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A contracorriente
Trata sobre reflexiones personales
Acerca de
Soy una mujer de mediana edad con hijos adolescentes y disfruto escribiendo mis pensamientos; también leyendo los de los demás. Quiero ver más allá de las cosas y las personas, quiero comprender el sentido de todo. Tal vez pido demasiado, pero no dejaré de intentarlo.
Sindicación
 
Propósitos cumplidos
Ya sé que voy contra la estadística, pero creo que en el año 2007 cumplí con casi todos mis propósitos.
Por ejemplo, conseguir el certificado de tercero de alemán, y apuntarme a algún tipo de gimnasia. También salir más con mi marido, que además, como salimos a pasear, también nos sirve para hacer ejercicio.
Después de tanto tiempo repitiendo los mismos propósitos de año nuevo, voy a tener que hacer unos nuevos. Por ejemplo:
Recuperar la confianza con mis hijos mayores, que cada vez son más reservados y luego pasa lo que pasa. Dedicarles tiempo a los tres.
Llamar a mis padres por teléfono más a menudo. Intentar ver a mis hermanos durante el año. (Eso no depende de mí).
Hacer nuevas amistades.
Arreglarme más, pintarme de vez en cuando, ponerme falda. Voy siempre con pantalones porque soy muy friolera y además porque tengo unas varices horribles detrás de las rodillas. Pero no son operables, porque el problema es interno.
Repasar los idiomas. No dejar que me pase otra vez el tiempo.
Cocinar comida menos rápida y más sana.
Seguir saliendo con mi marido. Ir a más sitios.
Viajar. Eso es más bien un deseo poco realista.
Bueno, ahora no se me ocurren más, pero ya son unos cuantos. Espero que vuestros propósitos también se cumplan lo mejor posible, que sean realistas y que os hagan felices. A veces el secreto de la felicidad está en desear lo que puedes tener y no obsesionarse con cosas que en el fondo no te interesan. Pero para descubrir lo que realmente deseas hay quien tarda casi toda la vida.
Así que mi último deseo será que elijamos bien nuestros propósitos.
Feliz año y que lo paséis bien el 31.
 
Feliz Navidad
Casi se me olvida felicitaros. Últimamente, cada año me pilla la Navidad más por sorpresa. Cuando voy a darme cuenta faltan pocos días y yo ni siquiera he preparado los regalos.
Este año, con más razón, con lo preocupada que estoy, me acabo de dar cuenta de que mis hijos todavía no han decidido lo que quieren ni lo hemos buscado en las tiendas, así que este fin de semana nos vamos a tener que ir de compras.
Mi hermano se casa el día siete de enero en México y no puedo ir porque están los billetes de avión por las nubes y no tengo con quién dejar a los niños. Aparte de que soy tonta y me gustaría ir con ellos.
De todas maneras, es su segunda boda. Él tiene cuatro hijos de otro matrimonio, ella tres, y entre los dos creo que juntan cinco perros. Por suerte allí la vida es más barata y las casas más grandes.
Su mujer le dejó hace dos años, porque tenía un amante, cosa que nos enteramos después, y él cayó en una depresión terrible. Estuvimos realmente preocupados por su salud.
Así que ahora me alegro de que haya encontrado a alguien, aunque sea todo tan complicado, pero él puede con todo, no se ahoga en un vaso de agua como yo. No parecemos hermanos.
Pero sí le quiero mucho y me da pena que viva tan lejos y que no pueda ir a su boda, aunque, como dice mi marido, nos vemos tan poco ahora como cuando vivía aqui.
Bueno, a lo que iba. Que lo paséis muy bien, que aprovechéis que sois jóvenes la mayoría, pero que no corráis demasiados riesgos, que os quiero a todos de vuelta por aqui, y paso lista.
Besos a todos.
 
