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HISTORIA DE UN ULTRAMARATONISTA
Nunca es Tarde... para hacer realidad algunos sueños.
Acerca de
Adalberto Maidana es pionero del ULTRAMARATON en Argentina. Realizó pruebas desde 10 kms. hasta 1400 kms., en ruta y de 24,36, y 48 horas en Pista. Por su amplia experiencia en el tema, es invitado permanentemente a dar charlas sobre su experiencia, en distintas Instituciones , tanto a nivel Nacional como Internacional.
Sindicación
 
OTRA MANERA DE GANAR...



Había finalizado los 42 kilómetros del Maratón de Caracas, era la primera vez que corría este Maratón en Venezuela y estaba contento, ya que había logrado un excelente tiempo : 2 hora 59 minutos, para los 42 kilómetros, era un muy buen tiempo.

Allí estaba, sentado en el suelo, degustando una manzana y bebiendo agua..., me había quitado la musculosa y mi cuerpo se iba recuperando poco a poco del esfuerzo..., yo ayudaba además haciendo mis ejercicios de elongación.

Al principio no sentí su presencia, porque formaba parte del entorno que hay en todas estas competencias, gente que pasea por los alrededores o quienes acompañan a los distintos corredores; pero en un momento sentí que me estaban observando, levanté la vista y nuestras miradas se cruzaron en un saludo silencioso, su rostro regordete me sonrió con simpatía y yo contesté de la misma forma.

Seguí con mi rutina de elongación y noté que se acercaba hacia mí, caminando con cierta dificultad, tal vez motivado por los kilos que tenía demás (pensé para mis adentros)..., no tenía aspecto de corredor, pero estaba vestido con ropas deportivas y se lo notaba contento. Tenía en sus manos una botella de Gatorade, me lo ofreció al tiempo que me saludaba y me decía que su nombre era Alexis, tenía 40 años (y ante mi sorpresa) también corría carreras, pero de menos distancia, y que había ido a ver la competencia en compañía de su esposa, porque era un fanático del atletismo y le gustaba mucho el Maratón, a pesar de que nunca lo había corrido.

Charlamos de todo un poco, me felicitó por la carrera que había hecho, y se puso muy bien cuando se enteró del tiempo que había empleado, además de asombrarse cuando le comenté que era corredor de Ultramaratón.

Después de sacarnos las consabidas fotos y hablar sobre la actividad del correr me contó que participaba en carreras de 5 kilómetros, y aunque siempre SALIA ULTIMO, él estaba contento por poder hacer lo que le gustaba, que era CORRER.

Me agradó su forma de ver las cosas, y le pedí me dijese como podía estar contento por salir siempre último en las pruebas que participaba.

Entonces, comenzó a contarme su historia diciéndome:

En la vida no se nos enseña a ser los últimos.
Tuve que aprender eso por mí mismo, y no fue nada fácil.

Desde el punto de vista emocional me considero un triunfador, un competidor que siempre da lo mejor de sí. Por eso me causó sorpresa y mucha vergüenza darme cuenta que no tenía ninguna posibilidad de ganar una competencia en el deporte que había decidido practicar..., las carreras pedestres.

Estaba consciente de cómo me encontraba con mis 91 kilos de peso.
A pesar de todo, tuve la fuerza de voluntad necesaria, para, en un tiempo de tres meses pasar de correr muy despacio durante algunos minutos, hasta recorrer 5 kms., de una sola vez y sin parar. Me sentía bien, aunque no más delgado.

El deseo de competir empezó a seducirme, y fue así que escogí una carrera de 5 kilómetros, en la que habría una ganador..., el pelotón..., los rezagados..., y el que quedaría en Ultimo lugar.

Llegó el día de la prueba, y la salida fue de lo más intimidante.

¡Tantos corredores de vientre plano y piernas delgadas y musculosas!.

Me sentía fuera de lugar con mis adiposidades, y la gente hizo como si no me viera a pesar de mi tamaño.

