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BUSCATE LA VIDA
Que ya vas siendo mayorcito



Algo de mí


Pos es cierto. Esto ya s'acabó.
Un correo: papapitufo77@yahoo.com
Y un sitio
aunque nada que ver con éste...

Sindicación

 
8 - Pendiente
Leo una reseña sobre los últimos discos de Dylan y de cómo con la edad parece haber alcanzado una mayor sabiduría, la justa para resignarse a su destino. De cómo uno puede haber alcanzado el final de la partida y no haber dado aún con las respuestas.
Estadísticamente, a mis 41 años hace ya un tiempo que entré en la segunda mitad de la partida, y cuando más pasa el calendario tengo menos idea de nada. Especialmente de mí. Me resuena la misma pregunta burlona: ¿qué voy a ser de mayor? O si acaso, cambiando el tiempo, ¿Qué soy yo?. Ninguno de las posibles respuestas me llena, ninguna valdría para un epitafio: padre (con un hijo al que sólo veo a tiempo parcial), funcionario (acostumbrado a hacer siempre las cosas tan a su manera que hace tiempo que deseché las posibilidades de nuevas promociones), sevillano (pero renegando de esta ciudad a la que pienso dejar), aficionado a la música (pero no he sido capaz de escribir una sola canción), a la lectura (cada vez menos), despistado y metepatas (hasta la muerte
Me falta algo que le dé sentido a todo esto, y confieso que las fuerzas se me están acabando de tanto buscar algo que no sé lo que es, ni si lo reconoceré cuando lo tenga.
En estos momentos pienso en lo que me diría L. si estuviera aquí a mi lado. "¿Y eso hay que contestarlo ahora?". Ella bastante tiene con salir adelante cada día como para plantearse dilemas cósmicos. Que, así vistos, parecen más bien cómicos.

PS : Pido disculpas a H ("un error de apreciación") por olvidarme de él cuando comenté que sólo recibía visitas de mujeres. En fin, ya he dicho que soy un gran metepatas

PS 2 : He decidido que voy a seguir transformando el blog, hoja de estilo y plantilla, hasta que me entere de cómo va esto. Así que no asustaros por los cambios...Ahora, ¿cómo consigo cambiar el color de las letras esas que salen en blanco?

 
7 - Detalles
Lo mejor es enemigo de lo bueno. Lo pequeño también de lo grande. Y los árboles ocultan el bosque. Pudiera pensarse que me ha dado un repentino síndrome de Sancho Panza y me he puesto a ensartar refranes, pero lo único que quiero es reflejar mínimamente como me siento la mayoría de los días, o al menos cuanto intento enfrentarme a mi posible vena creativa, si es que existe, que no lo tengo yo muy claro.
En pocas palabras, si tal fuera posible, el esquema es como sigue: llega un impulso creativo, algo de escribir normalmente. Como este blog, mismamente. Empieza uno echandole ganas, y acordandose de lo que alguien ha puesto por ahí de que sale más barato que ir al psicólogo. Bueno, a mí la psicóloga no me cuesta nada, el SAS le paga su sueldo. Pero tampoco llevo mucho ganado. Así que no me lo pienso más y todas esas ideas que se me ocurren a lo mejor cuando uno va en la moto, o en mitad de algún informe en el trabajo, o cuando no tienen que venir, me las guardo y me digo "una para el blog".
Y ahora, cuando ya tiene uno montado esto, empiezan las ideas. Para mejorarlas (de ahí el primer refrán arriba citado), para aportar nuevos detallitos (de ahí el segundo refrán), pero con tanto detallito me olvido de lo importante y los artículos se van al garete (de ahí el tercer refrán). Y las ideas ya no vienen. Es decir: "mira qué bien vendría aquí un contaor de visitas. Y un reproductor de música, guay. Venga, voy a poner videos del Youtube. A ver cómo van los códigos estos...qué pena no tener ni idea de html y derivados....". Y se va el santo al cielo. Un poné, como si uno se compra un piso (o una casa, total, más hipoteca) y empieza a enredarse con las lámparas, y el mueble del recibidor..y se olvida de poner la cocina y las camas.
Es cierto que me ocurre mucho, sobre todo en el trabajo. Debo tener una productividad de culo, con tanta distracción a costa de afluentes menores que le alejan a uno del río, y sólo vuelve a él cuando ya apenas quedan metros para desembocar. Tengo que buscar una forma de aprender a concentrarme. Como decían Caligari hace casi 25 años, "Me tengo que concentrar"

