Aguantando el tirón
Y ellos seguían y seguían, y nadie les decía nada.
Total para qué, si les dijeras lo que les dijeras no escuchaban.
Eran sordos de nacimiento y eso, tampoco nadie lo podía cambiar.
Andrea y Juan Carlos habían sobrevivido 7 años a una vida de silencio, de no entender y de siempre siempre sonreir.
Nacieron así, en un completo silencio. Y a pesar de todo eran unos niños felices. O precisamente por eso.
En su mundo interior sólo cabía espacio para una idea, vencer al mundo, ir a contracorriente. Ellos ya eran mucho más fuertes de lo que cualquier niño de 7 años pudiera demostrar.
Era como si ellos dos ya hubieran nacido y muerto más de una vez, y siempre juntos.
Acaso su sordera, su ignorancia del mundo, fuera una prueba, un castigo por todos los pecados cometidos, no por ellos, por todos.
De modo que seguían y seguían tirando piedras al aire, y nadie les decía nada.
Total para qué.
Tan adorable que siempre...OS QUIERO.
Total para qué, si les dijeras lo que les dijeras no escuchaban.
Eran sordos de nacimiento y eso, tampoco nadie lo podía cambiar.
Andrea y Juan Carlos habían sobrevivido 7 años a una vida de silencio, de no entender y de siempre siempre sonreir.
Nacieron así, en un completo silencio. Y a pesar de todo eran unos niños felices. O precisamente por eso.
En su mundo interior sólo cabía espacio para una idea, vencer al mundo, ir a contracorriente. Ellos ya eran mucho más fuertes de lo que cualquier niño de 7 años pudiera demostrar.
Era como si ellos dos ya hubieran nacido y muerto más de una vez, y siempre juntos.
Acaso su sordera, su ignorancia del mundo, fuera una prueba, un castigo por todos los pecados cometidos, no por ellos, por todos.
De modo que seguían y seguían tirando piedras al aire, y nadie les decía nada.
Total para qué.
Tan adorable que siempre...OS QUIERO.





