Algo más de humor religioso

El Diurnal de JAI
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Hay una canción tomada de San Pablo que dice que “Si me falta el amor, no me sirve de nada...”. Si cambiásemos la palabra amor por la de humor tampoco andaríamos del todo desencaminados porque sin algunas gotas de humor, sin ser capaces de esbozar una sonrisa, ni seríamos humanos ni portadores de esa alegría que rompe la amargura de muchos rostros. Además, como no estamos en el caso de las famosas caricaturas de Mahoma, como somos mucho más tolerantes recojo en una segundas entrega lo que Forum Libertas publica sobre diferentes respuestas reales en exámenes de Religión. ¡Y luego dicen que no hace falta la asignatura!
Humor - Respuestas reales en exámenes de religión
Y luego hay quien quiere eliminar la asignatura de religión de la escuela...
En un editorial de EL MUNDO del 16 de diciembre de 2005, el editorialista decía que la actitud del presidente Rodríguez Zapatero "no es sólo desenvuelta, sino reiterativa: como Judas negó tres veces a Cristo...". ¡Judas! Está de moda reinventar papeles a Judas, pero aquí parece un lapsus o falta de cultura religiosa.
Lo mismo podría decirse de aquello que atribuyen a Alfonso Guerra, quien dijo que se lavaba las manos como Herodes (no hay duda de que alguna vez Herodes se lavó las manos).
Si las autoridades políticas y periodísticas están así, no es de extrañar los efectos de la incultura religiosa entre los estudiantes. Así circula por Internet esta selección de respuestas auténticas a exámenes de la ESO (Enseñanza Secundaria Obligatoria), al parecer tomadas de la edición 2001 de la Antología del Disparate.
EXAMEN DE RELIGIÓN
1. Mahoma: Nació en La Meca a los cinco años. (Ni te imaginas lo mal que lo pasó su madre al dar a luz, menudo cabezón tenía a los 5 años).
2. Dios: No era ni macho ni hembra, era metamorfósico.
3. Caín y Abel: Caín mató a Abel con una molleja de burro. (Le costó, pero al final lo consiguió)
4. Moisés y los israelitas. Los israelitas en el desierto se alimentaban de patriarcas.
5. Quién escribió el libro de los Salmos: Don Quijote.
6. El Eclesiastés: Fue escrito por Juan XXIII.
7. San Juan Bautista: Se alimentaba en el desierto de saltamontes y gambas.
8. Comentar algo sobre el nacimiento de Jesucristo: No nació, fue engendrado.
9. Dónde fue bautizado Jesucristo: En Río Janeiro. (Con Ronaldinho y Romario, menuda fiesta se pegaron)
10. Jesucristo: Su mayor milagro es que en sábado curase a los enfermos.
11. ¿A qué impulsó el Espíritu Santo a los primeros cristianos? A volar.
12. La Santísima Trinidad: Son el Padre, el Hijo y una Palomita que vive con ellos. (Si, hasta le han puesto una jaula y todo, que bonito)
13. Los cuatro evangelistas: Eran tres, San Pedro y San Pablo
14. La soberbia. Es un apetito desordenado de comer y beber, que se corrige practicando la lujuria.
15. Fe. Es lo que nos da Dios para poder entender a los curas.
16. Qué es una Encíclica: Es un buque de hierro que flota en el mar...(Es como el Papamóvil pero en barco)
¡Y quieren quitar la clase de religión de la escuela!
“Señor, tú que en nuestra fragilidad nos ayudas con medios abundantes, concédenos recibir con alegría la salvación que nos otorgas y manifestarla en nuestra propia vida.”
Trabajar para el Estado

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Ahora que parece que los funcionarios con el sueldo y el trabajo fijo para toda la vida se van a terminar y que, aunque a uno no le puedan despedir sí que le van a poder rebajar de categoría y de sueldo si no cumple, como debe de ser, en sus funciones laborales y responsabilidades, no está de más el hacernos una reflexión, aunque sea somera y sometida a las limitaciones de este espacio, sobre algunas labores y tareas que desde la propia Iglesia, por vocación y por altruismo, algunas organizaciones están realizando para los servicios públicos.
Según la ley los ayuntamientos deben de tener, si superan un cierto número de habitantes, un albergue y una atención a las personas que podríamos llamar transeúntes o vagabundos. Esta atención, aunque suele variar dependiendo de los municipios, suele consistir en un albergue donde poder pasar un cierto número de noches que se les concede, algún servicio de duchas y lavandería y, en muchos casos, un servicio de Cocina Económica.
A la hora de poner en marcha estos servicios los ayuntamientos o bien se hacen cargo de los mismos o bien suelen encargar a alguna organización, (previo concurso si las cosas se hacen bien) la gestión del mismo.
Y ahí es donde entra la Iglesia que desde sus organizaciones, principalmente Caritas, es la que suele ofrecer confianza y solvencia para confiarle esta tarea.
Hasta aquí la cosa no parece que revista mayor problema: el ayuntamiento financia y Caritas, o cualquier otra asociación de caridad elegida para ello, gestiona el servicio. Pero a medida que el servicio crece y comienzan a necesitarse “voluntarios” para poder desarrollar el servicio uno comienza a tener la sensación de que desde la Iglesia estamos resolviendo a los ayuntamientos un problema que no es nuestro sino de toda la sociedad a la que los servicios municipales deben de servir.
Hacer y practicar la caridad con los más necesitados es algo que la Iglesia, y cualquiera de sus organizaciones, no puede dejar pasar por alto pero otra cosa muy diferente es llevarla a cabo con los servicios municipales a los que no sólo se les acaba ahorrando presupuesto en personal sino que se les quita el peso de la responsabilidad de encima. El Ayuntamiento, según presupuesto, desembolsa una serie de millones destinados al albergue de transeúntes y ahí parece que termina ya su responsabilidad.
¿No estaremos haciendo un flaco favor con esa practica de gestionar unos servicios que son municipales?. La pregunta queda en el aire porque opiniones hay para todos los gustos.
“El verdadero venerador de la pasión del Señor tiene que contemplar de tal manera, con la mirada del corazón, a Jesús crucificado, que reconozca en él su propia carne.” (De los sermones de San León Magno, papa)
Centro de arte de Los Cabos y producciones La Raiz

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Con la que está cayendo sobre producciones La Raiz y que fácilmente puede ser seguido desde el blog de Rumores de Ángeles tampoco estaría mal echarle un vistazo a la pagina web de la comunidad de Los Cabos (Pravia) donde se dan cita tanto producciones La Raiz como la preparación del Multifestival David. Una página (http://delaraiz.com/index2.htm) a la que recientemente se le ha añadido un video de presentación que no tiene desperdicio.
Producciones La Raiz, Multifestival David, David Radio, comunidad artística de Los Cabos.... todo ello forma parte de un mismo grupo, de una misma comunidad de personas que bajo la dirección del matrimonio formado por el cantautor Luis Alfredo Díaz y Montserrat Pons y junto con un grupo de personas de diferentes nacionalidades, estados civiles y edades, forman la comunidad de Los Cabos.
No se si coincidiendo con toda la polémica suscitada por las acusaciones de famosos cantautores como la hermana Glenda o Don José, entre otros, o porque ya estaba previsto así, la comunidad ha incluido recientemente (aparece en alguna imagen la fecha del 15 de Marzo) un video promocional en el que destaca, tanto en su comienzo como en su despedida, la intervención del Arzobispo de Oviedo.
Don Carlos comienza la presentación de la comunidad narrando como conoció a Luis Alfredo y Montse cuando era párroco en Torrelavega (Cantabria) y como allí comenzaron a colaborar en la Pastoral Juvenil invitándoles años después, siendo ya Arzobispo de Oviedo, a iniciar una comunidad de artistas cuyo fin fuera “evangelizar mediante el arte y los medios de comunicación”.
El video sigue haciendo un recorrido por cada uno de los proyectos que la comunidad tiene en marcha y por aquellos que pretende iniciar para finalizar con una invitación, también por parte del Arzobispo, a participar en el XXI Multifestival David que se celebrará en Caravaca de la Cruz (Murcia).
Uno, que ya ha oído y sobre todo leído mucho sobre Luis Alfredo, el Multifestival David y, más recientemente, sobre todos las acusaciones que se vierten sobre producciones La Raiz, no deja de sorprenderse de que, en esta situación, el Arzobispo se implique de forma tan clara en la defensa de algo que desde muchos medios se está cuestionando. Y da que pensar porque o las cosas no son tan graves como se suelen plantear o el interés en defender y promocionar a la comunidad de Los Cabos va más allá de lo que aparece sobre la superficie.
Uno ya no sabe a que carta se quedar aunque parece que se empieza a vislumbrar que en todo esto se han mezclado demasiadas cosas y que un tema puede ser producciones La Raiz, y los problemas que tenga con algunos de los artistas que trabajaron para ella, y otra muy diferente el proyecto de comunidad que desde Los Cabos se quiere impulsar. Aunque siempre parece que hay tendencia a confundir una parte (La Raiz) con el todo (Comunidad de los Cabos) creo que en este caso alguna diferenciación si que habría que hacer.
“La devoción que más agrada a Dios es la de preocuparse de sus pobres, y, cuando Dios contempla el ejercicio de la misericordia, reconoce allí inmediatamente una imagen de su piedad” (De los sermones de san León magno, papa)
Dios quiere nuestra salvación

