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A contracorriente
Trata sobre reflexiones personales
Acerca de
Soy una mujer de mediana edad con hijos adolescentes y disfruto escribiendo mis pensamientos; también leyendo los de los demás. Quiero ver más allá de las cosas y las personas, quiero comprender el sentido de todo. Tal vez pido demasiado, pero no dejaré de intentarlo.
Sindicación
 
Vuelta al colegio
No sé cómo agradeceros a todos vuestras frases de ánimo. Sigo intentando recuperar mi serotonina, que debe estar en alguna parte. Os voy a contar uno de lo motivos de que no quiera volver al "cole".
Me cuesta mucho escribir este post, porque todo lo que tiene que ver con la violencia me descompone, y más con niños.Tengo tres hijos. Les enseñé a ser tolerantes, a no meterse jamás con los débiles o los que tienen algún defecto. Les enseñé, como me enseñaron a mí, el "vive y deja vivir" y creo que lo hice bien. Mis hijos son de aquellos que se portan bien y se mantienen al margen de las disputas de la clase.

Tal vez me equivoqué... Tenía que haberles enseñado a ser duros, a defenderse con palabras y golpes, a no dejarse comer el terreno, y sin duda no se hubieran metido nunca con ellos. Los tres han sido víctimas más de una vez de los matones de turno. Por ejemplo, mi hija pequeña tuvo que soportar durante tres años a una compañera que tenía la bonita costumbre de venir corriendo detrás suyo y pegarle un empujón para tirarla.

Cada vez que hablaba con el tutor me decía que la otra niña estaba mejorando mucho, porque tenía muchos problemas. Así que todavía teníamos que estar agradecidos. He ido muchas veces a hablar a los colegios y me han dicho de todo: que yo quería armar un escándalo, que estaba poniendo en entredicho la autoridad de los profesores, que tenía que probar lo que había ocurrido (pero mis hijos no llevan cámaras de vídeo), que era simplemente mentira, que ellos habían empezado... Por cierto, mis hijos van a buenos colegios y vivimos en un barrio tranquilo de Madrid, no es el Bronx.

Sólo espero que este curso no me toque otra vez ponerme la armadura y marchar al colegio a defender a mis hijos, porque yo no sirvo para esto, soy demasiado sensible.
 
Confesiones
Hacía tiempo que no escribía. La verdad es que la mayoría de los post que he publicado este verano ya los había escrito hace tiempo. Pero tengo excusa, todavía no me he recuperado del todo de los vértigos.
El primer mes estaba hecha polvo, el segundo sólo me sentía como si acabara de bajar de un barco. Pero, como dice el médico, lo peor es el miedo. Me he quedado con tanto miedo a que me repitan que casi no me atrevo a hacer movimientos bruscos o a cansarme demasiado. Además también me he quedado un poco "depre".
Estoy avergonzada de mi misma, porque tengo una cuñada con cáncer, la pobre, y está más animosa que yo. Yo, es que nunca he tenido mucha energía, la verdad. Si me llega a pasar algo importante estaría totalmente hundida. Soy un desastre.
No sé de dónde voy a sacar fuerzas para todo el curso que nos queda por delante. Pero intento animarme, me riño a mí misma y espero conseguirlo poco a poco. El problema es que me parece que me han robado las vacaciones. Aunque, aparte de la salud, por lo demás estaban muy agradables.
Me alegro de que estéis de acuerdo con mis opiniones sobre Victoria Beckam . Eso demuestra que tenemos mucho en común a pesar de llevar vidas tan diferentes. Me gusta vuestra compañía. Estoy encantada con el grupo de gente que he llegado a conocer a través de internet, aunque no nos hayamos visto nunca. Leyendo vuestras historias espero poder librarme pronto de esta tonta melancolía.
 
