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Adios al humo
Escritos de un adicto que quiere dejar de serlo.
Acerca de
Demasiados años fumando en el balcón, esperando nada, llenando mi vida de humo. Mi vida es humo. Se deshace...
Sindicación
 
Recuerdas?

Hay recuerdos que nunca sabremos si han pasado realmente. Principios de los años ochenta. Dos pipiolos que acaban de estrenar los veintipocos y que no saben que están labrando una gran amistad gracias al ejército y sus desastres. Barcelona, quizás ya terminada la estancia en Galicia. El piso debía estar por el Ensanche. Hacía tanto calor y tanta humedad como solo puede haber en Barcelona, así que era verano. Recuerdo la vivienda oscura, aunque quizás sólo estuve de noche.

Por algún motivo que ya nunca sabremos tu padre decidió que ya estábamos preparados para iniciarnos en la noche. Con la experiencia del viejo policía nos condujo hasta el cabaret, Diagonal arriba. Le saludaron con el respeto que merece un maduro detective poseedor de demasiados secretos. Le conocían de tiempo atrás y él se limitó a mover la cabeza y pronunciar alguna frase que cayó de sus labios con la ceniza del pitillo. Nos dieron una buena mesa, la adecuada a la importancia del personaje.Tomamos juntos una copa viendo el espectáculo de lentejuelas, luces y voces desafinantes y no sé si pagó alguien. El espectáculo ya no es lo que era, nos dijo con el eterno ducados en la mano y con la sabiduría acumulada por el que conoció tiempos mejores. Transitaba ya los años sabiendo cual era el tiempo de su jubilación, sabiendo que el mundo de sus noches estaba terminado. Para él la vida empezaba a tener plazos fijos.

Ya gastábamos Marlboro. Nuestras noches estaban comenzando, habían comenzado ya y, ahora, ¿donde están?

 
Comentario:
Fue el año de la gran exposición Dalí. El país salía poco a poco del túnel y era un signo de modernidad reconocer a los artistas de vanguardia que casaban bien con los nuevos tiempos. Puede que fuera 1984 y el pintor cumpliera 80 años, deduzco a la luz del centenario que se celebra en este 2004. ¿Quién lo diría? El padre de entonces tenía sólo diez años más de los que nosotros tenemos hoy, y lo recordamos viente años después como alguien que entonces nos parecía tan mayor. El cabaret era, creo, el Crazy Horse, y además del espectáculo visto a través de la penumbra del local, recuerdo un café en un hotel próximo, a donde iban a alojarse, nos dijeron, los pilotos de Iberia, y en cuya cafetería anidaban señoritas de muy buen ver cuya compañía debía cotizarse en consonancia con la cartera de los huéspedes. El piso estaba en el Ensanche, es cierto, pero no sabría precisar la calle, y olía a cerrado. El propietario, hoy lo he recordado, se llamaba Héctor, un argentino que a saber de qué conocía a su invitado. Seguro que también era de noche cuando decidió prestarle las llaves. No fue una noche memorable, pero también yo la he recordado en ocasiones. Ya habíamos compartido copas y Marlboro en otras tantas noches quizá más divertidas. Y seguimos compartiéndolas durante algún tiempo. Después... ¿qué pasó después? Será que no nos gustan las lentejuelas y el baile. Será que no elegimos bien nuestros zapatos y volvemos pronto a casa para sentirnos descalzos y aliviados. Será que el mago que actuó aquella noche no nos convenció con sus trucos. Será que hoy, veinte años después, ni siquiera la policía es lo que era... y a algunos de ellos se les acabó el tiempo de la risa y las copas y el Ducados. Qué bueno recordarlo.
No