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“Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” ((Jn 3, 17)
Dios quiere la salvación de todos los seres humanos, pensemos como pensemos, votemos a quien votemos y tengamos el color de piel, la lengua o la cultura que tengamos. Y la mayor prueba de ese amor, de ese deseo de que todos nos salvemos, es la entrega de su propio Hijo. Jesucristo no viene a someternos a un juicio sumarísimo sobre nuestras acciones y pecados sino a ofrecernos esa salvación que comienza por el propio juicio que hagamos de nosotros mismos.
Sabemos que si nos acercamos a Jesucristo a la luz de su Palabra quedan al descubierto muchas de nuestras hipocresías, de nuestras faltas de caridad y con ello tantas actitudes que nos alejan de la salvación. Jesucristo pone al descubierto todo eso pero no para condenarnos sino para que seamos capaces de vencer la tiniebla en la que nos movemos y alcanzar la luz. Pero no es menos cierto que muchas veces preferimos seguir entre tinieblas que arriesgarnos a que la luz de Jesucristo nos descubra tan necesitados de conversión y del perdón de Dios y de los hermanos. Preferimos, en nuestra tiniebla, seguir creyéndonos los mejores, los más buenos y los más cercanos a la verdad, llegando incluso a despreciar a otros. Preferimos tomar de la Palabra de Dios aquello que justifique nuestras conciencias pero nos alejamos de aquella luz que pondría al descubierto la falsedad en la que tantas veces vivimos.
Y esa es nuestra gran opción en la oferta de salvación que Jesucristo nos hace: preferir acercarnos a la luz, aunque sea duro reconocernos pecadores y limitados, o continuar apegados a la tiniebla del engaño que nos impedirá ver la salvación que Jesucristo, tanto hoy como ayer, nos sigue ofreciendo cada vez que es elevado ante nuestros ojos en el banquete de la Eucaristía.
Dios quiere nuestra salvación pero, tristemente, muchas veces no queremos ser salvados porque en nuestra oscuridad no vemos mas allá de aquello poco que nos rodea.
“Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.” (Salmo 117)
Buen médico y profundo cristiano

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El Diurnal de hoy toma su comentario de un artículo que publica el diario El Comercio en sus páginas de Opinión y que va firmado por José Marcelino García como un discreto homenaje al doctor Ángel Jiménez Lacave, buen médico y profundo cristiano. Tan sólo me limito a añadir, como siempre, el texto bíblico del día.
Ángel Jiménez Lacave
JOSÉ MARCELINO GARCÍA
La gente está allí con su miedo, a veces con sus lágrimas, siempre con su dolor. Allí todos son suspiros del alma y de la carne. Y allí, yendo y viniendo (además de los extraordinarios médicos, ATS y auxiliares) está la figura de un hombre con gafas, boca delicada, corbata suelta y ojos escuchantes. Es el doctor Lacave, jefe de Oncología del Hospital Central de Asturias. Don Ángel llegó a esta tierra hace años, y aquí fue abriendo camino y prestigiando un servicio, hasta conseguir hacer de él uno de los mejores de España. Desde entonces, este médico riojano vive en ese remolino lleno de gente amenazada, para la que él y su equipo disponen de un arsenal terapéutico; de un haz apretado de dardos dirigidos al corazón de ese pájaro siniestro que cubre, con su sombra mala, la vida de niños y mujeres, de viejos y jóvenes.
Ante la visión cerrada y trágica del mundo y el derrocamiento de cualquier valor, el doctor Lacave no ha abandonado su visión específica de lo humano y su cosmovisión cristiana de la vida. Por eso confiarse a su mano, cuando la vida nos introduce por el angosto sendero, es encontrarse con un médico creyente, luchador, brillante, grave y conmovedor. En su consulta puede uno hallar de todo: la conversación entrañable, la ciencia sin vanidad, la mirada profunda, la amigable sonrisa, el silencio y a veces (también a veces) las lágrimas.
En esas intensas mañanas del pabellón A, el doctor Lacave mira la cara profunda, la llaga secreta de la gente. Se levanta una y otra vez, busca análisis, escribe párrafos, calla o dice:
«Va bien». Mientras, en la sala contigua y rebosante, está la gente esperando en silencio.
Ojos mirando a otros ojos, pechos traspasados, cabezas en desnudez desolada. Allí un estudiante, una anciana, un caballero, allí una mujer hermosa y el doctor Lacave y su equipo llamando, una y otra vez, a la esperanza.
“Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Les daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores” (Is 53,11-12)
Cosas que escriben la historia

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Ya metidos con el artículo de ayer en cosas de la historia de nuestra diócesis asturiana y después de leer en el penúltimo número de la hoja diocesana “ESTA HORA” el inicio de los preparativos para celebrar en Mayo de 2.007 el centenario del nacimiento del Cardenal Vicente Enrique y Tarancón (Arzobispo de Asturias de 1964 a 1969) uno no puede menos de hacer notar como la providencia divina va escribiendo el transcurrir de los acontecimientos.
Don Vicente Enrique y Tarancón es nombrado Arzobispo de Oviedo (lo era de Solsona) el 12 de Abril de 1964 el mismo día en que fallece Monseñor Lauzurica y Torralba. Un primer dato a tener en cuenta.
Un par de meses antes, el 7 de Febrero, quien hasta entonces era Arzobispo coadjutor con derecho a sucesión y dirigía la diócesis desde la enfermedad del Arzobispo titular, Don Segundo García de Sierra y Méndez, es nombrado Arzobispo de Burgos desapareciendo con dicho nombramiento el llamado “derecho de sucesión” de monseñor Lauzurica. ¿Providencial nombramiento?.
Casi con toda seguridad la historia de la diócesis asturiana hubiese sido diferente si el nombramiento de Don Segundo hubiese tardado unos meses más en realizarse ya que la muerte de Lauzurica le habría convertido en Arzobispo de Oviedo y no de Burgos. Y digo, sin ninguna valoración, que la historia habría sido diferente, ni mejor ni peor, cosa ésta muy difícil de valorar sobre todo por quien por aquella época estaba comenzando la vida.
El próximo centenario del nacimiento de Tarancón de quien, ni defensores ni detractores, pueden decir que no fuese una de las personalidades eclesiales mas importantes del siglo XX en la historia de España, no puede pasar desapercibido en la diócesis ovetense. Me imagino que para entonces algo en memoria de su paso por Asturias se hará. Al menos la hoja diocesana ya ha iniciado algo en ese recuerdo.
“Al ejercer su oficio de padre y pastor, sean los obispos en medio de los suyos como servidores; sean buenos pastores que conocen a sus ovejas y que son a su vez conocidos por ellas; sean verdaderos pastores que se distinguen por el espíritu de amor y de solicitud hacia todos, y a cuya autoridad, conferida, desde luego, por Dios, todos se sometan de buen ánimo. Congreguen y formen de tal forma a toda su familia que todos, conscientes de sus deberes, vivan y actúen en comunión de caridad”. (Decreto Christus Dóminu
El silencio asturiano sobre Monseñor Riesco

