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Adios al humo
Escritos de un adicto que quiere dejar de serlo.
Acerca de
Demasiados años fumando en el balcón, esperando nada, llenando mi vida de humo. Mi vida es humo. Se deshace...
Sindicación
 
Estos días
Aquí seguimos todos nosostros, hinchados de turrón, comprando sin tregua. Allá, lejos, el planeta cruje y vive. Palpita con fuerza y cada pálpito es un temblor de cadáveres entre los restos del naufragio de una especie, la nuestra, la de los depredadores del resto del planeta.

El despertar, cuando llegue, va a ser muy duro.


 
Algo no mío, de mi hermano JB

RETROCESO

Si las flores huyen de los jardines
y las lágrimas fluyen al interior del ojo.
Si llueve hacias las nubes.
Si crece hacia la tierra el árbol
y hunde sus raíces en el aire.
Si alumbra el sol tu insomnio
y la luna calienta el mediodía.

Si avanzas hacia atrás
no vuelves al principio


 
Días pasados

El pasado sólo existe cuando lo recordamos. Su consistencia maleable hace que cada cual pueda moldearlo a su manera. Inútil esfuerzo de historiadores. Sólo nos sirve el pasado que recordamos y éste no tiene otro valor que el que queramos darle.

Y, aún así, nos empeñamos en utilizarlo como arma arrojadiza, como espada flamígera para herir a los que nos rodean cuando ellos vivieron, con nosotros, otro pasado distinto, a nuestro lado.

Acabó la navidad con un perfume. Entiendo al final el esfuerzo ímprobo de la publicidad.

 
Navidad
Hasta mañana.

 
Ayer

Como cada año, ayer mucha gente salió con la cara de imbécil que te pone la pasta en todos los telediarios.

Ayer, por primer año, conseguí no tener ni un solo céntimo de lotería en el bolsillo.

Como siempre, le tocó al de todos los años, al propietario de Sort. Viva el márqueting.

 
La noche
La noche anterior a la operación tenía cita para ingresar en el Hospital, en la cama ya reservada. La operación estaba programada para el lunes a primera hora así que el ingreso debía producirse el domingo.

Fui al hospital con el ánimo del conducido al matadero. Sabiendo que, desde ese momento, mi vida iba a cambiar para siempre, que nada iba a ser igual desde entonces, sin tener muy claro si estaba dispuesto a sufrir y con la conciencia de que me esperaban momentos penosos.

Aquella noche escuche a Antonio Vega en los auriculares hasta la desesperación, escribí sin sentido y sin luz, con tinta fosforito, intentando atrapar las horas y que se hicieran eternas, elongables a placer, intentando espantar el miedo, intentando tener clara la necesidad de seguir allí y de no salir corriendo.

Sobre las doce de la noche apareció una auxiliar sin contemplaciones: "Cómo es posible que todavía no se haya puesto el pijama, mañana a las seis le cortamos el pelo, a las siete a quirófano, tiene que dormir, tome esta pastilla." Obedecí como un cordero y me dormí con Antonio Vega pegado por última vez a los oídos.

Cuando desperté amanecía. Las pilas se habían consumido. Me saqué los auriculares. Todavía no he vuelto a ponérmelos. No será lo mismo.

 
De mitades
Hace casi veinte años que estuvo de moda en España Italo Calvino. Como casi todas las modas, no parece claro que haya perdurado como un gran valor desde su muerte en 1985 y, en realidad, ni tan siquiera tengo un criterio claro sobre sus valores literarios.

Recuerdo que se veían ediciones suyas en quioscos y librerías, en lujo y de bolsillo, en tapa dura o blanda. Ahora ya casi no se encuentran sus libros, salvo en las ediciones de Siruela, y vete a saber si no están ya descatalogados. Conservo algunas ediciones baratas, con los márgenes de las hojas amarilleados por el tiempo y con olor a polvo mal sacado y a todo el tiempo transcurrido desde que fueron abiertas por última vez.

Recuerdo con especial placer aquella trilogía imposible, iniciada por "El vizconde demediado", al que siguieron "El barón rampante" y "El caballero inexistente". La historia del vizconde Medardo de Terralba, una sencilla fábula moral, me ha vuelto a la cabeza en estas últimas semanas.

Desde la intervención me siento demediado de sonidos. Paseo y siento el viento en un oido. La otra mitad no existe. Espero que la mitad que me ha quedado no sólo escuche perversiones.

 
Tres semanas
Tres semanas atrás estaba en el quirófano. Al menos, eso me han hecho creer desde que, entre vómitos y naúseas, me conducían desnudo y tumbado, por pasillos interminables, a la sala de conexiones con la vida. Todo ha salido bien, creí entender por el pasillo a dos caras queridas que corrieron unos metros a mi lado.

Todavía sigo analizando lo ocurrido. Todavía me sigo acostumbrando a estar vivo tras regresar del vacío. Hay que llenarse de nuevo.