, por las horas en que les dejo sólos y me voy a clase y la verdad es que me siento un poco culpable, aunque sé que en el fondo es bueno para todos. Porque pienso que es importante que vean que a mí también me gusta estudiar y que tengo mis propios intereses. Pero la verdad es que sí que se quejan un poco de que me vaya y es que están acostumbrados a verme siempre en casa a su disposición.
Lo que pasa es que ya van siendo mayores y pienso que tengo que ir dejándoles aire para que ejerciten sus alas. Porque a mí me encanta tenerlos en casa ahora, pero más adelante me gustaría que fueran independientes, que tengan sus amigos, sus planes y que no tengan miedo de salir al mundo a buscar lo que quieren.
Tengo un sobrino de ventiséis años que sigue viviendo en casa de sus padres y, que yo sepa no ha tenido novia, y pocos amigos, y ni siquiera ha terminado la carrera. Sus padres y él parecen tan felices, pero cuando yo lo veo me da lástima, porque pienso en lo que se está perdiendo. A mí me educaron en la idea de que cada cual tiene que cometer sus propios errores, pero para eso hay que salir a arriesgarse, no quedarse encerrado en el cascarón.
Y lo digo yo, que soy supercasera. Es que hay un tiempo para cada cosa. Ahora ha llegado mi momento de buscar nuevos horizontes, y espero no echarlo todo a perder el martes. Acordaros de mí.