Epopeya 1ª parte
Me he dado cuenta de que nunca había contado en el blog cómo me fue en mis embarazos y partos y primeros meses de mis hijos. Así que voy a hacerlo ahora. No quiero asustaros, no es que yo sea un caso típico, pero puede interesar a los que van a pasar por ello.
Mi primer embarazo fue tremendo. Me pasé hasta los cinco meses vomitando unas diez veces al día. Como no me aguantaba nada en el estómago, tenía miedo de perjudicar al bebé, así que tomaba mucha leche. Luego me he enterado que es lo menos indicado. Acabé con riesgo de preclamsia, proteinuria y no sé cuántas cosas más.
El segundo embarazo conseguí no vomitar, a pesar de que tenía una acidez de estómago tan fuerte que todo me sabía a tierra. Además tuve tos, calambres y un poco de ciática.
El tercer embarazo fue más tranquilo, pero me lo pasé entero, por prescripción médica, con unas medias de compresión fuerte, que tenía que ponerme en la cama al levantarme y me costaba un montón. Debido a los problemas circulatorios, el médico me había recomendado que no tuviera más hijos, pero no le hice caso.
Yo sentía una gran necesidad de tener al menos tres hijos, y las malas experiencias se me olvidaban asombrosamente rápido.
Mi primer parto fue sin anestesia. Creí que me moría. Recuerdo que la epidural costaba 90.000 pesetas. Fue con ventosa, como el segundo, porque mis hijos mayores tenían la cabeza más grande de lo normal, y me tuvo que abrir la episiotomía tres veces.
El segundo parto ya fue con epidural, pero se me fue para un lado la anestesia y tenía una pierna dormida mientras el otro lado me dolía.
El tercer parto fue natural, con buena anestesia y sin problemas. Pero entonces llegaron los entuertos (contracciones del útero que tienen las mujeres con varios hijos) y aquello fue tan fuerte como un segundo parto y casi no pude darle el pecho a la niña.
A pesar de todo, no debió ser tan mala, cuando tuve tres hijos en cinco años por elección propia, y puedo asegurar que compensa todo aquello, y lo que vino a continuación.
Mi primer embarazo fue tremendo. Me pasé hasta los cinco meses vomitando unas diez veces al día. Como no me aguantaba nada en el estómago, tenía miedo de perjudicar al bebé, así que tomaba mucha leche. Luego me he enterado que es lo menos indicado. Acabé con riesgo de preclamsia, proteinuria y no sé cuántas cosas más.
El segundo embarazo conseguí no vomitar, a pesar de que tenía una acidez de estómago tan fuerte que todo me sabía a tierra. Además tuve tos, calambres y un poco de ciática.
El tercer embarazo fue más tranquilo, pero me lo pasé entero, por prescripción médica, con unas medias de compresión fuerte, que tenía que ponerme en la cama al levantarme y me costaba un montón. Debido a los problemas circulatorios, el médico me había recomendado que no tuviera más hijos, pero no le hice caso.
Yo sentía una gran necesidad de tener al menos tres hijos, y las malas experiencias se me olvidaban asombrosamente rápido.
Mi primer parto fue sin anestesia. Creí que me moría. Recuerdo que la epidural costaba 90.000 pesetas. Fue con ventosa, como el segundo, porque mis hijos mayores tenían la cabeza más grande de lo normal, y me tuvo que abrir la episiotomía tres veces.
El segundo parto ya fue con epidural, pero se me fue para un lado la anestesia y tenía una pierna dormida mientras el otro lado me dolía.
El tercer parto fue natural, con buena anestesia y sin problemas. Pero entonces llegaron los entuertos (contracciones del útero que tienen las mujeres con varios hijos) y aquello fue tan fuerte como un segundo parto y casi no pude darle el pecho a la niña.
A pesar de todo, no debió ser tan mala, cuando tuve tres hijos en cinco años por elección propia, y puedo asegurar que compensa todo aquello, y lo que vino a continuación.
Acoso escolar
Me cuesta mucho escribir este post, porque todo lo que tiene que ver con la violencia me descompone, y más con niños.Tengo tres hijos. Les enseñé a ser tolerantes, a no meterse jamás con los débiles o los que tienen algún defecto. Les enseñé, como me enseñaron a mí, el "vive y deja vivir" y creo que lo hice bien. Mis hijos son de aquellos que se portan bien y se mantienen al margen de las disputas de la clase.
