Periodismo aquí, en el norte de África
Portadas de los principales diarios digitales de Melilla el día en el que se ha conocido la muerte de un subsahariano cuando intentaba cruzar (o no) la doble verja que separa la ciudad de Marruecos.
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meliya.com

El Telegrama de Melilla

Sólo el malagueño Diario Sur en su edición Melilla abre con el episodio de la avalancha humana, aunque, de nuevo, se repite la dolorosa omisión.

Las circunstancias del fallecimiento aun están por esclarecer. No sé cuál será la versión de Televisión Melilla, de momento me quedo con la explicación de los hechos que ofrece ELPAIS
La horchata es una bebida que se inventó cuando los egipcios domesticaron el cultivo de la chufa en el valle del Nilo allá por el 3000 aC. Al menos eso se ha creido hasta ahora. La hochata fluye pesadamente por las venas de los 75.000 habitantes de Melilla y especialmente por la de los naturales o residentes que se dedican al periodismo.
¿Es que a nadie le entra nada por el cuerpo?
Estimados pasajeros, yo lanzo una idea y si quieren me la copian. Me va a dar igual, seré feliz con que se lleve a la práctica:
Una pareja de intrépidos periodistas cruzan con un equipo básico de filmación por cualquiera de los pasos fronterizos que unen Melilla con Marruecos. Los reporteros se sientan a tomarse un thé (así lo escriben los vecinos) y esperan a que llegue su contacto. Lo agasajan con comida y ropa, si es de marca mejor. Lanzan la idea. El contacto acepta, ¿qué tiene que perder? Los periodistas son conducidos hasta el campamento donde hablan con los inmigrantes. Les cuentan su travesía, gran parte realizada a pie, desde países alejados miles de kilómetros de ese puntito en el mapa que es Melilla. Hablan de la idea que tienen de Europa como paraíso terrenal, de París, de Milán, de Marsella, de Berlín, de Barcelona... Les ayudan a construir las escaleras de ramas que conducen a sus sueños y dejan atrás la doble valla. Conviven con ellos unos días, los acompañan en el momento del salto. El paso de la verja se graba desde ambos lados ya que los periodistas pueden atravesar la frontera siempre que lo deseen. Habrá inmigrantes que consigan escapar y llegar a la meta de la comisaría de la Policía Nacional para solicitar su admisión. Otros correrán peor suerte, serán detenidos y devueltos a Marruecos. Los subsaharianos deciden cambiar de táctica y se lanzan en una avalancha de trescientos saltadores ante la que la policía responde con pelotas... de goma.
Telecinco compra y emite el reportaje. La imágenes dan la vuelta al mundo. Los periodistas hacen visible una tragedia absolutamente desconocida para la audiencia española y europea. Por ello reciben el premio Pulitzer. Dreamworks se interesa por la historia y propone Clint Eastwood rodar un dramón de esos que le gustan al bueno de Clint (best wishes, my friend, i know you´re a regular passeger). Los reporteros, ajenos a toda la espectación que levanta el film cobran los multimillonarios derechos y pasan el resto de su vida dedicados a hacer el peridismo que les sale de los huevos kinder, sin tener que obviar noticias asesinas porque no beneficien a nadie de los que pagan, como la muerte de una PERSONA relacionada aparentemente con su intento de cruzar la linea que separa su mundo del nuestro.
Gracias por confiar en nosotros,
Comandante Luque
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meliya.com

El Telegrama de Melilla

Sólo el malagueño Diario Sur en su edición Melilla abre con el episodio de la avalancha humana, aunque, de nuevo, se repite la dolorosa omisión.

