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Ad libitum
un petit racó on reprendre l'alè...al teu aire
 
Luchín


Frágil como un volantín
en los techos de Barrancas
jugaba el niño Luchín
con sus manitos moradas
con la pelota de trapo
con el gato y con el perro,
el caballo lo miraba.

En el agua de sus ojos
se bañaba el verde claro,
gateaba a su corta edad
con el potito embarrado
con la pelota de trapo
con el gato y con el perro,
el caballo lo miraba.

El caballo era otro juego
en aquel pequeño espacio
y al animal parecía
le gustaba ese trabajo
con la pelota de trapo
con el gato y con el perro
y con Luchito mojado.

Si hay niños como Luchín
que comen tierra y gusanos
abramos todas las jaulas
pa' que vuelen como pájaros
con la pelota de trapo
con el gato y con el perro
y también con el caballo.



lletra i música: Víctor Jara



 
Cercles

Un altre cop vols agitar les aigües
del llac.
Està bé, però pensa
que no serveix de res tirar una sola pedra,
que has d'estar aquí des de la matinada
fins a la posta, des que neix la nit
fins al llevant
- tindràs la companyia
de les estrelles, podràs veure l'ocellassa
de la nit negra covant l'ou de la llum
del dia nou-,
assajant sempre cercles,
per si al cap de molts anys, tota una vida, et sembla
- i mai potser no n'estaràs segur-
que has assolit el cercle convincent.



Joan Vinyoli


 
Cal.ligrafia

Ha posat el seu front damunt el vidre
fred i entelat, amb la besllum d'hivern.
Escriu un nom de dona, i per les línies
que ha traçat amb el dit ara sorgeix
ella en aquelles soledats marítimes
de roques en la nit. Al fons, el cel
estrellat i de sobte les gavines
que alcen el vol com un gran llum encès
al pas d'algun falutx. És un engany:
darrere la finestra hi ha un carrer
que l'alba fa més trist, sense ningú
i amb cotxes aparcats. Rere les línies
comença a sortir el sol que esborrarà
un nom en fondre el tel rosat del vidre.



Joan Margarit




 
Trepar a los árboles

Cuando salgáis de vuestra agua, ya a la tarde
- porque debéis estar desnudos, con la piel suave -,
subid también a vuestros grandes árboles
junto a la brisa. El cielo debe estar mortecino.
Buscad árboles grandes, que a la noche
mezan sus copas negra y blandamente.
Y entre sus hojas aguardad la noche,
rodeada de fantasmas y murciélagos la frente.

Las ásperas hojitas de la broza
os arañan la espalda, que debéis, con firmeza,
apoyar en las ramas; trepad aún,
un poco jadeantes, más arriba, entre la fronda.
Es hermoso mecerse subido en el árbol.
Más no os mezáis jamás arrodillados.
Debéis ser al árbol lo mismo que su copa,
mecida desde siglos por él al atardecer.



Bertolt Brecht (1919)

 
Ese oscuro objeto de deseo

Cualquiera que se acerque de puntillas al misterio de la poesía e irrumpa sigiloso en los brumosos recintos donde la inspiración hace de las suyas reconocerá ese fragor dichoso que queda entre las cosas, esa cortina que se agita mecida por el viento, esa íntima convicción, flotando en el espacio, de que en definitiva algo de minuciosamente sutil y revelador y delicado acaba de suceder. La poesía ha sobrevenido, nos visitaron las alas del deseo, rebasamos los límites de la vida organizada, administrada, productiva. Quizá regresemos después a nuestra ciudadana resignación de paseantes con rumbo fijo, sujetos a calendario, plazos, prestaciones. Poco importa que al cabo de unos minutos volvamos a pensar en las tareas cotidianas. El hecho decisivo es que la poesía se ha apoderado de nosotros, se han abierto las puertas de la interioridad, hemos podido escuchar una vez más algún eco de las voces que nos pueblan.


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Cos meu

Perquè no hi ha cap sentiment
contrari al sentiment,
ni cap amor que l'amor contradigui,
aprèn , cos meu, que viure no pot ser
sinó mantenir tensos els sentits
i encesa
la flama del desig que els alimenta.
Tots els límits són falses esperances
de sobreviure's,
temor davant l'incert,
enyor o melangia.
Perquè no hi ha res més que l'ara estricte
i el tornaveu repeteix les preguntes
que ens anem fent,
deixa que el vell prodigi
de viure es realitzi cada dia
tan plenament en tu
que et sentis sempre
generosament nou, dignament lliure.



Miquel Martí i Pol





 
Relámpago


Viajando entre Las palmeras salvajes...

- Me gusta el agua -dijo ella -. Es un lugar para morir. No en el aire caliente, sobre el suelo caliente, y esperar horas para que se enfríe la sangre y uno pueda dormir, y semanas para que el pelo deje de crecer. El agua, el fresco, para enfriarlo, tan pronto que uno pueda dormir para borrar del cerebro y de los ojos y de la sangre todo lo que se ha visto y pensado y sentido y necesitado y negado.

Y de repente, un relámpago cruza mi bóveda




Partida

Un camino
hasta el confín:
altas puertas de oro
lo cierran:
galerías profundas;
arcadas...