Tal vez me equivoqué... Tenía que haberles enseñado a ser duros, a defenderse con palabras y golpes, a no dejarse comer el terreno, y sin duda no se hubieran metido nunca con ellos. Los tres han sido víctimas más de una vez de los matones de turno. Por ejemplo, mi hija pequeña tuvo que soportar durante tres años a una compañera que tenía la bonita costumbre de venir corriendo detrás suyo y pegarle un empujón para tirarla.
Cada vez que hablaba con el tutor me decía que la otra niña estaba mejorando mucho, porque tenía muchos problemas. Así que todavía teníamos que estar agradecidos. He ido muchas veces a hablar a los colegios y me han dicho de todo: que yo quería armar un escándalo, que estaba poniendo en entredicho la autoridad de los profesores, que tenía que probar lo que había ocurrido (pero mis hijos no llevan cámaras de vídeo), que era simplemente mentira, que ellos habían empezado... Por cierto, mis hijos van a buenos colegios y vivimos en un barrio tranquilo de Madrid, no es el Bronx.
Sólo espero que este curso no me toque otra vez ponerme la armadura y marchar al colegio a defender a mis hijos, porque yo no sirvo para esto, soy demasiado sensible.
Tal vez me equivoqué... Tenía que haberles enseñado a ser duros, a defenderse con palabras y golpes, a no dejarse comer el terreno, y sin duda no se hubieran metido nunca con ellos. Los tres han sido víctimas más de una vez de los matones de turno. Por ejemplo, mi hija pequeña tuvo que soportar durante tres años a una compañera que tenía la bonita costumbre de venir corriendo detrás suyo y pegarle un empujón para tirarla.
Cada vez que hablaba con el tutor me decía que la otra niña estaba mejorando mucho, porque tenía muchos problemas. Así que todavía teníamos que estar agradecidos. He ido muchas veces a hablar a los colegios y me han dicho de todo: que yo quería armar un escándalo, que estaba poniendo en entredicho la autoridad de los profesores, que tenía que probar lo que había ocurrido (pero mis hijos no llevan cámaras de vídeo), que era simplemente mentira, que ellos habían empezado... Por cierto, mis hijos van a buenos colegios y vivimos en un barrio tranquilo de Madrid, no es el Bronx.
Sólo espero que este curso no me toque otra vez ponerme la armadura y marchar al colegio a defender a mis hijos, porque yo no sirvo para esto, soy demasiado sensible.
Crecer a los niños cuanto antes
Esta sociedad en que vivimos es cada vez más veloz. Así que hay quien parece que piensa que los niños se tienen que adaptar cuanto antes mejor. Los niños de hoy parecen adultos en miniatura.
Paso porque tengan móvil, porque es práctico para tenerlos localizados; sufro el que usen ropa a la moda que les queda incomodísima, y que nadie se la quite... Ya las superconsolas, dvd y ordenadores me parece pasarse.
Pero lo que realmente me preocupa es el cine y la televisión. Porque están viendo programas teóricamente para niños que son programas de mayores ligeramente adaptados. Si no cómo se explica que aparezcan cadáveres repugnantes en las películas de Disney. Ya sé de algunos críos que se han asustado y han salido del cine. Luego los que ganan son las consultas de los psicólogos.
También está el tema del sexo, del cual se supone que los niños no deberían entender, porque no está a su alcance todavía. Sin embargo, las películas infantiles están llenas de referencias sexuales, lo que me hace sospechar que muchos las entienden. Y luego habrá quien se extrañe de que aumenten los embarazos en adolescentes, si se presenta el sexo como algo casi obligatorio.
Pero lo que más me molesta es el tema de la violencia. Nuestros hijos están más protegidos que nunca de los malos tratos, pero entre ellos consideran natural una agresividad que, entre otros sitios, aprenden a través de algunos dibujos animados infantiles. Las consecuencias están todos los días en las noticias. Los niños de hoy ya tienen problemas propios de adultos.
Es que no se puede predicar la paz y el amor, mientras permites que el negocio audivisual esté inundando a los niños de sexo y violencia. Pero, claro, la pela es la pela, y así nos va.
Paso porque tengan móvil, porque es práctico para tenerlos localizados; sufro el que usen ropa a la moda que les queda incomodísima, y que nadie se la quite... Ya las superconsolas, dvd y ordenadores me parece pasarse.
Pero lo que realmente me preocupa es el cine y la televisión. Porque están viendo programas teóricamente para niños que son programas de mayores ligeramente adaptados. Si no cómo se explica que aparezcan cadáveres repugnantes en las películas de Disney. Ya sé de algunos críos que se han asustado y han salido del cine. Luego los que ganan son las consultas de los psicólogos.