La famosa Vicky
Se me olvidó decir que tampoco me gusta la gente sin personalidad que se deja llevar por lo que está de moda y la gente famosa. Pensándolo bien la mayoría de la gente no es mala, es que se escudan en el grupo para hacer cosas que no harían sólos.
Siguiendo con el post anterior, me he acordado de Victoria Beckan. Y sí, tal vez esta mujer sea una buena madre y una hija modelo. No la conozco lo suficiente para saber sus virtudes, que tendrá.
Lo que sí veo es que está enamorada de sí misma. Acabo de leer algo sobre un armario que se ha comprado con un ordenador que le dice que ropa se ha puesto ya y una cámara en tres dimensiones para ver cómo le queda la ropa.
Lo peor no es que se gaste millonadas en eso, sino que se sepa. Seguro que las Koplovich, por ejemplo también gastan eso y más, pero no se encargan de que el mundo lo sepa, más bien al contrario.
Ese afán de Vicky de que nos enteremos de todos los detalles de su vida es claramente para darnos envidia. Está obsesionada con su imagen y con ser un ejemplo, un icono de la moda, y por desgracia sí lo es, y además viven toda la familia de ello.
Más valía que se gastara el dinero en filetes, porque la mujer está en los huesos y supongo que no anda muy bien de salud. Me imagino que clase de complejos debe tener esta señora para estar tan empeñada en que todo el mundo esté pendiente de ella.
En cuanto a su marido, que ya de futbolista tiene poco, la belleza también tiene caducidad. Sin embargo, él no parece tan engreído de sí mismo, simplemente se deja llevar por la situación. Da la impresión de que ella lo exhibe como un trofeo, extraño amor. Sus hijos supongo que serán los perjudicados de esa vida tan artificial que llevan, pendientes siempre de los demás. Pero si son felices, por mí que les aproveche. Hay gente peor. Lo que siento es que no gasten parte de su dinero en otras causas más nobles. De todas maneras, la culpa en el fondo es nuestra por prestarle tanta atención.


 
La gente que me gusta
Tengo la desgracia de que creo que conozco demasiado bien a la gente. Algunos pensarían que es una ventaja, pero no lo es. El problema es que la mayor parte de la gente que conozco no me interesa.
Pensarán que soy una soberbia, pero es simplemente que soy incapaz de relacionarme con gente que no me merece la pena. Ya cuando era jovencita me costaba mucho salir con chicos porque no estaba dispuesta a perder el tiempo con cualquiera, sólo por pasar el rato, así que me miraban como un bicho raro.
Ahora tengo una hija con el mismo problema que yo. Mi madre según me cuenta también lo tiene, es hereditario. Se trata de que cuando conozco a alguien, al poco rato ya sé de qué pie cojea. Si es demasiado autoritario, o demasiado libertino, si es de los que no piensan en los demás, o de los que se creen en posesión de la verdad absoluta; un extremista, en una palabra.
Yo sólo me entiendo bien con la gente flexible, los tolerantes, los amantes de la vida sencilla, los que sienten y padecen. Y somos pocos, me temo. Hoy en día la mayoría de las personas no tienen otra cosa en la cabeza que ambición, competividad y agresividad.
Lo siento, pero soy incapaz de hacer cómo que no me importa cuando encuentro a alguien por ejemplo que defiende a los toreros. Tampoco cuando veo a quien no saben educar a sus hijos y les permiten que molesten a los demás, o cuando los maltratan. Me resulta muy difícil también conversar con personas radicales en la política, los que justifican las guerras o el terrorismo.
En fin, que me gustaría ser de otra manera, más fría, más imparcial, pero como no puedo evitarlo, solamente me queda sobrellevarlo.
 
Musulmanes y cristianos
Yo creo que el problema de relación entre musulmanes y cristianos no es una cuestión de religión. De hecho la Biblia y el Corán no se diferencian tanto. Si se lee a fondo también en el cristianismo antiguo hay referencias machistas y misóginas. Es una cuestión de mentalidad, porque la liberación de la mujer no tiene ni un siglo de vida.
Yo he estudiado algo de cultura e idioma árabe y por eso creo que puedo opinar y pienso que es más bien un problema de desarrollo.
Los musulmanes tienen una mentalidad derrotista que les ha impedido en general alcanzar lo que supuso la revolución industrial en Europa y América. Quiero decir que pretenden abandonarse a la voluntad de Dios y eso implica no hacer ningún esfuerzo por mejorar sus condiciones de vida, por cambiar las cosas. Siendo así, muchos de ellos siguen viviendo y trabajando igual que en el medievo.
La religión es realmente su modo de vida, interviene en sus relaciones familiares y muy especialmente en las relaciones sociales. Para ellos es fundamental quedar bien, ser bien vistos por su comunidad y eso les obliga a seguir la tradición, aunque no les guste demasiado, por lo menos de puertas para afuera.
Pero yo creo que esa mentalidad viene también de la pobreza. Las personas que sufren necesidad dependen más de sus familias y su pueblo y por ello necesitan estar integrados. La independencia económica supone también libertad para elegir con quién te relacionas, donde vives y cómo te comportas.
Yo pienso que promocionando realmente su desarrollo a medio plazo se acabarían las diferencias entre nosotros de un modo natural y sin tensiones, y todos ganaríamos mucho con el acercamiento.
 
