logotipo

img_google
Adios al humo
Escritos de un adicto que quiere dejar de serlo.
Acerca de
Demasiados años fumando en el balcón, esperando nada, llenando mi vida de humo. Mi vida es humo. Se deshace...
Sindicación
 
Realidad
Hace mucho tiempo que no escribo de mi compañero tranquilo.

Desde el día en que tuve conciencia de su existencia he intentado olvidarlo, aunque, por las noches, cuando, sin ningún motivo, me despierto, inmediatamente sé que sigue allí, que no ha desaparecido como a veces sueño. Y no desaparecerá hasta la intervención.

Supongo que a nadie le gusta que le trepanen el cerebro. A mí tampoco. Pero no parece quedar más alternativa. Y no pudo ocultarlo por más tiempo. Tengo que comenzar a hablar de él para asumir que pronto van a hurgar en mi cabeza para acabar con mi compañero tranquilo.

Al principio, hace tanto tiempo que ya no me acuerdo, sólo era un malestar ligero en la zona izquierda de la cara, un cierto acorchamiento en el párpado. Hace tanto tiempo, desde aquél accidente de tráfico en una noche loca de adolescencia, que tengo una parte del cuero cabelludo acolchada que, desde el primer momento, pensaba que esa extraña sensación, que a veces se producía también en la comisura izquierda de los labios, era una simple ampliación de la leve secuela con la que vivo desde hace más de dos décadas. Por momentos recordaba la parálisis facial izquierda que, en Tenerife, me dejó con el rostro asimétrico y que desapareció en pocas semanas después de un sencillo tratamiento de pastillas y corriente eléctrica aplicada al nervio.

Más adelante comenzó el zumbido. Un zumbido ligero, persistente, eterno, en el oído izquierdo. Ninguna novedad. He tenido zumbidos en tantas ocasiones y desde hace tanto timepo que no le presté atención. Simplemente esperé al momento en que el zumbido estuvo presente en los dos oídos para que me sacaran los tapones de cera.

Entonces, a principios de este año, comenzaron las dudas. En el oído izquierdo no había tapón. El zumbido se debía a otras causas. Tampoco le presté demasiada atención. Apenas me molestaba. Podía deberse a una compresión no compensada en uno de tantos vuelos del puente aéreo.

Al renovar el permiso de conducir, en marzo, sonó, nunca mejor dicho, la primera alerta. El médico que me hizo las pruebas previas me recomendó que consultara con un especialista (seguiré).
 
Comentario:
Ánimo, y mucha suerte... Tengo un amigo al que lo han operado ya dos veces de eso mismo y ahora está estupendamente.
 
Comentario:
Ánimo, sigue, hablar de él hará que empieces a sacártelo de dentro. Un saludo.
 
Comentario:
Siga, sí, por favor.
No