Txokol´Atte
- Laia, queridaaa, ¿has visto el nuevo spa de vino que van a abrir en un pueblín?.
- Aaay, si, hija, ayer lo leía, van a tener tratamientos corporales con vino de todas las clases..., y un hotelito completo.
- Y lo hace el Frank Gehry, el del Guggenheim, lo maas. Ya he llamado para ver si reservo unas habitaciones. Me noto floja ultimamente.
- Pero tu crees que con el vino...
- Ay sí, no te olvides que es vino de reserva, aunque, para beber ya sabés que a mí, si no es de California no me sienta bien, pero para la piel segurooo que es súper.
- La verdad, no sé, creo que me sigue gustando más lo de toda la vida, ese masajito con txokol´atte, que te deja la piel tan dulce, te baja el streeesss al suelo, que casi te quedarías dormida si no fuera taaan poco fasshion.
- Pues yo lo miro, hay que probar cosas nuevas, está tooodo tan aburrido.
- Chao, un beso, muuuuaaaac.
- Aaay, si, hija, ayer lo leía, van a tener tratamientos corporales con vino de todas las clases..., y un hotelito completo.
- Y lo hace el Frank Gehry, el del Guggenheim, lo maas. Ya he llamado para ver si reservo unas habitaciones. Me noto floja ultimamente.
- Pero tu crees que con el vino...
- Ay sí, no te olvides que es vino de reserva, aunque, para beber ya sabés que a mí, si no es de California no me sienta bien, pero para la piel segurooo que es súper.
- La verdad, no sé, creo que me sigue gustando más lo de toda la vida, ese masajito con txokol´atte, que te deja la piel tan dulce, te baja el streeesss al suelo, que casi te quedarías dormida si no fuera taaan poco fasshion.
- Pues yo lo miro, hay que probar cosas nuevas, está tooodo tan aburrido.
- Chao, un beso, muuuuaaaac.
De vuelta
para dejar constancia de mi regreso al mundo laboral. Desde el día catorce estoy reintegrado en el despacho de los asuntos ordinarios de mi trabajo. La impresora vuelve a escupir informes que casi nadie lee y que a muy pocos les importan. La pantalla se llena de nuevo de cifras, escritos y datos.
Dentro de poco volverán las contracturas a las cervicales. Ya las siento llegar.
Ángeles
Conocí hace poco la historia de una mujer que siente la presencia de los ángeles. Desde hace unos meses, cada día, con naturalidad, se comunica con espíritus. No hablan, pero están a su lado y percibe sus indicaciones, quizás le van guiando. Les ha ido cogiendo confianza. Al propio tiempo, conoce ya varias de sus existencias pasadas, todas ellas, o, al menos, la mayor parte, vividas con su pareja. Y tiene la certeza de que le esperan infinitas reencarnaciones, en las que, de nuevo, disfrutará y sufrirá. Sabe que su madre, fallecida cuando ella era casi una niña, le acompaña siempre.
Quizás por contagio de la etérea existencia de las almas sin cuerpo, está perdiendo su amor terrenal. Y, a su lado, me cuentan, solo van quedando posos de tristeza.

Y yo, ateo confeso, sólo espero que dios me libre de vivir esa experiencia.
Quizás por contagio de la etérea existencia de las almas sin cuerpo, está perdiendo su amor terrenal. Y, a su lado, me cuentan, solo van quedando posos de tristeza.

Y yo, ateo confeso, sólo espero que dios me libre de vivir esa experiencia.
Manos
Sobre la mesa de metal del café, dos tazas humeantes y, entrelazadas, dos manos. Una se mueve con suavidad sobre otra inerte. El cenicero está vacío. El ruido crea una pantalla invisible que impide oir lo que las manos se dicen. Me recreo observando solo las caricias que una mano otorga a su compañera de abrazo minúsculo. Después de unos minutos levanto la mirada. Sus ojos no se cruzan. La mirada de ella esta perdida en el vacío, concentrando en él toda la soledad de una vida, volcando afuera la ilusión perdida.