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Si a la gran mayoría de los católicos asturianos alguien les dijese que hay un obispo que durante un año (1958-1959) fue auxiliar de Monseñor Lauzurica y que ahora se encuentra en proceso de canonización es probable que les sonase a novedad. Ese es el caso de Monseñor Angel Riesco Carbajo cuyo fugaz paso por la diócesis asturiana merecería ser analizado por la historia. Uno esperaba que en la empresa editorial iniciada por la BAC en la publicación de la historia de las diferentes diócesis españolas podría encontrar, cuando llegase el turno de la diócesis ovetense, datos que esclareciesen el por qué del silencio al que su paso por la diócesis ha estado siempre sometido. Pero o bien la empresa editorial ha naufragado o va demasiado lenta.
Angel Riesco Carbajo nació en un 9 de Julio de 1902 en Bercianos de Vidriales (Astorga) y fue ordenado sacerdote el 25 de Julio de 1926, van a cumplirse ahora ochenta años. Fue Vicario General de Astorga y en 1948 fundo y fue el primer director de la hoja diocesana “Mi Parroquia”.
En 1958 es consagrado Obispo por el cardenal Ildebrando Antoniutti y es ahí donde comienzan los datos extraños sobre su trayectoria en Asturias. Aunque en algunos datos históricos sobre su persona se omite su paso por la diócesis ovetense lo cierto es que ser auxiliar de Lauzurica fue su primer destino. ¿No cuajo la relación Arzobispo-Auxiliar?, ¿Hubo algún otro tipo de problema que motivase su rápida salida de la diócesis en tan solo un año?. Lo cierto es que al poco tiempo es nombrado obispo auxiliar de la diócesis de Tudela (cosa no menos significativa) donde se jubilaría como tal en 1969 falleciendo el 2 de Julio de 1972.
Su obra más destacada es, sin duda, el haber fundado las Misioneras Apostólicas de la Caridad, con sede en La Bañeza (León).
Es probable que algún sacerdote asturiano, ciertamente ya entrado en años, recuerde a Monseñor Riesco después de que hayan pasado 48 años de su paso por estas tierras pero el misterio que envuelve a su persona y su relación con Monseñor Lauzurica es algo que perdura y que no deja de ser un buen tema para la investigación histórica.
En recuerdo de este obispo en el silencio basten recordar sus propias palabras que son bastante significativas: "Conozco a un obispo con minúscula, que es obispo de una diócesis de entelequia; que es un misterio entre sus compañeros todos, los cuales lo miran con cierto recelo y de arriba abajo; un pobre hombre, como dice la gente".
“El que procede con justicia y habla con rectitud
y rehúsa el lucro de la opresión,
el que sacude la mano rechazando el soborno
y tapa su oído a propuestas sanguinarias,
el que cierra los ojos para no ver la maldad:
ése habitará en lo alto,
tendrá su alcázar en un picacho rocoso,
con abasto de pan y provisión de agua” (Is 33, 15-16)
Humor Parroquial

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Circulan anónimamente por internet y parece que son pequeños anuncios que se pueden observar en los diferentes tablones que para tal menester se suelen colocar en los templos parroquiales a modo de aviso para la feligresía. No tienen desperdicio. Ayer lo publicaba el Forum Libertas y como creo que a veces necesitamos buenas dosis de humor así lo recojo.
ANUNCIOS PARROQUIALES
-Para cuantos de entre vosotros tienen hijos y no lo saben, tenemos un espacio preparado para los niños.
-Recordad en la oración a todos aquellos que están cansados y desconfían de nuestra parroquia
-El torneo de basket de las parroquias continúa con la partida del miércoles por la tarde: ¡venid a animarnos mientras tratamos de derrotar a Cristo Rey!
-Por favor meted vuestras ofertas en el sobre, junto a los difuntos que queréis hacer recordar.
-El párroco encenderá su vela de la del altar. El diácono encenderá la suya de la del párroco, y girándose encenderá uno a uno a todos los fieles de la primera fila.
-El martes por la tarde, cena a base de judías en el salón parroquial. Seguirá concierto.
-El costo de la participación en la reunión sobre "oración y ayuno" incluye las comidas.
-El grupo de recuperación de la confianza en sí mismos se reúne el jueves a las 7 de la tarde. Por favor, usad la puerta de atrás.
-El viernes a las 7 de la tarde, los niños del oratorio presentarán "Hamlet" de Shakespeare en el salón de la iglesia. La comunidad está invitada a tomar parte en esta tragedia.
-Queridas señoras, ¡no olvidéis la venta de beneficencia! Es un buen modo de liberaros de las cosas inútiles que estorban en casa. Traed a vuestros maridos.
-El coro de los mayores de sesenta años se disolverá durante todo el verano, con el agradecimiento de toda la parroquia.
-El jueves a las 5 de la tarde habrá una reunión del grupo de mamás. Se ruega a todas las que quieran formar parte de las mamás se dirijan al párroco en su despacho.
-Tema de la catequesis de hoy: "Jesús camina sobre las aguas". La catequesis de mañana: "A la búsqueda de Jesús".
“Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra”. (Salmo 66)
Cosas veredes...

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Ayer, coincidiendo con la fiesta de San Jose, se celebraba, al menos para El Corte Inglés, el día del padre. Si uno vuélvela vista atrás en las cosas de la familia, de los padres y las madres y en la cuestión del matrimonio no puede dejar de asombrarse de cómo, en muy poco tiempo, las cosas o han cambiado o se ven de una forma totalmente diferente a las de hace unos pocos años.
Relaciones de pareja más allá del matrimonio las hubo y las habrá toda la vida pero en rara época alcanzaron el reconocimiento social que ahora tienen. Primero fue el reconocer las parejas de hecho mediante el correspondiente registro. No era una mala medida. Sin entrar en las razones y los por qué había parejas que toda la vida vivían juntos pero sin ningún reconocimiento legal con todos los perjuicios que ello llevaba consigo en temas de herencia, viudedad, etc... Reconocer legalmente que había otras formas de unión que no eran precisamente matrimonio no fue una mala solución. Pero la cosa no se quedó ahí.
Llegó el reconocimiento “como matrimonio” de las uniones homosexuales y hay las cosas ni han estado, ni están, ni estarán tan claras. Cada uno tiene perfecto derecho a vivir en pareja con quien le de la gana o al menos con quien sus convicciones morales y religiosas se lo permitan pero de ahí a querer convertir en matrimonio una unión homosexual hay un trecho. Y por mucho que la ley lo haya aprobado o reconocido nadie va a convencerme de lo contrario porque en esto del reconocimiento como matrimonio de parejas, cuando menos “atípicas” no hemos hecho más que empezar. ¿Y los transexuales? ¿Y los polígamos?. Dadas algunas de las razones esgrimidas en pleno debate sobre el reconocimiento legal de las “bodas gays” no encuentro argumentos para negarle a alguien, en base a los mismos presupuestos, la posibilidad de, según sus creencias, poder contraer matrimonio varias veces y con parejas diversas.
Pero, indudablemente, la cosa también tenía que avanzar. Estaba el tema no sólo de formar pareja y ser reconocidos como matrimonio sino de poder formar una familia. Y eso, salvo en temas como la adopción, de momento parece que es algo biológicamente imposible. Pero la letra de la ley no podía ser discriminatoria: ¿cómo hablar de padre y madre en una pareja formada por dos hombres o dos mujeres?. ¿Quién ejercía la función de quién?. ¿A quién el niño adoptado o fecundado in vitro (que esa es otra) iba a llamar padre y a quién madre?. La solución no era sencilla hasta que al legislador se le ocurrió cambiar los términos padre y madre por progenitor (A o B). O sea que ya no hay padres o madres sino simplemente progenitores, termino neutro que no deja de ser significativo de la situación moral que refleja.
Y me da la impresión de que la cosa no va a terminar aquí. ¿Qué es lo próximo con lo que tendremos que sorprendernos?.
Sin duda el futuro moral de la sociedad, sobre todo cuando Dios no forma ya parte de nuestras vidas y nuestras conciencias, se presenta incierto y casi promete que no va a dejar de asombrarnos con las cosas que nos quedan todavía por ver.
“Señor, purifica y protege a tu Iglesia con misericordia continua y, pues sin tu ayuda no puede mantenerse incólume, que tu protección la dirija y la sostenga siempre”.
“Destruid este templo y en tres días lo levantaré”
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Uno de los pasajes más llamativos de la vida de Jesús, quizás por su aparente contradicción con la paz y la mansedumbre que suelen salir de sus palabras, es el momento en que expulsa a los vendedores del templo. Hay quien ve en esa reacción de Cristo un momento de ira, de enojo, que incluso parece invitar a justificar los nuestros. Pero quedarnos sólo con esa impresión sería hacer como aquellos judíos que le escucharon hablar de levantar el templo en tres días y no entendieron más que de reconstruir las piedras.
En el itinerario de la Cuaresma Jesucristo vuelve a anunciarnos la resurrección, la clave central de toda nuestra fe. El cuerpo, el templo del Espíritu Santo que habita en nosotros puede ser destruido pero Jesucristo puede reconstruirlo, rehacerlo, resucitarlo y por ello, aunque todo el tiempo de Cuaresma sea un tiempo de invitación a la conversión, a contemplar el sacrificio de Cristo en la cruz no deja de ser también una invitación a prepararnos a vivir la gran esperanza cristiana.
Y además es una invitación gratuita. Si algo hay despreciable es querer comerciar con las cosas de Dios e incluso, aprovechándose de la buena fe de las personas, querer hacer negocio vendiendo parcelas de salvación. Hoy hay muchos salvadores de almas, muchos sanadores de mentes y muchos augures del futuro que son como aquellos mercaderes del templo: acuden a la buena fe o a la ingenuidad de la gente para hacer su propio negocio sin calcular cuantas veces el daño que causan es mucho mayor que el beneficio que pretenden.
Dios da su gracia, derrama su Espíritu sobre nosotros de forma gratuita y aquello que recibimos gratis no podemos más que darlo de ese modo, con total gratuidad.
Al lado de este Domingo de Cuaresma se nos acumulan hoy también la fiesta de San José y las referencias obligadas a la campaña del Seminario que se desarrolla en muchas diócesis españolas.
La figura de San José, tan importante como discreta, dentro del itinerario infantil de Jesús nos obliga a recordar la importancia de ser padres y madre. No sólo, como ahora parece querer hacérsenos entender, de ser meros progenitores creadores de vida sino de asumir la función paterna o materna en todo lo que significa la educación y saber llevar de la mano a quien un día podrá caminar por si sólo. No es fácil ser padre (ni madre) pero si lo pensamos un poco tendríamos que dar gracias a Dios porque tuvimos un padre y una madre y no simplemente unos procreadores.
Y para finalizar no podemos menos que dedicar hoy una oración muy especial por aquellos que se preparan para recibir el orden sacerdotal. Necesitamos sacerdotes y, además, necesitamos sacerdotes que sean buenos, que en medio de todos sus defectos nos hablen de Dios y nos trasmitan la alegría de esperan la salvación que nos llega del inmenso amor que Dios nos tiene. No son muchos los jóvenes que hoy deciden prepararse para el sacerdocio. Es fácil que a lo mejor no encuentren en nosotros, los que ahora somos sacerdotes, referentes que les ilusionen o que, lo más probable, no sepamos transmitirles la ilusión, la vocación, la fuerza que mueve toda nuestra vida.
Oremos hoy para que Dios haga surgir vocaciones sacerdotales en medio de su pueblo porque Jesucristo, como nos dice la Escritura, “sabe lo que hay dentro de cada hombre”.
“Acuérdate de nosotros, bienaventurado José, e intercede con tu oración ante aquel que pasaba por hijo tuyo; intercede también por nosotros ante la Virgen, tu esposa, madre de aquel que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amen.” (De los sermones de San Bernardino de Siena)
Botellón