El otro lado del péndulo
Pensaba que ya había publicado este post, pero no lo he encontrado. Me lo han recordado unos comentarios en el de hym del viernes.
Hace mucho un profesor de historia nos contaba la teoría del péndulo, según la cual, cuanto más extrema es una situación en un momento dado, más extrema será también la reacción que produce.
Supongo que eso explica lo que sucede ahora con alguna mujeres que no tienen el menor reparo en afirmar que somos, no iguales, sino superiores a los hombres en todos los aspectos.
Entrevista: "En la tele, ¿las mujeres al poder?". Respuesta: "En esto y en todo. Tenemos más capacidad".
Si un hombre hubiera dicho eso, ya le estaría poniendo verde en todas partes. Si lo dice una mujer, ¿se supone que tiene gracia?
Empieza a preocuparme seriamente esta "caza de brujos", este afán de competición, esta rivalidad entre sexos. Porque somos diferentes y complementarios y es bueno que sea así. Lo importante es que tengamos los mismos derechos ante la ley.
Mirando atrás, no es cierto que los padres y madres de hace cien años fueran unos malvados que maltrataban a sus hijas y mujeres. La naturaleza era la responsable de que las mujeres no pudieran trabajar, porque teniendo diez hijos es difícil hacer otra cosa y la mayoría no querían renunciar a tener una familia. En cuanto a que no las dejaran salir solas y demás, hay que tener en cuenta que era una sociedad mucho más peligrosa que la nuestra. Y los padres que concertaban el matrimonio de sus hijas, lo hacían con la sana intención de buscarles el mejor marido posible, que las mantuviera y las protegiera. No era porque no quisieran a sus hijas. Nuestros bisabuelos lo hacían lo mejor que podían y sabían.
Los anticonceptivos son los mayores responsables de la liberación de la mujer, junto con la mejora de las condiciones económicas y sociales, y la mayor seguridad que existe en general en este siglo.
Ni las mujeres somos perfectas, ni los hombres tampoco. Hay buenas y malas personas en ambos géneros. La única diferencia es que los hombres actúan más abiertamente y nosotras generalmente somos más sutiles, lo que no nos hace menos culpables.
El secreto de llevarse bien está en aceptar al otro como es, con sus virtudes y defectos, no pretender modificarlo a nuestro gusto. Porque, además, suponiendo que pudiéramos cambiarlo, lo más probable es que el resultado no nos gustara nada. Hay que darle un voto de confianza a la naturaleza y la evolución, que saben lo que hacen. No caigamos en el camino fácil de la soberbia, porque sería cambiar una injusticia por otra equivalente.
 
La otra vida
Ya sabéis que soy creyente por la educación que he recibido. Algunos sabéis también que durante mi primer año de vida estuve muerta bastante tiempo a causa de una deshidratación.
Aunque no debería acordarme de esa experiencia, me quedó la sensación de haber dejado mi cuerpo atrás y seguir estando viva. Tal vez sólo se trataba de la falta de oxígeno en mi cerebro.
Cuando hablo de la vida eterna, no es solamente algo en lo que todos necesitamos creer, yo realmente lo siento. Porque, no sé si fue a causa de mi muerte, pero después he seguido viviendo situaciones difíciles de explicar.
Las personas que han muerto en mi familia, siguen estando muy presentes para mí, e incluso la gente que no conocía. Puede que sea simplemente porque rezo y mantengo así vivo su recuerdo. Pero en momento especiales noto claramente su presencia a mi alrededor.
Vais a pensar que sin duda estoy loca, qué le voy a hacer. Si es verdad, al menos es una locura que me consuela bastante.
Generalmente es en ese momento justo entre la vigilia y el sueño, cuando me suceden cosas especiales. Cuando murió mi tortuga, por ejemplo, vi su silueta saliendo de la tierra donde la había enterrado, como una luz que se elevaba desde el suelo.
Mi perro, al que quería tanto, hace tiempo que no lo veo en sueños, pero cuando está le acaricio igual que entonces. Una vez recuerdo que estaba yo triste por algo, y mi abuelo me dió un abrazo que me sentó de maravilla. No es tanto verlos, como sentirlos cerca.
El otro día estaba despierta aún y sentía claramente una mano amiga debajo de mi mano. No sé de quién sería, pero me confortaba. Hace poco estábamos sufriendo porque era el aniversario de mi cuñado y le sentí, vi el cementerio y me invadió una sensación de paz y felicidad. Saqué la conclusión de que no hay que sufrir por los muertos, porque ellos ya no sufren, son felices. (Va por tí, chica cool).
A veces me da un poco de miedo todo esto, pero aún así sé que soy afortunada de poder creer en algo. Quiero pensar que de alguna manera al volver dejé tendido un puente entre esta y otra vida. Por eso mi fe es total y sincera, pero no puedo enseñar a nadie a creer. Eso solamente se puede sentir.
 
