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BUSCATE LA VIDA
Que ya vas siendo mayorcito



Algo de mí


Pos es cierto. Esto ya s'acabó.
Un correo: papapitufo77@yahoo.com
Y un sitio
aunque nada que ver con éste...

Sindicación

 
61 - NUNCA DIGAS NUNCA JAMAS...pero al menos déjame intentarlo
¿Por qué?
Porque....
siempre quedan hojas por arrancar en el calendario
Son muchas las cosas que quedan, no todo se va
Queda la palabra...

Después de aquella ventura
Gozada, y no por suerte
Ni error —mi sino es quererte,
Ventura, como madura
Realidad que me satura
Si de veras soy— después
De la ráfaga en la mies
Que ondeó, que se rindió,
Nunca el alma dice: no.
¿Qué es ventura? Lo que es.
(Jorge Guillén - "En Plenitud" - incluida en "Cántico")


Y quedan las canciones, claro.
Disfrutad el video...es mi grupo favorito en mi ciudad favorita, al fin y al cabo.


 
58, 59 y 60 - HASTA AQUÍ LLEGÓ LA MAREA
...y tal día hizo un año

Gracias a todas y a todos

 
57 - TANATORIO
Recibo la llamada un domingo en la sobremesa. Un poco asombrado al ver que se trata de un compañero de promoción al que no veo desde hace unos dos años, descuelgo para enterarme de que ha fallecido, tras una larga enfermedad, la madre de otro compañero con el que no me he cruzado desde hace muchas muchas lunas, pero que me caía especialmente bien.

Así que este lunes hice un alto en el trabajo y, enfundandome la chaqueta y corbata que llevaban meses languideciendo en la percha de mi despacho, me acerqué en moto hasta el Tanatorio que abrieron entre la SE-30 y la tierra olvidada de la mano de Dios que recibe el nombre de "El Vacie".

Aunque ya he estado aquí, no puedo evitar que el recibidor del Tanatorio me transmita una vez más la impresión de estar en algún aeropuerto especialmente limpio y cuidado, con su mostrador de reservas, el de información y, lo más destacado, el panel de llegadas y salidas que preside el conjunto. Un lugar bastante aséptico, donde es raro oír lamentos y donde posiblemente las plañideras andarian perdidas.

Una de las leyendas urbanas que conozco, y que posiblemente ya haya contado aquí, es la del amigo de un amigo que, pillado "in fraganti" por la parienta mientras tomaba la temperatura de una compañera de trabajo con el termómetro indebido, fue puesto de patitas en la calle sin tiempo de recoger sus pertenencias. Como en aquellas circunstancias prefería no contarselo a sus padres de inmediato, se tuvo que buscar un lugar donde pernoctar aquella noche. La compañera de trabajo, que también tenía su pareja esperandole en casa, lo mandó todo lo lejos que pudo, como no podia ser menos. En aquel momento de desesperación, recordó que pocos días antes habia acudido al Tanatorio a despedir a un tio lejano suyo, a última hora de la tarde, y que, a eso de las diez, sus parientes dejaron al finado en la cómoda sala que tenía asignada y se fueron cada uno a dormir a su casa, con la idea de regresar a primera hora de la mañana siguiente y preparar la misa y el traslado al cercano cementerio. Y recordaba que en las salas cercanas pasaba otro tanto, con todos los familiares partiendo para dormir en sus casas, puesto que aquellas salas, aún contando con calefacción y cómodos sofás y sillones, nunca podrían competir con la propia cama en casita de cada uno. Y, sin embargo, advirtió el pobre diablo, algunos parientes llegados de los pueblos preferían quedarse velando al fenecido antes que hacer kilómetros rumbo a casa bajo la lluvia y con el frío para tener que regresar a primera hora de la mañana. Al fin y al cabo, el tanatorio tiene cafetería que sirve tapas hasta las diez o asi de la noche, y empieza a servir cafés bien temprano.

Como no es dificil suponer, la idea de este pobre diablo fue la de darse una vuelta por las distintas salas y quedarse con la copla de qué finados se quedaban solos a pasar la noche. Así que, tras mirar en el panel de salidas y llegadas cuales se enterraban a hora más temprana, decidió entrar en una sala que acababa de quedarse vacía y cuya misa no tendria lugar hasta las diez y media de la mañana siguiente. El truco, por supuesto, está en meterte en la habitación en cuanto los familiares han desaparecido pero justo antes de que venga el guardia a cerrar la puerta, y siempre le puedes contar que acabas de llegar del pueblo y que te vas a quedar velando a tu tio Evaristo. A la mañana siguiente, a eso de las ocho, tras una buena noche de sueño (ya digo que los sofás son de fábula), el fulano se acercaba a los servicios para asearse, desayunar en el bar y marchar rumbo al trabajo.

