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A contracorriente
Trata sobre reflexiones personales
Acerca de
Soy una mujer de mediana edad con hijos adolescentes y disfruto escribiendo mis pensamientos; también leyendo los de los demás. Quiero ver más allá de las cosas y las personas, quiero comprender el sentido de todo. Tal vez pido demasiado, pero no dejaré de intentarlo.
Sindicación
 
Africa
Estaba pensando en buscar regalos de Navidad en Internet, porque, a pesar de todo, yo sigo apoyando a algunas ongs. Aunque el caso del "arca de Zoé", me parece espantoso.
La cuestión es que el continente africano hoy por hoy tiene muy mal arreglo. Empezamos porque está lleno de dictaduras y de gente que se queda con los beneficios de la venta de materias primas, que es practicamente el único medio de vida que tienen. Cuando sigues la maraña de los intereses, resulta que hay multinacionales apoyadas por países que presumen de demócratas, como Francia o Estados Unidos, que se están beneficiando de los conflictos internos.
Cuando se trata de organizar un país, se encuentran con tribus enfrentadas, más de quinientos idiomas distintos y los accidentes geográficos. Así es casi imposible hacer infraestructuras.
Luego están las tradiciones. Está muy bien que la gente conserve sus costumbres ancestrales, pero a veces suponen un freno al desarrollo. Por ejemplo, la poligamia, o el hecho de que las niñas se casen a los catorce y tengan tantos hijos. Es imposible que puedan defender sus derechos en esa situación.
También están las enfermedades endémicas, que casi no tienen tratamientos, y no digamos el SIDA, que está acabando con millones de personas. Convencerles de que utilicen preservativos, aunque los tuvieran, es casi imposible, y la fidelidad no digamos.
Cada país tiene una problemática tan complicada, que si pusieran expertos a estudiarla, aún así dudo que encontraran una solución. Especialmente cuando se trata de pensar hasta qué punto tenemos derecho a decirles lo que tienen que hacer.
Por otra parte, hay costumbres como la ablación del clítoris o el canibalismo incluso que, no por ser tradiciones, tienen que ser respetables. Tal vez el hecho de no querer inmiscuirnos demasiado sea la causa de que ellos no puedan salir de la pobreza. Pero, sin embargo, intentar intervenir tampoco da buenos resultados.
Así que me temo que lo único que queda, lo menos malo, son algunas ongs, que intentan mejorar sus condiciones de vida.
 
Historia de un fracaso
Carmencita, que debe ser muy psicóloga, me ha pillado. Pero no estoy tanto triste, sino decepcionada.
Os voy a contar una historia. Había una vez una bloguera que llevaba ya tiempo escribiendo una bitácora. Al principio, no tenía lectores porque no sabía como darse a conocer. Con el tiempo, consiguió hacerse con un grupo de blogs interesantes y los puso de enlaces, para así poder seguirse mutuamente.
La bloguera era una persona de pensamiento tradicional, católica y más bien de derechas, así que no tenía mucho en común con los demás. Sin embargo, desde el principio reinaba el respeto en el blog y, aquellos que discrepaban con ella, se lo hacían saber con toda educación y razonando sus diferencias.
Así que la bloguera estaba contenta, pero quiso ser demasiado ambiciosa. Quería que sus post antiguos llegaran a más gente, y abrió un nuevo blog en otra página.
El sitio que eligió teoricamente era visitado por gente más parecida a ella, cuarentones, amas de casa y madres. Pero curiosamente nunca parecían estar de acuerdo con ella. Y, no sólo eso, sino que se lo hacían saber sin ninguna consideración ni delicadeza, de manera que la bloguera andaba siempre disgustada. Aún así seguía, porque no sabía si tenía otros lectores que no comentaran habitualmente, pero que apreciaran sus ideas.
Aunque llevar dos blogs al día le daba mucho trabajo, la bloguera consiguió su minuto de gloria en una revista de ámbito nacional, pero a un alto precio. Pasó el tiempo y la bloguera publicaba los mismos artículos en los dos blogs. Mientras que en uno le llegaban comentarios con reflexiones profundas, en el otro le seguían contestando tonterías.
Y llegó un día en que la bloguera decidió hablar de un tema muy serio que le importaba mucho, y entonces pudo comprobar lo que ya sospechaba: que la gente del otro blog no merecía la pena.
Así que borró el otro blog, pero le quedó un sabor de boca amargo, y suerte que todavía le queda uno: el de las personas diferentes que, sin embargo estáis abiertos a todas las opiniones y valoráis a cada cual por sí mismo. Fin.
 
