Peluquería
Me encantan los masajes la cabeza cuando me lavan el pelo. La suavidad de unos dedos recorriendo las ideas. No pensar. Escuchar historias sin importancia, que se olvidan de inmediato. Ver como queda el pasado tirado por el suelo. Y que lo barran. Y que se borre.
Y, al salir, tomarme un café despacito, con un Marlboro.
Pequeños vicios.





