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Adios al humo
Escritos de un adicto que quiere dejar de serlo.
Acerca de
Demasiados años fumando en el balcón, esperando nada, llenando mi vida de humo. Mi vida es humo. Se deshace...
Sindicación
 
Real
y allí me fui.

Recuerdo las risas que hicimos con mi santa (lo tomo prestado, gracias E.L.) antes de un concierto, sobre la ignorancia de los médicos que pasan las revisiones del carnet. Recuerdo que seguía el zumbido, como sigue ahora.

Y de nuevo tuve tapón en el oído derecho. Y de nuevo mi santa me lo sacó y al ir a buscar el del oído izquierdo, de nuevo, no encontró nada. Allí le sonó la alarma. No en vano, mi santa es médico y se dedica a cosas muy próximas al oído.

Programación inicial de audiometría. Sonidos de todo tipo por las dos orejas. Levantamiento alternativo de manos. Curvas de resultados. Caída muy leve de agudos en el oído derecho y muy importante en el oído izquierdo. Se confirmaban las predicciones de unas semanas antes, y eso que me renovaron el permiso sin problemas. Pensó en alguna inflamación interna y me chuto allí mismo una inyección de algo, una bomba. Ningún efecto.

Programación segunda. Consulta de ORL amiga del hospital. Exámen en profundidad y nada extraño, salvo un persistente zumbido que me sigo empeñando en escuchar, como ahora mismo. Y, teóricamente para descartar cualquier cosilla más importante, me mandan a la máquina. Pocos días después, el resultado.

Ahorremos imágenes desagradables. Desde entonces se con que vivo.

Nuevo pasos. Buscar cirujano. Hablar con él. Le agradecí la franqueza desde el principio y me hice el duro. Cirugía translaberíntica. Te trepanan un hueso del cráneo por detrás del oído, te taladran el oído interno y te quitan el tumor. Te monitorizan el nervio facial para intentar no lesionarlo más de lo que ya está por la compresión a la que le somete la canica. Te rellenan el hueco con grasa del estómago para evitar descompresiones en el cráneo. Unas seis horas de quirófano, entre pitos y flautas, espero que, al menos ellos, escuchando algo de música. Yo no quiero enterarme de nada de lo que allí pase, al menos hasta unas horas después. Dos días de UCI. Dos semanas de hospital. Descartar infecciones y pérdidas de líquido cefaloraquídeo. Dos meses de baja. Entras con un zumbido y sales sordo de un oído de forma definitiva, y, supuestamente, sin mayores problemas de equilibrio, parálisis facial, dolores de cabeza, depresiones, angustias. Al parecer, con el tumor, también se llevan algo de la poca alegría que nos va quedando.

El 23 de noviembre pierdo el estéro. Y, desde mañana, dejo de fumar. Ya solo falta que, cuando me hagan la placa de tórax del preoperatorio, aparezcan cavernas en los pulmones.

Quiero volver a la literatura.
 
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Animo.
 
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hola
No