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Este fin de semana en más de veinte ciudades españolas hay convocados otros tantos macro botellones donde se aspira a reunir a miles de jóvenes en una competición que parece haber surgido de una forma imprevista y desde convocatorias aleatorias desde SMS e internet sin que exista, al menos de forma reconocida, ninguna organización que haya movido los hilos de esas concentraciones.
Que los jóvenes se reúnan y que, además, lo tengan que hacer en la calle por el excesivo precio de las discotecas y los locales de copas no es algo nuevo. El problema es el cómo suele desarrollarse esa diversión y, lo más lamentable, cómo suele terminar.
Si tan sólo fuera afán de reunirse la cosa carecería casi de trascendencia pero el objetivo para muchos de los jóvenes que acuden al “botellón” es beber lo más barato y “emborracharse” lo primero posible porque, aunque a algunos nos resulte paradójico, esa es su forma de pasarlo bien, de estar a tono con lo que se espera.
Y a partir de ahí viene todo el desastre posterior: deterioro de mobiliario urbano, comas etílicos, peleas, accidentes... todo un panorama patético.
La solución a esta nueva moda juvenil no parece fácil, al menos no desde los métodos más tradicionales. La gran mayoría de las veces los propios padres desconocen que sus hijos están en el “botellón”, cosa que ya es significativa pero en otros muchos casos, aunque lo sepan, da lo mismo porque ni es fácil ser padre ni tampoco lo es en estos tiempos que te hagan caso.
Queda el recurso, casi siempre necesario, a las fuerzas de seguridad que miren por la integridad y la seguridad de las personas y de los entornos, pero ahí el problema es otro. ¿Represión?. Probablemente no haga más que generar más enfrentamientos y dar alas al espíritu contestatario que, según algunos, se esconde detrás de cada “botellón”. Aunque esto último, respetando todas las opiniones, yo no me lo creo. Se contesta, se protesta, se lucha de otra manera no pillando la gran cogorza y arremetiendo contra los bancos y las estatuas del parque. Al menos lo que yo entiendo por contestación o protesta es otra cosa.
Sólo parece que nos queda el recurso a lo de siempre, a la educación, a los valores, a la propia responsabilidad de los jóvenes que nadie puede dudar que cuando la tienen educada y bien formada suele ser algo ejemplar.
Hay quienes creemos, aunque también con nuestras dudas, que desde las diversas instituciones implicadas en la formación de los jóvenes deberíamos de invertir en diferentes ofertas alternativas de ocio. Y de hecho hay muchas cosas en este aspecto realizadas a lo largo de los últimos años pero no es un camino fácil y no suele ser muy agradecido.
De todo ello lo más preocupante en encontrarte con jóvenes, muchos de ellos todavía adolescentes, que no entienden que pueda haber diversión sin beber hasta caer rendido.
“Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!.
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta" (Salmo 91)
Ser Arzobispo emérito

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Hace unos días mi Arzobispo emérito, Don Gabino Díaz Merchán, a la vez que me ofrecía sus oraciones y sus mejores deseos me pedía que pidiese por él para que supiera ser “arzobispo jubilado y ochentón”. No cabe duda de que eso está hecho. Durante más de cuarenta años Don Gabino fue el Arzobispo de los asturianos y al llegar a esa mítica edad de los ochenta años, cosa que no todos alcanzan, no puedo menor de ofrecerle no solo la oración que el me pedía sino el recuerdo afectuoso de quien es, y de alguna forma sigue siendo, uno de sus sacerdotes.
No puedo hablar en primera persona del Don Gabino de los años setenta cuando, recién llegado a Asturias, inició su servicio pastoral a lo sumo puedo referirme a esa época prestando oídos a quienes vivieron con él aquella época nada fácil de la historia de España, de Asturias y, como no, de la propia diócesis. De lo que sí puedo hablar con más propiedad, porque muchas de las cosas las viví ya en primera persona, es de sus últimos veinte años al frente de la iglesia asturiana.
A Don Gabino en sus años de Arzobispo le llovieron, como vulgarmente se dice, por todos lados. Para unos era un “desafecto” al régimen de entonces que no dudaba en colocarse frente a la autoridad a la hora de defender a su clero obrero, comprometido en muchos movimientos apostólicos y sindicales con un desafío que pocas veces valoraba el compromiso ante el que colocaba al propio prelado. Y para otros, a pesar de su valentía social, no dejaba de ser conservador en cuanto a la observancia de la disciplina y el magisterio eclesial. Pero en lo que casi todos coincidían, defensores y detractores, era en que Don Gabino era muy buena persona. Y no con el rintintín que se suele aplicar cuando no se puede decir nada bueno del otro sino con convencimiento personal.
En todo su itinerario pastoral al frente de la diócesis hubo épocas diferentes en las que, se quiera reconocer o no, la fallida Asamblea Sacerdotal de 1978 marcó un antes y un después. Una Asamblea sugerente cuyo estudio habría que rescatar y que no deja de ofrecer luces muy interesantes para hoy pero que también, quizás por una cierta ingenuidad, contenía propuestas que excedían con mucho la posibilidad de realización dentro de una diócesis sin crear un verdadero cataclismo en Roma. Y no estaría mal hacerlo ahora que nos queremos embarcar en la celebración de un Sínodo Diocesano.
Una de las cosas que, ya al final de su mandato episcopal en activo, se solía decir de Don Gabino era que tanto su paso por la presidencia de la Conferencia Episcopal como el trato afable, respetuoso y cariñoso con un clero que muchas veces se le mostró díscolo y le creo problemas le arrebataron la posibilidad de haber terminado siendo nombrado cardenal. ¡Quien sabe!. Para mí esa afirmación, aunque sea cierta, me ratifica en la convicción de que a Don Gabino siempre le importó más hacer lo que creía que debería de hacer, aunque ello le costase subir en el escalafón eclesial, que trabajar de cara a la galería andando a la caza de méritos.
En los años que lleva jubilado, al menos desde mi percepción, se ha mostrado como un emérito ejemplar: se le ve poco, se le oye menos y solo se le lee algo de vez en cuando. Pero en ese silencio venerable no deja de seguir prestando sus servicios, de forma modesta, allí donde son requeridos haciendo lo que siempre hizo, estar al servicio de su diócesis asturiana y, en este caso, ayudando y colaborando con el arzobispo y su auxiliar.
Creo que con muchos asturianos deseamos que siga así muchos años más. Todavía tiene mucho que aportar.
“Tú me has hecho comprender que cuanto me sucede, lo mismo bueno que malo, he de recibirlo con idéntica disposición, dando gracias a Dios que me otorgó esta fe inconmovible y que constantemente me escucha. Tú has concedido a este ignorante el poder realizar en estos tiempos esta obra tan piadosa y maravillosa, imitando a aquellos de los que el Señor predijo que anunciarían su Evangelio para que llegue a oídos de todos los pueblos” (De la Confesión de San Patricio, Obispo)
Por Cristo y por los demás: hazte cura