Solidaridad
Este año he decidido empezar a actuar. No es suficiente con simpatizar con una causa y dejar que otros hagan el trabajo. Así que mis regalos de Navidad los compré todos de comercio solidario por internet. Al fin y al cabo, si me gasto demasiado dinero, al menos que sea a beneficio de alguien, no de las multinacionales.
He apadrinado una niña en Uganda, aunque sé que no voy a recibir a cambio más que un par de dibujos por año. Si yo pudiera... me apuntaría a todas las ongs y también a los grupos de protección animal, que una cosa no quita la otra.
Lo que me da realmente rabia es cuando veo que la gente a la que le sobra el dinero, se lo gastan en lujos absurdos que no benefician a nadie, como acumular ropa de marca en el armario o coleccionar coches, yates y aviones. No digamos ya si pienso en el dinero que gastan algunos países en armas y guerras absurdas. Que si todo ese dinero, o sólo una parte se empleara para ayudar a Nigeria, por ejemplo, cuánta gente podría salir de la miseria y la enfermedad.
Es como lo del sida, una enfermedad de la que ya sólo mueren los pobres, porque los ricos pagan antivirales y van tirando. Mientras que la humanidad siga permitiendo estas situaciones tendré que pensar que no hemos aprendido nada en cinco mil años de historia.
A veces se oye alguna noticia que llama a la esperanza, como que la deforestación en el mundo ha descendido, por lo menos en algunas zonas; o lo poco que pueden conseguir las ongs por su cuenta.
Que aunque parezca poco en la globalidad, es muy importante para las personas a las que beneficia, y cada persona cuenta, aunque sólo sea un número entre muchos, por desgracia.
Sólo quisiera pensar que poco a poco las cosas van a ir a mejor, a pesar de los esfuerzos de unos cuantos por echarlo todo a perder.
Así que mientras yo pueda poner mi granito de arena, lo haré.
 
vacaciones a la medida
Es curioso ver lo que significan las vacaciones para diferentes personas, según sus gustos y sus necesidades.
Una mayoría piensa que vacaciones significa ir a la playa y poco más. Son los que bajan a la playa a las doce y se quedan hasta las ocho de la tarde, comida incluída, que se han traído en una nevera. Por supuesto eligen un sitio con aglomeraciones y a la tarde todo lo más se van de compras o a un chiringuito atestado a cenar.
Esto es como salir de la ciudad sin llegar a salir, especialmente es típico de Benidorm y otros pueblos masificados de los que abundan.
En el otro extremo están los que se pierden en el monte y se dedican a la vida sana. Entre éstos hay mucha afición a los deportes de riesgo como alpinismo o piragüísmo, aunque sólo lo practiquen en verano.
También hay quien, teniendo familia, deciden encasquetarsela a los abuelos y se van la pareja sólos en plan diversión quinceañera.
Pero para abusar de la familia, están los gorrones, que se meten en casa de un pariente y se tiran el verano, aunque estén como sardinas en lata y tengan que dar número para el cuarto de baño. Estos también abundan mucho. Es el tipo más español.
Es habitual que parte del verano se envíe a los niños a un campamento de verano, donde principalmente se dedican a dejarlos agotados. Muchos de ellos son en plan Indiana Johnes y ya me han contado varios casos de accidentes graves, pero la gente es muy inconsciente y además la moda manda.
En cuanto a mí, busco un poco de todo. Me gusta la playa tranquila, no más de dos horas. Me gustan los paseos, preferiblemente a conocer sitios nuevos. Deporte la verdad es que poco. Lo que más me gusta realmente es pasar unos días con mi marido y mis hijos, sin demasiadas interferencias de familia y amigos o compromisos varios. Porque hay gente que se complica tanto que al final necesitarían unas vacaciones para descansar de las vacaciones.
Se me olvidaba, que también hay quien por huir del jaleo se mete en otra playa masificada al otro lado del Atlántico y encima le cuesta un dineral. Eso sí, para luego presumir con todo el mundo.
En fin, lo que es una pena es que la gente no descubra lo bien que se pasan las vacaciones en tu propia casa, ningún sitio más cómodo, sobretodo en Madrid en agosto, sin arruinarse, sin obligaciones y con todas las ventajas a tu favor. Claro, que si lo descubrieran ya no se estaría tan bien por aquí..., así que no he dicho nada.
 