 
6 - Buscando
Noches de mayo, uno no necesita despertador cuando se ha pegado toda la noche despierto acudiendo al inhalador. Definitivamente, para el año que viene tengo que volver a la vacuna, la homeopatía no me ha funcionado. No recordaba noches tan malas desde el año en que me casé. Me viene a la mente lo que más de un médico me ha indicado: el asma tiene un componente emocional muy fuerte. Como si no lo supiera, pero prefiero no pensar en que el agravamiento de este año pueda ser un subproducto de la nueva relación sentimental / familiar. Todo a su tiempo.

Pendiente de mi novela del Inspector Rebus casi ni me doy cuenta de que el tren ya ha entrado en Sevilla hace rato. Con la cabeza no muy despierta tras las muchas noches sin sueño, me echo la mochila al hombro y salgo hacia mi piso a cambiarme antes de ir al trabajo. Justo antes de salir reparo en que no está conmigo mi bolso de mano. Me rindo a la evidencia: he debido dejarmelo en el tren. Raudo a Santa Justa de nuevo.

Carnets, móviles, tarjetas, direcciones, agenda, monedero todo se ha esfumado. Mis únicas pertenencias ahora son las llaves de la moto y las de mi piso, y porque estaban en mi bolsillo y no en el bolso. Una vez que subo al mismo tren cuando vuelve de su trayecto pendular compruebo que el bolso no está en el asiento que he ocupado. Atención al cliente, rápido. No, antes una cabina. Oh, necesito mis claves. Raudo a casa a buscar en el PC los archivos necesarios. Seguro que todo se puede hacer por internet.

Vale, tarjetas anuladas. Y ahora hay que buscar a la revisora, seguro que se ha dado cuenta. Ah, se bajó en la misma estación que yo, qué mala suerte, entonces no lo ha podido ver. Odio usar la moto para salir fuera de la ciudad, pero esto es una emergencia. Pregunto en cada estación de cercanías. Nada. Tal vez los municipales sepan algo, tal vez alguien ha pillado el bolso, se ha quedado con los móviles y el monedero (con sólo 2 euros, lo dudo) y ha tirado el bolso con los carnets a la basura.

Seis horas después, rendido a la evidencia, me acerco a la nueva comisaría que han puesto junto a mi trabajo (donde he debido recalar un momento al menos para explicar por qué he estado ilocalizable toda la mañana y pedir un nuevo movil corporativo) y pongo la denuncia. A estas alturas no queda ni un centímetro de mí con la consistencia suficiente como para seguir de pie. Dejemoslo por hoy, a guardar la moto y a la cama.

Con tanto viaje, la moto está aún más polvorienta que de lo habitual, como si fuera posible. Creo que debajo del asiento tengo un trapo para estos menesteres. Un segundo antes de abrir el asiento tengo la sensación de que no es la primera vez que lo hago hoy. Junto al trapo y el bote del aceite se encuentra mi bolso, posiblemente regañandome por haberle tenido todo el día en ese compartimento oscuro donde no suelo guardarlo nunca.

 
5 - Secreto
Visita mensual a la depositaria de mis secretos. Si es que me quedara alguno.

- ¿Cómo estás?
- Triste, más triste que de costumbre
- ¿Y?
- No sé. Podría ser la alergia. Demasiado antihistamínicos a cuestas, más de una noche sin dormir...
- Bueno, los antihistamínicos bajan el ánimo, y a tí te sienta muy mal el no dormir...tal vez sea eso
- Será eso...
Y poco más. Que, teniendo en cuenta que llevo lustros constantemente agitado, haciendo siete cosas a la vez , de las cuales no menos de seis nunca llegarán a ninguna parte, y marchando acelerado como una moto a todas partes para llegar siempre tarde (un poco como Marty McFly, lo reconozco), estar triste es todo un avance. "Al menos así llevas un ritmo más calmado".

