Para la luna diurna

Luna del día, temblorosa
como una medusa en el cielo,
qué andas haciendo tan temprano?
Andas navegando o bailando?
Y ese traje de novia triste
deshilachado por el viento,
esas guirnaldas transparentes
de naufragios o de atavíos,
como si no hubieras llegado
aún a la casa de la noche
y cerca de la puerta buscaras
perdida, en el río del cielo
una llave color de estrella?
Y sigue el día y desvanece
tu corola martirizada
y arde el día como una casa
del Sur quemante y maderero.
El sol con sus crines atómicas
hierve y galopa enfurecido
mientras pasa tu cola blanca
como un pescado por el cielo.
Vuélvete a la noche profunda,
luna de los ferrocarriles,
luna del tigre tenebroso,
luna de las cervecerías,
vuelve al salón condecorado
de las altas noches fluviales,
sigue deslizando tu honor
sobre la paciencia del cielo.
Pablo Neruda
de Estravagario
