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A contracorriente
Trata sobre reflexiones personales
Acerca de
Soy una mujer de mediana edad con hijos adolescentes y disfruto escribiendo mis pensamientos; también leyendo los de los demás. Quiero ver más allá de las cosas y las personas, quiero comprender el sentido de todo. Tal vez pido demasiado, pero no dejaré de intentarlo.
Sindicación
 
Me voy
No de internet, no. Me voy a otro blog por las siguientes razones:
Uno. Principalmente para poder borrar comentarios y prohibir direcciones, cosa que no se puede hacer aqui.
Dos. Porque me hace ilusión poner un contador de visitas.
Tres. Me apetece un cambio y curiosamente ahora me siento más identificada con la plantilla azul que he encontrado en blogia.
Estuve mirando en otros servidores, pero lo veía demasiado complicado y no me acababa de convencer.
Por otra parte, como no sé poner enlace, os doy mi dirección así en plan manual: sigoacontracorriente. blogia.com
Espero que no me perdáis de vista. Hasta pronto. Besos. Susana.
pd. No olvidéis el artículo siguiente, que también es de hoy.

El nuevo blog está aquí:
http://sigoacontracorriente.blogia.com
 
Ruso
Cuando pienso en el futuro, ya no me veo trabajando. Hace casi dos años, cuando abrí este blog, sí veía todavía alguna posibilidad, pero ahora ya no.
Volver a trabajar me complicaría demasiado la vida. Tengo que llevar a las niñas al colegio y luego recogerlas, y salen a distinta hora. Además, he decidido que tengo que estar más encima por las tardes, porque en el año que me dediqué al alemán había descuidado demasiado a los mayores y están en una edad difícil.
Ahora pienso que seguramente pasaré de cuidar a mis hijos a ocuparme de mis nietos, si Dios quiere. Tengo ganas de que se jubile mi marido, aunque aún le falta, y poder hacer esos viajes cortos que tanto nos apetecen.
En cuanto a mí misma, me gustaría estudiar ruso. Es curioso, porque recuerdo que era bastante pequeña cuando ya había decidido que quería tener tres hijos y hablar cinco idiomas.
Lo intenté con el árabe, pero tiene el mismo problema que el chino: no es un idioma único, sino que practicamente en cada ciudad se habla distinto, y eso hace casi imposible alcanzar un buen nivel.
Cuando empecé con el árabe, al mismo tiempo, me salió una buena oferta para ruso, pero no podía hacer las dos cosas y elegí. Después no he vuelto a ver ese anuncio, pero yo confío en que encontraré la manera de estudiarlo. Como mi hijo juega al ajedrez, dice que quiere vivir en Rusia y lo mismo me viene bien algún día; aunque yo prefiero que vivan más cerca.
Tuve un tío por parte de padre al que no llegué a conocer. Trabajaba de periodista en Suiza y hablaba perfectamente cinco idiomas. Es extraño que al final haya tenido tanto en común con él. El caso es que me daría por contenta si consigo estos objetivos en el futuro, aunque no vuelva a trabajar. "No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita". Es una de mis máximas.
De todas maneras, si está en mi destino trabajar, creo que la oportunidad vendrá a mí y espero no volver a desperdiciarla, como ha sido mi especialidad hasta ahora.
 