Año nuevo, blog nuevo
Sobre el post anterior, no me refiero a que alguien "se sienta perjudicado", sino a que lo esté realmente. Hay mucho paranoico.
He retrocedido a las primeras entradas de mi blog y he borrado el primer año. No es que hiciera falta y además muchos post estaban repetidos, pero me he sentido mejor así.
Algunas experiencias que contaba forman ya parte del pasado y no tenía mucho sentido conservarlas a la vista. Tengo una copia de seguridad en el disco duro. La voy a pasar a un CD y así no pierdo nada.
Hay veces en la vida que uno necesita descargarse un poco de recuerdos para poder mirar hacia adelante. Aún sabiendo que esas historias tienen mucho que ver con lo que soy ahora. Es como hacer limpieza en la casa, cosa que yo siempre voy dejando para otro día, y así tengo yo todas las habitaciones a rebosar.
Creo que es sano, de vez en cuando, hacer un esfuerzo para olvidar el pasado y no dejar que la nostalgia nos corte las alas. Según dicen el cerebro no podría funcionar si no descartara parte de la información.
Ahora, la verdad es que estoy encantada con mi clase de gimnasia china. Es justo lo que andaba necesitando, porque además de que nunca he estado en forma, ultimamente me había dejado mucho.
Nos reímos un montón porque la mayoría de las señoras son mayores que yo y los ejercicios no nos salen demasiado bien. El ambiente es muy agradable. Lo único que no he conseguido es intimar con alguien lo suficiente para poder salir a tomar café algún día y charlar de nuestras cosas. Sin embargo, creo que de momento no voy a intentar cambiarme de grupo, por si acaso en otro no encajo tan bien.
Más vale que vaya recargándome de energía positiva, porque se acerca la Navidad y yo la llevo fatal. Quiero daros las gracias otra vez porque vuestros blogs me ayudan mucho a salir de mí misma y abrirme al mundo. Un beso.
 
El límite
En el artículo anterior hablábamos de que el respeto empieza por saber poner límites. De ese modo no tendríamos que inventar ahora la segregación sexual, que para mí es dar un paso atrás.
Estos días he estado preguntándome dónde está el límite hasta el que una persona puede soportar una situación.
Por ejemplo, en la pareja, es muy complicado. Porque a veces piensas que no puedes más y, pasado el tiempo, ya no le das tanta importancia. Las emociones del momento te nublan la razón y a veces resulta que estás dándole más valor de lo que tiene.
Sin embargo, está claro que hay cosas que no se deben admitir como la infidelidad y los malos tratos. Y en estos casos es mejor cortar por lo sano que hacer la vista gorda, porque si ya lo has admitido una vez no tienes fuerza para negarlo la siguiente.
Eso pasa también con los niños. Mi suegra dice que los hijos llevan un notario pequeñito dentro que toma nota de todo lo que dices y haces. De manera que, si luego quieres negarles algo que antes habías permitido, el niño se acuerda y ya no te hace caso.
Aunque quiera muchísimo a mis hijos, he tenido muy claro desde el principio que tenía que ponerles límites, porque el respeto entre las personas solamente funciona si es mutuo. Pero esto tienen que aprender cuando son pequeños, porque luego llega la adolescencia y todo lo que les dices les parece una tontería.
El límite entre los adultos depende de cada persona. Yo creo que aguanto mucho en general, pero cuando me harto ya no hay vuelta atrás. Hay cosas que no admito. No me gustan las personas que parecen estar conformes con todo y con todos, porque creo que en la vida hay veces en que uno debe definirse para bien o para mal.
Si no lo haces, luego no puedes quejarte de las consecuencias.
¿Dónde está el límite que separa el acoso escolar de los juegos de niños?, ¿y el límite entre el coqueteo y el acoso sexual?, ¿dónde está el límite entre la libertad y el abuso?
En mi opinión, cuando alguien sale seriamente perjudicado. Entonces es cuando debemos decir: hasta aqui hemos llegado y no voy a admitir esto nunca más. Nuestros derechos acaban donde empiezan los derechos de los otros.
 
