A g e n c i a J A I
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Necesitamos camilleros

El Diurnal de JAI
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“Llegaron cuatro llevando a un paralítico y, como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados quedan perdonados”. (Mc 2, 4.5)

La presunta blasfemia de Jesús al perdonar los pecados al paralítico se convierte en una nueva oportunidad de gracia al devolverle la salud, la capacidad de andar, para asombro de quienes le acusaban de querer suplantar a Dios. Cada una de las curaciones que en estos domingos podemos leer en el evangelio son una manifestación tanto del amor que Dios nos tiene como del poder de la fe. Pero en el encuentro entre el paralítico y Jesús que hoy se nos narra hay otros personajes que siempre llamaron mi atención: aquellos que portan al paralítico y hacen casi lo imposible por poder llevarle ante Él.
No hace falta extrapolar mucho los contenidos de este evangelio para darnos cuenta de que necesitamos en nuestro mundo muchos de esos “camilleros” que nos ayuden, cuando no podemos o estamos paralizados, a saber y poder acercarnos a Jesucristo que es quien nos salva y nos cura.
Y tampoco hace falta ejercitar con soltura el arte de la metáfora para percibir que esa labor es una de las grandes tareas que el mismo Jesucristo dejó encomendada a su Iglesia.
En medio de todas nuestras tareas pastorales es conveniente, en muchas ocasiones, pararnos y revisar aquello que estamos haciendo y la forma de llevarlo a cabo. Un elemento importante para esa revisión es siempre preguntarnos si todo lo que hacemos, si todos los métodos empleados y las dinámicas utilizadas nos sirven para lo esencial: acercar a la gente a Jesucristo y a éste a la gente.
Esa labor de mediación, de camino, de “camilleros” es algo a lo que la Iglesia no puede renunciar. Y si la Iglesia no lo puede hacer tampoco sus miembros que muchas veces, en nuestra soberbia, dejamos de considerarnos camilleros y nos colocamos en el mismo lugar de quien es capaz de sanar y perdonar pecados.
Hoy, al igual que entonces, ante la obra maravillosa que Dios mediante Jesucristo obra en nosotros también nos quedamos admirados y decimos: “Nunca hemos visto cosa igual”. Ojalá que con nuestro tesón, nuestra fe, nuestra constancia y la esperanza que nace de todo ello seamos capaces de poder presentar ante Jesucristo a tantos impedidos por mil causas que necesitan llegar a su presencia pero para ello necesitan también de todos nosotros.

“El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los dolores de su enfermedad.
Yo dije: “Señor ten misericordia,
Sáname, porque he pecado contra ti”.(
Salmo 40)

 
Vuestras oraciones son más importantes de lo que creéis

El Diurnal de JAI
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Me ha sorprendido y emocionado el gesto de Jose Manuel Vidal de colocar en su blog de Rumores de Ángeles el anuncio que hacia a los usuarios del foro de JAI de la situación médica que en breve comenzaré a vivir y que me mantendrá apartado temporalmente del JAI, de su foro y de este blog, y el ruego que a su vez hacía de que me mantuviéseis presente en vuestras oraciones. Ha sido todo un detalle generoso de Jose Manuel que habla de su enorme corazón y los buenos sentimientos junto con los de todos aquellos que han ido dejando su comentario.
Espero y confío en que ni sea mucho el tiempo en que tenga que estar apartado de estas páginas, ni la enfermedad y el tumor puedan conmigo y con mi ánimo. Y estoy convencido con toda firmeza, de que en todo ello tiene mucho que ver la oración de los amigos y, como no, también la de aquellos que, sin serlo, se acuerdan de uno desde su buen corazón.
Cuando uno, muchas veces sin saber por qué, se dedica a intentar informar, comentar y opinar, en este caso sobre temas de la religión y la Iglesia Católica, es fácil que no guste a todos y que provoque incluso reacciones que respondan a uno con más dureza de aquella a la que se cree merecedor. Pero ese siempre es el riesgo que se corre cuando uno habla, comenta, opina y, por supuesto, se equivoca públicamente.
Hay dos cosas, al hilo de esto, que a lo largo de estos años he ido aprendiendo y que ahora, dos días antes de que temporalmente me retire cobran un poco más de fuerza: no guardo rencor, resentimiento o animadversión a nadie, absolutamente a nadie, incluso a quienes en estos foros me han sacudido bien (que a lo mejor sus razones tenían) y confío ciegamente en el amor que Dios nos tiene y que se manifiesta de múltiples maneras en las personas que nos rodean y los acontecimientos, buenos y malos, que nos toca vivir.
La labor que desde JAI se comenzó hace un par de años me ha reportado mucho más que aquello en lo que yo haya podido servir. Sobre todo me ha reportado unos amigos, unas personas a quienes de otra forma no habría conocido, que me han ayudado mucho a crecer en mi vocación y en mi misión sacerdotal.
Me voy unos cuantos días con el corazón lleno de agradecimiento por vuestras palabras y por esa oración sincera, de amigos y no tan amigos, que sé que me acompañará y me ayudará en el trance que ahora me toca atravesar. Espero regresar cuanto antes y poder repetir, con la misma alegría y esperanza, que Dios nos ama, aunque a veces no entendamos sus designios, y que por encima de ideologías y opiniones, de ser progre o conservador, de derechas o de izquierdas, lo realmente importante es ser persona de buen corazón, de nobles sentimientos y capaz de desear para los demás todo lo mejor.
Gracias por vuestro apoyo y vuestra oración. Es mucho más importante de lo que a veces nos creemos.

“¿Qué es lo que se nos ha prometido?. Seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es. La lengua ha expresado lo que ha podido; lo restante ha de ser meditado en el corazón”.
(Tratado 4 de San Agustin sobre la primera carta de Juan)