El Diurnal de JAI
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Dicen que la opción de ser cura figura entre las menos tomadas en consideración por la gran mayoría de los jóvenes de nuestro tiempo y aparentemente parece que es así. ¿Las razones?. Prácticamente las mismas que durante toda la vida se han dado: el celibato, la soledad, la forma de entender la fe y la iglesia... y a éstas habría que añadir, como no, la de una sociedad que cada vez se aleja más de Dios y si Dios pinta poco en las cosas de los seres humanos mal pueden surgir vocaciones a su servicio.
Pero hay algo que siempre solemos hacer cuando llega la campaña del Día del Seminario y de lo que yo preferiría huir: quejarnos. Solemos quejarnos de que hay pocos sacerdotes, de que no surgen vocaciones de la pastoral juvenil, de que muchas de las vocaciones que incluso llegan a consagrarse son inestables. Por otro lado comparamos unos Seminarios con otros como queriendo poner de manifiesto que hay sistemas de formación en el sacerdocio que dan más resultados que otros. Probablemente todo ello sea cierto y los números y resultados ahí están para demostrarlo pero me gustaría en la campaña de este año ser un poco más positivo y no tanto quejarme de que los seminaristas son pocos como alegrarme de que, aunque cortos en número, sigan habiendo respuestas a la llamada de Dios a vivir la vocación sacerdotal.
El “querer ser cura” no es algo que surja de la noche a la mañana. Uno lo piensa, lo siente, lo madura y luego tiene todo un amplio espacio de formación en el Seminario para poder contrastar la llamada que siente con la respuesta que debe dar. Y aún así hasta podemos llegar a equivocarnos. El tema de la vocación sacerdotal no es blanco o negro sino que está plagado de muchos colores que a lo largo de los años se continúan trabajando. No es algo que adquieres hoy y que ya no te abandona en toda la vida. La vocación, como el amor, la amistad o muchos de los valores que defendemos hay que cuidarla y alimentarla todos los días. Y ahí es fundamental el lema de la campaña de este año. Es fundamental la oración, el diálogo profundo con Dios, la entrega a sus designios y la apertura a aquello que esté dispuesto a pedirnos, pero sin olvidar que el sacerdote es alguien llamado a servir a los demás, a prestar toda la ayuda posible tanto espiritual como material. Es alguien llamado a procurar facilitar la felicidad de las personas que le han sido encomendadas.
Cristo y los demás, esas dos son las piezas claves de la vocación sacerdotal. Por mucho que nos entreguemos al servicio a los hermanos sin llenarnos de Dios, sin tener experiencia personal de Dios en la oración y en los sacramentos llegará un momento en que nuestra fe, nuestra esperanza e incluso nuestra caridad flaquee. Y lo mismo ocurre al revés. Si no traducimos nuestra experiencia de Dios en actitudes de servicio, en sonrisas que animan el corazón y son fuente de esperanza, en caridad que hace recuperar a las personas la dignidad perdida, acabaríamos convirtiéndonos en puros demagogos a quienes nadie, o casi nadie, acabaría escuchando.
Puede que haya pocos jóvenes que hoy respondan a la llamada de Jesucristo a vivir la vocación sacerdotal pero lo que pido, sobre todo, es que quienes inicien el camino de esa respuesta, de esa vida consagrada, lleven siempre presente que lo hacen por Cristo y por los demás. Sin lugar a dudas la gracia de Dios que obra en nuestros corazones es capaz de poner, en todas nuestras imperfecciones, todo aquello que haga falta para que las vocaciones verdaderas lleguen a buen puerto.
“Has dado bienes a tu siervo,
Señor, con tus palabras;
enséñame a gustar y comprender,
porque me fío de tus mandatos;
antes de sufrir, yo andaba extraviado,
pero ahora me ajusto a tu promesa.” (Salmo 118)
Sin medios poco se puede conseguir
El Diurnal de JAI
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El Consejo del Presbiterio de la diócesis de Oviedo finaliza hoy sus sesiones en las que el tema central ha sido la economía diocesana, su situación y las posibilidades de incrementar la participación de los fieles asturianos en el sostenimiento de la misma. No es agradable hablar de dinero, y menos cuando de las cosas de Dios se tratan, porque da la impresión de que todo se puede comprar o vender o de que podemos caer en un excesivo materialismo donde lo que realmente importa son los dineros y no otra cosa. Pero nada mas lejos de la realidad. El dinero tiene la importancia que tiene y no llega, ni con mucho, a la profundidad de todo lo que se vive en cuestión de sentimientos, afectos, vida religiosa y de fe y valores humanos pero nadie puede negar que para conseguir mejorar los medios de que uno dispone para llevar adelante la empresa que se proponga el dinero no s que haga falta, es que es imprescindible.
No es ninguna tontería que la Iglesia asturiana se preocupe de los recursos de los que dispone y que, en buena parte, provienen de dos fuentes primordiales: el reparto que desde la Conferencia Episcopal se hace del dinero recibido del Estado y la colaboración de los fieles tanto desde su aportación directa en las dos colectas de la Iglesia Diocesana celebradas al año como, de forma indirecta, en la aportación del 20% sobre ingresos brutos que cada parroquia realiza anualmente al llamado fondo común diocesano. Luego hay socios, inversiones, rentas e intereses... pero eso es ya para los más entendidos.
Lo que no deja de ser también algo obvio es que la gran mayoría de las parroquias se sostienen con la aportación económica que a la misma hacen unos pocos de sus fieles, aquellos que realmente se sienten identificados con la comunidad y que participan de una forma más activa de ella. El resto, a lo sumo, colabora cuando precisa alguno de los servicios religiosos que desde la parroquia se ofrecen y que, en muchas ocasiones, suelen ser gratuitos o abiertos a lo que puede ser la mera colaboración voluntaria de los fieles.
El tema tiene mucha importancia sobre todo en unos tiempos en los que se debe de buscar la forma de modernizar los medios que las parroquias disponen para sus tareas pastorales y evangelizadoras.
Hubo en su tiempo, como una pista de solución al problema financiero, la tendencia a la venta de patrimonio cosa que, años después, se demostró como el dinero se termina y se invierte y el patrimonio, a su vez, desaparece. No es esa una buena solución. Es probable que el camino esté en campañas bien preparadas, agresivas, que desde los Consejos Económicos parroquiales se hagan lo más extensivas posibles a todos los fieles aunque también es cierto que en cada sitio va a influir mucho la perspectiva que la mayoría tenga de lo que desde la parroquia se esté haciendo, quien y como sea el párroco y la situación concreta que en el pueblo o el barrio se viva.
Lo indudable es que algo hay que intentar hacer para mejorar una economía diocesana que no deja de ser, en definitiva, la de todos.
“Encomienda a Dios tus afanes,
que él te sustentará;
no permitirá jamás
que el justo caiga” (Salmo 54)
En manos de Cristo

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Hoy es el primer día de una nueva experiencia para mí al lado de tantos rostros que sufren en las salas de espera de los servicios de oncología de los hospitales. Ojalá que pueda y sepa trasmitirles algo de la esperanza que Jesucristo ha puesto en mi corazón. Os dejo este poema, ya viejo y anónimo, pero que está cargado de la profunda sabiduría de la esperanza cristiana
HUELLAS SOBRE LA ARENA
Una noche en sueños ví
que con Jesús caminaba
junto a la orilla del mar
bajo una luna plateada.
Soñé que veía en los cielos
mi vida representada
en una serie de escenas
que en silencio contemplaba.
Dos pares de firmes huellas
en la arena iban quedando
mientras con Jesús andaba,
como amigos, conversando.
Miraba atento esas huellas
reflejadas en el cielo,
pero algo extraño observé,
y sentí gran desconsuelo.
Observé que algunas veces,
al reparar en las huellas,
en vez de ver los dos pares
veía sólo un par de ellas.
Y observaba también yo
que aquel solo par de huellas
se advertía mayormente
en mis noches sin estrellas,
En las horas de mi vida
llenas de angustia y tristeza
cuando el alma necesita
más consuelo y fortaleza.
Pregunté triste a Jesús:
"Señor, ¿Tú no has prometido
que en mis horas de aflicción
siempre andarías conmigo?
Pero noto con tristeza
que en medio de mis querellas,
cuando más siento el sufrir,
veo un sólo par de huellas.
¿Dónde están las otras dos
que indican Tu compañía
cuando la tormenta azota
sin piedad la vida mía?
Y Jesús me contestó
con ternura y compasión:
"Escucha bien, hijo mío,
comprendo tu confusión.
Siempre te amé y te amaré,
y en tus horas de dolor
siempre a tu lado estaré
para mostrarte Mi Amor.
Mas si ves sólo dos huellas
en la arena al caminar,
y no ves las otras dos
que se debieran notar,
es que en tu hora afligida,
cuando flaquean tus pasos,
no hay huellas de tus pisadas
porque te llevo en Mis brazos".
"Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada" (Salmo 42)
La sociedad y el índice de audiencias de la tele