Sobre la dignidad
"Cualidad de la persona que se respeta a sí misma y merece el respeto de los demás".
La dignidad de la persona para mí viene a ser el derecho que todos tenemos de que se nos valore como un ser inteligente, con sentimientos, necesidades y gustos personales. Pero es verdad que, para que los demás nos valoren, tenemos que empezar por valorarnos nosotros mismos. Por otra parte, es mutuo. Para reclamar tu derecho a la dignidad personal, es imprescindible que tú también respetes la ajena.
¿Cómo se respeta uno a sí mismo? Siendo consecuente, no poniéndose en ridículo, defendiendo su espacio personal, su familia y sus planes de futuro. Tanto hombres como mujeres. Por eso no me gusta que los adolescentes lleven pantalones cortos de tiro, que se les ve el culo. El otro día vi una chica de no más de doce años enseñándolo todo.
¿Cómo se merece el respeto de los demás? En mi opinión, considerándolos personas completas, no un físico que admirar, o una cuenta corriente jugosa, o una persona con fama y poder, sino un todo. En una palabra, respetándolos.
Entonces vamos al otro extremo. Me acabo de enterar de que hay hoteles para mujeres, porque algunas se sienten agredidas con la mirada de los hombres. Eso ya me parece una barbaridad.
Una cosa es preservar la dignidad de las personas, y otra que ya no podamos relacionarnos unos con otros. Lo que hace falta es menos rivalidad y desconfianza y más comunicación y tolerancia entre los sexos. Ya sé que es fácil de decir, pero para empezar podríamos a empezar por no tomarnos a mal una simple mirada de interés.
 
Juguetes de género
Yo era una niña de mi época que jugaba con muñecas, pero también con coches y cosas de mis hermanos. Sobretodo me gustaba leer.
Mis hijas, no sé porqué, nunca han tenido mucha afición a las muñecas, a pesar de que tienen el cuarto lleno. Tal vez porque jugaban con su hermano a juegos más neutros.
Mi hijo también tenía sus guerreros, coches y demás, pero se las arreglaban para jugar con todo a la vez y así lo pasaban muy bien. Yo me preocupaba de organizar un poco para que hicieran juegos educativos de vez en cuando, puzles, intelect y demás.
Ha empezado la campaña de Navidad, cada año antes, y una vez más me quedo asombrada de ver como a los fabricantes de juguetes les da exactamente igual lo políticamente correcto, lo que recomiendan los psicólogos y lo que demanda la sociedad.
Será porque el negocio es el negocio y ellos tienen estudios de mercado que les dicen exactamente lo que prefieren los niños y las niñas cada temporada.
Los juguetes de niña. Ya no se trata tanto de cuidar bebés, que también hay, sino de tener muñecas modelo con mucha ropa y actitudes superficiales en la vida. Tanto hablar de la independencia de la mujer y luego compramos muñecas descerebradas que sólo tienen en mente gustar a los muñecos.
Los juguetes de chico parece que pretenden convertir a los niños en personas obsesionadas por la acción, la violencia y los monstruos.
¿Dónde fue a parar la igualdad? Yo no pretendo que obliguemos a los niños a jugar con muñecas, si no les gustan. Pero, como siempre, hay un término medio, y yo lo he comprobado.
Creo que debería haber más juguetes educativos y que promuevan el juego en grupo, la participación, y que sirvan sobretodo para niños y niñas. Es cuestión de plantearselo a los fabricantes.
 
Mi amor
Las formas de manifestar amor varían según la época y la cultura, pero el amor es único. El amor no es relativo, de hecho creo que es lo único absoluto que hay, y el amor de pareja es parte del amor universal, de eso que algunos llamamos Dios.
Para hablar de amor hay que estar enamorado de verdad. No sé si es el momento más oportuno para tratar este tema, con tantas parejas en crisis en la red, pero siento que tengo que hacerlo y tal vez a alguno le ayude a recordar.
Llevo veinte años con mi marido y todavía no me he acostumbrado a que tenga que viajar. Cada vez que se va mi vida se queda en suspenso, no porque no siga haciendo cosas, sino porque noto su ausencia. Le echo de menos. No me quiero ir a dormir, porque no quiero estar sola en la cama. No me apetece hacer la comida para mí sola, así que me tomo cualquier cosa.
Alguno creerá que esto es porque no trabajo y no tengo otros temas en que pensar, pero por más ocupada que esté no se va nunca de mi pensamiento, lo tengo presente. Eso es amor.
Mi marido no es especialmente guapo, pero para mí no hay nadie más atractivo. No me fijo en otros hombres, no lo he hecho nunca, porque no me hace ninguna falta. Yo opino sobre lo que les gusta a otras, pero para mí no existe nadie más. De hecho, cuando leo eso de que la atracción sólo dura cinco años o siete, pienso que sin duda se refieren a los que no están realmente enamorados. Lo nuestro es afinidad de cuerpo y alma.
No necesito que me lo diga, ni que me regale nada. No es un romántico. Me basta con sentirle cerca y cogernos las manos, igual que les he visto hacer a mis padres por más de cuarenta años. Quiero envejecer a su lado.
Como la vida es imprevisible, si algún día mi marido se fijara en otra, le quiero tanto que preferiría saberle feliz en otra casa que desgraciado conmigo, aunque eso me rompiera el corazón. Y si, por desgracia, la vida nos separa, sé que podría salir adelante, por mis hijos, pero no volvería a ser yo, completa, como soy ahora. Siempre me faltaría algo.
En estos veinte años ha habido muchas malas épocas, temporadas de distanciamiento incluso de meses. Porque hemos sufrido juntos y nos hemos vuelto a encontrar, por eso pienso que nuestro amor vive más allá del tiempo y el espacio.
Sólo os deseo a todos que sintáis alguna vez algo así. Por favor, no penséis que el AMOR es una quimera, una ilusión, un engaño. De otras cosas no podré hablar en primera persona, pero en esto soy testigo y espero serlo siempre.
 