Experiencias
Siguiendo con los adolescentes, he leído en un informe que algunas zonas del cerebro no llegan a desarrollarse hasta los veinte años. Es decir, que cosas como la responsabilidad y el autocontrol no son propias de adolescentes porque simplemente aún no están preparados para asumirlo.
Por esa razón yo, que me encantan las frases hechas, como sabéis, suelo decir que "hay puertas que es mejor no abrir´, porque luego no hay quien las cierre, y tienes que estar seguro de que estás listo para afrontar las consecuencias y eso lleva su tiempo.
Para aprender a pensar, para sacar tus propias conclusiones, es imprescindible la experiencia. No solamente la tuya propia sino los cientos de anécdotas que vas atesorando a lo largo de tu vida.
Por ejemplo, yo me acordaba el otro día de una vecina mía que quería vivir la vida a tope, y lo hizo, hasta que se suicidó con veinte años. También recuerdo otra chica más bien inocente que se quedó embarazada cuando aún iba al colegio. Recuerdo a los amigos de mis hermanos que jugaron con fuego y se quemaron: uno se suicidó, otro murió en accidente de moto, otro lo mataron, otro fue a la cárcel...
Yo era una niña por entonces pero me enteraba de todo, porque siempre he tenido esta afición por las vidas de los demás, que me lleva a aprender de los errores ajenos y sacar conclusiones propias.
Siempre fui más público que actriz, especialmente de pequeña porque era muy tímida. Además, como ya he dicho, leía todo lo que caía en mis manos, aunque fuera para adultos.
A veces pienso que soy como una enorme antena parabólica, que voy sintonizando todas las emisoras y elaborando los datos.
Si yo pudiera sacar del disco duro de mi cerebro esa información, copiarla y enseñarsela a mis hijos, tal vez entonces me creerían. Pero me temo que ellos tendrán que aprender de su propia experiencia.
 
La impotencia
Te crees que llevas las riendas de tu vida y la de los tuyos, pero es mentira. Tantos años dedicados a cuidar a los hijos, preocupándote no sólo de su alimentación y su salud, sino sobretodo de su bienestar. Tanto tiempo intentando que sean personas sensatas y tolerantes, enseñarles a pensar.
Horas, días y años, repitiendo tu experiencia, intentando que no caigan en los mismos errores, toneladas de cariño y comprensión. Procurando controlar si sus amigos son buena gente, si en el colegio les tratan con justicia, si tienen lo que necesitan.
Tantas horas jugando con ellos, hablando de la vida, preocupándome por lo que sienten, intentando que todo vaya bien. Las frases que he repetido como un loro: "ahora lo importante es estudiar", "los amigos cambian, la familia siempre está ahí", "no hay que dejarse llevar".
Y cuando ya creía que tenían esto claro y podía confiar en ellos, me relajé e intenté recuperar el tiempo con mi marido. Eso fue hace un año aproximadamente, mi hijo mayor cumplía quince, la segunda trece, la pequeña diez. Les di más libertad, como querían.
Ahora resulta que mi hijo va a suspender tres o cuatro asignaturas. Parece ser que no sabe estudiar o no se concentra o no estudia lo suficiente. No lo sé. Me paso el día persiguiéndole, pero si no sale de él..., es él el que tiene que hacer todo lo posible para aprobar. Hace un par de años sacaba notables y ahora no sé si va a ser capaz de sacar el bachillerato.
Pero me preocupa más mi hija mayor, porque casi no la conozco. Ha decidido que ya es adulta y quiere vivir como tal. Se ha vuelto marginal e intolerante, todo lo contrario de lo que yo le enseñé, y no parece que sea solamente una etapa en su vida. Ahora tiene novio y los demás ya no pintamos nada.
Mientras mi pequeña, que es muy sensible, lo pasa mal, y yo no puedo hacer nada. No puedo evitar pensar que de alguna manera tiene que ser culpa mía, en algo me tengo que haber equivocado.
No sé si he sido demasiado rígida, o demasiado liberal. No sé si debería haberme ido a trabajar y dejar que se las arreglaran por sí mismos. Sólo sé que ya hice todo lo que sabía y no ha dado resultado y ahora me siento impotente. No puedo vivir por ellos, tengo que dejar que cometan sus propios errores. Pero es muy duro, porque yo sé que en este momento se están jugando su futuro, y que después ya no hay marcha atrás.
 