El regreso a la rutina
El problema de las vacaciones en España es que son demasiado largas, sobretodo para los niños. En otros países tienen varios periodos de vacaciones a lo largo del año y en total son más días de vacaciones además.
Aquí vivimos dos vidas cada año: diez meses de rutina sin descanso y horarios imposibles, que no nos permiten disfrutar del ocio y la familia; seguidos por dos meses de descanso obligatorio, donde la gente habitualmente extresada no encuentra como llenar el tiempo y se acaban aburriendo. Incluso los niños.
El problema es que en Madrid por lo menos, en verano hace tanto calor que costaría demasiado esfuerzo y dinero (en aire acondicionado) intentar trabajar un mes más, o ir al colegio.
Así que no nos queda más remedio que desconectar por dos meses, aunque luego sólo podamos permitirnos una quincena de viaje.
Y llega el momento de volver a la rutina y se hace muy cuesta arriba. Para los niños es un verdadero trauma, aunque en el fondo ya llega un momento en que les apetece volver con los compañeros.
El problema es que es demasiado brusco el cambio, demasiado contraste entre un día no tener obligaciones y al día siguiente estar otra vez madrugando y regresando tarde a casa, y llevando a los niños a las clases extraescolares que casi todos tienen.
Habría que buscar un sistema para no agobiarnos tanto tiempo seguido: tres días de vacaciones cada mes, por ejemplo. Porque luego hasta Navidad y semana Santa faltan tres meses. Pero ya sé que eso no es económicamente viable, en este país por lo menos.
En fin, que no nos queda más remedio que adaptarnos así, sin anestesia, y esperar que al menos nos vayan bien las cosas.
 
De vuelta en casa
Se acabaron mis vacaciones, sólo dos semanas. La verdad es que se me hace corto. Por eso estoy pensando si algún día podré comprar una casita en Asturias, para poder ir más tiempo, porque los alquileres a quince días están muy caros y además es difícil que pueda ir todo el mes seguido.
Lo que me pasa es que me da mucha pereza volver, pero cuando estoy aquí siempre pienso lo mismo: que no está tan cómodo como en tu casa en ningún sitio. Porque en casa tienes tu cama sobretodo, que tal vez no sea la mejor, pero estás acostumbrado a ella. Yo me pregunto si serviría comprar la misma cama para otra casa, o si seguirás extrañando la temperatura, el grado de humedad y esas cosas. Para un apartamento de vacaciones, supongo que compraría algo más barato de todas maneras.
El sofá que tengo, que está el pobre hecho una pena, con los muelles por fuera, sin embargo también me parece el más cómodo del mundo. La televisión en la costa no hay manera de que se vean bien todos los canales. La ducha nunca sale a tu gusto, sobretodo si tienes calentador y estás pendiente de encender y apagar.
En la cocina, sin embargo, es donde más se nota que no estás en tu casa. Te faltan algunos accesorios sencillos que hacen más cómodo el cocinar, pero lo más importante es el friegaplatos.
Habría que hacerle un monumento al inventor de ese aparato. Porque lo que más rabia me da de salir de vacaciones es tener que fregar los platos. Que lo que no haces nunca en casa tengas que hacerlo cuando se supone que vas a descansar, es una faena.
Si algún día me compro una casita, lo primero que voy a hacer es poner un friegaplatos, o si no, casi no me compensa la compra. Pero, de todas maneras, no creo que tenga la posibilidad. Así que la próxima vez tendré que aceptar las vacaciones con sus pros y contras y darme por satisfecha, porque nunca se sabe.
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