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El tener que hacer un alto forzoso en la rutina de cada día siempre deja paso a tener tiempo para poder hacer aquello para lo que uno, normalmente, no lo tiene. Pero cuando el tiempo fuera de la normalidad se extiende uno acaba cayendo también en el aburrimiento que te lleva a dejarte envolver en las redes de la distracción fácil y cómoda de la televisión. Y digo de antemano que en la televisión hay cosas, series, programas que me gustan y que veo con agrado, aunque sean una minoría. Pero eso es también normal, para gustos se hicieron colores y la gran variedad de cadenas da para elegir aquello que uno, en un determinado momento, quiera ver. Aunque es cierto también que habrá ocasiones, y más de una, en la que entre más de veinte canales no se encuentre nada a gusto de uno.
Pero lo que, quizás por lo poco que antes los había visitado, realmente me ha llamado la atención son los programas o magazines, o como se suelan llamar, en lo que los temas, apodados del corazón, ocupan un amplio espacio.
Desde tiempo inmemorial existen las revistas del corazón muchas veces relegadas a un público femenino pero que también, aunque con discreción, solían ser vistas de reojo por los hombres, aunque ya digo, con mucho disimulo. Siempre interesó saber las andanzas del artista famoso de turno, del cantante que envolvía con su voz o del torero que se jugaba la vida en la plaza. La sociedad se interesaba por sus amoríos, por sus finanzas, por las fiestas a las que solía concurrir y junto con los grandes de España o las familias reales ocupaban las páginas de revistas que hoy ya son parte de la historia periodística de España.
Pero a ese legítimo interés por el mundillo del corazón ha ido sucediendo en los últimos años un interés morboso, zafio e incoherente no por aquellos que son famosos por su arte, sus proezas o su alcurnia, bien o mal llevada, sino por personas que de la noche a la mañana participan en algún concurso, comienzan a vender su vida ante las cámaras y desde ahí van tejiendo historias de amores y desamores que, al parecer, vende, eleva audiencias y se convierte en el punto central de todos esos programas del corazón.
Pero lo más llamativo, y a la vez lo más preocupante, es que esos programas y esos “personajes” existen, tienen éxito, ganan dinero y se hacen “famosos” (como hoy se es famoso) porque a la gente que, como yo, ve la tele, le interesa, sube las audiencias y genera beneficios a las cadenas de televisión.
Uno no puede menos de conclui entonces que, sí eso es así tenemos, por mala que sea, la televisión que nos merecemos, que queremos y que, además, consumimos. Aunque no es menos cierto que muchas veces se consume y se traga aquello en lo que nos educan, aquello que nos proponen y que con poco criterio acabamos haciendo nuestro.
No me gusta muchas de las cosas que hoy nos ofrece la televisión actual. Salvando alguna serie, algún concurso, algún informativo, algún programa documental, divulgativo o de investigación y debate... ¿qué más hay interesante?. Poca cosa. ¿Hay algo que realmente sea educativo y constructivo para la edificación de la persona?
Se que en algunas cosas soy un nostálgico pero, por poner un ejemplo, soy un amante del teatro. A nivel aficionado actué, dirigí e incluso llegue a escribir algunas obrillas y en esa nostalgia no puedo menos de acordarme de que, ya desde muy niño, crecí con aquellas famosas obras y novelas de un programa que se llamaba Estudio-1. Tan solo, por aquel entonces, había dos cadenas pero ¡cuánto disfrute con ellas!.
“Ya habéis visto cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa” (Ex 19, 4-6)
Maestro, ¡qué bien se está aquí!

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“Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: Maestro, ¡qué bien se está aquí!.” (Mt 9,2.45)
Las mismas palabras que podíamos escuchar en el Bautismo de Jesús se repiten ahora en el momento de la Transfiguración: “Este es mi Hijo amado; escuchadlo”. Unas palabras que aún siguen retumbando en nuestros oídos en nuestros días porque necesitamos escuchar a Jesucristo para comprender tantas cosas de la vida y de la muerte que sin su palabra, sin su luz, sin su aliento se nos vuelven absolutamente incomprensibles.
Pero si algo nos ha enseñado desde la Iglesia la experiencia milenaria de Jesucristo es que para percibir a Jesucristo no necesitamos de experiencias límite como la de los apóstoles en el momento de la Transfiguración porque Cristo mismo nos habla cada día desde las personas y los acontecimientos que vamos viviendo. Lo único que necesitamos es querer y saber escucharle.
Esta ocasión es una de las primeras en la que en los evangelios se recoge implícitamente el anuncio de la resurrección. “No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos”, les dice Jesucristo. Cosa que a sus oídos les sonaría a chino y que solo podrían comprender una vez vivida la experiencia de la Pascua. Y esa es una ventaje que nosotros tenemos hoy frente a aquellos discípulos que anonadados por la escena maravillosa de la Transfiguración querían plantar allí sus tiendas y olvidarse del resto del mundo y de su misión. La ventaja de saber, al menos desde la fe, que Jesucristo resucitó de entre los muertos y que con ello ha vencido al límite mas profundo de la vida humana, la muerte.
Podremos sufrir, padecer enfermedades, desconocer porqué según los designios de Dios unos viven una vida feliz y placentera y a otros les toca vivirla cargada de sufrimientos y pesares pero de lo que sí podemos estar seguros es de que esa vida, mejor o peor, mas justa o injusta, no puede terminar con la desaparición de todo lo que somos. Podremos perder el cuerpo, podrán hacerse cenizas nuestros huesos pero lo que realmente somos, el espíritu que Dios en su día puso en nosotros, ese no puede morir y no sólo porque la fe nos haga confiar en lo que Jesucristo nos dice sino porque incluso, racionalmente, lo contrario restaría gran parte del sentido de la vida, la llenaría de pura frustración y nos envolvería en un absurdo existencial.
Pero a la vez que este evangelio nos anuncia la Resurrección y nos presenta a un Jesucristo, hijo amado del Padre, transfigurado al lado de los grandes padres del Antiguo Testamento, también nos ofrece una advertencia: no caer en la complacencia y en la tentación de alejarnos del mundo refugiándonos en el ámbito sagrado en el que podemos encontrarnos tan a gusto.
Necesitamos vivir con frecuencia la experiencia del encuentro con Jesucristo y dejarnos también transfigurar con Él pero no para instalarnos ni plantar nuestras tiendas en nustro especial refugio espiritual sino para con fuerza saber bajar de la montaña a la calle, a las cosas de cada día, a los acontecimientos que desde las personas que nos rodean siguen reclamando de cada uno de nosotros, los cristianos, que demos testimonio de lo mejor que tenemos. Y ese, sin lugar a dudas, no es otro que el propio Jesucristo.
“Que nadie tema sufrir por la justicia, ni desconfíe del cumplimiento de las promesas, porque por el trabajo se va al descanso, y por la muerte se pasa a la vida; pues el Señor echó sobre sí toda la debilidad de nuestra condición, y, si nos mantenemos en su amor, venceremos lo que él venció y recibiremos lo que prometió” (De los sermones de San León Magno)
Recuerdo obligado