Aprender a pensar
Para los que se extrañaban del artículo anterior, se refiere a un par de comentarios que he hecho, y me han contestado como dando a entender que no conozco ciertas situaciones, cuando la verdad es que hay cosas que no han cambiado desde tiempos de los romanos, y antes. Me temo que cada generación cree que descubre algo nuevo cuando lo cierto es que todos hemos pasado por lo mismo.
Lo que tenía mi colegio es que te enseñaban a pensar por tí mismo. Por eso de allí salía gente de derechas y de izquierdas. Ahora parece que la mayoría de la gente no tiene opinión propia sobre practicamente ningún tema. Tal vez esto se debe a que no leen. Una persona que lee habitualmente libros, periódicos o blogs, está sin duda mejor informado sobre los diferentes puntos de vista. Informarse es el primer punto fundamental para poder formar una opinión. Hay que conocer todas las opciones y los puntos de vista.
A partir de ahí, se trata de empezar a distinguir quien dice la verdad y quien no, o al menos, quién pretende dar una imagen distinta de la realidad, porque el problema es que generalmente nadie tiene toda la razón. No es nada fácil, entresacar aquello que te parece acertado.
Después todavía queda contrastar la información. (Eso que no suelen hacer los periodistas). La gente piensa que todo lo que se publica está contrastado, pero el caso es que cualquiera puede decir cualquier cosa sin tener que demostrarlo. Hay que confirmarlo por diferentes caminos y personas, antes de poder empezar a pensar que algo es correcto, y, aún así, puedes equivocarte.
Pero todo ese proceso es lento y cansado. Así que por lo que yo veo, muchos prefieren que les den todo digerido y se tragan absolutamente todo lo que dicen los medios de comunicación, incluso aunque se contradigan, y lo que les cuenta cualquiera.
Aprender a pensar por sí mismo, es la gran asignatura pendiente. Por ejemplo: cuando tienes un hijo los pediatras te dicen que lo saques a pasear todos los días, aunque haga frío. Luego veo padres y madres sacando al niño después del trabajo de noche y lloviendo. Para colmo, el noventa por ciento van hablando por el móvil y no le hacen ni caso al bebé.
Pero la idea es sacarlos a mediodía en invierno para que les dé la luz solar. Si no pueden, más vale que se queden en casa disfrutando de sus niños. Claro, que para saber eso haría falta que se hubieran leído la cantidad de revistas y libros sobre el tema que yo consulté antes incluso de que nacieran mis hijos, y eso lleva su tiempo, y es mucho más cómodo seguir la consigna del día.
 