Lujos innecesarios
Cuando hablaba el otro día de mis amigos alemanes, no llegué a contaros que realmente no alquilaban apartamentos. Vivían en pisos compartidos, en habitaciones con derecho a cocina, como viven ahora tantos inmigrantes.
No necesitaban ninguna clase de lujos. Yo, que físicamente parezco alemana, también tengo esa clase de mentalidad. Tal vez algún gen antiguo se ha cruzado en mi adn. Por ejemplo, no me hace ninguna ilusión ir a un restaurante caro a pagar un dineral por cualquier cosa.
En cambio, me encanta comer de bocadillo, y a mi marido también. El tampoco es aficionado a los lujos.
Yo siempre pienso que tengo suerte de no ser rica porque el caviar y las ostras me dan mucho asco. Me mareo en barco, y no sé esquiar ni montar a caballo, ni ganas. En cambio, me encanta salir a pasear sin destino fijo, tomar un café en una terraza o ir de tiendas sin comprar nada.
Sin embargo, mis hijos me están saliendo un poco señoritos. El otro día me decía el chico que quería una cama de matrimonio para él sólo, pero eso no es nada, porque la chica quiere un cuarto para ella sola. Van a vivir como los reyes antiguos cada uno en sus aposentos. Bueno, ya cambiarán de opinión.
Además se quejan de que nuestro coche es pequeño, y tiene siete plazas. Cuando tengan que comprarse uno con su sueldo, ya sabrán lo que es un coche pequeño, y una casa pequeña y alquilada. Soñar es gratis. La pequeña dice que quiere irse de vacaciones de hotel. Eso también lo quiero yo, aunque me vale con un hostal que esté limpio. Los precios de los hoteles están por las nubes. Es como si pagaras unos muebles nuevos cada noche.
En ropa también gasto lo justo. Es una de las ventajas de no trabajar y no tener que estar impecable todo el tiempo. Para mí el auténtico lujo es ese, poder dedicarme a lo que realmente quiero. Y lo demás, alguna vez lo echo de menos, pero se me pasa enseguida.
 
Algo más que una canción
El último post de Eva me ha recordado una canción. Es de Don Maclean, del mismo album que American Pie.
A mí siempre me hace pensar en que me gustaría haber conocido a mi marido antes, claro que entonces seguramente él no hubiera podido estudiar tanto...
Os la pongo en inglés porque pierde sentido en la traducción:

We walked both sides in every street,
through all kind of windy weather,
but it was never a defeat,
as long as we can walk together,

so there's no need of turning back,
couse all road lead to where we stand,
and I believe we walked them all,
no matter what we may have planned, anymore...

Espero que esté bien, la he puesto de memoria. Esta es la traducción libre:
Hemos caminado por distintos lados de la calle, a través de toda clase de vendavales, pero eso no significa que hayamos fracasado, desde el momento en que ahora caminamos juntos.
Así que no hay necesidad de dar la vuelta, porque todos los caminos conducen a donde estamos ahora, y yo creo que los hemos recorrido todos. Ya no importa lo que hubieramos planeado.

Va también para Pikifiore. Todos tenemos algo en el pasado que no nos gusta, pero ese camino nos ha traído hasta aqui. Y, como yo creo en el destino, pienso que si pudiéramos volver atrás ya no seríamos las mismas personas.
 
Libertad
Muchos piensan que la libertad es hacer lo que quieres en cada momento. Yo pienso que la libertad es poder elegir lo que quieres hacer.
En un mundo ideal estarían siempre abiertas todas las opciones, pero en el mundo real sólo hay algunas posibilidades a tu alcance. Por ejemplo, como les digo a mis hijos, para poder trabajar en lo que realmente te gusta primero tienes que alcanzar el nivel de estudios que se requiere. Es decir, que si lo que deseas es una carrera de ciencias, tienes que mantener una media de notable, y eso supone que no eres libre hasta que lo consigas.
La libertad esconde muchos sacrificios. Yo soy libre de no trabajar gracias a que mi marido ha estudiado y trabaja por los dos, porque es ingeniero y se vuelca en su trabajo.
La libertad también significa poder decir "no". No se es más libre por tener muchos amigos, relaciones y nuevas experiencias, sino por poder decidir realmente con quién quieres estar. A veces la presión del entorno es tan fuerte que acaba con tu voluntad. Hoy en día los chicos y chicas tienen más que nunca, por lo que he visto.
Por último, para mí la libertad debería significar que puedes defender tus ideas, sin que nadie te mire mal. En ese sentido nos queda mucho por andar. No en este blog, porque no tengo queja de vosotros. Pero ahí fuera, es mejor no mencionar que vas a misa, o ya te descartan como interlocutor válido.
La libertad hay que ganarsela cada día y es inseparable del respeto. En una pareja, especialmente, ser libres no puede signficar que cada uno hace su voluntad sin contar con la opinión del otro. Crear una familia y convivir un grupo de personas distintas en una casa significa que todos tienen que renunciar a una parte de su libertad en favor del bien común. Es la única manera de que funcione.
Así que, hay que defender la libertad, pero hay que tener en cuenta que ser libre para actuar no garantiza que estés haciendo lo correcto.
 