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Hay muchas cosas de las que en un día como hoy podríamos hablar y opinar pero el triste aniversario de la masacre de Atocha de hace dos años obliga a que, al menos, tengamos un recuerdo, una reflexión y una oración por todas las víctimas de la mayor barbarie de los últimos tiempos vivida en España. Y hacerlo, además, con todo el dolor de entonces pero también con todo lo descubierto, lo debatido, lo investigado y, por desgracia, también con todo lo que aún nos queda por saber.
A lo largo de estos dos años hemos podido ir viendo, paulatinamente, como las pesquisas policiales iban pasando de unas suposiciones a otras certezas y como, posteriormente, pudimos asistido a una comisión de investigación que, al parecer, dejó satisfechos a unos políticos y muy insatisfechos a otros y que ponía su punto final con la intervención de Pilar Manjón que, se esté de acuerdo con ella en sus actuaciones o no, a todos nos encogió el corazón por su profunda humanidad.
Dos años después se sabe que los autores del atentado fueron fanáticos islamistas radicales pero aún hay muchas dudas de lo que en realidad se pretendía con ello: ¿castigar a España por colaborar con la invasión de Irak?, ¿hacerse presente en la campaña electoral que entonces se estaba viviendo?, ¿matar por matar de forma indiscriminada?. Eso es algo que aún no parece claro aunque para unos, los responsables actuales de la investigación, casi todo este descubierto y para otros, los responsables de entonces, no haya que buscar a los responsables intelectuales "ni en montañas remotas, ni en desiertos lejanos".
Los terribles atentados del 11-M han servido para crispar el ambiente político, para generar mas enfrentamientos dialécticos y, no pocas veces, para usarlos como arma política contra el adversario. Y eso por parte de todos. Incluso ha habido ocasiones en las que las propias asociaciones de victimas han estado, sino dentro, muy cerca de participar de este juego de la utilización política y partidista de los terribles asesinatos de Atocha.
Mientras tanto los importantes, las victimas, que ya nada pueden decir y sus familiares en su nombre parece que en muchas ocasiones han pasado a un segundo plano.
Sabemos que nada puede en este mundo devolver la vida a quienes les fue arrebatada de forma aleatoria mientras acudían, como un día normal, a sus estudios o a sus puestos de trabajo pero la sociedad no puede olvidarles porque si su sangre, derramada injustamente sobre las vías de los trenes, no nos hace reaccionar de forma unánime contra todo lo que signifique el menor atisbo de acto terrorista, habrán muerto en vano y eso sí que sería imperdonable.
Frente al terrorismo del tipo que sea, islámico o casero, no cabe ninguna justificación ni ideológica ni política porque si algo nos ha demostrado la forma de actuar de quien mata de esta forma es que casi nunca ataca a los responsables políticos e ideológicos del estado, teóricamente “sus enemigos”, sino a sus victimas más inocentes, a personas de la calle sin ninguna responsabilidad ni social, ni política ni gubernamental.
Hoy, por más que se quiera olvidar y pasar página, es difícil no acordarse y rezar por quienes una buena mañana perdieron su vida en los llamados “trenes de la muerte”.
“Aunque el justo sufra muchos males
de todos los libra el Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará” (Salmo 33)
Saber comunicar para evangelizar mejor

El Diurnal de JAI
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En la edición de ayer del diario asturiano La Voz de Asturias se recogían unas manifestaciones de mi obispo, Monseñor Berzosa, sobre la importancia de saber comunicar y utilizar los medios de hoy para poder evangelizar mejor. Y digo lo de mi obispo, aunque sea el auxiliar de Don Carlos Osoro, porque aunque sea éste el titular de la sede episcopal también reconozco a su auxiliar, como por supuesto a Don Carlos, en esa figura tan entrañable de Padre y Pastor que desempeñan nuestros obispos.
El artículo fue recogido en Rumores de Ángeles, el primero de esta lista cada día más amplia de blogs que se albergan en la generosidad de Religión Digital, y los comentarios han sido elogiosos aunque en estas cosas de la prensa ciudadana no deja siempre de aparecer algún mentacato que aprovecha la ocasión no para hablar del tema planteado sino para dejar su especial desahogo malintencionado del momento.
La idea de fondo de lo manifestado por Monseñor Berzosa que, particularmente, más me ha llamado la atención es la de presentar la comunicación dentro de la pastoral como un eje transversal de la misma. Uno puede hacer en su parroquia o en su sector pastoral cosas muy interesantes y que podrían tener una gran proyección eclesial pero si no se saben contar, si no se piensa en comunicarlas, siempre quedarán reducidas a lo puramente particular y eso, en una sociedad cada vez más globalizada en la que la información es abrumadora, puede ser un indicio de quedarse al margen. Y eso para la evangelización, para anunciar a todos los rincones de la tierra a Jesucristo, tampoco es nada bueno.
No es fácil lo que se propone de que en las parroquias exista una especial atención a este campo o servicio de la comunicación y que, además, sea un eje central de todos los servicios pastorales. La información, aunque como resultado de las nuevas tecnologías esté cada vez más en manos de aficionados (yo el primero), tiene sus procesos, sus tiempos, sus estrategias y eso quien lo acaba sabiendo y dominando es el profesional de los mismos. Si cada uno nos dedicamos a comunicar y difundir nuestra pequeña parcela, sin una línea comunicativa concreta que responda a una determinada intención pastoral, no sería difícil encontrarnos con verdaderos ejemplos de incoherencia incluso dentro de una misma casa o institución.
Y junto a todo esto está la gran dificultad de que todo aquello que se quiera realizar en comunicación desde las parroquias va a requerir una inversión, unos medios que en muchas ocasiones se manifiestan como inexistentes.
Además, y esto es ya cosecha particular, lo mismo que se puede pedir a las parroquias habría que comenzar también a realizarlo desde los arzobispados donde, al menos, los medios parecen más y la estructura ya facilita la cuestión. Pero mientras a la prensa se le siga viendo, incluso dentro de casa, como el enemigo a quien en lugar de facilitarle la labor de la información hay que sustraérsela porque “no interesa” que se cuente lo que hacemos, todo lo demás es posible que se quede en una magnífica teoría pero que necesita de verdadera intención y voluntad para ser llevada a efecto.
“Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias” (Salmo 50)
Cuestión de fe

El Diurnal de JAI
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Pretender demostrar la existencia de Dios mediante métodos puramente racionales o científicos se ha demostrado a lo largo de la historia como algo muy difícil y prácticamente imposible. Afirmar que Dios existe, que es el principio y el fin de la vida del ser humano, que creo el mundo y que quiere para nosotros la vida eterna solo lo puede decir alguien desde la fe, desde la convicción profunda e indemostrable de quien, con mayor o menor acierto en las definiciones, lo siente en el corazón.
Y lo mismo ocurre con Jesucristo. Podemos encontrar datos históricos e incluso científicos de su existencia, testimonios de sus contemporáneos sobre el efecto de sus palabras, sus milagros, su muerte y su resurrección, contada por unos y negada por otros. Pero afirmar que Jesucristo es Dios con nosotros, el mismo Dios que creo el mundo y en una época de la historia se reveló como Padre de su pueblo y ahora se manifiesta en Jesucristo como Hijo haciéndose uno de nosotros, eso sólo se puede manifestar desde la fe, desde la profunda convicción de quien ha tenido en su vida la experiencia de que Jesucristo, desde el Espíritu, sigue siendo hoy el camino de la salvación.
Quien no tiene fe, bien porque no la ha descubierto o porque la ha perdido, sea por la razón que sea, es muy difícil que pueda hablar de Dios con una cierta objetividad. Le falta la experiencia de sentir que Dios vive, que nos ama, que da sentido a nuestra existencia. Para quien sí tiene esa fe la objetividad tampoco va a ser su fuerte porque la experiencia de Dios es tan bella, tan profunda, tan edificante que es difícil hablar de ella sin apasionamiento.
Por ello cuando alguien me dice que Jesucristo es una mentira, que es un engaño para vivir siendo opio del pueblo o que eso de la vida eterna es un puro cuento, aunque respete lo que cada uno pueda creer y sentir, no puedo menos de afirmar que yo, con total sinceridad, siento todo lo contrario. ¿Creación psicológica que diría alguno?, ¿autoengaño?, ¿credulidad necia?. No lo sé pero Jesucristo es el eje central de todas mis convicciones, de todo el sentido que he encontrado a mi vida y de todo mi sistema de creencias, valores y formas de pensar.
Y, además, lo más importante. Jesucristo es toda mi esperanza. Confío en el ser humano, valoro la amistad, la solidaridad y la lucha por la justicia pero se que nada de ello, al final de la vida, va a poder darme lo que Jesucristo sí que me ofrece con total generosidad: la vida eterna.
Por eso, aunque a algunos les pueda parecer extraño, digo que quien tiene fe en Jesucristo puede mirar al futuro con más alegría y menos amargura, con más esperanza y menos fatalismo porque nuestra confianza está en alguien que puede mucho mas que nosotros.
Pero, desde luego, quien quiera vivir sin esa fe, sin esa esperanza y sin la alegría de saberse en manos de Dios es muy libre de hacerlo aunque estoy convencido de que un día, cuando se encuentre cara a cara con la verdad, compartirá mucho de lo que digo.
“¿Quién es Dios fuera del Señor?
¿Qué roca hay fuera de nuestro Dios?
Dios me ciñe de valor
Y me enseña un camino perfecto” (Salmo 17)
¿Seminario en crisis?