La leyenda urbana también dice que el adultero pillado llegó a hacer uso del tanatorio a la noche siguiente, antes de que un primo suyo se apiadase de su situación y le acomodara en la caseta del perro. Lo único que no me cuadra es que el guarda de noche no le reconociera de la pernocta anterior, pero igual es que cambió el turno. A una leyenda urbana no se le pueden pedir cosas raras.

Y en eso estaba pensando yo, cuando en el mismo recibidor me encontré con algunos compañeros de promoción, y me uní a la misa en honor de la difunta. Al final de la misma, mi amigo, de entre los varios hermanos, leyó unas palabras de recuerdo a la madre desaparecida, y no pude evitar pensar qué diría yo si me tocase semejante papeleta algún día. "Bueno, ahora que ya no está mi madre entre nosotros, espero que mi hermano sea capaz de dejar el hogar, después de 40 años apalancao retenido por la vieja. Que, dicho sea de paso, deja tres neuróticos a su paso, ahora que mi padre, a la vejez, empieza a portarse de una forma especialmente rara, y no le puedo culpar. Mami tenia un siniestro mecanismo de control: nunca le escuchamos una prohibición, nada de 'a las diez en casa', bueno, sí, pero no es que estuvieramos en una dictadura, podíamos hacer lo que queríamos. El problema es que nunca queríamos nada, porque se nos quitaba las ganas de todo, fuera un traje, un disco o una novia. '¿eso te vas a poner, tan feo?', '¿qué música es esa tan horrorosa?' '¿de dónde has sacado a esta muchacha, por dios?' Así que fuimos pasando por la vida con las ganas de todo quitadas. Yo, por lo menos, me fui de allí cuando me casé, pero aquí mi hermano nunca tuvo un pretexto para ello. Y mi padre, ni os digo. No es extraño, por tanto, que todos seamos pacientes del Centro de Salud Mental más cercano. En fin, mami, hemos venido aquí para darte el último adios, por si acaso"

 
56 - QUIERO PROBLEMAS
"Te hace falta una buena mili". Se me ha venido a la cabeza esta frase de mi mami que tanto me atemorizó hasta ya entrada la veintena, hasta que un día tuve la suerte de librarme de aquella losa que se interponía entre el final de la vida académica y el inicio de la laboral. Más tarde, con la desaparición del servicio militar obligatorio, la frase pasó a ser un anacronismo más. Aunque a veces estoy tentado de repetirsela, megáfono en mano, a todos los que zascandilean, embotellonados y gozosos, cortandome el acceso a alguna que otra calle. Pero eso debe ser porque ya empiezo a hacerme viejo. Más todavía si cabe.

La frase materna, empero, tenía su justificación, cada vez que servidor se quejaba de lo que ella, más acostumbrada a las estrecheces a lo largo de su vida, consideraba una situación bastante benigna, tanto si era referente a la comida en casa como al ajado mobiliario, a lo antigua que era la tele del salón o a la falta de alternativa para vacaciones. El mensaje estaba claro, "no te quejes porque podría ser peor". Eso ya lo sé, menudo descubrimiento. Son las dos únicas leyes maximalistas de la vida que reconozco, a saber, "todo puede ir a peor y, probablemente, irá" y "no vaciles porque siempre llegará alguien más chulo que tú". Tiene que llegar el día en que alguien me las desmienta.

Por eso escribo desde la indignación. Contra mí mismo, como no podía ser de otra forma. Por llevarme todo el día esperando algo mejor (algo nuevo, ya que a estas alturas, como en el perpetuo día de la marmota, algo nuevo es algo bueno). Por buscar algo que no sé lo que es. Por el estado de perpetua confusión que me rodea por dentro desde hace algunos años. Por no acordarme nunca de las cosas buenas y ver siempre la mugre que hay en los filos.