O será que cuando uno está triste le da más vueltas a la perola. Y le domina la terrorífica situación de que otra vez estoy en un territorio parecido. Que, en el fondo, la nueva dirección que he tomado se parece mucho a la que ya pillé hace trece años. Y que sé cómo y dónde acaba esta carretera. Y no me gusta un pelo.

 
4 - Roseanne
En medio de uno de esos eternos períodos de sombra que caen encima de cuando en cuando (y que cada vez se extienden más), cuando uno ha perdido el apetito por todo lo que no sea volver a leer las novelas del Inspector Rebus, me he sorprendido a mí mismo repitiendo hasta tres veces el mismo disco, "Black Cadillac", de Roseanne Cash., una buena reseña del cual podeís encontrar aquí.
En cierta forma, es como volver a un sitio que me devuelve el ánimo. En los últimos años, ha ido creciendo en mí el gusto por la música country. Primero los "revolucionarios" de los años 70, Outlaws, Eagles, Poco, etc- Luego los clásicos de los 50 (Patsy Cline, Atkins, Hank Williams, Loretta Lynn, y sobre todo Wanda Jackson), y no he seguido más allá. Los nuevos discos de country acaban por hacerse insoportables más allá del cuarto tema, aunque siempre hay grandes singles a mano (Mc Bride, Mary Chaplin C, Cyrus...). Así que despertar del letargo y encontrar con que uno le ha dado ya tres veces la vuelta al "Cadillac Negro" de Cash (el coche en el que se llevaron el cadaver de su padre, una de las tres muertes cercanas a que ha tenido que hacer frente Roseanne en menos de 22 meses) acaba por devolverle una mínima esperanza. ¿Quién sabe?., tal vez mañana sea capaz de ver alguna película más allá de sus primeros 20 minutos...
De hecho, en momentos como este lamento haberme dejado el sueldo de los últimos meses en las ofertas semanales de los Lidl, con lo bien que me iría un pequeño Ipod para los viajes en tren.

Roseanne Cash, mis Flores de Bach, los besos de la mujer que me espera mañana... Suerte que cuento con armas para superar estos días negros que se hacen eternos...

PS : Por cierto, tengo que echarle el guante al nuevo de Van Morrison, ahora que se ha lanzado al country

 
3 - GARAJE
El almuerzo en la cafetería de mi antiguo lugar de trabajo es algo que cualquier persona con un mínimo entendimiento trataría de evitar. Así que puede decirse que el principal motivo de que me encontrase de nuevo allí, con la bandeja en la mano y tratando de elegir entre una caldereta color verde oscuro (apuesto a que tenían un excedente de guisantes y decidieron echarselo a la carne antes que dejar que se pudirera) y unos lomos de merluza flotando en una salsa que no terminaba de decidirse entre el amarillo y el rojo era volver a conversar con dos viejos amigos que aún permanecen allí.
Como probablemente permanecería yo de no ser porque al final del pasado verano decidí comenzar a renovar todo lo que me rodeaba, y el trabajo fue lo primero que se puso a tiro. No tengo muy claro aún si he salido ganando o perdiendo. Hay quien señala que ahora gano más, pero a menudo debo recordarle que el aumento de sueldo se ha ido, de una parte, a pagar el préstamo que me ví obligado a solicitar cuando el automóvil anterior empezó a pedir la eutanasia a gritos, y, de otra, en aumentarle la pensión a mi hijo, o más bien a su madre, ya que el pobre aún no entiende de estas cosas.
La conversación, como viene siendo habitual, acabó recayendo en mi intento de venta del antiguo piso. Teniendo como referente un mercado inmobiliario necesitado de una dosis de cordura, aún no tengo claro si el precio que he puesto es justo o, por el contrario, sólo sirve para ahuyentar a los posibles compradores.