 
Nada puede justificar el asesinato

El Diurnal de JAI
El Diurnal de JAI
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En el tema de los malos tratos físicos y psíquicos, la inmensa mayoría de las veces perpetrados contra las mujeres y casi de forma anecdótica a los varones, todos sabemos que hay mucho más de lo que se puede leer o de lo que se recoge en una información de sucesos. Sabemos que en la mala convivencia diaria hay agresiones, provocaciones, hostigamientos.... pero nada de ello puede llevarnos, nunca, a justificar la violencia y mucho menos el crimen.
Las palabras de un sacerdote valenciano, Gonzalo Gironés, en las que manifestaba que en muchos casos de malos tratos media provocación por parte de la mujer y ello constituye un “atenuante” de los mismos han abierto la caja de los truenos frente a lo que no sólo no ha recompuesto la situación si no que se ha reafirmado en lo dicho.
Analizando sus palabras sin apasionamientos y una cierta objetividad, cosa que no es fácil cuando de los malos tratos se habla, que la sociedad que contempla casi impasible como Otegui ensalza a ETA se escandalice por que un cura diga que la provocación atenúa la culpa parece que suena un poco a hipocresía.
Pero dicho esto también es verdad que hacer estas manifestaciones, tal y como se hicieron y en un momento en el que la sensibilidad ante la cuestión es creciente no parece que haya sido lo mas inteligente por mucha que sea la preparación intelectual del sacerdote.
Aunque habrá casos en los que medie provocación, incitación o como se le quiera llamar, estoy convencido de que en la mayor parte de los casos de violencia doméstica con resultado de muerte de la mujer eso no es así.
Y, además, la provocación, en caso de existir, puede ser un motivo para la separación, el alejamiento o incluso el abandono de la vida conyugal pero nunca ni una justificación ni un atenuante de la violencia porque, por la misma regla de tres, y siguiendo un poco el exagerado símil anterior, también hay etarras que justifican sus actos y piden que las penas se atenúen porque el Estado, la Guardia Civil y demás fuerzas represoras “les provocan”.
No se puede ventilar de un plumazo y con alegría el tema de los malos tratos diciendo que hay casos en que las mujeres son unas provocadoras y hacen que los hombres se vuelvan locos y terminen haciendo barbaridades. Aunque eso sea así en algún caso, en la mayoría de los mismos, tristemente, la violencia suele ser mucho mas gratuita y no responder a una causa, una provocación o cualquier tipo de ataque.
Aunque, vuelvo a repetir, el escándalo que sus palabras originaron parece un poco hipócrita lo cierto es que fueron muy poco afortunadas. Y en esos casos, cuando uno se equivoca, lo mejor que se puede hacer creo que es rectificar aunque para ello, igual que para pedir perón, siempre es necesario tener un espíritu muy humilde y poco soberbio. Y hacerlo además públicamente no es fácil.

“Él es mi Dios y Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación”
(Is 12, 2-3)

 
De lo que ofrezcas recibirás

El Diurnal de JAI
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Es una historia muy antigua que, al parecer, no tiene autor conocido y que Francisco Cerro Chaves, sacerdote de la diócesis de Valladolid, recoge en su libro “Parábolas con corazón grande” que , publicado en la colección Agua Viva de la editorial Monte Carmelo, ya va por la segunda edición. La parábola viene a trasmitirnos la moraleja “No hagas con el otro lo que no quieras hagan contigo”. No está de más unos minutos de reflexión.

LA MEDIA MANTA

Don Pedro era anciano y viudo. Había trabajado con ahínco haciendo de su hijo un hombre de bien.
Se encontraba solo, sin esperanza, lleno de recuerdos.
Esperaba que su hijo le ofreciera su apoyo y comprensión, pero pasaba el tiempo y esto no llegaba.
Un buen día, don Pedro llamó a la puerta de la casa de su hijo y familia.
- ¡Hola papá!, qué raro que vengas por aquí, le dijo su hijo.
- Sabes que no me gusta molestar, dijo don Pedro, pero me siento solo y no me encuentro bien.
- Esta es tu casa.
- Gracias hijo, temía ser un estorbo. Entonces... ¿me puedo quedar a vivir con vosotros...?. Estoy tan solo...
- ¿Quedarte aquí...?. No sé si estarás a gusto, la casa es pequeña, mi esposa muy especial, los niños...
- No te preocupes por mí, hijo, alguien me atenderá.
- No padre, eso no, pero no sé donde podrías dormir... ¿en el patio...?
- Bueno, está bien.
El hijo de Don Pedro llamó a su hijo de doce años:
- Mira, hijo, tu abuelo se va a quedar a vivir con nosotros. Tráele una manta para que no pase frío en la noche.
- Sí, pero ¿dónde va a dormir...?
- En el patio, no quiere molestarnos.
El niño subió a por la manta y la cortó en dos.
- ¿Qué haces, le dice su padre?. ¿por qué cortas la manta?
- Sabes, papá, estaba pensando en guardar la mitad de la manta para cuando tú seas viejo y vayas a vivir a mi casa.

“El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece”
(1S 2, 6-7)

 
La “desaparecida” Escuela Social de la Iglesia

El Diurnal de JAI
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Ya han pasado unos dos años desde que la Escuela Social de la Iglesia, dependiente entonces del también desaparecido tras la reforma de la curia diocesana Secretariado Social, dejara de impartir sus cursos. Unos cursos que, por otro lado, tenían toda una organización sistemática que consistía en un plan cíclico que se impartía un sábado al mes, de octubre a mayo, durante tres años. El último programa (curso 2.002-2003) aún puede verse en la pagina web del propio arzobispado de Oviedo. (http://www.iglesiadeasturias.org/formacion.html).
Aunque oficialmente la Escuela Social de la Iglesia nunca desapareció si no que, incluso, tiene directora nombrada al frente de ella, lo cierto es que desde que José Manuel Parrilla dejó de estar al frente no se ha impartido ningún curso ni se ha vuelto a saber más de su existencia. Pero eso no quita para que, como sucedió ayer durante la presentación del Compendio de la doctrina social de la Iglesia, a cargo del mismo Jose Manuel Parrilla, profesor de doctrina social en el Centro de Estudios Teológicos y de sociología en la Universidad de Oviedo, varios de los sacerdotes asistentes lamentaran su desaparición.
Nunca se ha podido saber con exactitud el por qué del silencio de la Escuela Social que, aunque oficialmente no haya desaparecido, de hecho manifiesta una inexistente actividad. ¿Implicaba la desaparición del Secretariado Social el apagón sobre la Escuela Social?. ¿Era molesta la formación que desde la Escuela se impartía?. ¿No entraba en los planes del gobierno diocesano?. ¿Se planificaba algún otro tipo de formación que la sustituyera?. Las preguntas sin clarificar son muchas. Hay quien piensa que una vez desaparecido el Secretariado Social la Escuela se quedaba sin el órgano pastoral que la sustentaba y que le hacía no ser solamente un ente de formación sino responder a una acción pastoral concreta planificada desde un organismo diocesano.
Puede incluso, según apuntan otros, que la cuestión no fuese tanto pastoral sino de personas, ¿quién sabe?. Lo cierto es que desde hace un par de años existe un vacío en la formación social dentro de la Iglesia de Asturias que, de alguna forma, tendría que llenarse. No sé si la solución es volver a reflotar la Escuela Social o hacerlo de otra manera o desde otras instituciones pero, sobre todo dados los tiempos que corren, no podemos permitirnos el lujo de abandonar la formación social de los cristianos en Asturias porque eso, a la larga, nos pasaría una factura demasiado cuantiosa.
Si queremos cristianos que en medio de su mundo anuncien a Jesucristo en plena comunión con su Iglesia necesitamos invertir en su formación, en este caso social.
Y los resultados, durante el tiempo en que la Escuela funcionó, ahí están. Muchos seglares que pasaron por sus aulas aún recuerdan y mantienen viva la formación que un día recibieron y que les sirvió, sin duda, para mejorar toda su labor de apostolado.
No nos basta sólo con lamentar la desaparición o el “stand bye” de la Escuela Social hay que insistir, a tiempo y a destiempo, para que esta formación en doctrina social, llámese como se llame y la imparta quien la imparta, no desaparezca.

“Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada”
(Salmo 42)

 
Ante las víctimas no se puede ser imparcial

El Diurnal de JAI
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Era ya algo sabido que cualquier avance en la pacificación del País Vasco que apuntara a un final de los actos terroristas de ETA no iba a ser un camino de rosas. Hay demasiados sentimientos encontrados, demasiada sangre, demasiadas víctimas para que, de una forma sencilla, ETA deje de matar y comience el diálogo con el gobierno sobre cómo afrontar el futuro en paz. Pero lo que nunca se debería de perder de vista es que en todo proceso que pueda llevar al fin de ETA siempre habrá, por un lado, una organización que durante muchos años sembró el terror y que tiene miles de asesinatos sobre sus espaldas y, por otro lado, los familiares, amigos y compañeros de quienes perdieron la vida.
Es cierto que si ETA y sus grupos afines dan pasos encaminados al final del ejercicio de su violencia terrorista el gobierno y toda la sociedad debe, a su vez, realizar algún gesto que lleve al encuentro y a un diálogo que consolide ese proceso de paz. Pero ese camino, que no es fácil, no puede realizarse sin tener claro que se está del lado de las victimas y que se actúa incluso en su nombre. Ante el problema de la violencia terrorista, de cualquier terrorismo, uno no puede considerarse neutral o un mero espectador de lo que ocurre porque o se está con los terroristas o con las víctimas. Y eso es lo primero que cuando uno quiere dialogar, pactar o simplemente negociar un proceso de paz tiene que tener claro: que se está del lado de las victimas.
Y eso no quiere decir que haya que entrar en el juego de la política de partidos en el que cualquier asociación de víctimas del terrorismo es propensa a caer si no que se ha de tener claro que, sean del color que sean, las victimas son quienes claman justicia contra sus asesinos. Y ya es sabido que una paz que no se asiente sobre la justicia será siempre una paz falsa.
En algún momento habrá que pasar la página, cuando las armas ya no sean una amenaza para la convivencia pacífica, pero eso nunca puede significar tener que olvidar a quienes perdieron su vida por el simple hecho de ser objetivos fáciles para el terror.
Por más que el final parezca que se acerca, según dice el gobierno en un arranque de optimismo, entrar en confrontación con las asociaciones de victimas y alejarse cada vez más de ellas no es una buena política. Aunque se quiera trabajar para la paz desde el diálogo y se tienda la mano, incluso a los asesinos para que dejen de matar y se pueda abrir un tiempo nuevo, ante los herederos de las victimas del terrorismo, nos gusten más o nos gusten menos, no se puede ser imparcial.

“En estas tres cosas se conocerá que tu boca está llena en abundancia de sabiduría o de prudencia: si confiesas de palabra tu propia iniquidad, si de tu boca sale la acción de gracias y la alabanza y si de ella salen también palabras de edificación” . (Sermón 15 de San Bernardo Abad)
 
“Si quieres, puedes limpiarme”

El Diurnal de JAI
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En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: “Si quieres, puedes limpiarme”. Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Quiero: queda limpio” (Mc 1, 40-41)

En este Domingo en el que la Iglesia celebra una de sus campañas fuertes y tradicionales, la Campaña de Manos Unidas contra el hambre en el mundo, la liturgia dominical nos ofrece el pasaje de la curación de un leproso, declarado impuro para los judíos, a quien devuelve la salud y la dignidad. Sorprende, además, que Jesús le recomiende que “para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mando Moisés”. Jesús no viene a abolir la ley sino a darle su verdadero cumplimiento.
Aunque tristemente sigue existiendo hoy, la lepra es una de esas enfermedades que la ciencia y los avances científicos casi ha sido capaces de erradicar. Pero en el pasaje del evangelio de Marcos el tipo de enfermedad casi es lo de menos aunque en aquella época ser leproso llevaba consigo tener que vivir apartado de la comunidad y no poder relacionarse con normalidad con el resto de los conciudadanos.
Lo que realmente llama la atención en el diálogo entre el leproso y Jesús es el encuentro de dos voluntades. El leproso reconoce en Jesucristo al Salvador, a aquel que puede curarle de su enfermedad y acude a Él con humildad. Y Jesucristo, por su parte, se muestra dispuesto a curarle.
Desde el gran amor que Dios nos tiene, a pesar de todas nuestras miserias, ¡cómo no iba Jesús a querer sanarle!, ¡cómo no va a querer sanarnos a cada uno de nosotros!. Lo difícil no es que Jesús nos sane sino que nosotros le reconozcamos como Aquel que puede curarnos definitivamente y darnos la salvación.
Creemos, con mucha frecuencia, que nos bastamos a nosotros mismos, que la ciencia y la capacidad de la razón pueden dar explicación y solución a todo y dejamos muy poco espacio a la intervención de Jesucristo cuando, paradójicamente, es la única que realmente puede salvarnos.
Jesucristo quiere curar esa lepra especial que carcome con su impureza nuestro espíritu, que nos vuelve egoístas, violentos, indiferentes, tibios... pero la pregunta es ¿queremos nosotros que sea Jesucristo quien nos cure y nos limpie?

“Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos” (Ez 36, 25-27)
 
“... y caminó con ellos”

