66 - CERRADO POR TRASLADO
Como nos a pasado casi a todos, un dia se cansa uno de esos paupérrimos 2 MBs, de las limitaciones de estilo y de tantas cosas (¿qué os voy a contar?) y decide hacer la maleta.
¿Mi próximo destino?
Aquí mismo
¿Me honrareís con vuestra presencia?
¿Mi próximo destino?
Aquí mismo
¿Me honrareís con vuestra presencia?
Etiquetas: adios
65 - FORMATEO AVANZADO
Ahora me va a tocar quejarme a mí.
Del trabajo, por ejemplo.
De salir todos los días (salvo aquellos en los que tengo a mi peque, que eso es sagrao) reventao más allá de las ocho, con once horas en el despacho entre pecho y espalda y los ojos retorcidos hacia dentro de tanto mirar el monitor, y sintiendome mal porque sigo sin dar con la tecla. M'explico: mi jefe directo (que fue quien me propuso irme con él en esta aventura) no es mala gente ni mucho menos, pero tiene una inseguridad en su trabajo que se muere.
Literalmente.
Y yo también, colateralmente

Cada vez que lo ascienden pilla alguna enfermedad grave (piedras en el riñon, neumonías, arritmias...) y seguro que es todo psicosomático, del canguele que le entra. Aunque luego tiene que disimularlo, pero se le nota en muchas historias.
Como uno será muchas cosas, pero sutil no lo soy en absoluto, cada vez que se lo digo en la cara se pone malo y me insiste en que él no le tiene miedo a ningún jefe, y que cuando se jarte de todo se va a su antiguo trabajo. Si eso le sirve para convencerse a sí mismo, por mí, OK. Pero a mí no me engaña.
El caso es que llevamos desde septiembre con un documento importante que hay que presentar ante los jefes, y no termina de estar contento con el resultado. Cada semana hay que reescribirlo de nuevo, darle la vuelta a todos los capítulos, unas veces hay que extenderlo (en alguna versión me ocupó 200 páginas) y otras reducirlo (en otras versiones me he quedado en 80). Pero sigo sin dat con la tecla, ya os digo.
Francamente, nunca me ha pasado que mi jefe me "eche para atrás" tantas veces un papel, y si yo estoy quemaíto, del consultor que me presta su apoyo mejor ni hablo.
Por mi parte, ya me he visto otras veces en estas, aunque nunca con un caso tan agudo de canguele (si se le nota, que fijaos que ha vuelto a fumar desde septiembre, empezó con uno al día y ahora fijo que se cepilla medio paquete). Y en estos casos el final es siempre el mismo: los jefes luego apenas le ponen pegas a lo que le damos, porque ni se lo miran. Algunas correcciones y listo, pero nada como lo que él se imagina que le van a decir. Tanta corrección y reescritura para nada.
En fin, seguiremos aquí porque, en primer lugar, tampoco tengo muchas ofertas (podría intentar volver a mi antiguo sitio, pero desde que me fui han cambiado muchas cosas y seguiría siendo también un extraño allá) y en segundo porque, ya digo, no es mala gente, ni prepotente, y le echa a esto aún más horas que yo. Lo que le pasa, simplemente, es que está asustado.
Y yo quemado, claro. Así las cosas, no me extraña que en pocos días las cosas hayan cambiado tanto con mi pareja. Pero eso será otra historia, en su momento. Cuando todo se calme...
Del trabajo, por ejemplo.
De salir todos los días (salvo aquellos en los que tengo a mi peque, que eso es sagrao) reventao más allá de las ocho, con once horas en el despacho entre pecho y espalda y los ojos retorcidos hacia dentro de tanto mirar el monitor, y sintiendome mal porque sigo sin dar con la tecla. M'explico: mi jefe directo (que fue quien me propuso irme con él en esta aventura) no es mala gente ni mucho menos, pero tiene una inseguridad en su trabajo que se muere.
Literalmente.
Y yo también, colateralmente