También está el tema del sexo, del cual se supone que los niños no deberían entender, porque no está a su alcance todavía. Sin embargo, las películas infantiles están llenas de referencias sexuales, lo que me hace sospechar que muchos las entienden. Y luego habrá quien se extrañe de que aumenten los embarazos en adolescentes, si se presenta el sexo como algo casi obligatorio.
Pero lo que más me molesta es el tema de la violencia. Nuestros hijos están más protegidos que nunca de los malos tratos, pero entre ellos consideran natural una agresividad que, entre otros sitios, aprenden a través de algunos dibujos animados infantiles. Las consecuencias están todos los días en las noticias. Los niños de hoy ya tienen problemas propios de adultos.
Es que no se puede predicar la paz y el amor, mientras permites que el negocio audivisual esté inundando a los niños de sexo y violencia. Pero, claro, la pela es la pela, y así nos va.
El carnet por puntos para padres
Como ya he dicho, estoy republicando mis primeros post, que salieron en la páginal digital de una revista.
El carnet por puntos para padres
Está muy bien eso del carnet por puntos para los conductores, pero para cuándo un carnet por puntos para padres. Bueno, habría que empezar por un curso preconcepción, igual que hay cursillos prematrimoniales, porque mucha gente entiende de niños menos que de coches.
Una vez el niño aquí, entonces se entregarían los consabidos doce puntos por pareja, que se podrían perder por ejemplo en los siguientes casos:
- A los padres que les regalan a sus hijos un ordenador portátil, la psp, y el móvil 3G. - 4 puntos menos- por quitarles la ilusión de conseguir las cosas en su momento.
- A los padres que se creen que una asistenta o cuidadora puede sustituirles perfectamente en sus funciones con sus hijos -4 puntos menos- por caraduras.
- A los padres que deciden que un niño de ocho años ya es lo bastante mayor para ir y volver sólo del colegio y quedarse sólo en casa -6 puntos menos- por irresponsables.
- A los padres que optan por abusar de los abuelos y robarles sus merecidos años de jubilación. -6 puntos menos- por malos hijos.
- A los padres que les compran la última moda a los niños y no les importa si van literalmente enseñando el culo. - 6 puntos menos-
por no enseñarles a respetarse.
- A los que les ríen la gracia cuando se saltan las normas y perjudican al prójimo. -8 puntos menos- por no enseñarles a respetar.
- A los que permiten que se pongan tatuajes y piercings. -10 puntos menos por ponerlos en peligro físico.
- A los que les dejan volver a cualquier hora. -10 puntos menos- por privarles del descanso y no saber lo que están haciendo.
- A los que los cargan de actividades extraescolares para quitárselos de encima. -10 puntos menos- por tontos de no disfrutarlos.
- Y por último, a los que caen en todos los vicios a la vez, que son la mayoría, les quitaría los doce puntos y que hagan un cursillo de seis meses, a ver si aprenden a ser padres.
Yo tampoco soy perfecta, me temo, pero ya es bastante fácil equivocarse para encima empezar mal desde el principio.
El carnet por puntos para padres
Está muy bien eso del carnet por puntos para los conductores, pero para cuándo un carnet por puntos para padres. Bueno, habría que empezar por un curso preconcepción, igual que hay cursillos prematrimoniales, porque mucha gente entiende de niños menos que de coches.
Una vez el niño aquí, entonces se entregarían los consabidos doce puntos por pareja, que se podrían perder por ejemplo en los siguientes casos:
- A los padres que les regalan a sus hijos un ordenador portátil, la psp, y el móvil 3G. - 4 puntos menos- por quitarles la ilusión de conseguir las cosas en su momento.
- A los padres que se creen que una asistenta o cuidadora puede sustituirles perfectamente en sus funciones con sus hijos -4 puntos menos- por caraduras.
- A los padres que deciden que un niño de ocho años ya es lo bastante mayor para ir y volver sólo del colegio y quedarse sólo en casa -6 puntos menos- por irresponsables.
- A los padres que optan por abusar de los abuelos y robarles sus merecidos años de jubilación. -6 puntos menos- por malos hijos.
- A los padres que les compran la última moda a los niños y no les importa si van literalmente enseñando el culo. - 6 puntos menos-
por no enseñarles a respetarse.
- A los que les ríen la gracia cuando se saltan las normas y perjudican al prójimo. -8 puntos menos- por no enseñarles a respetar.
- A los que permiten que se pongan tatuajes y piercings. -10 puntos menos por ponerlos en peligro físico.
- A los que les dejan volver a cualquier hora. -10 puntos menos- por privarles del descanso y no saber lo que están haciendo.
