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La enfermedad no es ningún show

El Diurnal de JAI

Hay quien dice que no hay enfermedades sino enfermos. Y en el fondo de la frase algo de razón debe de haber pero cuando el enfermo es un personaje famoso del que los medios del corazón se cuelgan día y noche para hacer un seguimiento de su mal, la enfermedad se convierte en espectáculo y eso en poco o en nada ayuda a los cientos y miles de personas a quienes sin tanta fama la enfermedad, la misma u otra, les está golpeando con la misma crueldad. Es cierto que, afortunadamente, han pasado los tiempos en que determinadas enfermedades, como el cáncer, eran innombrables, eran casi tabú en todas las conversaciones pero una cosa es hablar de ello con la normalidad de hacerlo de una enfermedad y otra convertirlo en espectáculo mediático.
Cuando a uno se le detecta una enfermedad de la gravedad que puede tener el cáncer, en todos sus tipos y estilos, se debate interiormente entre, por un lado, asumir la misma como primer paso para luchar contra ella y, por otro, mantener alto un estado de ánimo que haga que la lucha contra la enfermedad venza a los pronósticos mas funestos y a las estadísticas mas negativas.
Cuando la enfermedad le llega a alguien famoso, sobre todo en la prensa del corazón, porque ha habido otros que para los medios casi han pasado desapercibidos, existe muchas veces la tentación de querer vendernos su caso, su proceso médico y su lucha como algo ejemplar. Pero no es así, al menos con la exclusividad con la que nos lo quieren contar. Si queremos encontrar modelos ejemplares de afrontar la enfermedad deberíamos de pasarnos por las salas de oncología o de radioterapia de muchos hospitales españoles y ahí encontraríamos muchos, muchísimos de esos ejemplos a los que aludimos.
Ante la enfermedad se despiertan todo tipo de sensibilidades, humanas, sociales e incluso religiosas y es en esa misma sensibilidad en la que uno puede encontrar la fuerza necesaria para iniciar una lucha de final incierto y arriesgado pero absolutamente necesaria.
En un artículo de Luis Rojas Marcos publicado en la edición de hoy de El Pais y titulado “No recéis por mi, gracias” se dice, entre otras cosas: “Los expertos han llegado a la conclusión de que mientras los rezos a espaldas del doliente son inocuos, rezar por un enfermo que ha sido previamente avisado de las oraciones es, estadísticamente al menos, perjudicial para su salud”. Y un poco más adelante completa... “Por todo esto, es comprensible que resulte contraproducente comunicar a un enfermo grave que terceras personas piadosas rezarán por él. El motivo no es el temor que pueda provocar esta noticia -"¿tan mal estoy para que tengan que implorar a Dios por mi recuperación?"- sino el peligro de que el doliente decida eludir su responsabilidad personal de combatir la enfermedad y opte por delegar a otros su salvación.”Simplemente no estoy de acuerdo. A ello se podría contraponer el testimonio de muchas personas que ante la enfermedad han vuelto a rezar o que piden ellas mismas que se rece por ellas sin que ello signifique ninguna dejadez en el esfuerzo personal por luchar por salir adelante. La oración, la propia y la de los demás por uno, como manera de acercarse a Dios y de presentarle nuestras necesidades sigue siendo de gran utilidad ya que, queremos o no, nuestro esfuerzo y nuestra lucha muchas veces necesita de la mano de Dios no tanto para curar, que también, sino para sostenernos en ese esfuerzo por vencer la enfermedad que no es ningún show mediático reservado a famosos sino que es algo tan común que nos quedaríamos sorprendidos de saber con exactitud el número real de personas que cada día lucha por recuperar la salud perdida.

“Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo para ser Señor de vivos y muertos” (Rm 14,7-9)


