Noticias del imperio
El caso Schiavo resulta paradigmático. Se reunen las mas altas cámaras, se producen viajes, movimientos, votaciones, declaraciones, manifestaciones públicas en todos los medios de comunicación del imperio y en la mayor parte de los de las provincias anexas. El propio emperador abandona, en un acto de humanidad, su merecido descanso trimestral, para firmar la ley dictada ad casum para permitir una nueva revisión del caso. La vida parece vencer frente a la muerte patrocinada por el marido en los papeles al que se presenta movido por claros intereses económicos y al juez desalmado, alejado de los valores, de los sólidos pilares en los que a día de hoy, se asienta el imperio.
Se supone que existen determinados consensos sobre mínimos que nos permiten vivir en sociedad. La vida como valor. Pero incluso estos valores están zarandeados por los avances médicos, por la certeza, que, al menos en territorio del imperio, todos tenemos de que es posible mantener la vida más allá de nuestra propia voluntad, incluso frente a nuestra propia voluntad. No sabemos, ni sabremos nunca, al menos en el actual momento de la ciencia, cuanto sufrimiento puede esconderse durante años en las salas perdidas de los hospitales, en las habitaciones abandonadas de los geriátricos, en los cuartos oscuros de nuestras casas, allí donde sólo los desheredados del exterior del imperio acuden a limpiar las bolsas de mierda y vómitos.
Quedémonos tranquilos. El emperador y sus legisladores, llenos de cristiana humanidad, son capaces de sacrificar sus vacaciones, tan merecidas, para procurar que sigamos viviendo y sufriendo. Conmueve tanta compasión. Quizás sea nuestra penitencia por permitir los guantánamos, los daños colaterales, la muerte en el caluroso exterior del imperio, allí donde la vida vale apenas unos céntimos de euro, unos centavos de dólar, un momento de nerviosismo de un soldado nacido afuera y prohijado adentro para servir de carne y ojos que nos defiendan de nuestros miedos eternos. Vidas que desaparecen por miles cada día sin provocar una reunión de los más altos legisladores.
Sigamos alimentando nuestros miedos, pero con las conciencias más tranquilas. La vida vence gracias al emperador. Los miedos de siempre permanecen. Los que el emperador y sus colegas conocen tan bien y tan bien utilizan.
Se supone que existen determinados consensos sobre mínimos que nos permiten vivir en sociedad. La vida como valor. Pero incluso estos valores están zarandeados por los avances médicos, por la certeza, que, al menos en territorio del imperio, todos tenemos de que es posible mantener la vida más allá de nuestra propia voluntad, incluso frente a nuestra propia voluntad. No sabemos, ni sabremos nunca, al menos en el actual momento de la ciencia, cuanto sufrimiento puede esconderse durante años en las salas perdidas de los hospitales, en las habitaciones abandonadas de los geriátricos, en los cuartos oscuros de nuestras casas, allí donde sólo los desheredados del exterior del imperio acuden a limpiar las bolsas de mierda y vómitos.
Quedémonos tranquilos. El emperador y sus legisladores, llenos de cristiana humanidad, son capaces de sacrificar sus vacaciones, tan merecidas, para procurar que sigamos viviendo y sufriendo. Conmueve tanta compasión. Quizás sea nuestra penitencia por permitir los guantánamos, los daños colaterales, la muerte en el caluroso exterior del imperio, allí donde la vida vale apenas unos céntimos de euro, unos centavos de dólar, un momento de nerviosismo de un soldado nacido afuera y prohijado adentro para servir de carne y ojos que nos defiendan de nuestros miedos eternos. Vidas que desaparecen por miles cada día sin provocar una reunión de los más altos legisladores.
Sigamos alimentando nuestros miedos, pero con las conciencias más tranquilas. La vida vence gracias al emperador. Los miedos de siempre permanecen. Los que el emperador y sus colegas conocen tan bien y tan bien utilizan.
Comentario:
Duro y preclaro, Adicto.
Lástima de imperio.
Sí.
Saf ;-))
Lástima de imperio.
Sí.
Saf ;-))
Comentario:
Resulta curioso que este mismo emperador sea el mismo que, cuando era un simple gobernador de provincia, firmaba sentencias de muerte sin pestañear. ¿He dicho curioso? Quería decir cínico....
un saludo.
un saludo.