Sonó entonces el disparo de salida, y los corredores me adelantaron como bólidos. No llevábamos recorridos 500 metros cuando ya me encontraba en el Último lugar.
Pensé por un momento en rendirme y abandonar la carrera, pero seguí agitando mis gruesas piernas lo más deprisa que podía. Los voluntarios que había al costado del camino me salvaron con sus gritos de aliento. Era eso lo que me hacía seguir adelante. Estaba haciendo el mayor esfuerzo de que era capaz, pero mi cuerpo se negaba a ir más rápido.

¡Vaya que soy lento!, me dije. Voy a quedar en el Último lugar.

Recordé que de niño siempre me había compadecido de los perdedores de la clase de gimnasia, pero al notar que en la vereda había gente observándome, pensé:

Yo no soy uno de esos. Después de todo ¡aquí estoy haciendo el intento!

Entre un resoplido y otro sonreía y daba las gracias a los voluntarios.

Delante de mí iba otro corredor al que me fui acercando poco a poco. Cuando lo alcancé, muy cerca de los 4 kilómetros, vi que ya no iba corriendo, sino caminando.

Era un niño de unos 13 años, se llamaba Juan Carlos, y estaba allí no porque ya hubiera participado en una carrera de fondo, sino porque su papá se había inscrito en la carrera de 10 kilómetros y le había dicho que él corriera en la de 5 kilómetros.
Iba abatido, con la cabeza gacha, las mejillas enrojecidas y arrastrando los pies.

Sabía como se sentía y me ofrecí seguir junto a él hasta la meta.
El se quejó, corrió un poco más y luego volvió a aflojar el paso.
Finalmente me dijo que iba a tomar un atajo por el estacionamiento hasta la llegada.
No puedes rendirte..., le dije. Mira cuanta gente hay en la vereda,... ¿Y tú donde estás?... Aquí en la calle, batallando para llegar.

Juan Carlos meneó la cabeza como si no entendiera. Entonces añadí:

No cualquiera tiene el valor de meterse en estos líos, y eso basta para que seas un triunfador.

¿Pero que me estás diciendo?..., me preguntó.

Que a veces, el solo hecho de intentar algo es más que suficiente. Si lo consigues, habrás ganado una batalla contra ti mismo. Mírame: estoy gordo y cansado, y también quisiera tirar la toalla, pero si seguimos juntos llegaremos a la meta.

Juan Carlos siguió corriendo, y yo hice lo mismo. Cuando faltaban unos 100 metros para llegar al final, estaba claro que éramos los últimos. Le dije que se adelantara para no ser el que llega en Último lugar, pero no se decidía.

¡Vamos, adelante!..., lo animé.

Entonces se decidió y arrancó.

Así yo merecí el Ultimo lugar, ¡pero que bien y feliz me sentí!

Alexis, finalizó su relato diciéndome que a partir de allí, y de esa primera experiencia, es que decidió seguir corriendo en carreras de 5 kilómetros, porque a pesar de llegar en Ultimo lugar, estaba haciendo lo que le gustaba, que era correr y además, estaba mentalmente preparado para llegar..., en Ultimo lugar.

Me emocionó y me hizo bien escuchar su historia..., lo alenté a seguir corriendo, nos despedimos con un fuerte apretón de manos y un ¡hasta pronto!.

Me fui pensando que el día de hoy había sido positivo para mí, pero no por el tiempo de 2 horas 59 minutos que había empleado en los 42 kilómetros y de lo cual me sentía orgulloso; había sido positivo, porque había aprendido..., Otra manera de ganar...

Nosotros los corredores de Ultramaratón nos encontramos muchas veces en el Ultimo lugar, pero no dejamos de correr..., y seguimos..., y seguimos sumando kilómetros hasta llegar a la meta..., aunque en la mayoría de los casos no somos los primeros para la estadística...

Pero cuando finalizamos nuestra carrera, estamos contentos..., felices..., saben por que...?, por que como cuenta en su historia Alexis..., estamos preparados mentalmente para terminar nuestra prueba de Ultramaratón..., pero por sobre todo..., estamos haciendo lo que más nos gusta, que es correr...,

Seguramente mucho de nosotros, en las distintas pruebas que participamos, hemos obtenido el triunfo de esta forma…, y por supuesto, debemos sentirnos orgullosos, por que esa es…,
Otra manera de ganar…
No