El aire no tiene peso;
las puertas se balancean
en el vacío;
se deshacen en polvo de oro;
se juntan, se separan;
bajan a las tumbas
de algas;
suben cargadas de corales.

Rondas,
hay rondas de columnas;
las puertas se esconden
detrás de los parapetos azules;
el agua brota en campos de nomeolvides;
echa desiertos de cristales morados;
incuba grandes gusanos esmeralda;
se trenza los brazos innumerables.

Lluvia de alas,
ahora;
ángeles rosados
se clavan como flechas
en el mar.
Podría caminar sobre ellos
sin hundirme.

Una senda de cifras
para mis pies:
Columnas de números
para cada paso,
submarinas.

Me llevan:
enredaderas invisibles
alargan sus garfios
desde el horizonte:
Mi cuello cruje.
Ya camino.
El agua no cede.
Mis hombros se abren en alas.
Toco con sus extremos
los extremos del cielo.
Lo hiero:
La sangre del cielo
bañando el mar...
Amapolas, amapolas,
no hay más que amapolas...

Me aligero:
la carne cae de mis huesos.
Ahora.
El mar sube por el canal
de mis vértebras.
Ahora.
El cielo rueda por el lecho
de mis venas.
Ahora.
¡ El sol ! ¡ El sol !
Sus últimos hilos
me envuelven,
me impulsan:
Soy un huso:
¡ Giro, giro, giro, giro! ...



Alfonsina Storni




 
Per telèfon

Vaga la teva veu
i tot de records càlids
la tarda abandonada
i els olis bruts del vespre
un silenci maligne
s'enreda a les amarres
el te de llessamí
les llumenetes tristes
i el foc que tu no saps
que s'encén i s'apaga.



de En Quarantena, Narcís Comadira.

 
La alienación/3

Laistair Reid escribe en The New Yorker, pero va poco a Nueva York.
Él prefiere vivir en una perdida playa de la República Dominicana. En esa playa había desembarcado Cristóbal Colón, algunos siglos antes, en una de sus excursiones al Japón, y desde aquellos tiempos nada ha cambiado.
De vez en cuando, el cartero asoma entre los árboles. El cartero viene doblado bajo la carga. Don Alaistair recibe montañas de correspondencia. Desde los Estados Unidos, lo bombardean las ofertas comerciales, folletos, catálogos, lujuriosas tentaciones de la civilización del consumo exhortando a comprar.
Una vez, entre el mucho papelerío, llegó la propaganda de una máquina de remar. Don Alaistir la mostró a sus vecinos, los pescadores.

- ¿Bajo techo? ¿Se usa bajo techo?
Los pescadores no lo podían creer:

- ¿Sin agua?¿Se rema sin agua?

No lo podían creer, no lo podían entender:

- ¿Y sin peces? ¿Y sin sol?¿Y sin cielo?

Los pescadores dijeron a don Alaistir que ellos se levantaban cada noche, mucho antes del alba, y se metían mar adentro y echaban sus redes mientras el sol se alzaba en el horizonte, y que ésa era su vida, y que esa vida les gustaba, pero que remar era la única parte jodida de todo el asunto:

- Remar es lo único que odiamos -dijeron los pescadores.

Entonces don Alaistair les explicó que las máquina de remar servía para hacer gimnasia.

- ¿Para hacer qué?
- Gimnasia
- ¡Ah! Y gimnasia, ¿qué es?




de El libro de los abrazos, Eduardo Galeano
 
Vino del mar (a Marta Ugarte)

Vino del mar
envuelta en agua azul
La trajo el viento del más allá
Dormida en las
olas de espuma y sal
sobre su propia herida mortal.

Vino del mar
con una cicatriz
que dividía su pecho en dos
Trazada por
un furioso puñal
que eternizó su indefensión.

Vino del mar
más blanca que la sal
hacia la oscura arteria de mi amor
Y allí quedó
muerta en la playa gris
bajo un fulgor crepuscular

Vino del mar
más negra que el carbón
para alumbrar la noche de mi amor
Y allí encendió
un fuego sin furor
para entibiar mi corazón.

Vino del mar
y era una estrella azul
danzando en altas olas de sal
Volviste a mí
porque me ataste
al nudo de la eternidad.



Patricio Manns
Música: Manuel Meriño (Inti-Illimani)
 
Pequeña proclama

Voy camino del tiempo
sin más carga que la carga de mis ganas,
de mis sueños.

Me acompaña tan sólo tu mirada,
y estas manos llenas de violenta lluvia.

Quiero que mi voz llegue
desnuda y libre, como flor abierta
en cada sonrisa.

Quiero conocer el rostro distinto
de las estaciones;
abrazar todo el aire en tu cintura;
estrujar la mañana
hasta que la sangre del día
chorrée por todos los silencios
de mis huesos.

Quiero convertir el cansancio
del hombre en pan y aceite,
no dejar transcurrir las madrugadas
sin besar las manos del campesino.

Quiero hundirme en la tierra y,
con mis uñas, encender los volcanes
para que se conviertan en cenizas
los dogmas y discursos.

Quiero unirme al rocío y al caminante,
al pájaro y a la guitarra,
al martillo y a los hombres.

Reclamo desde aquí un lugar para mis manos,
un lugar para mis pasos.

No toleren jamás, hermanos, compañeros,
el crepúsculo en mi garganta.



Indio Juan