- A los que los cargan de actividades extraescolares para quitárselos de encima. -10 puntos menos- por tontos de no disfrutarlos.
- Y por último, a los que caen en todos los vicios a la vez, que son la mayoría, les quitaría los doce puntos y que hagan un cursillo de seis meses, a ver si aprenden a ser padres.
Yo tampoco soy perfecta, me temo, pero ya es bastante fácil equivocarse para encima empezar mal desde el principio.
La educación de los niños II
El otro día fui a un restaurante a comer y en la mesa de al lado había una familia con un niño de uno siete años y un bebé. El niño parecía un adulto porque tenía delante una especie de ordenador personal, pero era un dvd portátil.
Entonces pensé: realmente muy cómodo para los padres, se conecta el niño al aparato y ya no hay niño. También serviría darle algún tipo de tranquilizante, como a las vacas, o también con niños más mayores sirve el soborno económico para que se porten bien.
Sin embargo, eso es trampa. No vale ir por el camino más fácil, porque a la larga acabarán pagando las consecuencias y serán los primeros perjudicados por no haber enseñado a su hijo a comportarse en público.
Sé muy bien que educar a los niños es una tarea ingrata y terriblemente aburrida. Consiste en repetir las mismas cosas un millón de veces y no tienes ninguna garantía de éxito. Pero es así como funciona, no hay un camino fácil. No se puede programar a los niños como un robot. Además no traen manual de instrucciones.
Hay mucha gente por ejemplo que tiene en su casa un salón grande intocable, donde no dejan entrar a los niños. Luego tienen otro cuarto de estar "leonera", donde les permiten hacer lo que quieran, incluído comer y estropear los muebles. El resultado es que esos niños cuando van de visita no respetan tu casa, te pisan alegremente el sofá y te tiran la comida por el suelo. La culpa no es suya, es que están sin educar.
Este niño del restaurante, ya no sabe comer si no tiene una pantalla delante, y, por supuesto, no sabrá relacionarse con la gente. El día que el aparatito se quede sin batería o lo que sea, se va a sentir perdido. No sé si me daba más rabia o más pena de la criatura.
Así que señores padres, luego no vayan a quejarse de que no se comunican con su hijo. Se empieza de pequeños o si no luego ya es demasiado tarde, porque cuando llegan a la adolescencia ya no atienden a razones.
Entonces pensé: realmente muy cómodo para los padres, se conecta el niño al aparato y ya no hay niño. También serviría darle algún tipo de tranquilizante, como a las vacas, o también con niños más mayores sirve el soborno económico para que se porten bien.
Sin embargo, eso es trampa. No vale ir por el camino más fácil, porque a la larga acabarán pagando las consecuencias y serán los primeros perjudicados por no haber enseñado a su hijo a comportarse en público.
Sé muy bien que educar a los niños es una tarea ingrata y terriblemente aburrida. Consiste en repetir las mismas cosas un millón de veces y no tienes ninguna garantía de éxito. Pero es así como funciona, no hay un camino fácil. No se puede programar a los niños como un robot. Además no traen manual de instrucciones.
Hay mucha gente por ejemplo que tiene en su casa un salón grande intocable, donde no dejan entrar a los niños. Luego tienen otro cuarto de estar "leonera", donde les permiten hacer lo que quieran, incluído comer y estropear los muebles. El resultado es que esos niños cuando van de visita no respetan tu casa, te pisan alegremente el sofá y te tiran la comida por el suelo. La culpa no es suya, es que están sin educar.
Este niño del restaurante, ya no sabe comer si no tiene una pantalla delante, y, por supuesto, no sabrá relacionarse con la gente. El día que el aparatito se quede sin batería o lo que sea, se va a sentir perdido. No sé si me daba más rabia o más pena de la criatura.
Así que señores padres, luego no vayan a quejarse de que no se comunican con su hijo. Se empieza de pequeños o si no luego ya es demasiado tarde, porque cuando llegan a la adolescencia ya no atienden a razones.
La educación de los niños I
A continuación voy a republicar los post que escribí en su momento sobre niños pequeños. Mis hijos ya son adolescentes y la mayoría de mis lectores no tienen hijos. Por eso los había borrado. Espero que mis experiencias puedan servir de guía para otras madres. Un saludo.
Sobre este tema podría escribir durante horas, porque tengo tres niños y es mi ocupación principal. La educación ha cambiado mucho en los últimos años.