Las circunstancias del fallecimiento aun están por esclarecer. No sé cuál será la versión de Televisión Melilla, de momento me quedo con la explicación de los hechos que ofrece ELPAIS
La horchata es una bebida que se inventó cuando los egipcios domesticaron el cultivo de la chufa en el valle del Nilo allá por el 3000 aC. Al menos eso se ha creido hasta ahora. La hochata fluye pesadamente por las venas de los 75.000 habitantes de Melilla y especialmente por la de los naturales o residentes que se dedican al periodismo.
¿Es que a nadie le entra nada por el cuerpo?
Estimados pasajeros, yo lanzo una idea y si quieren me la copian. Me va a dar igual, seré feliz con que se lleve a la práctica:
Una pareja de intrépidos periodistas cruzan con un equipo básico de filmación por cualquiera de los pasos fronterizos que unen Melilla con Marruecos. Los reporteros se sientan a tomarse un thé (así lo escriben los vecinos) y esperan a que llegue su contacto. Lo agasajan con comida y ropa, si es de marca mejor. Lanzan la idea. El contacto acepta, ¿qué tiene que perder? Los periodistas son conducidos hasta el campamento donde hablan con los inmigrantes. Les cuentan su travesía, gran parte realizada a pie, desde países alejados miles de kilómetros de ese puntito en el mapa que es Melilla. Hablan de la idea que tienen de Europa como paraíso terrenal, de París, de Milán, de Marsella, de Berlín, de Barcelona... Les ayudan a construir las escaleras de ramas que conducen a sus sueños y dejan atrás la doble valla. Conviven con ellos unos días, los acompañan en el momento del salto. El paso de la verja se graba desde ambos lados ya que los periodistas pueden atravesar la frontera siempre que lo deseen. Habrá inmigrantes que consigan escapar y llegar a la meta de la comisaría de la Policía Nacional para solicitar su admisión. Otros correrán peor suerte, serán detenidos y devueltos a Marruecos. Los subsaharianos deciden cambiar de táctica y se lanzan en una avalancha de trescientos saltadores ante la que la policía responde con pelotas... de goma.
Telecinco compra y emite el reportaje. La imágenes dan la vuelta al mundo. Los periodistas hacen visible una tragedia absolutamente desconocida para la audiencia española y europea. Por ello reciben el premio Pulitzer. Dreamworks se interesa por la historia y propone Clint Eastwood rodar un dramón de esos que le gustan al bueno de Clint (best wishes, my friend, i know you´re a regular passeger). Los reporteros, ajenos a toda la espectación que levanta el film cobran los multimillonarios derechos y pasan el resto de su vida dedicados a hacer el peridismo que les sale de los huevos kinder, sin tener que obviar noticias asesinas porque no beneficien a nadie de los que pagan, como la muerte de una PERSONA relacionada aparentemente con su intento de cruzar la linea que separa su mundo del nuestro.
Gracias por confiar en nosotros,
Comandante Luque
Melilla
Dejo mis bolsas de Pull&Bear y Springfield en casa. He quedado con mis padres para comer en la feria. El real, por último año, está instalado en el parque Hernández, a 25 metros de dónde vivo. En la puerta encuentro a unos compañeros de Televisión Melilla. Comentamos algo y reímos. Uno de los tres, montador, me felicita por la entrevista a José Luis Gil, más conocido por Sr. Cuesta, presidente de la comunidad de vecinos de Aquí no hay quien viva y pregonero de las fiestas. No, no es de Melilla, no sé que tiene que ver con la ciudad. Me apresuro; por algún motivo que desconozco, mi padre está esperando ya en La Gaviota, la caseta del Partido Popular:
-"Joder, mamá... sólo me falta que vengan y me hagan una foto".
Pedimos pinchitos morunos, tortilla de patatas, pescaito frito y langostinos. El presidente regional del Partido Popular, Arturo Esteban, toma asiento a mis espaldas. Acto seguido aparece el presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda. Anteayer lo entrevisté en la inauguración de la caseta militar; espero que no se acuerde de mi. Llega el fotógrafo. Miro a mi madre. Apuro el vaso de Sandevid y mi padre pide la cuenta. No por nada especial, simplemente porque hemos terminado. Propongo tomar un helado. Con mi tarrina de kinder y chocolate blanco en la mano encuentro a una popular redactora de TVM. Mi hermano me mira con ojos mitad burlones, mitad orgullosos. Volvemos a casa y me cambio. En una calle tomada por los coches de los que se emborrachan en la Feria intento encontrar el mío. A lo lejos se acerca a mí desorientada persona un grupo de hombres. Van cogidos de la mano, en parejas. Son paquistaníes, creo. Por fin aparece mi coche. Compro EL PAIS y despliego