En honor al título del blog: ADORABLE LOCURA
Creo que si Freud viviera no sería demasiado colega mío, y sin embargo debo reconocer lo fascinante que me resultó leer su psicopatología de la vida cotidiana.
De entrada el título acojona, lo sé, y los primeros capítulos curan el insomnio de meses, pero superada esta fase, merece la pena. Ayer viví una serie de situaciones que me hicieron recordar mis tardes de apasionada lectura junto al maestro de la psiquiatría.
Una mujer jugaba con su alianza matrimonial mientras hablaba por teléfono. Curiosamente, tenía varias erratas verbales, sustituyendo los verbos por sus correspondientes sustantivos (realización en vez de realizar, y así un sinfín de ellos), además de frotarse casi compulsivamente la nariz. Juro que así fue su comportamiento...
Me dispuse a dar una traducción Freudiana a semejante cúmulo de lapsus y expresiones verbales incoherentes y quedé totalmente alucinada: Ella temía a un divorcio inminente (jugar con la alianza), porque le iba la marcha (sustantivizar verbos intensifica la acción) y había contado alguna que otra mentirijilla (frotarse la nariz)!!!!
Cuando todavía no salía de mi asombro un amigo me hizo ver la locura que suponían tales conjeturas, insistiendo en una idea que terminó por convencerme: los mayores locos de la historia fueron los que se aventuraron a estudiar la cordura...
Adorable locura la mía por observar con los ojos de Freud, y adorable locura la de todo aquel que lo haga a través de sus propios ojos.
De entrada el título acojona, lo sé, y los primeros capítulos curan el insomnio de meses, pero superada esta fase, merece la pena. Ayer viví una serie de situaciones que me hicieron recordar mis tardes de apasionada lectura junto al maestro de la psiquiatría.
Una mujer jugaba con su alianza matrimonial mientras hablaba por teléfono. Curiosamente, tenía varias erratas verbales, sustituyendo los verbos por sus correspondientes sustantivos (realización en vez de realizar, y así un sinfín de ellos), además de frotarse casi compulsivamente la nariz. Juro que así fue su comportamiento...
Me dispuse a dar una traducción Freudiana a semejante cúmulo de lapsus y expresiones verbales incoherentes y quedé totalmente alucinada: Ella temía a un divorcio inminente (jugar con la alianza), porque le iba la marcha (sustantivizar verbos intensifica la acción) y había contado alguna que otra mentirijilla (frotarse la nariz)!!!!
Cuando todavía no salía de mi asombro un amigo me hizo ver la locura que suponían tales conjeturas, insistiendo en una idea que terminó por convencerme: los mayores locos de la historia fueron los que se aventuraron a estudiar la cordura...
Adorable locura la mía por observar con los ojos de Freud, y adorable locura la de todo aquel que lo haga a través de sus propios ojos.
1,5...Suspenso
Ayer creí volver a ver aquella luz roja que tanto me fascinaba.
Ayer creí volver a sentir en mi oreja derecha ese pinganillo que se encargaba de simular mi voz interior.
Ayer creí volver a oír el barullo de las risas, la alegría y el compañerismo.
Ayer creí volver a ver el índice revelador de nuestro maestro.
Ayer creí volver a tocar la espuma frágil del micrófono.
Ayer encendí la radio y creí volver a escuchar mi voz.
Ayer volví a desear estar suspensa de nuevo, junto a todos vosotros.Suspensa con un 1,5 o con un cero, pero junto a vosotros. Y no es añoranza, ni melancolía ni tan siquiera "morriña" lo que siento...tan sólo recuerdo con cariño.
¿Cuándo volvemos a suspender?
Ayer creí volver a sentir en mi oreja derecha ese pinganillo que se encargaba de simular mi voz interior.
Ayer creí volver a oír el barullo de las risas, la alegría y el compañerismo.
Ayer creí volver a ver el índice revelador de nuestro maestro.
Ayer creí volver a tocar la espuma frágil del micrófono.
Ayer encendí la radio y creí volver a escuchar mi voz.
Ayer volví a desear estar suspensa de nuevo, junto a todos vosotros.Suspensa con un 1,5 o con un cero, pero junto a vosotros. Y no es añoranza, ni melancolía ni tan siquiera "morriña" lo que siento...tan sólo recuerdo con cariño.
¿Cuándo volvemos a suspender?
VILALBIS
Vilalbis es el murmullo del río Magdalena y esos baños en sus aguas llenas de peces varios.
Vilalbis es el agobio del traje de gallega en esas tardes de agosto junto a vosotros, fieles galanes de día y golfos truhanes de noche.
Vilalbis son esas clases en las que nos pasabamos notas de amor, criticando el vestuario del sustituto de filosofía y quedando para escaparnos en el recreo al "Estudiantes".
Vilalbis eres tú Tamarola, y tu enorme paciencia con todos los que te queremos y somos un poco coñazo.
Vilalbis sois Rocío e Inma, y vuestros coches, en los que tantas aventuras hemos vivido por esas carreteras chairegas...