Y ni siquiera estoy seguro de que sea un consuelo saber que, como me dijo uno de ellos, el precio que he puesto apenas llega al doble de lo que cuesta una plaza de garaje donde él vive. Sí que me indignó saber que, mientras varios vecinos tienen que seguir dejando sus automóviles (conociendo el barrio, creo que pocos de ellos bajarán de los 24.000) en la calle, un antiguo notario tiene ya cinco plazas y está pujando fuertemente por la sexta. Cuando el portero le preguntó para qué quería tantas plazas ahora que sus hijos no viven con él, respondió que las guarda para cuando vienen a visitarle sus hijos o sus amigos.
A veces, pero sólo a veces, creo que no tener tanto dinero es una suerte: al menos no se me ha ido la olla como al ex-notario.

 
2 - Retorno
La pregunta nunca me la hace nadie, por eso me la disparo a mí mismo en ocasiones. "¿Y no te cambiarías por ser como antes?". Inequívocamente, la respuesta es "no". Sobre todo porque ya he estado allí y tampoco mereció tanto la pena.

De cuando en cuando ataca la nostalgia, de los viajes principalmente, pero me recuerdo a mí mismo que no soy de estirpe viajera, que a mí lo que me interesa es la gente, y no los sitios. Viajar para ver...mejor me apunto al Canal Viajar. Viajar para hablar con gente nueva y que te cuenten cosas, eso sí. Pero, de nuevo me recuerdo a mí mismo, yo suelo ser muy poco atrevido para entablar conversación con desconocidos. Tendrían que pasar semanas hasta que pillase confianza, y lo más a lo que podría aspirar es a pasar seis o siete días en otra parte. Así que, definitivamente, no me cambiaría por quien yo era antes sólo por viajar. Supongo que en algunos lustros, cuando los críos puedan ser llevados o quedarse solos, tal vez...
¿Qué otras cosas podría echar de menos? ¿Ir a conciertos? No, eso iba unido a una época de mi vida y a unos amigos. Y lo que me gustaba era todo el ritual previo: ayudar a cargar la furgoneta, montar el escenario, la prueba de sonido, la cena previa, y el demontaje y regreso a casa, llegadas las luces del alba. Pero ellos ya no están en esto. Y supongo que me pasa lo que con el cine. Odio meterme en un sitio con muchas personas, sobre todo cuando todo el mundo está pendiente de lo mismo, sea la pantalla o el escenario. Definitivamente, con los años me he vuelto más maniático.

Pocas cosas se me ocurren más sobre las que valga la pena detenerse para comparar. A las mujeres ni las menciono, porque han sido muy pocas en mi vida, y sólo en los últimos dos años ha habido algo de movimiento, aunque, gracias sean dadas a quien corresponda, la estabilidad es otra vez la opción favorita. Y, ciertamente, para lanzarse a la jungla no ahce falta volver atrás en el tiempo.

Así que, no gracias, me quedo donde estoy. Tal vez no sea feliz, pero no lo era antes y creo que nunca lo seré. Lo llevo en la sangre. O en otra parte.

 
1 - Commuting
Una cosa es que a uno no le gusten las cosas fáciles y otra es complicarse tanto la vida. Pero posiblemente si no fuera así no estaría hablando de mí. Así que, otro miércoles más, apresuro los minutos en el trabajo para salir disparado a mi domicilio donde, tras una rápida ducha y un cambio de hábitos, huyo hacia la estación de cercanías, rezando para que no haya mucha cola en la taquilla y no se me pase el tren. Si todo va bien y consigo subirme al vagón en tiempo y forma, llegaré al sitio donde pretendo empezar una nueva vida para cuando haya se haya puesto el sol. Aunque lo daremos todo por bueno en cuanto ella (o alguna de las niñas, en su defecto) me abra la puerta. En total, desde que cierro el PC y me levanto de mi mesa de trabajo hasta que cruzo la puerta de su casa, he recurrido a desplazarme mediante bicicleta, moto, tren y coche. Mañana por la mañana, cuando abandone el pueblo (antes de que salga el sol, al que veré asomar desde mi ventanilla en algún lugar del recorrido) otra vez uso los mismos medios, pero a la inversa.
Posiblemente haya otra forma más fácil de vivir en pareja, pero es la que me ha tocado y la acepto con gusto...