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Ad libitum
un petit racó on reprendre l'alè...al teu aire
 
Entre feacios


Partió Foción el rodaballo, y en una rebanada de pan ofreció un trozo a Ulises.

- Tienes que aprender a reconocer las hojas secas caídas en los caminos. Y come el rodaballo mientras está caliente. Lo hemos asado a la manera de los feacios. Si alguna vez naufragas y no sabes dónde estás, por el pescado asado de esta forma sabrás que estás entre feacios. Es la única costa griega en la que a los náufragos les llaman amigos, y no suplicantes. Tienen pintado en el techo de su leque el cielo, con todas las estrellas. Te preguntan cuáles ves desde la puerta de tu casa en el solsticio de invierno, y así saben de dónde vienes.

- Desde mi ventana, Foción, yo veo en el solsticio de invierno uno de los ojos de Orión, y a Aldebarán en el lomo del Toro. Mi madre me dice que mirar muchas horas a Aldebarán me hará violento.

- Los feacios, Ulises, tienen vasos con dos asas, y las mujeres los imitan, apoyando el dorso de sus manos en la cintura.

- ¿Son morenas?

- Son doradas.

-¿Qué es más hermosa cosa, Foción, una nave o una mujer?

El piloto vertió en la arena el vaso de vino.

- La tierra es hermosa y el mar también lo es. Ser libre de ir y venir es grande cosa. ¿Qué es la más marinera de las naves sin un piloto? No hay respuesta a tu pregunta, joven Ulises. Acaso, al final de los días...







-¿De qué se hace la nave más ligera para ir a los feacios?

-De palabras, Ulises. Te sientas, apoyas el codo en la rodilla y el mentón en la palma de la mano, sueñas, y comienzas a hablar:

"Navegaba, alegremente empujada mi nave por Bóreas vivificador en demanda de la isla de los feacios felices, vestidos de púrpura desde que amanece hasta que anochece"... Pero para regresar, Ulises, la nave de las palabras no sirve. Hay que arrastrar la carne por el agua y la arena.




fragmento de Las mocedades de Ulises, de Álvaro Cunqueiro.





 
Si


Si em bressolares asseguda als teus genolls
davall dels feixos, cantant-me cançonetes de son.

Si em parlares amb paraules d'amor,
trenant els meus cabells, cantant-me cançonetes de son.

Si em portares presa de les mans,
quan ja no resta llum, cantant-me cançonetes de mort.


de L'ham de foc.












 
No me obliguéis


No me obliguéis
a negar
lo que he visto verdadero en mi sueño,
lo que he visto sueño en la realidad.



Artur Lundkvist


 
Esfera de quietud


Esfera de quietud
pieza de aire,
mi abrazo te saluda
antes de serlo
Y de apresura
y se remansa
sin tocarte
de tanta latitud
que no le cabe.




Manuel Patricio,
del libro Sin otra luz y guía
 
Meditació última

Sóc amic de la tarda d'hivern que em disposa a un poema
que no pot ésser escrit. Sóc amic de la idea perduda,
de l'inútil esforç perquè sonin uns mots dins la vall
que m'ha fet com sóc ara i del clos de la qual surto poc.
Mentre torno a estimar l'enyorança de l'adolescent
que vaig ésser llavors que de Mozart ben poc en sabia,
sóc amic de la tarda d'hivern que em disposa al poema.
És difícil salvar les fronteres del pur exercici
i comprendre el llenguatge atzarós dels objectes inerts.
Innombrables vegades he vist el castell que domina
unes terres on fou conreat aquest gest de la mà
que acarona la pedra escalfada, la terra dels avis,
tot sabent que el desig d'imitar-lo amb paraules ritmades
no seria acomplert. Sóc amic de la tarda d'hivern.
Sóc amic de les notes que obliden un cor massa gràvid
i de totes les coses que són més enllà dels meus límits.
Sóc amic de la tarda d'hivern que em disposa al poema
i he sabut finalment que el poema mateix no pot ser.




Feliu Formosa, de El llibre de les meditacions



....



Soy amigo de la tarde de invierno que me predispone a un poema
que no puede escribirse. Soy amigo también de la idea perdida,
del inútil esfuerzo para que suenen palabras en el valle
que ha hecho de mí lo que soy, y del cual salgo poco.
Mientras vuelvo a apreciar la añoranza del muchacho
que fui entonces cuando de Mozart sabía tan poco,
soy amigo de la tarde de invierno que me predispone al poema.
Es difícil salvar las fronteras del puro ejercicio
y entender el lenguaje azaroso de los objetos inertes.
Innumerables veces he visto el castillo que domina
unas tierras donde fue cultivado este gesto de la mano
que acaricia la piedra caliente, la tierra de los abuelos,
sabiendo que el deseo de imitarlo con palabras ritmadas
no sería cumplido. Soy amigo de la tarde de invierno,
amigo de las notas que olvidan un corazón demasiado grávido
y de todas las cosas que están más allá de mis límites.
Soy amigo de la tarde de invierno que me predispone al poema
y finalmente he sabido que el poema mismo es imposible.



Traducido por José Corredor-Matheos




 
Celebración del silencio

El cantor Braulio López, que es la mitad del dúo Los Olimareños, llegó a Barcelona, llegó al exilio.Traía rota una mano.
Braulio había estado preso, en la cárcel de Villa Devoto, por andar con tres libros: una biografia de José Artigas, unos poemas de Antonio Machado y El principito, de Saint-Exupéry. Cuando ya estaban por liberarlo, un guardián había entrado en su celda y había preguntado:
-¿Vos sos el guitarrero?
Y le había pisado la mano izquierda con la bota.
Le ofrecí una entrevista. Esa historia podía interessar a la revista Triunfo. Pero Braulio se rascó la cabeza, pensó un rato y dijo:
- No.
Y me explicó:
- Esto de la mano se va a componer, tarde o temprano. Y entonces yo voy a volver a tocar y a cantar. ¿Entendés? Yo no quiero desconfiar de los aplausos.




Eduardo Galeano, de El libro de los abrazos