Parejas
Hablando de parejas heterosexuales, porque es lo que yo conozco, no por ninguna otra razón, lo primero es elegir bien.
Hay muchos estudios muy buenos sobre este tema, y parece ser que la gente, en un primer momento elige un poco por apariencia, por genes, e incluso por el olor de las hormonas. Esto es el enamoramiento inicial que puede durar unas horas o unos meses.
En esta fase no se razona, así que el enamorado es el más guapo, el más listo, el más simpático. Poco a poco empiezas a verlo como realmente es y ahí es donde entran las circunstancias.
No debería ser así, pero hay gente que sigue con su pareja porque le gusta su grupo de amigos, por no aislarse, por su nivel económico, por presumir de chico-a, porque a su familia le gusta...; mucha gente, por no estar solo, porque no pueden vivir sin estar emparejados.
El tiempo pasa. Al cabo de unos años llega el momento en que piensan que deberían dar un paso más y casarse, porque sus amigos lo han hecho y todo el mundo les anima. Algunos deciden dejarlo aunque signifique acabar una etapa, otros se dejan llevar por la situación. Si los dos trabajan, se ven pocas horas, de manera que la convivencia es bastante fácil. Sólo coinciden el fin de semana para el ocio y el descanso. Pasan los años.
Pero llega el momento en que deciden tener hijos porque ya tienen edad. Esa es la prueba de fuego para muchas parejas, cuando tienen que repartirse las tareas, despertarse en plena noche y discutir sobre la educación de los niños. Si superan esa etapa, en principio, significa que su relación tenía buena base.
Aún así, la vida sigue poniéndote pruebas y tienes que superarlas cada día, pero cada paso que avanzas te hace más fuerte, más seguro de tu amor. Entonces el problema está en confiarse y creer que ya no hay que demostrarlo. Es una fase más del proceso: darse cuenta de que el amor hay que cuidarlo a diario, porque nadie se libra de una crisis de vez en cuando, aunque no quieran reconocerlo, pero todo se puede superar si existe un sentimiento profundo.
Esa es mi experiencia, por lo menos hasta el momento.
 
Oposicionitis
Dícese de una curiosa enfermedad que se está extendiendo entre las mujeres que conozco, las cuales se pasan absolutamente todo su tiempo libre y fines de semana preparando oposiciones.
Hasta cierto punto sería normal, pero les roba horas de sueño, les está afectando a su salud y perjudica a sus parejas e hijos, que no pueden hacer ninguna clase de planes en su compañía. No entienden por qué yo no quiero preparar oposiciones también.
Primer caso: licenciada en farmacia. Desde que yo la conozco, hace más de diez años siempre ha estado preparando alguna oposición. Como además trabaja media jornada en una farmacia, no tiene mucho tiempo y nunca consigue aprobarlas. La última que estaba haciendo ni siquiera era para trabajar, sino para hacer una especialización en un hospital. Pero, como ella no quiere dejar su trabajo ni trasladar a su familia, sólo aceptaría la plaza si le tocara en Madrid, cosa practicamente imposible. Y, sin embargo, sigue.
Segundo caso: trabaja como administrativa interina en un organismo público. El año pasado consiguió una plaza en otro sitio, pero pidió la excedencia porque no quiere dejar su puesto. LLeva al menos cinco años opositando. Me ha dicho que está preparando otra. Además, está estudiando derecho con la única intención de poder presentarse a las oposiciones de grado medio. Tiene taquicardia.
Tercer caso: licenciada en matemáticas, profesora de instituto en excedencia. LLeva tres años presentándose a dos oposiciones a la vez, la superior y la técnica. Si esta vez consigue aprobar y no le dan plaza en Madrid, también pediría la excedencia. Ha sufrido mareos recientemente.
No es que no les gustara la vida que llevaban, no es que no tuvieran suficiente para vivir. Es que de alguna manera se sentían culpables por no haber alcanzado su potencial profesional. Pero, yo me pregunto hasta que punto se sienten presionadas por la sociedad .
Porque yo sí que noto que la gente me mira mal, porque no tengo carrera y he renunciado a tener una vida laboral. El día de la mujer trabajadora yo me siento discriminada, y a veces también se me pasa por la cabeza la idea de preparar oposiciones para disimular que lo que pasa es que estoy bien así y no necesito más.
 