Los peligros de internet
Ya sé que es una contradicción que critique lo mismo que estoy utilizando en este momento. Pero es que internet es un arma poderosa que te puede ayudar mucho o te puede complicar la vida sin necesidad.
Conozco muchos casos ya de parejas que se han roto porque uno de los dos tenía una relación por ordenador. Es realmente muy tentador. Todos tenemos épocas mejores y peores en nuestra vida y todos nos sentimos solo e incomprendidos alguna vez. Para una persona con dominio de la psicología no hay cosa más fácil que dar a entender que te comprende y está de tu parte. La cosa empieza como una conversación de amigos pero, la naturaleza es muy fuerte, una cosa lleva a la otra, y, sin darse cuenta ya han llegado demasiado lejos.
Hay gente que entra a los chats y juega a ese juego para ver que puede conseguir. Hay gente incluso que se hace pasar por quien no es porque eso le permite vivir otra vida más emocionante que la suya propia. Yo podría haber abierto este blog diciendo que soy un hombre, o una chica joven con muchas relaciones. Pero eso iría completamente contra mi carácter.
Nunca en la historia había sido tan fácil ser infiel. Antes un hombre o mujer insatisfechos tenían que salir a la calle y esperar cruzarse con otra persona en las mismas circunstancias. Ahora basta un clic de ratón y ya tienes a tu disposición varios cientos. Pero de este modo no se llega a conocer bien a una persona. Para conocer a alguien tienes que verlo interactuar con los demás. Así que estas relaciones no suelen llegar a buen puerto en general. Pero sí que sirven casi siempre para echar a perder otras.
Esa es una de las puertas que es mejor no abrir. Yo ni siquiera pongo mi correo en el blog, ni entro en ningún foro. Porque, aunque tenga las ideas muy claras, nadie se libra de un momento de debilidad, que te puede salir demasiado caro.
 
La pareja y los hijos
Siguiendo con los hijos, ya sé que por desgracia mucha gente no puede elegir su horario de trabajo. Yo soy una afortunada, aunque no trabajar significa también estar escaso de dinero siempre.
El problema es que algunos padres y madres que ven poco a sus hijos, no tienen ninguna gana de discutir con ellos cuando llegan a casa. La solución es hacer la vista gorda y darles todo lo que quieran.
No es mi caso, pero sí el de los compañeros de mis hijos, y luego llegan a casa diciendo que yo soy una mala madre porque no les dejo la libertad que tienen los otros.
Yo les contesto que, porque soy su madre y me preocupo por ellos, es por lo que tengo que poner límites. No quiero que mis hijos se acostumbren a tener todo inmediatamente sin ningún esfuerzo por su parte. Pero voy a contracorriente, como siempre.
Sus amigos se pasan horas en el messenger y se gastan un dineral en mensajes en el teléfono móvil. Vuelven a casa a las doce y no les preguntan dónde han estado. Todo eso me parecería bien si no fuera porque ni siquiera han terminado la Eso.
Yo les digo que, cuando tengan dieciocho años, sus estudios y la posibilidad de elegir, entonces serán libres para hacer lo que quieran con su vida. Pero ahora no, porque yo tengo la obligación de intentar por lo menos que terminen el bachillerato, y para eso sobran tantas distracciones como tienen.
Hace veinte años yo tenía unos amigos alemanes, que habían salido de su casa a los quince años para vivir por su cuenta y habían madurado muy rápido. El estado subvencionaba los alquileres y ellos devolvían hasta el último marco con su trabajo (porque eran alemanes). Eso en este país no funcionaría, pero aquellos que habéis cambiado de provincia para estudiar habéis hecho algo parecido. Es una lástima que mis hijos no tengan que irse.
Me daría pena por una parte, pero por otra sin duda eso les enseñaría a apreciar lo que cuesta ganarse la vida y llevar una casa. No son conscientes de que como no se esfuercen más, no van a poder mantener el nivel de vida que tienen ahora; porque yo les quiero mucho y, precisamente por eso, no pienso dejar que se queden en nuestra casa hasta los treinta años. Un adulto tiene que hacer su propia vida para llegar realmente a conocerse.
 