El Diurnal de JAI
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Hace, más o menos, un mes en la diócesis asturiana saltaron las alarmas al conocerse que de los diecinueve seminaristas existentes en el Seminario mayor dos de ellos y un diácono, próximo ya a la ordenación sacerdotal, se planteaban abandonarlo. No creo que sea ninguna tragedia, aunque no deje de ser preocupante, que tres jóvenes abandonen su camino al sacerdocio sino que lo más grave es que eso se dé en tan solo un total de diecinueve.
No es la primera vez, ni será la última, en la que jóvenes que se preparan para el sacerdocio y que, incluso, llegan a recibir el diaconado acaben decidiendo en el discernimiento propio de su vocación que su camino es otro que el de la vida consagrada. Y eso, con la valentía que supone hacerlo después de muchos años empleados en la formación y la preparación, es muy respetable.
Por otro lado desde que esa noticia se conoció, y sobre todo después de saberse que es posible que las bajas sean aún más, las valoraciones sobre el actual equipo que rige el Seminario Diocesano no han sido precisamente cordiales, cosa que tampoco creo que sea justa.
Que el Seminario puede regirse con criterios diferentes a los actuales, ni mejores ni peores, es algo que se da por supuesto. Que podría haber otras personas que pudieran encargarse del rectorado y la pastoral vocacional de forma diferente a como los actuales lo están realizando, exactamente lo mismo. Pero ello no garantiza, en modo alguno, que haya seminaristas que abandonen el camino al sacerdocio ni diáconos que, en sus últimos meses, se replanteen su ordenación como presbíteros en segundo grado.
Cada uno en la responsabilidad que el Obispo le confía procura siempre hacerlo lo mejor que puede y sabe y por ello cargar las tintas de la hipotética crisis en el Seminario sobre el rector y los formadores no me parece del todo justo aunque, como también es lógico, siempre habrá cosas que mejorar.
Donde posiblemente tengamos que apuntar con más profundidad no es en los abandonos que se van dando sino en los ingresos que se producen. En mi promoción comenzamos catorce y de ellos tan solo terminamos ordenándonos de presbíteros seis (otros tres se unieron al grupo pero venían de promociones anteriores). Hoy continuamos cuatro… y no hubo ningún drama porque en aquel momento el número total de seminaristas superaba los cuarenta. El verdadero problema está en la gran dificultad que existe para que haya jóvenes que descubran su posible vocación al sacerdocio o que, al menos, se lo planteen e inviertan unos años en discernir si eso es lo suyo.
Y si algo se nos muestra urgente en la pastoral vocacional es que ésta no puede prescindir de una planificación y coordinación plena con la pastoral juvenil. Si la pastoral vocacional no vive, presenta y suscita vocaciones entre los jóvenes sus logros serán escasos pero si, de igual manera, la pastoral juvenil no es capaz de presentar una propuesta vocacional que suscite la inquietud por servir a Dios desde la vida consagrada, la laguna existente en la misma será muy importante.
Las Jornadas de este fin de semana pasado celebradas en Oviedo sobre el acompañamiento personal y convocadas por la Vicaria de Juventud, que incluye a la pastoral juvenil y vocacional, puede ser un buen camino para ello. Pero la preocupación ha de ser permanente y no circunscribirse sólo a estos días en los que toda la Iglesia se prepara para vivir el día del Seminario.
“Si mirásemos cuán grande es la misericordia de Dios, nunca dejaríamos de hacer bien mientras pudiésemos: pues que, dando nosotros, por su amor, a los pobres lo que él mismo nos da nos promete ciento por uno en la bienaventuranza” (De las cartas de San Juan De Dios)
Ser como niños

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“Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: Os aseguro que si no cambiáis y os volvéis como niños, no entraréis en el Reino de Dios” (Mt 18, 2-3)
Quienes se quedan solo en la literalidad del texto o leen el mismo con afán ofensivo no dudarían en afirmar que Jesucristo nos quiere infantiles asumiendo esta expresión como inmaduros, manipulables, incapaces de pensar y reaccionar... Pero con poco que pensemos o seamos capaces de observar detenidamente a un niño sabremos que lo que Jesús nos está diciendo está muy lejos de esa interpretación que resulta absurda.
Quienes son padres de familia tienen la suerte de poder descubrir cada día lo que los hijos van enseñando, las puertas que van abriendo y como desde sus mas tiernas expresiones formulan las grandes verdades de la existencia humana.
Quienes, por otra parte, no tenemos hijos hay momentos y oportunidades en la vida en las que Dios nos concede el regalo de poder recibir de los niños lo que los padres tienen a su alcance cada día.
El pasado Domingo, y de una forma totalmente inesperada, la responsable de la catequesis de los más pequeños de mi parroquia (seis y siete años) me llevó al hospital lo que ese día por la mañana habían trabajado en la catequesis.
Si los mas pequeños hicieron un mural en el que recordaban a su párroco, le pedían que se recuperara pronto y le decían todo lo que le querían, algo que difícilmente resiste la emoción en el corazón mas endurecido, lo de los compañeros de segundo curso ya no tuvo desperdicio. Cada uno de los niños en un folio realizó un dibujo alusivo al recuerdo hacia su cura y con frases cariñosas y deseos de recuperación pero, a parte del significado humano de las frases que escribían y pintaban, reflejaban todo un mundo que muchas veces nos queda muy lejos de los adultos.
No faltaban campos de fútbol, tanques, algún que otro cohete e incluso uno de ellos, con una perfección artística notable para su edad dibujo a una enfermera diciéndole al paciente encamado “Usted está muy bien ya puede volver a la Iglesia” a lo que el paciente, que se supone que era yo, respondía desde la cama: “Qué bien, que contento estoy”.
Hay experiencias en la vida que uno va guardando en lo profundo de su corazón pero la gran cantidad de cosas y evocaciones que los niños de mi parroquia me hicieron llegar el domingo son y serán algo muy especial.
Detrás de cada dibujo, por mas raro y poco apropiado que fuese, se encontraba el recuerdo de un niño hacia su párroco. Y un recuerdo sincero, noble, sin adornos ni falsedades cubiertas de cortesía.
Ojalá, y ahora lo entiendo mucho mejor, que durante esta cuaresma pudiésemos, de verdad, cambiar y hacernos como niños. Es seguro que estaríamos mucho mas cerca del Reino de Dios y, además, seríamos más felices.
“El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación”. (Salmo 23)
Con un montón de oraciones y mucho agradecimiento a la espalda

El Diurnal de JAI
http://blogs.periodistadigital.com/eldiurnaldejai.php
Esta mañana he recibido el alta hospitalaria y desde casa ya puedo, poco a poco, volver a intentar retomar la normalidad de la vida diaria aunque eso va a ser bastante difícil.
El trato de médicos, enfermeras, auxiliares... ha sido exquisito sobre todo por una nota que suele destacar siempre uno de los blogs de mas abajo, por su excelente humanidad en el trato, la comprensión y todo aquello que va más allá de la pura ciencia y que muchas veces influye tanto o más que esta en la recuperación de al salud.
Os agradezco desde lo profundo del corazón y desde la fe más convencida en que Dios todo lo puede, vuestras oraciones y deseos aunque lo realmente duro comienza ahora. Aunque, como siempre suelo decir, no más duro que para otras miles de personas que antes y después que yo tendrán que enfrentarse al cáncer.
No hubo operación porque el tumor esta bastante extendido y con una cierta metástasis sobre el hígado y por ello se aconseja someterse primero a la quimioterapia que es lo que a lo largo de esta semana iniciaré. Desconozco, de momento, si ello me tendrá que mantener alejado del blog, de la edición diaria de JAI, a partir del miércoles, primera consulta en oncología, sabré algo más.
Y esto que describo no lo hago como ninguna hazaña. La procesión va por dentro y hay momentos de más ánimo o de total decaimiento. Si lo cuento, cosa que a algunos puede sorprender, y además con una cierta naturalidad, es porque creo que es mejor decirlo yo mismo que abrir la válvula de las especulaciones y rumores que, a pesar de dar suficiente información, todavía se han producido.
En estos quince días hospitalizado me he sentido más agradecido que nunca de ser cristiano, de confiar en Jesús de Nazaret y de tener una Iglesia que en la adversidad es capaz de orar por uno. Tanto es así que en algunas ocasiones temí que ocurriese algo malo ya que parecía que toda al Iglesia, al menos la conocida por mí, estaba dedicada a pedir por mi salud cuando, como todos sabemos, aunque eso sea importante hay muchísimas necesidades en el mundo que también necesitan de nuestra oración.
Para mis compañeros de habitación (en quince días tuve cuatro, prueba de lo rápido que va la sanidad en el país) fue una sorpresa compartir la misma con un cura. Seguro que al ingresar no se lo esperaban. Pero aunque seamos diferentes si hay algo que realmente une, humaniza y hace que brote lo mejor de nosotros mismos es el afrontar juntos el momento de la enfermedad.
Gracias por vuestras oraciones. Yo sigo dirigiendo las mías a Dios por todos vosotros y de una forma especial para que en este tiempo de Cuaresma seamos capaces de dejar brotar toda la bondad que Dios pone en nuestro corazón y que muchas veces, por miedo o demasiada suspicacia, mantenemos demasiado amordazada.
“Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que veas desnudo, y no te cierres a tu propia carne” (Is 58,7)