La especulación inmobiliaria
Yo tuve mucha suerte. Hace doce años, cuando me compré el piso solamente estaban empezando a subir los precios. Eso sí, las hipotecas estaban por las nubes.
Mi piso me costó dieciseis millones de pesetas, que aún estoy pagando, y ahora vale más de cincuenta. Supongo que debería estar contenta, pero es una tontería, porque si quisiera comprar otro tendría que pagar al menos esa cantidad.
¿De quién es la culpa? Es facil culpar al gobierno. Tal vez deberían controlar el precio del suelo y los beneficios de las inmobiliarias, pero estamos en un mercado libre y no sé si se puede hacer.
Sin embargo, hay otro culpable al que nadie acusa: nosotros mismos.
Llevo diez años viendo como, cada vez que se construye un nuevo edificio, al poco de entregar los pisos, ya están la mitad a la venta.
Son los especuladores, la gente que se enriquece invirtiendo en vivienda, comprando a veinte para vender a cuarenta.
¿Y quienes son los grandes perjudicados? Aquellos que solamente podrían comprar a veinte. Así es como suben los precios de la vivienda en toda España. Ni siquiera los pisos de protección oficial se libran de los vendedores en dinero negro.
Por otra parte, es verdad que una pareja que empieza no necesita un piso en propiedad y en otros países viven alquilados. Pero aqui la gente no quiere alquilar porque no tiene garantías jurídicas de que va a cobrar el alquiler, y tampoco se les puede obligar en un estado democrático.Luego también están los que realquilan los pisos y cobran por una habitación un precio desmesurado.
Supongo que es lo que llaman la picaresca española, pero entonces no vale ir a quejarse, si has tenido parte en el problema. Los que no conozcan a nadie en su familia que haya hecho negocio de esa manera, son los únicos que pueden protestar.
Mientras tanto sólo podemos esperar que de verdad empiecen a bajar los precios de los pisos, como dicen.
 
Animales racionales
Ya os he dicho alguna vez que soy una gran amante de los animales, todos ellos, incluídos reptiles e insectos. Soy de las pocas personas capaces de apreciar incluso la belleza de una cucaracha. No deberíamos despreciar a un animal que lleva mucho más tiempo que nosotros sobre el planeta. (Aunque no queramos tenerlo cerca).
Ayer estuve en el zoo. Como siempre, me quedé impresionada por la variedad animal y porque todos y cada uno tienen algo diferente que ofrecer, algo que los hace únicos.
Cuando el Papa Juan Pablo II, si no recuerdo mal, dijo que los animales tenían un "hálito divino", yo me sentí reivindicada. Y es que yo siempre he pensado que todos los seres vivos tienen alma. Yo siento esa conexión con ellos con sólo mirarlos.
Esto es mucho más evidente con los grandes mamíferos. En el zoo había unos osos pardos que, por su propia cuenta, habían desarrollado la capacidad de saludar con la mano para que les echaran comida. Luego dicen que los animales no piensan.
Los leones marinos, no sólo son muy inteligentes, sino que claramente se notaba que estaban unidos por un gran afecto hacia sus cuidadores, y les hacían caricias.
Incluso los delfines, teniendo aspecto de peces, eran capaces de interactuar con las personas, sin apenas palabras, con gestos y se notaba que disfrutaban de la actuación. Yo soy testigo de cómo una persona puede incluso encariñarse con una tortuga.
Pero lo más impresionante era la mirada del gorila que parecía estar pensando "ya están otra vez aqui esos hominidos pesados".
A veces me gustaría ser vegetariana y siento no haber nacido en China ni estar acostumbrada al sabor de la soja. Hace años que no pruebo las carnes blancas. Aún así, me siento culpable de disfrutar tanto un filete. Pero, como le digo a mi hija, un lobo no puede alimentarse de zanahorias, y yo de momento no veo otra solución.
Me gustaría que las cosas pudieran ser de otra manera.
 
