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A este lado de mi mismo
Porque no se necesita un motivo para hablar solo
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Me cago en su puta madre
Estoy encerrado en Murcia. Encantado. Al menos lo estaría si tuviera la menor idea de qué coño voy a hacer mañana. No tengo nada, ¡NADA!

Es acojonante. Venía a tiro hecho: una historia que publica la mayor agencia del país; yo sólo tenía que ampliar información. Venía convencido de que iba a tener suerte. Me repetía a mí mismo en el autobús que iba a conseguir una buena historia y a contarla bien. Iba a demostrar en soitu... Qué coño, me iba a demostrar a mí que valgo para el puñetero periodismo.

Pero no sé si soy sumamente gafe o es que soy inútil. Es acojonante que no haya encontrado nada que añadir a la historia. Lo que es más, toda la gente con la que he hablado me ha contradicho lo que tengo. No es normal, joder. Igual es verdad que no valgo para sacar noticias. Pero, coño, he preguntado a un huevo de peña, he comprobado todas las fuentes que se me ocurren...

No sé si lo que hago mal es la forma de plantear las preguntas. Igual es que no sé sonsacar información. Quizá es que no sé dónde buscar. A lo mejor es que no soy capaz de diferenciar cuando la gente me miente. No sé, pero está claro que algo hago mal, porque soy incapaz de sacar una historia. Lo de plantearme la profesión voy a tener que acabar tomándomelo en serio.
 
Sólo una llamada
Parece mentira lo que cambia una llamada. Preocupado porque no encuentro nada sobre la noticia que he venido a cubrir a Murcia, planteándome si valgo para el periodismo, calculando dónde puedo echar curriculums... y de pronto me llama (me llamas, pues parece evidente que sí lees esto).

Estaba (estabas) acelerada, casi ofendida. Me contaba que no tiene ningún novio mago sin respirar, sin dejarme meter baza. Y yo, a medida que la oía hablar, sonría más. "Esto es feedback y el resto estupideces" he pensado al colgar. Una vez más me ha demostrado que no la conozco. "No soy tan fría como tú te piensas". Pero, más que eso, una vez más me ha demostrado que se preocupa por mí y por cómo me siento. A falta de poder pedirle más, esto no es poco (es mucho, mucho).

De la noticia sigo sin tener nada y mi futuro laboral pinta del mismo tono castaño, pero llevo colgando una sonrisa estúpida que no soy capaz de quitarme.
 
Saber
Un cosquilleo en el estómago que me deja una sensación extraña. No hay cabreo esta vez. No hay desengaño, ni esperanzas rotas. Ya no he pecado de ingenuo. Sabía perfectamente que me aferraba a nada, y el que se cuelga del aire, se cae. Yo sólo disfrutaba de las vistas hasta que llegara la caída.

Ya sospechaba que había alguien. De hecho, hasta me imaginaba que no me enteraría por ella (o por ti, que aún no sé si sigues leyendo esto).

Acabo de leer un post suyo en el que habla de un novio mago y la imagino radiante. La supongo cariñosa, incluso romántica con el mago en cuestión. Me alegro. Me alegro un montón, porque se merece querer a alguien que, además de quererla, sepa hacerla sentir la magia.

Y sin embargo, pese a que todo lo sabía, pese a que sólo guardo alegría por ella, ese regustillo en el estómago estaba ahí. E incluso esperaba que me llamara al leer el mail para contármelo. No para disculparse por no habérmelo dicho, pero por lo menos para contarme quién es el tipo en cuestión, dónde le conoció, qué relación tienen... Qué sé yo, todas esas cosas que se cuentan cuando empiezas una relación nueva. Pero no, ella no es así. No conmigo, vaya.

Insisto en que estoy contento de que haya encontrado a alguien otra vez, pero me he imaginado la situación perfectamente. Me he visto a mí mismo diciéndole que un día va a aparecer una chica que me quiera y yo querré estar con esa chica, y entonces ella se va a arrepentir. Sé que no es verdad, pero, qué quieres, hoy ese gusanillo en el estómago me pedía decirle que se va a arrepentir.
 
I love this game
Me arranca la hoja de periódico de las manos y, sin decir ni mú, se va a la mesa del director (a ese espacio aislado por un mal cristal que no se cierra no se le puede llamar despacho) y me deja allí plantado. Miro al ordenador sonriendo, buscando como completar una información que hemos perdido y pensando divertido, "joe, así no se puede trabajar". Mis pensamientos se referían a la actitud de Cañil, a que se llevara la hoja con tanta 'violencia'.

"Tú, te vas a Murcia". Me lo suelta devolviéndome la hoja arrancada del ABC, y a mí lo único que me sale es un espontáneo, "¡de puta madre!". Sí, me encanta mi trabajo.

Apenas cuatro horas más tarde me montaba en un autobús camino de Murcia. Ahora estoy sentado en un hotel de esta ciudad. La verdad, llevo mucho tiempo imaginándome así mi vida. Cogiendo una maleta repentina, casi siempre a punto, con destino a cualquier sitio donde no estaré mucho tiempo. Vivir a ritmo de hotel, autobús, avión e internet. Ser nómada persiguiendo noticias.

Para muchos -para mí mismo según cómo me dé por pensar ese día- es una vida de perros. No puedes tener familia, ni siquiera novia, porque no tienes estabilidad física ninguna. Te acuestas en una ciudad y te levantas en otra. Te conviertes en un desarraigado. Puede ser. Puede que sí. Pero, ¿qué quieres? Soy un desarraigado.

Lo único que necesito es, de vez en cuando, volver a Madrid, a mi barrio, y ver a mis amigos. Unas cañas, una cena y un montón de historias. El contacto diario, lo resuelve internet.

Sí, ojalá consiga convertirme en un nómada de las noticias. Al fin y al cabo, un desarraigado, ya lo soy.
 
Entre mis sábanas
Hace una semana que vino a casa y se quedó a dormir. Por la mañana, justo después de ducharse, aprovechando que aún había tiempo, la metí en mi cama y la abracé. La olí. La acaricié. La di un par de besos en el cuello. Estaba deseando que ella no hiciera nada, que sólo me dejara sentirla.
Lo hizo. Me dejó sentirla hasta que pensó que era mejor pararme los pies. "Bueno, ya". Y mi sueño se acabó en seco. Lo hizo con la misma elegancia con la que siempre me da calabazas. Con el mismo cariño.
Ha pasado una semana, pero cada noche cuando me acuesto, cada mañana cuando me despierto, tomó unos segundos la misma posición. Me imagino que la tengo justo delante, acurrucada de espaldas a mí, dejándome que la acaricie.
"¿No vas a cambiar nunca?". No. Pero, ¿a quien le importa?