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Adios al humo
Escritos de un adicto que quiere dejar de serlo.
Acerca de
Demasiados años fumando en el balcón, esperando nada, llenando mi vida de humo. Mi vida es humo. Se deshace...
Sindicación
 
Vejez

Autobús urbano en Barcelona. Dos chicas jóvenes suben en la parada. Una de ellas lleva en volandas a una anciana, delgada, con la mirada perdida, que apenas tiene fuerza para arrastrar los pies. Otra mujer se levanta para dejarle el asiento. La sientan a la fuerza y las dos se colocan junto al asiento, la rodean para impedir que pueda levantarse.

La anciana emite gritos de desesperación. No comprende que es lo que sucede a su alrededor. El autobús arranca de nuevo. Los gritos se suceden. Las chicas intentan tranquilizarla tocándole la cara y hablándole con suavidad. El ruido del motor va amortiguando sus voces.

Los pasajeros la miran. Ella no lo sabe. No sabe lo que le sucede. No recuerda nada, sólo vive la angustia de no saber. Y grita. Escucha sus gritos y no puede entender que no le entienden.

Sólo se tranquiliza cuando levanta una mano y toca la cara de una de las chicas. Una caricia verdaderamente humana.

Me bajo del autobús en Urquinaona. Enciendo un Marlboro y pido un café. Como cada día.

 
Comentario:
No se sabe si lo más necesario para dejar de fumar es la voluntad, la prescripción médica o, quizá, esa caricia que recibe la mujer del autobús, la que nos haga entender que vale la pena dejarlo; que hay alguien al otro lado de nuestros ojos que mirando al interior nos habla sin palabras, nos hace sentir que comparte no sólo la decisión de abandonar al Marlboro, sino la más importante de caminar juntos por una vida sin humo. Y sin niebla.
No