Tener o no tener hijos
Yo tengo tres hijos, ya mayorcitos. Siempre había querido tener tres y las circunstancias ayudaron y no me lo pensé demasiado.
Ya había dejado de trabajar. El otro día me dijo mi hija que a qué edad pueden ir los niños a la guardería y yo le contesté: a los 4 meses. ¿Y no les da pena dejarlos tan pequeños?
Pues sí, ese es uno de los motivos de que yo no me decidiera a volver a trabajar. No me veía dejando a un bebé en la guardería. La gran ventaja que tienen los funcionarios es que pueden tomar un año de excedencia para cuidar un hijo. Mi cuñada lo hizo.
Cada vez estoy más convencida de que tenía que haber preparado una oposición, porque los funcionarios son los únicos que realmente pueden compatibilizar el trabajo y la familia. En la empresa privada tienes suerte si sales a las cinco o las seis de la tarde, y luego te toca volver a casa, lo cual puede llevarte fácilmente una hora más.
Teniendo en cuenta que los niños pequeños se acuestan sobre las ocho de la tarde, eso te deja apenas tiempo para relacionarte con tus hijos. Pero es que además del trabajo generalmente se sale cansado y con pocas ganas de aguantar niños.
A veces echo de menos mi profesión de secretaria, pero no me arrepiento de haber estado en casa con mis hijos estos años porque, a pesar de las enfermedades y demás problemas, los he disfrutado mucho. Y porque además mi marido viene a comer a casa.
Sin embargo, si yo hubiera tenido una profesión apasionante y tuviera que dedicarle muchas horas al día, creo que no hubiera tenido hijos o solamente uno, porque los niños necesitan mucha atención.
No creo en eso del tiempo "de calidad". No se trata de llevarlos al parque de atracciones. Se trata de estar con ellos cuando te necesitan, cuando se aburren, les duele algo y tienen alguna preocupación, y eso no se puede programar por horas.
Así que yo os recomendaría que os lo penséis mucho antes de tener hijos, que luego no se pueden devolver, ni guardar en un armario. No es imprescindible tenerlos, pero si los tenéis es un compromiso de por vida. Hay demasiados padres que no entienden esto.
 
La suerte
Durante unos cinco años he estado jugando al mismo número del cupón de la once y todavía me acuerdo de cuál era. Pero resulta que la chica que me lo vendía se ha trasladado y se ha llevado su número y ya no tengo la posibilidad de comprarlo.
Me preocupa que toque y me entere, porque sería una faena, y todavía soy tan boba que cuando paso por un kiosko miro los números.
También compro lotería casi todas las semanas, aunque lo más que me han tocado han sido 300 euros y llevo gastados muchos mas, pero ya se sabe que si no compras no te puede tocar.
Sin embargo, hay personas o familias que parece que tienen más suerte con los juegos de azar, o tal vez sólo se trata de que gastan más dinero y tienen más posibilidades. A mí me da un poco de rabia cuando sé que le ha tocado a alguien que no necesita el dinero.
Pero la verdad es que no es más que envidia por mi parte. Una vez conseguí las chapas de bebida para un coche, y resulta que había tirado una el día anterior y me quedé sin él. Otra vez estuve a punto de comprar lotería en un bar, no lo hice, y tocó allí en navidades. He estado enviando las etiquetas de nescafé mucho tiempo y ahora mando las de la leche asturiana, porque no se diga.
Así que pienso que lo mío no son los premios. Tengo que conseguir cada cosa con esfuerzo. Lo que sí me vino muy bien, aunque esté feo decirlo, es una herencia de una tía de mi marido a la que casi no conocía, que llegó justo cuando necesitaba un coche más grande.
No sé porqué estas navidades me había hecho ilusiones con el tema de la lotería. Estaba bastante convencida de que nos iba a tocar algo. Habíamos hecho planes con el dinero: ir a la boda de mi hermano, comprar un apartamento en Asturias, e incluso un piso donde estuvimos alquilados, que ahora está a la venta.
Pero parece que no está en nuestro destino eso de tener dinero de sobra. Aún así, naturalmente, no me quejo. Ya sé que lo importante es la salud y el amor. Pero, a veces, sólo a veces, me gustaría saber lo que es vivir sin preocupaciones económicas. Otra vez será.