El Diurnal de JAI
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La Iglesia Católica celebra hoy la 14ª Jornada Mundial del Enfermo y lo hace con el lema “...y caminó con ellos”. Al igual que nos hemos habituado a convivir con muchas cosas también lo hemos hecho con la enfermedad. Si de algo han servido los grandes avances médicos ha sido, de una forma especial, para ayudarnos a sobrellevar la enfermedad y vivir la misma con una dignidad que no hace mucho era impensable. Se ha avanzado mucho en el conocimiento y en los tratamientos médicos pero aún hay un reto pendiente: el enfermo.
Aunque haya síntomas, diagnósticos y tratamientos que sigan una regla general, en cada enfermo el proceso de los mismos es diferente. La presencia espiritual y el acompañamiento del enfermo son, por tanto, importantes y en no pocas ocasiones un elemento esencial de la propia terapia curativa.
A quienes me conocen no les descubro nada nuevo si digo que la enfermedad, un infarto a los 38 años, cambió mi vida, como me imagino que cambiaría la de cualquiera, y que problemas más recientes, que me hacen pasar un calvario de endoscopias y biopsias, me hacen observar en muchas salas de espera el rostro del dolor que en cada persona adquiere matices diferentes.
Cuando uno se encuentra vencido por la enfermedad necesita de profesionales que le ayuden a sanar, a salir de la enfermedad y a recuperar la normalidad de su vida pero, y esto muchas veces se olvida, también necesita que todo ello lo hagan con una profunda humanidad, con un inmenso respeto hacia aquel a quien están tratando y con un enorme esfuerzo de comprensión ante quien no sólo padece una enfermedad sino que necesita ayuda y compañía para aprender a poder superarla.
La presencia de los capellanes de hospital si hacen bien su trabajo, cosa que suele ser bastante común, en una tarea impagable en ese acompañamiento y, además, suele ser el complemento perfecto para cualquier tratamiento médico.
La Iglesia, llamada a estar presente en tantos campos y aspectos de la vida, no puede olvidarse del mundo de la enfermedad porque es un mundo dónde se necesita la compañía, la fuerza y la esperanza de Jesucristo que pasó por el mundo curando enfermos y devolviendo a los rostros la alegría perdida.
En este día nada mejor que repetir la oración del enfermo dando gracias, a la vez, por quienes transforman la enfermedad en un espacio de gracia donde poder encontrarnos con la gracia salvadora de Jesucristo.

ORACIÓN DEL ENFERMO

Hoy, Señor, cuando más me pesa la enfermedad,
cuando la vida acelera su ritmo y mi caminar se hace lento,
me dirijo a ti confiado.
Necesito encontrar tu apoyo, sentir la presencia discreta de tu amor
en tantas personas que se acercan, me ayudan y consuelan,
acompañan mis pasos inciertos, y me empujan a la esperanza.
Gracias, Señor, por todos los que se acercan a mi vida.
Mis dudas y silencios, mis miedos y mis lágrimas,
se han transformado en madurez, adoración, confianza y plegaría.
Bendícelos, Señor, con tu amor. Amén.


 
Diputados católicos

El Diurnal de JAI
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“No será posible a los diputados católicos apoyar esta ley con su voto. Tenemos que decir “no”, porque no podemos omitir el “sí” consecuente a la dignidad humana y a la justicia.” Así finaliza la nota del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal que se pronuncia ante la llamada Ley de técnicas de reproducción humana asistida que pronto se verá y votará en el Congreso de los Diputados.
Los Obispos indican, con toda claridad, que un diputado católico “no puede” votar a favor de la ley que en breve pasará por el Congreso. Pocas veces los Obispos han entrado en la cuestión del voto de los diputados católicos y pocas veces lo han hecho con tanta claridad y contundencia.
Según los obispos la ley en trámite permite la clonación de seres humanos, autorizando la llamada “clonación terapéutica” y la producción de embriones humanos no ya para la reproducción, sino como mero material de investigación ofreciendo así la posibilidad de una comercialización, tráfico y uso industrial de los embriones humanos.
Junto a esto la ley alienta la producción de los llamados “bebés-medicamento”, es decir, niños que nacerán con determinados fines terapéuticos, después de que otros hermanos suyos, inapropiados para esos fines, hayan sido seleccionados para la muerte en los primeros días de su existencia y, por último, legaliza igualmente la fecundación de ovocitos animales con esperma humano, una práctica de consecuencias imprevisibles reprobada en diversos convenios internacionales.
¿Harán caso los diputados católicos a los Obispos?. Es fácilmente previsible que no al igual que no se lo hicieron en el tema del aborto ni los de un signo político ni los de otro. Y es que los políticos, igual que muchos otros católicos, lo son por razones históricas, sociales o culturales y, con más frecuencia de la deseable, tan sólo los fines de semana, en algún acto especial y, por supuesto, en la intimidad. No les parece políticamente correcto andar mezclando las cosas de la política y la vida pública con las creencias personales y por ello se les escucha, cada vez también con más frecuencia, insistir en que la fe es algo que se suscribe solamente al ámbito de lo privado cuando, precisamente, la fe cristiana es toda una invitación a transformar el mundo desde todos los espacios de la vida.
Hace mucho tiempo que Dios dejó de ser una referencia para las leyes que se debaten en el Congreso y porque los obispos recuerden ahora a los diputados católicos que hay leyes que atentan contra el derecho a la vida que su fe proclama, la situación poco o nada va a cambiar pero, al menos, los obispos han cumplido con su deber. Que les hagan caso o no sí que es ya una cuestión de cada alma que un día tendrán que resolver cara a cara con Dios quien, como ya sabemos, en su justicia es inmensamente misericordioso.

“Las aguas torrenciales no podrán apagar el amor, ni anegarlo los ríos. Si alguien quisiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa, se haría despreciable.” (Ct 8, 7)
 
¿Alianza de qué....?

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En 1993 Samuel Huntington publicaba un ensayo titulado “Choque de civilizaciones” que, entre otras, defendía especialmente dos ideas: que los futuros conflictos internacionales tendrían origen cultural y se darían entre civilizaciones de orígenes históricos y religiosos diferentes y que los países islámicos, por su parte, sería difícil que pudiesen llegar a encajar en la definición occidental de países democráticos siendo muy difícil una convivencia armónica y unas relaciones pacíficas con ellos.
La reacción política ante esta idea del choque entre civilizaciones fue buscar argumentos convincentes para refutar esas principales hipótesis que planteaban todo un problema de convivencia internacional de difícil o imposible solución. En la línea de esos argumentos habría que enmarcar la famosa “Alianza de civilizaciones” de nuestro presidente.
Según la Real Academia de la Lengua al término “civilización” se le otorgan dos acepciones: “Estadio cultural propio de las sociedades humanas más avanzadas por el nivel de su ciencia, artes, ideas y costumbres” y “Acción y efecto de civilizar”. Poco que ver, en el fondo de la definición, con las reacciones que estos días podemos observar en diferentes países islámicos a las viñetas humorísticas que representaban a Mahoma y que fueron publicadas por varios diarios europeos. ¿Es eso civilización?. Evidentemente, tal y como lo entendemos en occidente, esas reacciones poco o nada tienen de civilizadas.
Si además comparamos la reacción ante el humor realizado a costa de Mahoma con el que en los países islámicos se realiza a costa de los judíos y su religión, entre otros, ¿no es además una incoherencia?.
Otra cosa, además, es comparar la reacción del Islam frente a unas caricaturas presuntamente ofensivas con las “tragaderas” que los cristianos tenemos frente a las ofensas casi continuas de espectáculos, revistas y cómicos graciosos. La virtud parece que no se asienta nunca en los extremos, ni en el de la intolerancia mas necia ni en el de la permisividad más indiferente.
Lo que si parece que ha aportado este conflicto a no pocas personas es, por fin, el esclarecimiento de lo que es eso de la “Alianza de civilizaciones”. Parece que, oídos muchos políticos europeos y entre ellos los que nos gobiernan, viene a ser algo así como que hay que respetar el Islam y sus símbolos religiosos, aún a costa de la libertad de expresión, porque si no sus seguidores más fanáticos se cabrean, pero a la vez, en occidente, hay que defender esa misma libertad de expresión aún a costa de la ofensa a lo sentimientos religiosos que a veces se convierte en abuso de la misma.
Frente al Islam prima el sentimiento religioso frente a la libertad de expresión pero en el caso del cristianismo, en Europa, es al revés.
Lo que no suelen decir los defensores de la “Alianza de civilizaciones” es que una condición esencial para que esta se pueda dar con unas mínimas garantías de existo es que en ambas partes haya personas, sentimientos, religiones y actitudes “civilizadas”. Lo de estos días parece indicar que, al menos por una parte, esa condición resulta todavía inalcanzable.

“Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador,
y todo el día te estoy esperando”
(Salmo 24)

 
Otro mundo es posible, depende de ti

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Si alguna campaña de las que se realizan dentro del ámbito de la Iglesia es toda una denuncia tan solo por la necesidad de su existencia esa es la campaña anual de Manos Unidas, la campaña contra el hambre. Muchos grupos de Iglesia se movilizan por estas fechas en la búsqueda de recursos para hacer frente a los programas que en diferentes partes del mundo se quieren llevar adelante en la lucha contra el hambre. Es todo un modelo de compromiso, generosidad, sensibilización y altruismo pero todo ello no quita para que tengamos que comenzar diciendo que es muy triste que en el tercer milenio de nuestra era, de la era cristiana, el hambre siga existiendo en buena parte del mundo.
Suele decirse que hay personas que se mueren de hambre porque otros nadan en la abundancia, porque hay políticos que en medio de las necesidades de su pueblo piensan primero en enriquecerse ellos que en solucionar las necesidades de su gente y porque el bienestar de unos pueblos y culturas se ha construido a lo largo de la historia sobre el empobrecimiento y la miseria de otros. Pero eso que sabemos, que escuchamos, que incluso podemos compartir tiene el problema de que nos coge demasiado lejos, en el mundo del bienestar, la prosperidad y la abundancia. Y eso a pesar de que en ese mismo mundo también existan episodios de miseria, pobreza y marginación que nos hacen pensar, casi siempre de forma errónea, que primero hay que solucionar los problemas de casa, los cercanos, antes de plantearnos solucionar lo que ocurra en África o Asia.
Sabemos que no es así porque, a pesar de las situaciones dolorosas que muchos viven en nuestro primer mundo, hay sistemas de ayudas sociales, de diferentes organizaciones caritativas y de muchas ONG que hacen que sea difícil encontrar a alguien que, aún en su indigencia, pase hambre.
Porque de eso va la campaña de Manos Unidas, de intentar paliar la gran cantidad de muertes que cada año se siguen sucediendo por causa de algo tan antihumano como el hambre, algo que a cualquier bien nacido, y mucho más si es cristiano, tiene que sonrojarle, esté en la parte del mundo que esté. Y eso que la existencia de organizaciones como Manos Unidas que en nuestro nombre, en el de los católicos, canaliza ayudas, apoyos y solidaridad en este tema es todo un motivo de orgullo que nos permite exclamar que, al menos, estamos haciendo algo aunque, a la vista de los resultados, muchas veces sea insuficiente.
Hay imágenes fotográficas que no son sólo historia por haber recibido un premio de prestigio sino porque, como la que acompaña estas palabras, nos muestran el drama del hambre que, aunque no lo queramos ver o lo sintamos muy lejos de nuestras vidas, sigue llevándose por delante a muchos seres humanos, niñas como la de la foto incluidas.
No se nada del destino de la niña fotografiada pero, me imagino, que el reportero que la tomó además de inmortalizar el momento y, lo más seguro, ganar un buen premio por la calidad de la misma habrá hecho algo para evitar que la protagonista de la instantánea haya muerto de hambre. No lo sé. Pero de lo que si estoy convencido es de que, aunque no tomen fotos que lo demuestren, Manos Unidas habría intentado evitar su muerte y por eso es merecedora de todo nuestro apoyo y de toda nuestra colaboración.

“Ten cuidado, hijo, en todo lo que haces, y pórtate siempre con educación. No hagas a otro lo que a ti no te agrada. Da tu pan al hambriento y tu ropa al desnudo. Da de limosna todo lo que te sobre. Bendice al Señor Dios en todo momento, y pídele que allane tus caminos y que te dé éxito en tus empresas y proyectos”. (Tb 4, 14-16.19)

 
Cirugía del espíritu

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La imagen del día es, junto con la quema de banderas de países europeos por el fanatismo islámico, la de la primera mujer a la que se le ha hecho un trasplante de cara después de que esta le hubiese quedado totalmente destrozada. No es que su rostro haya quedado perfecto pero, en palabras de ella misma, ahora puede mirarse al espejo sin sufrir por ver el terrible aspecto en que había quedado. Los avances de la medicina y de la técnica quirúrgica facilitan este tipo de alivio para todo lo que significa vivir con dignidad, sin sufrimientos y cada vez más felices. A raíz de esta imagen del rostro recompuesto y en la sala de espera de un hospital, lugar muy dado a las confidencias y a la sinceridad de los espíritus temerosos ante gastroscopias, biopsias y demás pruebas médicas que uno no desea a nadie, se comentaba ayer con la tristeza que proviene de la enfermedad. “Hay males del alma que no se arreglan con cirugía”. Pero hay muchos que sabemos que, aunque no sea algo muy popular, hay también una cirugía para el espíritu, para el alma, que deberíamos de practicar con mas asiduidad.
Cuando sentimos nuestro espíritu destrozado y nos da miedo descubrirnos en nuestras miserias y limitaciones, cuando necesitamos recomponer las ilusiones y esperanzas perdidas o recuperar la paz y la convivencia rota, los católicos sabemos que contamos con una cirugía del espíritu que, además, es capaz de vencer al pecado y hacernos sentir la alegría de sabernos amados y salvados por Dios. Una cirugía espiritual que también llamamos sacramento de la penitencia y que no podemos reducir sólo al momento de la confesión con el sacerdote sino que tiene un antes y un después que configuran todo el proceso interior de la conversión.
Que en muchas ocasiones la Penitencia se reduzca a algo mecánico y funcionarial, que se puedan cometer abusos por parte de confesores desequilibrados o que no formemos de forma adecuada en su práctica o desconcertemos a los fieles con la validez o licitud de diversos modelos de celebración, no invalida el gran valor que el sacramento tiene en sí mismo y por encima de la capacidad, la disposición o el estado de gracia de quien, como mero intermediario, lo celebra.
Si el pecado, en todas sus múltiples formas, nos descompone, nos rompe por dentro, deforma el rostro de nuestro espíritu, es la penitencia, como símbolo central de todo el proceso de conversión, la que ayuda a reconstruir el edificio de nuestro interior donde se albergan las convicciones, los afectos, el ánimo y la capacidad para amar y ser amado.
Si la cirugía es capaz de devolvernos un rostro nuevo para que podamos mirarnos al espejo sin entristecernos la Penitencia hace que, sin avergonzarnos, podamos reconocernos tal cual somos y así comenzar a superar todo aquello que nos aleja de la salvación sabiendo además que en las cosas del espíritu Dios, que nos ama y desea lo mejor para nosotros, es siempre el mejor de los cirujanos.