Y ahí viene el tópico una vez más: "lo echarás de menos cuando no lo tengas". Otro que ha "hablao l'evangelio", menudo profeta. Eso ya lo sé, ¿por qué te crees que estoy indignado conmigo mismo? Por eso mismo, porque quisiera saborear, aunque sólo fuera por un momento, qué se siente al estar uno a gusto consigo mismo. No con el sitio donde estás ni con el plato que devoras ni con el coche que pilotas, nada de eso. Con uno mismo.

La presencia de L., al menos, me garantiza un punto de referencia en lo que a cordura se refiere. Ella lo tiene muy claro, nunca ha sido tan feliz como ahora. Tras ser machacada a fondo en su infancia y su juventud por las personas que tenía más cerca en cada una de esas etapas, ahora que esos fantasmas están más lejos, se reconoce en la plenitud junto a sus hijas, en su casa y con sus mascotas. Prefiero no preguntarme qué papel pinto yo exactamente en ese cuadro pero, vista la experiencia de este verano desde el principio hasta el final, no me hago muchas ilusiones de ir más allá de un accesorio.

O no, porque ya estamos con el mismo tema, no valorar lo que tengo aquí y ahora. La perspectiva histórica me reconforta y me permite hacer un poco de pie en esta laguna negra. Una perspectiva que me gustaría contar en este sitio pero de lo cual me abstengo por ahora, no vaya a pasar por aquí alguno(a) de los protagonistas y me encuentre con un zurriagazo en la testa a la primera ocasión. Mirar atrás: donde estaba, con quién estaba / donde estoy, con quién estoy. Todos los indicadores apuntan a que he salido ganando. Y aún así, sigo oyendo termitas en mi interior, devorando la certeza, carcomiendo los travesaños.

 
55 - CANALLO
A finales de este verano, algún vecino de la urbanización, que sin duda había hecho de su pelea con los desvergonzados gatos callejeros algo personal, colocó un plato trampa con alguna sustancia que acabó con casi toda la población felina del lugar, y con algún que otro can de paso, por lo que el culpable recibió un severo escarmiento en sus huesos.

En el patio trasero de L., sin embargo, quedaban dos ejemplares, una gata gris y su cría de rayas marrones, nacida pocos días antes de la catástrofe que se llevó por delante a tantos congéneres. La madre, escarmentada, no volvió a probar comida de plato alguno y recuperó sus raíces cazadoras. Así, no era extraño encontrar en el patio los restos de algún ave o roedor.

Desde el fin de semana pasado, las noches tienen el mismo sonido: el de los maullidos de la cría que llama a su madre durante una dos o tres horas seguidas. Durante las dos o tres primeras noches pensabamos que la madre estaría por ahí en alguna misión cazadora, pero lleva ya una semana desaparecida y tememos que no ha de volver.

A la cuarta noche comprendimos que el pobre minino no tenía quien le alimentase, así que decidimos sacarle algunas sobras. Sin ningún propósito de adoptarlo, hecho que no hubiera sido visto con buenos ojos por la coneja Chiripa, ni por los hamsteres Pin y Pon, ni por la pareja de inseparables que suelen pasar varias horas sueltos por el salón cada día, mucho menos por la colonia de peces tropicales que decora el salón. Me llamó la atención que, tras dos horas de maullidos quejumbrosos, el gatino se hubiera silenciado. Salí al patio y pude comprobar que su letanía se escuchaba todavía, pero ahora más a lo lejos. Siguiendo el sonido, descubrimos que ahora interpretaba su concierto en el patio de otra vecina, dos manzanas más allá, también aficionada a los animales.

Tras unos días de observación, L y las niñas han descubierto que el presumiblemente huerfano tiene ya una ruta fija por la que va pidiendo comida de casa en casa, haciendo saber a sus ocupantes su presencia mediante ese llanto gatuno que puede ablandar el alma más recia, hasta que, una vez que recibe algo de comida, se marcha rumbo a su siguiente parroquiana. Todas mujeres, todas con alguna mascota en casa (aficionadas, por tanto, a los animales) y todas sin perro, condición más que necesaria.

Presumo que un dia de estos alguna de sus benefactoras dará el paso y lo alojará en su casa, si el resto de las mascotas no se oponen. Algunas mañanas, cuando abandono la casa antes del amanecer, le he visto moverse dentro de la casa del perro, abandonada desde que su última ocupante destrozara a mordiscos casi todo el vestuario de la pequeña, hace ya tres años, pero L. tiene claro que el gato no tiene cabida en aquella menagería. O quizás, posiblemente, nuestro amigo a rayas marrones desee seguir como está, sabiendose protegido por cinco o seis mecenas pero sin entregar su corazón a ninguna. Eso es vida.