La otra generación
A veces me hace gracia cuando oigo hablar de los niños de los sesenta, del "baby boom", como si fuéramos unos inocentes.
No sé de dónde sacan esa idea de que nos pasábamos el día rezando, pensando en nuestros pecados y esas cosas. Tampoco los de los años cincuenta, mis hermanos mayores, eran así.
En mi colegio nunca tuvimos esa represión que cuentan. De hecho, la educación sexual nos la dió una monja muy completa, y tampoco nos hacía falta, porque ya lo sabíamos.
En un colegio de niñas, las raras eran las que no tenían novio, o pareja, rollo, o como le quisieran llamar. Allí todas las chicas sabían a lo que iban y además hablaban de ello.
Cuando pienso en esa época, me da la impresión de que éramos más maduros. No sé si será verdad, pero desde luego yo tomaba vino en las comidas porque era lo normal, y café sólo. En las discotecas bebíamos cubatas desde los catorce. Eso sí, no nos emborrachábamos, porque además salía muy caro.
Fumábamos, por supuesto, antes de que se supiera bien todo el tema de los peligros para la salud, y no nos escondíamos. Tal vez porque no tenía el encanto de lo prohibido, éramos más moderados.
Lo que sí que puedo asegurar es que nos tomábamos los estudios muy en serio. Más que nada, porque al que no estudiaba lo ponían inmediatamente a trabajar.
Cuando leo vuestros post, dando por hecho que los cuarentones, especialmente los casados, no sabemos nada de la vida, pienso que realmente entonces se corrían más riesgos que ahora.
No se practicaba tanto sexo seguro, porque no había sida, la heroína estaba más extendida y mucha gente caminaba por el filo de la navaja. Algunos se cayeron. Otros seguimos aqui, y el que seamos padres y madres de familia, no significa que no tengamos experiencia de la vida. Sólo estamos de vuelta.
No hablo tanto por mí, porque yo me casé a los ventidos, pero mis hermanos cincuentones pueden darle clase a muchos jóvenes. Así que si los ven por la calle y piensan "mira, que carca", se pueden llevar toda una sorpresa, porque no los conocen como yo.
Claro que, todo esto no se lo creen mis hijos, cuando les digo que sabe más el diablo por viejo que por diablo.
 
Gran engaño
Reconozco que en su día hice un esfuerzo por seguir el programa "Gran Hermano". La verdad es que me aburrían un montón las conversaciones inacabables, pero, aún así, llegue a conocer a los concursantes y a simpatizar con algunos.
Yo pensaba que el programa no duraría más que un par de temporadas, hasta que se acabara la novedad. Las primeras ediciones tenían cierta espontaneidad y frescura. La gente era bastante natural.
Sin embargo, han pasado ya nueve años y ahí sigue. Buscando aumentar el morbo de las situaciones, los organizadores eligen gente polémica e intransigente, con la intención de que choquen unos con otros y den más juego al programa.
No contentos con eso, también traen familiares y amigos dispuestos a hablar en favor de los suyos y en contra de los demás. Vale todo: insultos, traiciones y conspiraciones, con tal de ganarse el favor del público y echar las manos sobre el tesoro.
En la última edición, han puestos juntos a un-a transexual y un inmigrante negro musulmán. Para la siguiente tendrían que conseguir un marciano, por lo menos. El caso es provocar tensiones.
Los amigos ya no son amigos, ni los amantes enamorados, ni siquiera los enemigos son tales. Se trata de una inmensa obra de teatro donde cada cual elige un papel con el único objetivo de llamar la atención más que nadie. Las situaciones son falsas, porque cada gesto y cada palabra son premeditados para causar un efecto.
Lo que me extraña mucho es que siga teniendo audiencia. Pero el público manda y yo me pregunto si veremos "Gran Hermano 20".
Con lo poco que me gustan a mí las discusiones reales, sólo me falta verlas en televisión, pero pasa también en otros programas como "supermodelos". La gente se humilla lo que haga falta por tener un futuro profesional. Me parece penoso, pero mientras haya quien se preste al juego, seguirá habiendo estos programas. Bueno, supongo que hay cosas peores.
 