“Ya es hora de despertaros del sueño. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad”. (Rm 13, 11-13)

 
“Muy gustosamente me gastaré y desgastaré hasta dar la vida por vosotros”.

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Este es el lema escogido por el nuevo obispo auxiliar de Getafe Monseñor Rafael Zornoza y no deja de tener un contenido evangélico bastante elocuente y significativo. Para un sacerdote gastarse y desgastarse en el servicio, la evangelización y la construcción de la Iglesia es la mejor respuesta de la vocación a la que ha sido llamado.
Según las estadísticas la diócesis de Getafe es una de las más florecientes en cuanto a vocaciones sacerdotales y también, añado yo, en cuanto al resurgir de la pastoral juvenil. Sin duda es mucho lo que ha tenido que ver en ello quien fuera su primer Obispo, Don Francisco José Pérez y Fernández-Golfín, que Dios tenga en su gloria, y la continuidad con su labor que ha venido de la mano del obispo actual Don Joaquín María López de Andujar. Pero también, en todo ello, no ha faltado la presencia y el buen hacer del nuevo Obispo, Don Rafael Zornoza, tanto al frente del Seminario Diocesano de Nuestra Señora de los Apóstoles como en su participación y acompañamiento en la pastoral juvenil y vocacional y su meritoria labor como secretario al lado de Monseñor Pérez y Fernández-Golfín.
Tuve el gusto de conocer a Monseñor Zornoza durante el Encuentro Mundial de la Juventud en Toronto (Canadá). No tuvimos mucho trato y es más que posible que ni se acuerde de mí pero cuando uno vive un acontecimiento como aquel con la emoción contenida suele estar muy atento a todo lo que sucede a su alrededor y captar, mejor que en otras ocasiones, los pequeños detalles que en otra situación se nos suelen escapar.
Y en esos detalles descubrí a un hombre servicial, atento, afectuoso con su obispo, enamorado de su Iglesia y con una preparación intelectual que, lejos de cualquier presunción, asomaba en algunas conversaciones envuelta en el papel de la sencillez.
No es fácil la tarea en la que desde ayer por la tarde Dios le ha embarcado. Y no porque la diócesis de Getafe, que conoce muy bien, sea de una especial dificultad sino porque ha entrado a formar parte de ese colectivo, llamado jerarquía católica, que está en el ojo del huracán de todo lo que sucede en la Iglesia española y sus palabras, sus decisiones, sus declaraciones y sus escritos van a ser mirados con lupa, comentados quizás con demasiada superficialidad y, para muchos, prejuzgados por el “anti-episcopalismo” que no deja de ser una forma más sutil y refinada del antiguo anticlericalismo.
Enhorabuena a Monseñor Zornoza. Desde este modesto espacio le ofrezco mi oración sincera para que todo su “desgaste” por el Reino de Dios llegue a buen puerto. La Iglesia española, los cristianos y, como no, también los sacerdotes, necesitamos de buenos obispos que no duden en “gastarse” por el evangelio. Dios, que ve en lo escondido, que lo sabe todo y que conoce mejor que nadie nuestro corazón, será sin duda la mejor paga.

“¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios del consuelo!. El nos alienta en nuestras luchas hasta el punto de poder nosotros alentar a los demás en cualquier lucha, repartiendo con ellos el ánimo que nosotros recibimos de Dios. Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, gracias a Cristo rebosa en proporción nuestro ánimo” (2 Co 1,3.5)

 
¡Ay de mi si no anuncio en Evangelio!

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“Hermanos: El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!...." (I Cor 9, 16)

Jesucristo cura a la suegra de Simón y al atardecer ya tiene a las puertas de la casa donde se hospeda a todos los enfermos y endemoniados del pueblo y, tal y como le dicen sus discípulos, “todo el mundo te busca”.
Las palabras agradan, envuelven, educan pero contemplando a Jesucristo descubrimos que lo que realmente mueve a la gente para que acuda en su busca es que, además de lo que dice, les sana. ¿Quién de nosotros no necesita hoy ser sanado?. ¿Acaso alguno se resistiría a presentarse en casa de Simón y hacer cola para que Jesucristo nos sanara de tantas cosas que limitan nuestro cuerpo y nuestro espíritu?.
Sin duda es por ahí, por ese camino de la curación de las almas, por donde debemos de profundizar en el anuncio del Evangelio que no es sólo cosa de didáctica religiosa sino de trasmisión de vida saludable y esperanzada.
Quienes hemos tenido la suerte de conocer a Jesucristo desde la niñez, de crecer arropados por su Iglesia y de vivir los valores que la fe cristiana ha aportado a lo largo de la historia al mundo tenemos una gran responsabilidad con el anuncio del Evangelio, con el anuncio de Jesucristo. Las palabras de Pablo, ¡ay de mi...!, no son una exageración. No puedo sentirme y presumir de cristiano mientras me olvido del Evangelio o lo reduzco a unas páginas de un libro que, de vez en cuando, consulto o escucho en la Eucaristía Dominical.
Y anunciar el Evangelio va mas allá de leer o narrar su contenido para dar a conocer a Jesucristo. El anuncio comienza por identificarnos, en medio de una sociedad que cada vez es menos cristiana, como seguidores de Cristo y defender en medio de ella, a pesar de lo que en términos de burla o menosprecio puede significar, los valores y convicciones que el Evangelio de Jesucristo suscita en su Iglesia. Porque, y esto es importante, el anuncio del Evangelio avalado por nuestro propio testimonio o es el que realiza e interpreta la Iglesia o corremos el riesgo de hacer un anuncio de nosotros mismos y de nuestra personal interpretación de la Palabra de Dios.
Pablo nos propone en su carta todo un examen de conciencia. Cuando contemporizamos con facilidad con caminos contrarios al Evangelio, en nombre incluso de la modernidad o de una hipotética nueva cultura, o cuando por temor, por sentirnos minoría o por no complicarnos la vida silenciamos nuestras convicciones religiosas deberíamos de repetir ¡ay de mi si no evangelizo!.
A nuestro alrededor hay mucho corazón destrozado y mucho espíritu herido que necesita el auxilio de aquel que sostiene a los humildes y curando nuestras almas nos ofrece el don mas preciado, la salvación. Si conocemos, si sentimos, si descubrimos el gran amor que Dios nos tiene en Jesucristo,¡¿cómo no vamos a anunciarle?!, ¡¿cómo no vamos a evangelizar?!

