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BUSCATE LA VIDA
Que ya vas siendo mayorcito



Algo de mí


Pos es cierto. Esto ya s'acabó.
Un correo: papapitufo77@yahoo.com
Y un sitio
aunque nada que ver con éste...

Sindicación

 
3 - GARAJE
El almuerzo en la cafetería de mi antiguo lugar de trabajo es algo que cualquier persona con un mínimo entendimiento trataría de evitar. Así que puede decirse que el principal motivo de que me encontrase de nuevo allí, con la bandeja en la mano y tratando de elegir entre una caldereta color verde oscuro (apuesto a que tenían un excedente de guisantes y decidieron echarselo a la carne antes que dejar que se pudirera) y unos lomos de merluza flotando en una salsa que no terminaba de decidirse entre el amarillo y el rojo era volver a conversar con dos viejos amigos que aún permanecen allí.
Como probablemente permanecería yo de no ser porque al final del pasado verano decidí comenzar a renovar todo lo que me rodeaba, y el trabajo fue lo primero que se puso a tiro. No tengo muy claro aún si he salido ganando o perdiendo. Hay quien señala que ahora gano más, pero a menudo debo recordarle que el aumento de sueldo se ha ido, de una parte, a pagar el préstamo que me ví obligado a solicitar cuando el automóvil anterior empezó a pedir la eutanasia a gritos, y, de otra, en aumentarle la pensión a mi hijo, o más bien a su madre, ya que el pobre aún no entiende de estas cosas.
La conversación, como viene siendo habitual, acabó recayendo en mi intento de venta del antiguo piso. Teniendo como referente un mercado inmobiliario necesitado de una dosis de cordura, aún no tengo claro si el precio que he puesto es justo o, por el contrario, sólo sirve para ahuyentar a los posibles compradores.

Y ni siquiera estoy seguro de que sea un consuelo saber que, como me dijo uno de ellos, el precio que he puesto apenas llega al doble de lo que cuesta una plaza de garaje donde él vive. Sí que me indignó saber que, mientras varios vecinos tienen que seguir dejando sus automóviles (conociendo el barrio, creo que pocos de ellos bajarán de los 24.000) en la calle, un antiguo notario tiene ya cinco plazas y está pujando fuertemente por la sexta. Cuando el portero le preguntó para qué quería tantas plazas ahora que sus hijos no viven con él, respondió que las guarda para cuando vienen a visitarle sus hijos o sus amigos.
A veces, pero sólo a veces, creo que no tener tanto dinero es una suerte: al menos no se me ha ido la olla como al ex-notario.

No