Cada vez que lo ascienden pilla alguna enfermedad grave (piedras en el riñon, neumonías, arritmias...) y seguro que es todo psicosomático, del canguele que le entra. Aunque luego tiene que disimularlo, pero se le nota en muchas historias.
Como uno será muchas cosas, pero sutil no lo soy en absoluto, cada vez que se lo digo en la cara se pone malo y me insiste en que él no le tiene miedo a ningún jefe, y que cuando se jarte de todo se va a su antiguo trabajo. Si eso le sirve para convencerse a sí mismo, por mí, OK. Pero a mí no me engaña.
El caso es que llevamos desde septiembre con un documento importante que hay que presentar ante los jefes, y no termina de estar contento con el resultado. Cada semana hay que reescribirlo de nuevo, darle la vuelta a todos los capítulos, unas veces hay que extenderlo (en alguna versión me ocupó 200 páginas) y otras reducirlo (en otras versiones me he quedado en 80). Pero sigo sin dat con la tecla, ya os digo.
Francamente, nunca me ha pasado que mi jefe me "eche para atrás" tantas veces un papel, y si yo estoy quemaíto, del consultor que me presta su apoyo mejor ni hablo.
Por mi parte, ya me he visto otras veces en estas, aunque nunca con un caso tan agudo de canguele (si se le nota, que fijaos que ha vuelto a fumar desde septiembre, empezó con uno al día y ahora fijo que se cepilla medio paquete). Y en estos casos el final es siempre el mismo: los jefes luego apenas le ponen pegas a lo que le damos, porque ni se lo miran. Algunas correcciones y listo, pero nada como lo que él se imagina que le van a decir. Tanta corrección y reescritura para nada.
En fin, seguiremos aquí porque, en primer lugar, tampoco tengo muchas ofertas (podría intentar volver a mi antiguo sitio, pero desde que me fui han cambiado muchas cosas y seguiría siendo también un extraño allá) y en segundo porque, ya digo, no es mala gente, ni prepotente, y le echa a esto aún más horas que yo. Lo que le pasa, simplemente, es que está asustado.
Y yo quemado, claro. Así las cosas, no me extraña que en pocos días las cosas hayan cambiado tanto con mi pareja. Pero eso será otra historia, en su momento. Cuando todo se calme...
64 - FORMATEO
¿Recordaís el post de no hace ni ocho días?
Ya es historia, podemos olvidarlo.
Ahora a sobreponerse...
Ya es historia, podemos olvidarlo.
Ahora a sobreponerse...
63 - PASO A DOS
Desbordado por la semana laboral que terminaba bien entrada la tarde del viernes, ya pasada la puesta de sol, y encogido por la que me esperaba a partir del próximo lunes a las ocho, pongo rumbo al refugio en que se ha convertido el hogar de L., que también va siendo el mío un poquito cada vez.
Me encuentro la casa vacía, cosa extraña a la hora que era. Demasiado pronto para que la pequeña esté en la cama, demasiado tarde para que la mayor estuviera aún con las amigas, demasiado extraño no encontrame a L. apartando la cena. El posible misterio se resuelve pocos minutos después cuando L. regresa de la calle. A lo que parece, como excepción que confirma la regla, este fin de semana el padre de las niñas se ha molestado en venir a por ambas. Lo que significa que, por vez primera desde hace tiempo, vamos a estar sin niños.
Moderemos la alegría: quedan aún lavadoras que tender, secadoras que recoger y clasificar, cenas que preparar, puertas que arreglar, ropa de verano que vuelve al armario y mantas de invierno que regresan a los dormitorios, reparaciones varias...pero al fin, antes del mediodía del sábado estamos ya en camino hacia Sevilla, donde nos espera un fin de semana dedicado a nosotros.
O tal vez no.
Nuestro primer destino es, debí haberlo imaginado, el temible Zara Taras, donde L. se dispone a pasar las próximas horas rebuscando entre cajones y perchas. "¿Se supone que debo quedarme de pie esperando a que decidas?" "Yo que sé, busca algo por ahí". En la calle veo el cartel de la Feria del Libro de Ocasión, que tiene lugar muy cerca de allí.
El resultado es que, para cuando se pone el sol, ambos hemos dejado escuálidas nuestras respectivas tarjetas de crédito y tenemos que ingeniarnoslas para meter todas las compras en el cofre de la moto. Y eso sin contar la visita al Stradivarius para ver si tienen ese dichoso pantalón en la talla 34.