 
Política clerical fascista en el Ayuntamiento de Oviedo

El Diurnal de JAI
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Así se despachaba ayer IU de Oviedo (Asociación peculiar dentro de la IU de Asturias) para referirse a las ayudas, subvenciones y apoyos que el Consistorio ovetense da a diferentes celebraciones de carácter religioso así como a las cofradías que organizan las procesiones y actos de la Semana Santa. Todo esto, como no, alimentado por una crítica a la “amplia participación institucional” en dichos actos religiosos. Entre las ayudas concedidas por el Ayuntamiento se citaban una medalla a la Virgen de los Dolores, una plaza y una estatua al Papa Juan Pablo II, una calle a San Marcelino Champagnat (fundador de los Maristas), y otra a San José de Calasanz y se han destinado 9.547 euros a la compra de dos mil ejemplares del libro «La historia del Santo Sudario de Oviedo» así como subvención de 37.000 euros a la Junta de Hermandades y Cofradías de la Semana Santa. Como diría una expresión consagrada por el anterior presidente del Congreso de los Diputados, ¡manda huevos!.
Simplemente con analizar la política de subvenciones de gobiernos autonómicos y ayuntamientos, donde el de Oviedo no es una excepción, podemos encontrarnos con un volumen de ayudas a Asociaciones que, o bien son ficticias en muchos casos, de escasa utilidad pública o sirven de tapadera a organizaciones juveniles de partidos políticos y utilizan las subvenciones como un medio mas de financiación presuntamente poco legal. Y en esa política de subvenciones a IU le molesta que el Consistorio ovetense ayude en diferentes actos religiosos y, lo mas llamativo, a las cofradías de Semana Santa.
Aunque uno no sea un entusiasta seguidor y participante en la vida de estas cofradías no puede dejar de admitir que sin ellas la Semana Santa de las ciudades sería algo totalmente inexistente. Aunque solo fuese por eso, por el aspecto turístico que tanto preocupa a los Ayuntamientos, IU ha dicho una solemne estupidez ya que invertir en ayudas a mejorar la Semana Santa, se pongan como se pongan, es invertir en turismo y en proyección de la ciudad.
Pero lo más importante, ahora ya desde el punto de vista religioso, es la puñetera manía de algunos que luego hablan de una reconciliación ya realizada de querer relacionar el apoyo a los actos religiosos con reminiscencias del pasado franquista. Se olvida IU de que hay una inmensa mayoría de ciudadanos que acuden a las procesiones de Semana Santa y que, además, son sensibles religiosa y humanamente ante lo que significan. Se olvidan también, en su manía persecutoria a todo lo religioso, de que las procesiones y el trabajo de las cofradías no es algo que tenga sentido en su mismo sino que es un instrumento valioso de la Iglesia para la evangelización y para cumplir con ese deber social ineludible de humanizar cada vez más la sociedad. Si es mas importante subvencionar a cómicos que hacen gracia entre excrementos o autores teatrales que pagados de su soberbia forman parte de las mismas directivas que luego les contratan pues que baje Dios y lo vea.
Mejor haría IU antes de tirar la piedra contra las ayudas del Ayuntamiento de Oviedo a diversos actos religiosos en revisar las ayudas que sus propias organizaciones y asociaciones reciben, Estoy completamente seguro de que ni van destinadas a tantas personas ni cumplen con fines tan loables, civil y religiosamente, como aquellos que atacan.

“El Señor soberano es mi fuerza,
él me da piernas de gacela
y me hace caminar por las alturas”
(Ha 3, 19)
 
Carta abierta a Vidalina Mera

El Diurnal de JAI
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Estimada Vidalina:

Ahora que parece que tras tu dimisión como directora de Caritas de Gijón y aceptación de la misma por parte de la directiva de Caritas Diocesana de Asturias se está comenzando a pasar página con la convocatoria de nuevas elecciones para quien vaya a sustituirte, creo que es el momento de reconocer el esfuerzo, la calidad de gestión y, sobre todo, el gran número de horas entregado con gran generosidad a la Caritas de Gijón.
No voy a entrar en los motivos que han llevado a tu dimisión, en los términos de la aceptación de la misma o en la reacción del Consejo que contigo había colaborado en los últimos años. Los documentos, las cartas enviadas y recibidas y la obra de todos estos años está ahí para quien quiera interpretarla.
Lo que no me resisto a decirte en estos difíciles momentos, porque abandonar algo en lo que se ha estado entregado mediante una dimisión no creo que sea nada fácil, es que tú podrás pasar como directora de Caritas de Gijón (coordinadora se llama ahora con los nuevos estatutos) pero la obra realizada esa siempre permanece. Incluso diría algo más. La Caridad, como elemento esencial de la vida de la Iglesia, no se agota ni en una institución ni en un nombre y creo que quien ha vivido tan entregada a ella seguirá haciéndolo desde la Iglesia aunque sea bajo otro nombre, otras siglas, otras iniciativas.
De toda esa obra, y quizás por que sea la que más apuros está pasando en la actualidad, es necesario recordar el empeño puesto en “Papelcar”, empresa de recogida de papel y cartones que fiel a un proyecto de reinserción no solo consiguió en su día sus objetivos sino que doy fe de que ayudó y dio estabilidad familiar a quienes participaron de él. No deja por ello de causar tristeza que, por las razones que sean, muchas veces sólo económicas, iniciativas de este tipo se tengan que ver interrumpidas y la ilusión de quien se beneficia del proyecto se convierte en un completo fiasco.
Aunque pueda parecer lo contrario no tengo el gusto de conocerte personalmente solamente, y tal y como imagino tu a mí, por alguna foto de prensa, pero en esta hora de despedidas de una institución a la que has querido y aportado tanto no podía menos que darte las gracias en nombre de toda la Iglesia, porque Caritas es eso, toda la Iglesia actuando mediante una serie de voluntarios y apoyados por una serie de trabajadores y técnicos que facilitan su labor. Cuando se quieren alterar los términos y profesionalizar lo que es un servicio voluntario o cuando uno se olvida de que Caritas no es una ONG sino que es toda la Iglesia actuando en el mundo de la pobreza es cuando comenzamos a hablar de otra cosa, de otra forma de solidaridad, pero no de Caritas.
Desde este pequeño espacio tan solo trasmitirte una vez más mi reconocimiento por la labor realizada y desear que toda la sensibilidad y la vocación que en estos años te hizo servir a la Iglesia desde Caritas no se pierda. Hay muchas personas que siguen necesitando de tu labor y de tu enorme capacidad.