Vilalbis eres tú Toni, y tu particular manera de "ver" el mundo y de tocar todo lo que alcanzan tus manos.
Vilalbis eres tú J.L, y la tremenda cantidad de horas que me aguantaste en Cadena Ser jugando a ser periodista.
Vilalbis sois vosotros, compañeros de "1,5 Suspenso", y aquellas carcajadas que hacían temblar a los pobres oyentes de cualquier aparato de radio.
Vilalbis eres tu Javi, y aquel beso que tanto luchamos por olvidar.
Vilalbis eres tu Nano, y tu manera de querer con apenas demostraciones.
Vilalbis eres tú Maria, y las lecciones que nos das a todos con cada paso que das.
Vilalbis sois vosotros, Adri y David, y la debacle de biberones y pañales que llegó con vosotros.
Vilalbis eres tu Juanchis, y tu particular don para llamarme cuando sabes que necesito llorar.
Vilalbis sois vosotros, papis, y vuestra manera de quererme.
Sencillamente gracias Vilalbis
Vilalbis es el agobio del traje de gallega en esas tardes de agosto junto a vosotros, fieles galanes de día y golfos truhanes de noche.
Vilalbis son esas clases en las que nos pasabamos notas de amor, criticando el vestuario del sustituto de filosofía y quedando para escaparnos en el recreo al "Estudiantes".
Vilalbis eres tú Tamarola, y tu enorme paciencia con todos los que te queremos y somos un poco coñazo.
Vilalbis sois Rocío e Inma, y vuestros coches, en los que tantas aventuras hemos vivido por esas carreteras chairegas...
Vilalbis eres tú Toni, y tu particular manera de "ver" el mundo y de tocar todo lo que alcanzan tus manos.
Vilalbis eres tú J.L, y la tremenda cantidad de horas que me aguantaste en Cadena Ser jugando a ser periodista.
Vilalbis sois vosotros, compañeros de "1,5 Suspenso", y aquellas carcajadas que hacían temblar a los pobres oyentes de cualquier aparato de radio.
Vilalbis eres tu Javi, y aquel beso que tanto luchamos por olvidar.
Vilalbis eres tu Nano, y tu manera de querer con apenas demostraciones.
Vilalbis eres tú Maria, y las lecciones que nos das a todos con cada paso que das.
Vilalbis sois vosotros, Adri y David, y la debacle de biberones y pañales que llegó con vosotros.
Vilalbis eres tu Juanchis, y tu particular don para llamarme cuando sabes que necesito llorar.
Vilalbis sois vosotros, papis, y vuestra manera de quererme.
Sencillamente gracias Vilalbis
Titulándote
Solía decirme que todo buen escritor deja para el final el título de sus obras, haciendo un símil un tanto obvio con la guinda de un pastel. Supe anticiparme a aquella mirada que solicitaba una respuesta y me propuse ponerle un título a su vida.
Sabía que aquel requerimiento sería demasiado para mí, y sin embargo me puso a prueba. Busqué en todos los diccionarios intentando encontrar palabras que lo definiesen, que mostrasen al mundo cómo era y cómo se comportaba. Agoté los cristales de mis gafas pensando que encontraría esa mágica combinación de letras que lo harían sonreír; las palabras se agolpaban en mi mente y ninguna de ellas se hacía un hueco en mi decisión.
Quizás le hubiese gustado un título épico, fantástico o incluso romántico pero me imaginaba el horror en sus ojos al saberse un "el caballero de Lucus Loquiem", "El viajero de la nave Áncora" o "Amantísimo galán". Cogí todas mis notas y las quemé viendo como la intensidad del fuego se hermanaba con la intensidad de los latidos de mi corazón.
Fui a su casa, le cogí la mano y lo miré: "éste es tu título". Dejé sobre su mano una nota y salí acompañada de una sonrisa que jamás me abandonaría desde aquel día.
La tinta de mi pluma dibujaba sobre la mesa sus últimas letras: "el título de tu vida eres tú".
Nuestra propia vida es la más bella historia que podemos escribir. Llevar sus riendas es el mejor título se puede escoger para ella.
Bicos para ti, Nano.
Sabía que aquel requerimiento sería demasiado para mí, y sin embargo me puso a prueba. Busqué en todos los diccionarios intentando encontrar palabras que lo definiesen, que mostrasen al mundo cómo era y cómo se comportaba. Agoté los cristales de mis gafas pensando que encontraría esa mágica combinación de letras que lo harían sonreír; las palabras se agolpaban en mi mente y ninguna de ellas se hacía un hueco en mi decisión.
Quizás le hubiese gustado un título épico, fantástico o incluso romántico pero me imaginaba el horror en sus ojos al saberse un "el caballero de Lucus Loquiem", "El viajero de la nave Áncora" o "Amantísimo galán". Cogí todas mis notas y las quemé viendo como la intensidad del fuego se hermanaba con la intensidad de los latidos de mi corazón.