El caso es que los colegios han bajado mucho de nivel, e incluso, me cuentan que la universidad ya no es lo que era, y, sin embargo, los niños ya no aprueban ni pasan de curso y dejan los estudios más que antes. Esta claro que algo falla.
Acabo de recoger mi título de bachiller. Ni siquiera lo había reclamado porque cuando yo terminé mis estudios todo el mundo era bachiller. Por lo menos en mi colegio, nadie se planteaba que se pudiera seguir adelante sin haber aprobado siquiera el bachillerato. Ahora resulta que en los instituto cuando acaba la ESO, apenas pasa un cincuenta por ciento con suerte al curso siguiente, y eso en los sitios de nivel, porque en la zona sur de Madrid, pasan tres o cuatro.
Yo lo que veo es que se ha perdido el valor del esfuerzo y todo lo que cuesta conseguir, ya no interesa. Los niños tienen más actividades que nunca, más oportunidades de aprender cosas nuevas, pero muchas academias no son más que aparcamientos donde los mantienen entretenidos y tampoco pretenden mucho más.
Claro está que la culpa es más de los padres que de los profesores. Porque éstos últimos han perdido todo su poder y su capacidad de sanción, y de esta manera tienen las manos atadas. Los que pretenden subir el nivel acaban en tratamiento psicológico.
Antes lo normal era ser más o menos buen estudiante, y a los que suspendían se los miraba mal. Ahora, parece ser que a quien miran mal es a los buenos estudiantes, son los raros, los marginados.
Es un problema de mentalidad de la sociedad muy complicado de resolver. Desde los medios de comunicación se está dando la imagen de que lo único que cuenta es el éxito rápido y el dinero.
No se valora la satisfacción personal de la labor bien hecha.
Ayer me preguntaba mi hijo que porqué me empeño en que saque buenas notas, si lo van a pasar el curso igual; y me cuesta mucho explicarle que si no se acostumbra a esforzarse ahora, no será capaz en el futuro de hacer cosas más difíciles y dedicarle toda su atención tanto a los estudios como a su trabajo, que es la mejor manera de sacar buenos resultados y tener realmente éxito en la vida.
Pero no del que sale en las revistas, sino del que implica ser feliz porque haces lo que te gusta y has podido elegir libremente.
Sobre este tema podría escribir durante horas, porque tengo tres niños y es mi ocupación principal. La educación ha cambiado mucho en los últimos años.
El caso es que los colegios han bajado mucho de nivel, e incluso, me cuentan que la universidad ya no es lo que era, y, sin embargo, los niños ya no aprueban ni pasan de curso y dejan los estudios más que antes. Esta claro que algo falla.
Acabo de recoger mi título de bachiller. Ni siquiera lo había reclamado porque cuando yo terminé mis estudios todo el mundo era bachiller. Por lo menos en mi colegio, nadie se planteaba que se pudiera seguir adelante sin haber aprobado siquiera el bachillerato. Ahora resulta que en los instituto cuando acaba la ESO, apenas pasa un cincuenta por ciento con suerte al curso siguiente, y eso en los sitios de nivel, porque en la zona sur de Madrid, pasan tres o cuatro.
Yo lo que veo es que se ha perdido el valor del esfuerzo y todo lo que cuesta conseguir, ya no interesa. Los niños tienen más actividades que nunca, más oportunidades de aprender cosas nuevas, pero muchas academias no son más que aparcamientos donde los mantienen entretenidos y tampoco pretenden mucho más.
Claro está que la culpa es más de los padres que de los profesores. Porque éstos últimos han perdido todo su poder y su capacidad de sanción, y de esta manera tienen las manos atadas. Los que pretenden subir el nivel acaban en tratamiento psicológico.
Antes lo normal era ser más o menos buen estudiante, y a los que suspendían se los miraba mal. Ahora, parece ser que a quien miran mal es a los buenos estudiantes, son los raros, los marginados.
Es un problema de mentalidad de la sociedad muy complicado de resolver. Desde los medios de comunicación se está dando la imagen de que lo único que cuenta es el éxito rápido y el dinero.
No se valora la satisfacción personal de la labor bien hecha.
Ayer me preguntaba mi hijo que porqué me empeño en que saque buenas notas, si lo van a pasar el curso igual; y me cuesta mucho explicarle que si no se acostumbra a esforzarse ahora, no será capaz en el futuro de hacer cosas más difíciles y dedicarle toda su atención tanto a los estudios como a su trabajo, que es la mejor manera de sacar buenos resultados y tener realmente éxito en la vida.
Pero no del que sale en las revistas, sino del que implica ser feliz porque haces lo que te gusta y has podido elegir libremente.