Lila
El fórum, se lo decía el otro día a un amigo, consiste en lograr vender pisos de ciento cincuenta kilos al lado de La Mina. Con esta finalidad nos han preparado escenarios y charlas para acallar su mala conciencia y nos venden hipótesis y humo, utopías que olvidamos con el primer ataque de la sociedad de consumo, en el propio autobús que cojemos para volver a casa.
Pero algo le debo. La posibilidad de escuchar a Lila, de sentir su fuerza, de oir los juegos malabares que hace con su voz y su verdad.
M. se durmió en mis brazos y se perdió el concierto. Ni tan siquiera tuve ganas de fumar un Marlboro mientras la magia de Lila llenaba la jaima.





