Amistades sicilianas
Con motivo del primer encuentro europeo de novela negra se han reunido en estos últimos días en Barcelona unos cuantos escritores de aquí y allá. En el curso de la reunión se ha celebrado un homenaje a Vázquez Montalbán y Andrea Camilleri mandó un texto para que fuera leído en el mismo. En él habla de la amistad que le unía con el creador de Carvalho y la define como una "amistad siciliana".
Pocas veces he leído una defición tan diáfana de la amistad que existe incluso entre personas que apenas se han visto unos pocos días en su vida, que apenas han compartido momentos y vacíos: "La amistad siciliana es un arte difícil, hecha más de silencios que de palabras, que se complace en saber que el amigo se encuentra cerca de ti, te intuye, sabe darte una cosa antes de que tú la pidas. Está hecha de pausas, de destellos en el fondo de los ojos".
Qué añadir. Sólo la certeza de saber, por propia experiencia, que esa rara amistad existe hoy. Y tu también lo sabes, amigo. Y que, con un poco de paciencia, es posible encontrar, cualquier día, un nuevo amigo siciliano con el que nos unan lazos hechos de silencio y de luz en la mirada. Os contaré.
Pocas veces he leído una defición tan diáfana de la amistad que existe incluso entre personas que apenas se han visto unos pocos días en su vida, que apenas han compartido momentos y vacíos: "La amistad siciliana es un arte difícil, hecha más de silencios que de palabras, que se complace en saber que el amigo se encuentra cerca de ti, te intuye, sabe darte una cosa antes de que tú la pidas. Está hecha de pausas, de destellos en el fondo de los ojos".
Qué añadir. Sólo la certeza de saber, por propia experiencia, que esa rara amistad existe hoy. Y tu también lo sabes, amigo. Y que, con un poco de paciencia, es posible encontrar, cualquier día, un nuevo amigo siciliano con el que nos unan lazos hechos de silencio y de luz en la mirada. Os contaré.
Señales
El cuerpo nos devuelve señales cuando le preguntamos. Lo normal es que no nos demos cuenta de que nos acompaña cada día hasta que una de esas señales en lenguaje morse que nunca han tenido un receptor nos sorprende y se encienden las alarmas. Entonces empieza la angustia, la escucha en silencio del sónar que nos devuelven las profundidades abisales del océano interior.
Mi hipocondria hace que bucee siempre en busca de lo más grave, que interprete cualquier sonido desconocido como una premonición de lesiones incurables, de patologías que, en poco tiempo y con mucho sufrimiento, me conducirán a un final temido, desconocido, inevitable y seguro.
Las últimas semanas, sin otra ocupación que navegar en la pantalla del rádar, el examen ha sido exhaustivo. He palpado, observado y pensado en mi cuerpo en busca de un punto infectado en las cicatrices de la cirugía, de una fisura en el tabique intracraneal de la fosa nasal por la que escaparan el líquido encefalorraquídeo y, con él, mis ideas y sentimientos, de una contorsión de los nervios faciales que me dejara con la expresión demediada e inmutable, congelada para siempre.
Empiezo a tranquilizarme. Sin saber por qué, un día, el cuerpo emite las señales anodinas de siempre, a las que nunca hicieste caso, y, esta vez, resultan el sonido ansiado durante semanas. Y comienzas, de forma paulatina, a olvidarte de nuevo de tu cuerpo, una vez más. La vuelta al trabajo está próxima.
Me fumaría un marlborito. Tengo que hablar de forma urgente con mi terapeuta.
Mi hipocondria hace que bucee siempre en busca de lo más grave, que interprete cualquier sonido desconocido como una premonición de lesiones incurables, de patologías que, en poco tiempo y con mucho sufrimiento, me conducirán a un final temido, desconocido, inevitable y seguro.
Las últimas semanas, sin otra ocupación que navegar en la pantalla del rádar, el examen ha sido exhaustivo. He palpado, observado y pensado en mi cuerpo en busca de un punto infectado en las cicatrices de la cirugía, de una fisura en el tabique intracraneal de la fosa nasal por la que escaparan el líquido encefalorraquídeo y, con él, mis ideas y sentimientos, de una contorsión de los nervios faciales que me dejara con la expresión demediada e inmutable, congelada para siempre.
Empiezo a tranquilizarme. Sin saber por qué, un día, el cuerpo emite las señales anodinas de siempre, a las que nunca hicieste caso, y, esta vez, resultan el sonido ansiado durante semanas. Y comienzas, de forma paulatina, a olvidarte de nuevo de tu cuerpo, una vez más. La vuelta al trabajo está próxima.
Me fumaría un marlborito. Tengo que hablar de forma urgente con mi terapeuta.
Sueño
Te sueño y existes,
estás a mi lado.
Te creo y existes de nuevo,
en líquida apariencia.
Sólo por creerte eres real.
estás a mi lado.
Te creo y existes de nuevo,
en líquida apariencia.
Sólo por creerte eres real.
Hoy
Estrenamos el año abriendo día, cielo, mar y arena. Una simple convención global que nos llena de buenos propósitos, así de simples somos.
Pero hoy todo está limpio y nuevo. Hasta el sol se une, brillando como si, en lugar de comenzar el año, se iniciara la primavera. Las cometas se mecen ligeras de equipaje, sin la carga de ningún día negro a sus espaldas. Bailan acunadas por una brisa tan suave que el agua apenas besa, leve, la playa, como el enamorado que no se atreve a despertar a su amada. Los más lanzados, quizás todavía sin dormir, se mojan los pies en el borde. Al fondo el horizonte ha ganado nitidez. La línea está trazada con escuadra y cartabón, marcada a pluma.
Todo está nuevo menos nosotros.