Fui a su casa, le cogí la mano y lo miré: "éste es tu título". Dejé sobre su mano una nota y salí acompañada de una sonrisa que jamás me abandonaría desde aquel día.
La tinta de mi pluma dibujaba sobre la mesa sus últimas letras: "el título de tu vida eres tú".
Nuestra propia vida es la más bella historia que podemos escribir. Llevar sus riendas es el mejor título se puede escoger para ella.
Bicos para ti, Nano.
Canto al Carpe Diem
Aquel día cumplía un número de años del que apenas podía recordar ni la mitad. Siempre había creído que los únicos acontecimientos que conseguían escapar del control del hombre eran los fenómenos metereológicos y el paso del tiempo. Los ostentosos envoltorios de los regalos iluminaban aquella habitación y viendo la horrible escena me di cuenta de lo bella que era la luz del sol, aquel rayo que se asomaba a la ventana cada mañana y conseguía burlar la barrera de unos sucios cristales olvidados hasta por la lluvia.
Quise llorar, pero no lo hice. Me insulté a mi mismo por no haber disfrutado de los pequeños detalles que me había brindado la vida, lamentando el ayer e implorándole a un Dios en el que jamás había creído la oportunidad de poder ver el mañana. Por fin me había dado cuenta de que la cobardía era la más terrible de las enfermedades y sentí un deseo irrefrenable de levantarme de la cama y buscar por toda la casa una medicina que la mitigase.
Pasaron las horas y los remitentes de aquellos paquetes se mantuvieron escondidos en la dirección postal desde la que provenían. Al fin y al cabo sólo era una fecha que había quedado registrada en el móvil de cada uno de ellos. Supuse que la sensación de lástima ante una muerte inminente era demasiado difícil de enmascarar, y añadí a aquella lista de fenómenos incontrolables por el hombre un ítem más: sus propios sentimientos.
Reconocí que me había casado con aquella mujer porque había estado con ella demasiado tiempo como para abandonarla, que había estudiado derecho porque a un locutor de radio se le había ocurrido la ingeniosa idea de que era la profesión del futuro y que comía aquella asquerosa comida integral porque engordar dañaba una imagen mantenida por los actores que protagonizaban anuncios de champú. Resultó triste admitir que me había negado a mi mismo el derecho a amar con locura, a dedicar mi vida a algo que me gustase de verdad y a engullir todas las calorías que contenían los ricos pasteles de la panadería de la esquina.
Había sido un buen marido, un abogado eficaz y un sex-simbol irresistible, y sin embargo cuando la incertidumbre me invadió al pensar si al día siguiente podría ver ese rayo de sol que me fascinaba me miré al espejo y le pedí cual Blancanieves que me permitiese volver atrás. Supe que aquel no era el cristal mágico protagonista de aquel bonito cuento, pero también supe que si cuando anocheciese sentía el deseo de alcanzar una estrella, saldría al balcón y volcaría el cielo para conseguirla.
Me deseé feliz cumpleaños a mi mismo y me dormí soñando con un futuro efímero pero realmente mío.
Quise llorar, pero no lo hice. Me insulté a mi mismo por no haber disfrutado de los pequeños detalles que me había brindado la vida, lamentando el ayer e implorándole a un Dios en el que jamás había creído la oportunidad de poder ver el mañana. Por fin me había dado cuenta de que la cobardía era la más terrible de las enfermedades y sentí un deseo irrefrenable de levantarme de la cama y buscar por toda la casa una medicina que la mitigase.
Pasaron las horas y los remitentes de aquellos paquetes se mantuvieron escondidos en la dirección postal desde la que provenían. Al fin y al cabo sólo era una fecha que había quedado registrada en el móvil de cada uno de ellos. Supuse que la sensación de lástima ante una muerte inminente era demasiado difícil de enmascarar, y añadí a aquella lista de fenómenos incontrolables por el hombre un ítem más: sus propios sentimientos.
Reconocí que me había casado con aquella mujer porque había estado con ella demasiado tiempo como para abandonarla, que había estudiado derecho porque a un locutor de radio se le había ocurrido la ingeniosa idea de que era la profesión del futuro y que comía aquella asquerosa comida integral porque engordar dañaba una imagen mantenida por los actores que protagonizaban anuncios de champú. Resultó triste admitir que me había negado a mi mismo el derecho a amar con locura, a dedicar mi vida a algo que me gustase de verdad y a engullir todas las calorías que contenían los ricos pasteles de la panadería de la esquina.
Había sido un buen marido, un abogado eficaz y un sex-simbol irresistible, y sin embargo cuando la incertidumbre me invadió al pensar si al día siguiente podría ver ese rayo de sol que me fascinaba me miré al espejo y le pedí cual Blancanieves que me permitiese volver atrás. Supe que aquel no era el cristal mágico protagonista de aquel bonito cuento, pero también supe que si cuando anocheciese sentía el deseo de alcanzar una estrella, saldría al balcón y volcaría el cielo para conseguirla.
Me deseé feliz cumpleaños a mi mismo y me dormí soñando con un futuro efímero pero realmente mío.