A la puesta del sol, le tengo preparado algo especial, aprovechando la celebración del decimo tercero mes de la Danza y, sobre todo, su programa de Danza en Espacios Insólitos, que nos permiten admirar el trabajo de profesionales absolutamente rompedores y compañías de baile experimentales en algunos de los mejores monumentos de Sevilla, como el Monasterio de la Cartuja. Aparte del hecho de que estar media hora sentado en el suelo de una iglesia puede ocasionarte serios calambres, al menos L. disfrutó con los números (a mí no me pregunteís, que de estas cosas no entiendo) y hubiera sido redondo de haber podido asistir al número que la belga Pascale Gille tenía preparado en San Luis, pero, amigo, estamos en Sevilla, donde todo el mundo es un artista a la hora de colarse y el aforo limitado nos dejó con la miel en los labios.
El domingo transcurrió de manera parecida al sábado, entre tareas domésticas, algo de compras y danzantes contemporáneos, antes de iniciar el regreso al refugio. Y a lo que me espera a partir de hoy en mi mesa...
Me encuentro la casa vacía, cosa extraña a la hora que era. Demasiado pronto para que la pequeña esté en la cama, demasiado tarde para que la mayor estuviera aún con las amigas, demasiado extraño no encontrame a L. apartando la cena. El posible misterio se resuelve pocos minutos después cuando L. regresa de la calle. A lo que parece, como excepción que confirma la regla, este fin de semana el padre de las niñas se ha molestado en venir a por ambas. Lo que significa que, por vez primera desde hace tiempo, vamos a estar sin niños.
Moderemos la alegría: quedan aún lavadoras que tender, secadoras que recoger y clasificar, cenas que preparar, puertas que arreglar, ropa de verano que vuelve al armario y mantas de invierno que regresan a los dormitorios, reparaciones varias...pero al fin, antes del mediodía del sábado estamos ya en camino hacia Sevilla, donde nos espera un fin de semana dedicado a nosotros.
O tal vez no.
Nuestro primer destino es, debí haberlo imaginado, el temible Zara Taras, donde L. se dispone a pasar las próximas horas rebuscando entre cajones y perchas. "¿Se supone que debo quedarme de pie esperando a que decidas?" "Yo que sé, busca algo por ahí". En la calle veo el cartel de la Feria del Libro de Ocasión, que tiene lugar muy cerca de allí.
El resultado es que, para cuando se pone el sol, ambos hemos dejado escuálidas nuestras respectivas tarjetas de crédito y tenemos que ingeniarnoslas para meter todas las compras en el cofre de la moto. Y eso sin contar la visita al Stradivarius para ver si tienen ese dichoso pantalón en la talla 34.

A la puesta del sol, le tengo preparado algo especial, aprovechando la celebración del decimo tercero mes de la Danza y, sobre todo, su programa de Danza en Espacios Insólitos, que nos permiten admirar el trabajo de profesionales absolutamente rompedores y compañías de baile experimentales en algunos de los mejores monumentos de Sevilla, como el Monasterio de la Cartuja. Aparte del hecho de que estar media hora sentado en el suelo de una iglesia puede ocasionarte serios calambres, al menos L. disfrutó con los números (a mí no me pregunteís, que de estas cosas no entiendo) y hubiera sido redondo de haber podido asistir al número que la belga Pascale Gille tenía preparado en San Luis, pero, amigo, estamos en Sevilla, donde todo el mundo es un artista a la hora de colarse y el aforo limitado nos dejó con la miel en los labios.
El domingo transcurrió de manera parecida al sábado, entre tareas domésticas, algo de compras y danzantes contemporáneos, antes de iniciar el regreso al refugio. Y a lo que me espera a partir de hoy en mi mesa...
62 - Y TODO ESO
¿Es este el mismo tren donde iba montado hace un año? ¿No son las mismas caras? Me bajaré en la misma estación, donde tendré de nuevo la vieta moto esperandome para salir hacia este trabajo donde aún no sé por qué un dia decidí dejar el mío. Y veré a los compañeros de siempre, y el trabajo sobre mi mesa será sospechosamente parecido al que hubo entonces. Si es que hubo entonces.

Igual ha sido todo un sueño. Entonces, ¿será una premonición? ¿Quiere eso decir que todo seguirá el mismo dulce camino hasta la llegada de la primavera? ¿Que tendré otra vez que mudarme? ¿Y volverme loco con los ajustes? ¿Y que llegará la alergia para dejarme un mes entero sin dormir? ¿Y que todo acabará y nada tendrá sentido?
Entonces...¿me he imaginado todo lo que pasó desde hace doce meses hasta ahora? O no, mucho peor: ¿significa esto que los próximos doce meses serán igual que los últimos? ¿He caído dentro del año de la marmota?
Suerte que tengo aquí la vacuna. A mano.

Igual ha sido todo un sueño. Entonces, ¿será una premonición? ¿Quiere eso decir que todo seguirá el mismo dulce camino hasta la llegada de la primavera? ¿Que tendré otra vez que mudarme? ¿Y volverme loco con los ajustes? ¿Y que llegará la alergia para dejarme un mes entero sin dormir? ¿Y que todo acabará y nada tendrá sentido?
Entonces...¿me he imaginado todo lo que pasó desde hace doce meses hasta ahora? O no, mucho peor: ¿significa esto que los próximos doce meses serán igual que los últimos? ¿He caído dentro del año de la marmota?
Suerte que tengo aquí la vacuna. A mano.