periódico, silla y toalla en una sombrilla de la playa. A un lado tres musulmanas, entraditas en carne y, perdóneme si juzgo a la ligera, ligeras ellas. Frente a ellas, dos marroquíes en vaqueros se están calentando (al sol). A mi otro lado unos tíos mu raros, son como alemanes, hablan extraño, ¿holandés quizás? Acabado el periódico y sin encontrar motivación en mi acompañada soledad me voy al coche que está aparcado en la puerta del Burger King. Regreso a mi calle. Cerca de una docena de negros, subsaharianos si ustedes lo preferien, proponen aparcamientos imposibles en lugares rocambolescos. Alguien se va y deja hueco junto a los contenedores. Un moro (que lo de musulmán es para otro tipo de gente) rebusca en la basura. En realidad no lo veo, se que está ahí porque las cincuenta garrafas de agua vacías que acarrea a la espalda hacen las veces de baliza. Pipi! Cierre centralizado que interrumpe sólo momentáneamente las sevillanas que suenan en la Caseta oficial, la más molesta para ese vecino que hay en mi interior. Alguien me grita, me giro y como acto reflejo niego con la cabeza porque lleva un polo amarillo y su piel es negra. Como todos los días, se estaba ofreciendo a lavarme el coche.
Me estoy viendo en la tele. Hoy no se si tendré que cubrir algo. Después de preguntarle al vicario episcopal de Melilla, en la inauguración de una caseta, si sabía que allí se vendían preservativos estoy un poquito más apartado de las labores reporteriles. Me aburro, así que escribo. Mis amigos ya se han ido a la península para hacer sus exámenes. A mí me queda poco aquí. “No has estudiado nada en todo el verano” dice una reconstrucción holográfica de mi madre en mi cerebro. No mamá, hay cosas mejores que hacer, creo.
Gracias por confiar en nosotros,
Comandante Luque
-"Joder, mamá... sólo me falta que vengan y me hagan una foto".
Pedimos pinchitos morunos, tortilla de patatas, pescaito frito y langostinos. El presidente regional del Partido Popular, Arturo Esteban, toma asiento a mis espaldas. Acto seguido aparece el presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda. Anteayer lo entrevisté en la inauguración de la caseta militar; espero que no se acuerde de mi. Llega el fotógrafo. Miro a mi madre. Apuro el vaso de Sandevid y mi padre pide la cuenta. No por nada especial, simplemente porque hemos terminado. Propongo tomar un helado. Con mi tarrina de kinder y chocolate blanco en la mano encuentro a una popular redactora de TVM. Mi hermano me mira con ojos mitad burlones, mitad orgullosos. Volvemos a casa y me cambio. En una calle tomada por los coches de los que se emborrachan en la Feria intento encontrar el mío. A lo lejos se acerca a mí desorientada persona un grupo de hombres. Van cogidos de la mano, en parejas. Son paquistaníes, creo. Por fin aparece mi coche. Compro EL PAIS y despliego periódico, silla y toalla en una sombrilla de la playa. A un lado tres musulmanas, entraditas en carne y, perdóneme si juzgo a la ligera, ligeras ellas. Frente a ellas, dos marroquíes en vaqueros se están calentando (al sol). A mi otro lado unos tíos mu raros, son como alemanes, hablan extraño, ¿holandés quizás? Acabado el periódico y sin encontrar motivación en mi acompañada soledad me voy al coche que está aparcado en la puerta del Burger King. Regreso a mi calle. Cerca de una docena de negros, subsaharianos si ustedes lo preferien, proponen aparcamientos imposibles en lugares rocambolescos. Alguien se va y deja hueco junto a los contenedores. Un moro (que lo de musulmán es para otro tipo de gente) rebusca en la basura. En realidad no lo veo, se que está ahí porque las cincuenta garrafas de agua vacías que acarrea a la espalda hacen las veces de baliza. Pipi! Cierre centralizado que interrumpe sólo momentáneamente las sevillanas que suenan en la Caseta oficial, la más molesta para ese vecino que hay en mi interior. Alguien me grita, me giro y como acto reflejo niego con la cabeza porque lleva un polo amarillo y su piel es negra. Como todos los días, se estaba ofreciendo a lavarme el coche.
Me estoy viendo en la tele. Hoy no se si tendré que cubrir algo. Después de preguntarle al vicario episcopal de Melilla, en la inauguración de una caseta, si sabía que allí se vendían preservativos estoy un poquito más apartado de las labores reporteriles. Me aburro, así que escribo. Mis amigos ya se han ido a la península para hacer sus exámenes. A mí me queda poco aquí. “No has estudiado nada en todo el verano” dice una reconstrucción holográfica de mi madre en mi cerebro. No mamá, hay cosas mejores que hacer, creo.
Gracias por confiar en nosotros,
Comandante Luque