Cosas sobre mí
He encontrado un meme muy completo y voy a hacerlo, aunque me da una pereza horrorosa.
1. Edad: 41

2. Día de la semana: Domingo por la tarde. Cuando los niños están haciendo deberes y ya no queda nada más pendiente.

3. Mes – Octubre. No hace calor ni frío y no tengo alergia.

4. Algo que no soportes de una persona - La hipocresía.

5. Si quieres ligarte a alguien ¿Cómo lo haces?
No lo recuerdo…

6. ¿Te gusta conducir?
Me da miedo. Me saqué el carnet mayor porque no me quedaba más remedio, pero la verdad es que soy un peligro público.

7. Algo que eches de menos
Los viajes. Vivir al día. La falta de responsabilidades. Vamos, las ventajas de la juventud.

8. Tres cosas que te gustan de ti
Soy muy cariñosa y no me avergüenzo de demostrarlo.
Soy bastante tolerante con otras ideas, mientras nadie salga perjudicado. Pero si tengo que reaccionar, lo hago.
Me preocupa mucho el mundo y la naturaleza.

9. Tres cosas que no te gustan de ti
Soy débil. Me ahogo en un vaso de agua.
Soy demasiado sensible, incluso con temas ajenos.
He desaprovechado muchas oportunidades en la vida.

10. Tres cosas que te den miedo
La muerte de mis seres queridos.
Perder la buena relación con mis hijos.
La guerra, la enfermedad, etc.

11. Tres cosas que lleves puestas ahora
Un chandal azul
Una camiseta interior abrigadita. (Soy muy friolera)
Zapatillas cómodas.

12. Tres cosas sin las que podrías vivir cada día
Sin ver las noticias.
Sin comprar ropa.
Sin el último modelo de tecnología.

13. Tres de tus cantantes o grupos preferidos ahora.
Maná, sin duda, Joaquin Sabina y Efecto Mariposa.

14. Tres canciones favoritas en este momento.
Cualquiera de estos cantantes

15. Tres cosas que quieras en una relación
- Amor
- Respeto
- Pasión

16. Dos verdades y una mentira
No cocino bien.
Me gusta mucho leer.
Soy una deportista.

17. Tres cosas que te atraigan del sexo opuesto
La seguridad en si mismo. Alguien que lo tiene claro y va a por ello, me resulta muy atractivo. (copiado de Alba)
Responsabilidad y capacidad de trabajo.
Sentido del humor y ternura.

18. Tres cosas que no puedes hacer
Deporte. No estoy hecha para eso, pero lo intento.
Estar todo el día activa, sin tomarme un descanso.
Desentenderme de los pensamientos de mis hijos.

19. Tres de tus hobbies favoritos
Los idiomas. Me gustaría seguir con el árabe y empezar ruso.
Leer. De pequeña me he leído hasta las páginas amarillas.
No hacer nada. Pasar el tiempo con mi familia.

20. Tres cosas que estás deseando hacer ahora
Acabar el meme porque me tengo que ir. xD
Tomarme otro café. Tengo vicio.
Recoger a los niños.

21. Tres sitios dónde te gustaría ir de vacaciones
A cualquier sitio sin salir de España.
Quisiera volver a Italia, sobretodo Roma.
Turquía. Me atrae mucho esa cultura.

22. Tres cosas que te gustaría hacer antes de morir
Ser abuela. Cuidar de mis nietos.
Practicar de verdad los idiomas.
Hacer buenos amigos.

23. Tres cosas que te hacen llorar
Cualquier drama humano o animal.
La rabia que me produce la injusticia.
La depre, cuando me da.

4. Tres cosas que te hacen sonreír
Mi marido, cuando salimos a pasear juntos sin prisa.
Mis hijos, cuando se entretienen juntos y congenian.
Mis padres, cuando se miran con cariño.

Tres cosas que te hacen reír a carcajadas
El humor inteligente, en algunos programas.
Las bromas de mis hijos.
Algunos de vuestros post.

Bueno, ya he cumplido. Hasta la próxima.