Salud I
Mi hijo mayor al nacer nos dió un susto porque los médicos pensaban que tenía paladar hendido, una malformación grave. Sin embargo, gracias a Dios, solamente tenía un pliegue en el paladar. No me extraña que le hubiera faltado ácido fólico durante el embarazo teniendo en cuenta que me lo pasé vomitando. Ya se lo decía yo al médico, pero no le daba importancia.
Al poco empezó con las bronquiolitis y bronquitis, hasta que lo llevé a la guardería y tuvo su primera neumonía a los dos años. Yo estaba embarazada de mi hija mayor. Después tuvo otras cuatro, así que ya nos acostumbramos, a los tres, cuatro, cinco y siete años. El problema es que, al ser alérgicos, todas las infecciones se le complicaban. Nos pasábamos el día en urgencias.
Después empezaron las tendinitis, y gracias a ello conocimos músculos y tendones de los que nunca habíamos oído hablar. Al chico le gustaba el baloncesto, pero siempre se torcía los dedos hacia atrás, por un problema que ha heredado de mí.
A los doce nos dió otro susto, cuando tuvieron que operarlo de apendicitis. Llevaba tiempo con molestias, pero decían que estaba estreñido. A mí los médicos me han dicho de todo. También tiene el tendón de aquiles corto y le duele, pero un traumatólogo me dijo que "las madres hiperbolizamos las dolencias de los niños".
A los catorce se rompió un brazo, una de las últimas veces que bajó a jugar con los vecinos, y es que el pobre tiene mala suerte también. Después tuvo tres años seguidos unas laringitis que le duraron cerca de un mes cada una, sin dejar de toser. Así llegamos con cosas menores hasta cuando se hizo un esguince en cada pie y acabó en silla de ruedas otro mes.
Sin olvidar, claro está, la varicela, paperas, y múltiples gastroenteritis, pero eso entra dentro de lo normal.
Al poco empezó con las bronquiolitis y bronquitis, hasta que lo llevé a la guardería y tuvo su primera neumonía a los dos años. Yo estaba embarazada de mi hija mayor. Después tuvo otras cuatro, así que ya nos acostumbramos, a los tres, cuatro, cinco y siete años. El problema es que, al ser alérgicos, todas las infecciones se le complicaban. Nos pasábamos el día en urgencias.
Después empezaron las tendinitis, y gracias a ello conocimos músculos y tendones de los que nunca habíamos oído hablar. Al chico le gustaba el baloncesto, pero siempre se torcía los dedos hacia atrás, por un problema que ha heredado de mí.
A los doce nos dió otro susto, cuando tuvieron que operarlo de apendicitis. Llevaba tiempo con molestias, pero decían que estaba estreñido. A mí los médicos me han dicho de todo. También tiene el tendón de aquiles corto y le duele, pero un traumatólogo me dijo que "las madres hiperbolizamos las dolencias de los niños".
A los catorce se rompió un brazo, una de las últimas veces que bajó a jugar con los vecinos, y es que el pobre tiene mala suerte también. Después tuvo tres años seguidos unas laringitis que le duraron cerca de un mes cada una, sin dejar de toser. Así llegamos con cosas menores hasta cuando se hizo un esguince en cada pie y acabó en silla de ruedas otro mes.
Sin olvidar, claro está, la varicela, paperas, y múltiples gastroenteritis, pero eso entra dentro de lo normal.