 
54 - SIN VERGUENZA

Hace unas tres semanas, los gritos de Pb me resonaban en los oídos, aún minutos después de que hubieran cesado. Normalmente, Pb es el hombre tranquilo, y, de hecho, esa imperturbabilidad le ha hecho famoso entre nuestra peña. Eso y el hecho de que hace veinte años a todos nos parecía un abuelo y hoy en dia sigue teniendo exactamente el mismo aspecto mientras que a su alrededor todos estamos más gordos, o más calvos, o ambas cosas, y por seguro que más fofos.
Por eso me sorprendía que aquella noche Pb estuviera insualmente suelto y aullando a voz en grito. Aunque, para ser justos, el 99% restante de la sala hacía lo mismo. Sobre el escenario, a dos metros de nuestras narices, una banda recauchutada (formada por ex-miembros de otros grupos con miles de kilómetros a las espaldas) presentaba su repertorio de versiones de clásicos ante el deleite de la concurrencia que, ciertamente, no estaba por calificarlos de orquesta. Será que a estas alturas todos tenemos mucho más pasado que presente y, por supuesto, que futuro, así que parece lógico dejar a un lado por unas horas la prospección de nuevos talentos y regodearnos con aquellas piezas que eran clásicas cuando aún no habíamos salido de la Universidad. Hijos de los 80, llegó vuestra hora.
Pero, incluso en ese contexto, lo que rebotaba entre mis timpanos no era el tono o el volumen, sino el contenido : "¡Sin verguenza!". Por supuesto, la primera vez que lo dije me volví hacia Pb a ver por qué insultaba a los del escenario, hasta que Pedro, a mi izquierda, me dijo que era algo así como el nuevo mantra de Pb, cada vez que escuchaba un grupo que le gustaba. Algo así como una invitación a que dejaran la verguenza y el corte a un lado y se dejaran llevar por el arrebato del momento (no, no me refiero al cantante).
Y me decía en el regreso a casa que no es mal lema. "Sin verguenza". Luciría bien en vallas y carteles y spots, toda una campaña de publicidad incitando a arrinconar inhibiciones. En la radio tardaría un poco más, ya que las primeras veces la gente pensaría que estaba oyendo "sinverguenzas", es decir, un insulto. Bien visto, sería un impulso extra para la campaña, el del escandalo y la indignación de los cortos de mente, un segmento de población al que nunca debe menospreciarse porque, y como prueba de ello basta con asomarse a los informativos, los entes de encefalograma plano han conquistado el mundo.
Así las cosas, no me importaría cruzarme cada dia cuando voy al trabajo en bicicleta con carteles (negro sobre blanco, letra Times de gigantescas proporciones) que incitasen a la población a ir sin verguenza. Joder, a mí me haría una falta horrible, devorado como estoy permanentemente por la autocensura y el achantamiento. Y como yo fijo que hay cienes y cienes de personas humanas.

sin verguenzaAunque, ingenuo de mí, salir a la calle es tanto como desengañarse. Aquel que viene con el radio del coche a todo trapo (y siempre con esa música impersonal e intercambiable, nunca con grandes piezas de música de baile). El otro que aparca en doble fila porque tiene que dar una razón o porque quiere tomarse una cerveza o porque no quiere andar diez pasos más . O el que se coloca inmediatamente detrás de tí en la autovía cuando tu velocímetro marca 20 kms/hora por encima del límite y te quiere echar al carril de los lentos para poder seguir a 160 (¡un saludo, amigo H, esto no va por tí!). O, cuando se bajan de las cuatro ruedas, los que se saltan la fila y la cola, los que hacen del engaño una forma de vida, los que presumen de lo que nunca serán, o, a mayores alturas, los que recalifican terrenos, los intermediarios de influencias, los que montan programas de televisión sin otro contenido que remover la basura lo más lejos posible.

Y me digo que vivimos mejor sin esa campaña de publicidad con la que antes soñaba. Porque, haciendo promedio, andamos todos bastante raspados de verguenza. ¿Y queremos que haya menos entoavía?

===Disculpas : Me veo incluso incapaz de cumplir mi compromiso de traer una página aquí cada martes. El diseño del otro blog (prometo poner aquí el enlace cuando esté operativo al 100%) me está dejando seco...