Un, dos, tres, zapatito inglés
Éramos esos locos bajitos que miraban al mundo como un gigante inexplorado. La inocencia de aquellas miradas cautivaba a todo aquel que la había perdido con el paso del tiempo.
El escondite perfecto era aquel tronco seco que dormía en medio de aquel campo, pensábamos que era capaz de ocultarnos de todos los ojos que nos estaban buscando. La peonza giraba sin caerse y corríamos como locos para que no nos pillasen, mientras los columpios y el tobogán ensuciaban nuestros traseros.
Hoy corremos para no perder el tren, nos columpiamos en la vida y nuestro mejor escondite son las mentiras. Nuestras miradas apenas dejan ver lo que algún día fuimos y nosotros mismos somos una gran peonza que gira y gira sin parar, sin saber donde va a caerse.
El "un, dos, tres zapatito inglés" pasó a ser un show televisivo apadrinado por una calabaza un tanto patética y ya no es el tobogán el que ensucia nuestro trasero, si no nuestra propia hipocresía.
The show must go on. Si, la vida es un juego y todos somos jugadores. Lástima que para ganar existan las trampas.
El escondite perfecto era aquel tronco seco que dormía en medio de aquel campo, pensábamos que era capaz de ocultarnos de todos los ojos que nos estaban buscando. La peonza giraba sin caerse y corríamos como locos para que no nos pillasen, mientras los columpios y el tobogán ensuciaban nuestros traseros.
Hoy corremos para no perder el tren, nos columpiamos en la vida y nuestro mejor escondite son las mentiras. Nuestras miradas apenas dejan ver lo que algún día fuimos y nosotros mismos somos una gran peonza que gira y gira sin parar, sin saber donde va a caerse.
El "un, dos, tres zapatito inglés" pasó a ser un show televisivo apadrinado por una calabaza un tanto patética y ya no es el tobogán el que ensucia nuestro trasero, si no nuestra propia hipocresía.
The show must go on. Si, la vida es un juego y todos somos jugadores. Lástima que para ganar existan las trampas.