Hombres y mujeres
Otro tema espinoso. Lo políticamente correcto es decir que hombres y mujeres somos iguales. Y lo somos, en el sentido de que tenemos derecho a hacer las mismas cosas.
Sin embargo, es evidente que no somos iguales físicamente, y esa diferencia genética marca también nuestras cualidades y defectos.
Hablando en general, porque siempre hay excepciones, los hombres son más fuertes, tienen la voz grave y tienen más vello. En general son más ambiciosos y seguros de sí mismos. Eso es precisamente lo que nos gusta de ellos, lo que les diferencia de las mujeres. A ellos les atraen más las chicas con curvas, con voz suave, cara agradable y femeninas. Las mujeres tenemos más empatía (capacidad de reconocer los sentimientos) y generalmente somos más sensibles. Todo ello viene determinado por las hormonas. Ha sido así desde el principio de los tiempos. De ahí que no tenga ningún sentido que los hombres se depilen o las mujeres adelgacen hasta parecer chicos, porque así no resultan atractivos ninguno. Naturalmente, si se depilan para hacer deporte, es otra cuestión.
A nivel mental, los hombres suelen ser mejores con los números y las mujeres con las letras. De hecho nosotras hablamos más. Ellos son más competitivos. Ambas cuestiones tienen sus inconvenientes: las mujeres chismorreamos y ellos van más a lo suyo. Por eso precisamente lo ideal es estar juntos y moderarnos mutuamente.
El problema es que la gente se aburre y lo normal ya no les parece suficiente, así que hay una necesidad imperiosa de probar cosas nuevas, darle la vuelta a los arqueotipos. Pero no se puede luchar contra la naturaleza, no dejamos de ser animales inteligentes.
Hay mujeres que se empeñan en realizar trabajos que requieren una fuerza física importante. Y lo consiguen, a base de entrenamiento, pero a la larga tienen muchas más posibilidades de lesionarse que un hombres, porque nuestras articulaciones no están preparadas para eso. Luego hay hombres que son unos padres muy entregados y mujeres malas madres. Pero cuando un juez le da la custodia de los niños a la madre, sabe que nosotras por herencia de siglos estamos más preparadas generalmente para cuidar niños pequeños.
No se puede cambiar la historia de la humanidad en veinte años y tampoco creo que debamos hacerlo. Mejor es aceptar nuestras diferencias e intentar entendernos, que empeñarnos en negar la realidad. Como dijo alguien: viva la diferencia.
 
El término medio existe
Hay quien puede pensar que soy un poco extremista porque siempre ando llevando la contraria a la mayoría. Sin embargo, lo que yo soy es una gran fan del término medio.
Es decir, ni obesos ni anoréxicos, ni estar pendiente de tu aspecto ni ser un desastrado, ni obsesionarse con saberlo todo de todo ni dejar los estudios, ni ser un ama de casa limitada ni volcarse unicamente en el trabajo, ni consentir a los niños ni maltratarlos.
En las relaciones sociales, ni rechazar a los extranjeros ni querer traerselos todos a España (últimos artículos), ni gastarse el dinero sin necesidad ni privarse de los placeres de la vida.
Se trata, como alguien me dijo en un comentario, simplemente de utilizar el sentido común. Seguir la ley natural, no meterse en problemas, no abrir puertas que no puedas volver a cerrar.
Naturalmente hay parejas que salen mal y pueden volver a casarse. Otra cosa es cambiar de pareja cada día. Todos hemos bebido alcohol, sin necesidad de emborracharnos. Todos hemos sido jóvenes y hemos sabido hasta dónde podíamos llegar.
Hay mucha tendencia a querer justificarlo todo, a primar los derechos de unos pocos sobre los de la mayoría. En otros países europeos no sucede tanto esto, es típico español. Por ejemplo, en Inglaterra si hablas a gritos en la calle cualquiera te llama la atención. Aqui, dejas a los vecinos sin dormir toda la noche y no pasa nada.
"En el término medio está la virtud", Parece tan fácil y resulta ser tan difícil en la práctica. Tal vez sólo hace falta buena voluntad.