“En efecto, ¿cuál es la causa suprema de toda bondad, sino aquel que es el sumo bien?” (San Metodio de Sicilia. Sermón sobre Santa Águeda)

 
Sudoku eclesial

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Recorriendo las páginas de los periódicos, los diferentes blogs de cuestiones religiosas a los que uno llega y conoce y algunos foros, como el nuestro, donde las noticias que se postean suelen ser muy bien ampliadas por los propios usuarios y sus comentarios, podríamos hacer un “sudoku” (pasatiempo de moda que en mi ignorancia no soy capaz de realizar con éxito) donde en lugar de números colocásemos diferentes noticias eclesiales. En otros tiempos y, me imagino que con otro lenguaje menos moderno, hablaríamos de confeccionar un puzle o un rompecabezas.
Por empezar por algún sitio de moda en cuestiones políticas, sociales y también eclesiales, el Arzobispo de Barcelona, podíamos leer, está disgustado por el trato que la cadena COPE da a Cataluña, a la iglesia catalana y a los propios obispos de aquellas tierras. Quizás no ande algo falto de razón pero cuando los obispos se olvidan de que en Cataluña hay gente que sufre por ser catalano-parlante o gente que se frota las manos contentos por conseguir los papeles del Archivo de Salamanca pero no sueltan los bienes que corresponden, según sentencia del Vaticano, a la diócesis de Barbastro.-Monzón o gente que no acepta que a otros, tan españoles como ellos, no nos parezca ninguna bendición el Estatuto pactado, hay que reconocer que cualquier crítica que a estos obispos se les haga puede sentarles mal ya venga de la COPE o de cualquier otro medio informativo. En lo que sí podría estar abiertamente de acuerdo con él es en la crítica a la tarjeta a Ronaldinho aunque me da la impresión que, al menos por mi parte, de fútbol se bastante menos.
Pero no solo monseñor Sistach dice cosas. También las dice el Nuncio que, declarando sin querer declarar, queriendo utilizar la diplomacia y ni confirmando ni desmintiendo si se va o no, va y dice que “es muy amigo” de Moratinos. Pues nada, Sr. Nuncio, si eso es así, y no soy nadie para pensar lo contrario, habrá que usar alguna vez diplomáticamente las amistades para que la Iglesia deje de ser un objetivo prioritario de la estrategia laicista del gobierno de Zapatero y pueda, sin agravios, comenzar el diálogo que tanto se invoca.
Pero la semana, dejando cuestiones políticas a parte, ha venido también calentita con las palabras del nuevo presidente de la CONFER, Alejandro Fernández Barrajón, que han despertado las críticas, por un lado, de aquellos a quienes por querer ser fieles a la doctrina y a la disciplina de la Iglesia muchas veces se les llama “integristas” católicos, generalmente sin serlo o siéndolo mucho menos de lo que se dice, y por otro de muchos que presumen de progresistas, generalmente también sin serlo o siéndolo mucho menos de lo que ellos mismos dicen, que han aprovechado sus declaraciones para volver a criticar posturas de la Iglesia frente, entre otras cosas, la homosexualidad y el sacerdocio femenino.
Como suele ser habitual unas interpretaciones y otros suelen caer en la exageración y ser fruto de una lectura muy condicionada por los presupuestos de los que el lector mismo parte. Pero, eso sí, lo dicho por todos ellos se puede leer por todos sitios.
Que cada uno, pues, haga su interpretación y, si se anima, intenta cuadrar todo este “sudoku” eclesial.

“Os infundiré mi espíritu,
y haré que caminéis según mis preceptos,
y que guardéis y cumpláis mis mandatos”
(Ed 36, 27)

 
Tiempos de “filiarcado”

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Me encontraba en ese difícil trance de enfrentarme diariamente a un folio en blanco cuando de forma providencial me llegó el último número de la revista ALANDAR en la que hace ya muchos años tuve el honor de figurar como “corresponsal” en Asturias. Eran otros tiempos. Entre los artículos de opinión me encontré uno de Carlos Ballesteros que me ha tocado de una forma especial por el análisis que realiza y por que refleja, dentro de la problemática educativa a la que los padres se enfrentan, una realidad que podríamos definir como la tiranía” de los hijos. Lo recojo de forma íntegra. Creo que merece la pena.

Se nos fue de las manos
Carlos Ballesteros (Alandar Nº 225)

“Los niños de la abundancia” son un fenómeno social de gran importancia y trascendencia al que quizás no se le esté dando la importancia que tiene. La generación de niños y niñas actuales tiene un excesivo poder adquisitivo que les permite tener demasiados bienes a su alcance sin esfuerzo alguno, convirtiéndose además en consumidores nada críticos en manos de las compañías y las agencias publicitarias. Las marcas hacen de los chicos y chicas una forma determinada de ser, una manera de identificarse con el mundo, transmiten unos valores, idílicos y sobreabundantes. Todo está al alcance de la mano, de la tarjeta de crédito de papá o mamá, cuando no de la propia. Y cuando se aburren de comprar (si es que alguna vez puede uno aburrirse de ello) buscan cada vez más atrevidas diversiones, como jugar con fuego, hasta que se les va de las manos…
La ausencia de tiempo y preocupación de padres y madres, entre otros muchos factores está provocando que los niños cuenten como sujetos activos de consumo, participando cada vez más en la totalidad de las compras del hogar. El complejo de culpabilidad que entra a muchos de esos progenitores tan ocupados durante la semana hace que estén apareciendo cada vez más el modelo de padre Disney, que plantea el fin de semana como un gran parque temático en el que el niño obtiene todo lo que quiere/pide: las relaciones padre/madre-hijo van evolucionando así cada vez más desde la jerarquía a la negociación (si tu haces, yo te compro) hasta incluso llegar a la tiranía del niño que obtiene todo cuanto quiere, como si de un filiarcado se tratara. Hogares con más ingresos y menos hijos implica a menudo que estén cada vez más consentidos. El 60% de los padres reconoce que cede ante las peticiones de sus hijos cuando se ponen "insistentes", a causa en parte del sentimiento de culpa provocado por el poco tiempo que pueden dedicarles. Por lo que respecta a los cambios en los hábitos de juego, la vida cada vez más urbana, la inseguridad y la pérdida del territorio natural de juegos (la calle) a favor del automóvil, conlleva el aumento de la demanda de juguetes de interior, de equipamiento audiovisual, de juegos individuales en definitiva.
Y cuando estos juegos se acaban, cuando las pilas se agotan, cuando la consola ya aburre….salimos a la calle en busca de nuevas aventuras. ¿alguien se acuerda de aquel señor asesinado hace años en una parada de autobús por unos chicos que jugaban juegos de rol, confundiendo realidad con ficción? Esta vez el juguete se llamaba Maria Rosario y vivía dentro de un cajero. Se llamaba Rosario y acabó siendo pasto de las llamas del aburrimiento de unos niños aburridos
¿Se nos fue de las manos? ¿Qué se nos fue exactamente de las manos? ¿El juego, el juguete, nuestros hijos, el mundo en el que vivimos? Lo cierto es que quien se nos fue se llamaba Rosario, mientras trataba de dormir, mientras trataba de no ser un juguete, mientras unos chicos de clase media y familia normal se nos iban de las manos, se les iba la mano…

“Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la palabra de Dios; fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre. No os dejéis arrastrar por doctrinas complicadas y extrañas”. (Hb 13, 7-9)

 
La incógnita del Sínodo

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De la posibilidad de un Sínodo en la Iglesia asturiana se lleva hablando desde hace tiempo e incluso el propio arzobispo comentó sobre ella en alguna ocasión pero a lo largo del último mes, y de la mano exclusiva del diario El Comercio, el tema se ha vuelto a plantear con fuerza anunciándose una pastoral del Arzobispo sobre el significado de un Sínodo Diocesano, que verá la luz en la Cuaresma, y una consulta sobre la posibilidad y oportunidad de su celebración. En este mismo blog ya dije en su día que, a pesar de las dificultades e independientemente de su resultado, un Sínodo es una oportunidad para un tiempo de gracia.
Aunque al leer la prensa uno se encuentra con que casi dan por convocado el Sínodo uno, en su modesta opinión, tiene sus dudas al respecto. Y no porque no lo vea conveniente, necesario y bueno para la diócesis sino porque no estoy convencido de que exista una voluntad y una ilusión por convocarlo, cosa que también es muy respetable e incluso comprensible.
Convocar un Sínodo Diocesano, aunque sea un tiempo de diálogo, debate y análisis sobre la situación presente, la vida y el futuro de la diócesis es también abrir la puerta a la posibilidad de que se cuelen en ese debate otros temas que, superando el ámbito territorial de las competencias diocesanas, deriven en asuntos que, a la larga, desvirtúen lo bueno y positivo que se pueda trabajar.
Si es cierto que no hay una voluntad de convocar el Sínodo o hay dudas y temores sobre por dónde puede derivar, ¿por qué entonces una pastoral sobre la cuestión y, lo más llamativo, por qué una consulta sobre su oportunidad?.
Tengo la impresión de que todo apunta a querer provocar una determinada reacción, a favor o en contra de su celebración, que ayude a tomar una decisión. Es muy posible que los responsables de la diócesis, obispos y vicarios, estén tan abiertos a su celebración como a olvidarse de la cuestión y por ello el resultado de la consulta puede ser interesante.
De cualquier forma, y a pesar de su importancia, el Sínodo tampoco es la solución mágica a todos los problemas de la Iglesia Asturiana, que tampoco son muy diferentes a los del resto de las diócesis. Hay cuestiones que tan sólo se pueden comenzar a solucionar y a mejorar con buena intención, humildad, examen de conciencia, espíritu de reconciliación, fidelidad a Cristo y a la Iglesia y una profunda actitud de conversión. Un Sínodo puede ayudar, puede dar pistas y claves teóricas interesantes, puede marcar objetivos y programar la vida futura de la diócesis pero sin voluntad de querer servir más y mejor a la Iglesia en Asturias la teoría acaba sirviendo sólo para llenar bibliotecas y publicaciones.

“Mirad, yo envío mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis” (Mal 3,1)

 
Con el Islam no se hacen chistes

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Unas caricaturas cómicas de Mahoma en el Jyllands Posten (Dinamarca) y el Magazinet. (Noruega) han suscitado una revuelta internacional del Islam en contra de todo lo que suene a estos países nórdicos que va desde un boicot a todos sus productos hasta la salida de países musulmanes de ciudadanos daneses y noruegos por temor a represalias de todo tipo. Aunque uno de los diarios, el Jyllands Poste, ha pedido excusas desbordados por las reacciones estas han continuado con quema de banderas y manifestaciones ante las embajadas de los respectivos países. La publicación de las caricaturas, en las que podía verse a Mahoma con una bomba en lugar de turbante, parece que se comenzaron a publicar en defensa de la libertad de expresión al no encontrar el autor de un libro sobre Mahoma quien lo ilustrara por estar prohibido por el islam suní cualquier representación de la figura del profeta.
Hasta aquí llega la noticia que ya veremos en lo que para. Sin embargo, y mirando ahora hacia nuestra fe cristiana, no deja de servirnos para abrir varias vías de reflexión.
Cuando a la Iglesia católica se le acusa de intolerante, inquisidora y falta de diálogo habría que recordar que, a pesar de los errores que siempre podemos cometer los seres humanos, nuestra confesión religiosa es mucho más permisiva, tolerante y plural que otras. ¿Alguien se imagina lo que ocurriría si los cristianos reaccionáramos igual que el islam suní ante el escarnio que en programas de humor, carnavales y caricaturas se hace del mismo Jesucristo y de su Iglesia?.¿Y si fuésemos tan rigurosos en la observancia de la disciplina y las normas religiosas?.
Simplemente sin salirnos de España podemos observar como, siendo la religión católica la mayoritaria, hay un esfuerzo tanto en la acogida como en el respeto hacia otras confesiones religiosas tutelado incluso por las leyes que proclaman el respeto a cualquier credo. ¿Ocurre lo mismo con la fe cristiana en otros países y otra culturas donde la fe cristiana no es la dominante?. Evidentemente no porque, por desgracia, el número de mártires cristianos sigue creciendo de forma anual.
Y que nadie entienda estas apreciaciones como una falta de respeto al islam sino como una constatación de que una religión a la que se le inyectan dosis de fanatismo social y político, además del religioso, puede acabar siendo todo lo contrario a las actitudes de vida que su mismo profeta anunciaba.
Y ya de paso, sin caer en la intolerancia ni en la exageración, no estaría de más que esta misma reflexión se la hicieran algunos de los humoristas y carnavaleros preguntándose, simplemente, si en otro país, con otra religión mayoritaria, les sería tan fácil reírse de los principios religiosos de su gente sin que ello pusiera en peligro su continuidad en la tarea o, lo que suele ser muy común, su propia vida.

“Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo.” (Dt 4, 39-40)