A estas alturas de año se multiplican las operaciones bikini: hay que adelgazar para poder lucir un buen palmito en la playa. Miles de personas siguen estrictas dietas todas las primaveras, deseosos de tener cuerpos esculturales para ligar en verano. Detrás se esconde el fantasma de los desórdenes alimentarios y las malas prácticas que, lejos de hacer a las personas más guapas, provocan serios problemas para la salud.
Aproximadamente, el 90% de las personas que se ponen a dieta recuperan el peso a los cinco años. Así lo aseguraba Susana Monereo, Jefa de Sección de Endocrinología del Hospital Universitario de Getafe, en una entrevista a consumaseguridad.com en octubre del año pasado. Afirma también que si el régimen lleva el adjetivo “milagro”, lo que implica que ningún médico avala el tratamiento, no sólo se recupera el peso anterior sino que se supera.

¿Quién no ha oído hablar nunca de la “dieta de la sandía”? Se trata de un método tan insano como ineficaz. Para desayunar, yogurt desnatado y sandía. Como almuerzo, lo mismo. La comida se basa en una ensalada o gazpacho con pescado o ternera a la plancha y badea. La merienda es algo de esta fruta. El día se acaba con una desequilibrada cena de crema de verdura o ensalada de pescado y, por supuesto, la protagonista de la dieta. Por cierto: se puede comer toda la cantidad deseada sólo de sandía porque, invariablemente, no va a funcionar. Si se adelgaza hay que preocuparse porque se podría tratar de un problema de malnutrición.
Estas dietas fracasan y son perjudiciales para la salud porque aportan poca energía y tienen o muchos o pocos (depende del tipo) hidratos de carbono. Más concretamente, las monodietas (de un solo alimento, como la de la sandía) no tienen ninguna base científica y pueden llegar a producir trastornos digestivos y psíquicos. Alrededor de todos estos regímenes veraniegos se desarrollan muchas falsas creencias como que los hidratos de carbono y las proteínas tomados en una misma comida engordan más, que el agua tomada durante la comida engorda o que el exceso de peso está debido a la retención de líquidos.
La malnutrición es un problema muy grave que afecta a una parte significativa de la población mundial. Los datos no son nada halagüeños: el hambre se mantiene en el África Subsahariana en torno al 33%, con leves variaciones desde 1969. Así lo avala la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en su página de estadísticas (Prevalence of undernourishment in total population –archivo para Excel-). En Occidente, en cambio, se banalizan las dietas y los regímenes para atender a cánones estéticos. Antes de acudir a remedios caseros, pastillas mágicas u otros productos adelgazantes similares, es recomendable que toda persona que decida perder peso acuda a un endocrino para que le planifique una dieta equilibrada. Si se tiene alguna duda sobre si se padece de obesidad se puede calcular el Índice de Masa Corporal (la masa en kilos dividida por el cuadrado de la altura en metros), lo que situará a la persona en un umbral más o menos saludable.