“Te pedimos, Señor, que los dones recibidos en esta Pascua den fruto abundante en toda nuestra vida”.

 
Una de monos
El Diurnal de JAI
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Parece que hay políticos muy sensibilizados con el tema de los simios, y su compartir estructura genética con el hombre en un tanto por ciento muy elevado, que se les ha ocurrido reclamar para ellos, en apoyo a científicos e investigadores del proyecto Gran Simio, “derechos humanos”.
Aunque me encuentro entre las muchas personas a las que les encantan los animales y no puede soportar que se les someta a malos tratos o que se les abandone creo que solicitar para el simio, en sus múltiples variedades, “derechos humanos” es toda una tomadura de pelo, sobre todo en una mundo en el que todavía hay muchos seres humanos que no gozan de ellos o que viven con ellos siendo pisoteados continuamente.
Que se defienda a los simios, su habitat natural, que no sean maltratados ni considerados trofeos de caza es algo que me parece muy bien pero pasar a considerarles “seres humanos” es sacar las cosas de quicio.
¿No estaría mejor, y no es demagogia, que esos mismos políticos elevaran su voz ante muchas sociedades en las que hay personas con sus derechos humanos pisoteados?. Dedicarnos a pedir humanidad para los simios mientras no somos capaces, en muchas ocasiones, de tenerla con enfermos, ancianos o marginados sociales, es, ni más ni menos, que tomarse el tema de los derechos de las personas a pura chirigota.
¡No nos queda poco todavía para humanizarnos a nosotros mismos y queremos humanizar a los monos...!. ¡Qué cosas!.

"El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus fieles
y los libra de los malvados"
(Salmo 96)

 
Tomás no estaba con ellos

El Diurnal de JAI
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“Tomás, uno de los doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”. (Jn 20, 24-25)

La resurrección de Jesucristo es la columna vertebral de nuestra fe ya que sin ella todo hubiese terminado en la frustración de una muerte injusta y las palabras de Jesús hubiesen quedado reducidas para la historia a pura ideología, mera utopía o a una gesta heróica. Pero la resurrección hizo que todo comenzara a entenderse, que Cristo venció a la muerte y con él todos nosotros podemos vencerla. La frustración del Calvario dio paso a la esperanza de la vida eterna, las palabras se convirtieron en hechos y la entrega de Jesucristo fue el sacrificio definitivo de la alianza perpetua de Dios con los hombres.
Llama la atención en este pasaje del evangelio como la fe cristiana no es algo meramente personal, una cuestión individual que puedo ir amoldando a mis ideas, a mis comportamientos o a mi forma de ver y entender la vida. La fe cristiana necesita de la comunidad, de la parroquia, de la Iglesia. Tomás no creyó porque no estaba con ellos.
Aunque muchas veces se invoca, sobre todo por parte de los Obispos, la comunión eclesial suele hacerse por meras cuestiones disciplinares o para evitar la crítica interna que pueda dar imagen de disensión pero la comunión eclesial tiene aspectos mucho mas importantes que estos que no siempre preocupan lo que debieran. Cuando mi fe, con todo lo respetable que pueda ser, no coincide con la fe de la Iglesia hablaremos de otra cosa pero no podemos estar hablando de la fe católica. Y ahí es dónde está la verdadera importancia de la comunión eclesial, no es que haya disputas o diferencias de opinión, sino en que en lo fundamental todos creamos lo mismo.
Una gran responsabilidad en este terreno es de los propios pastores de la Iglesia, desde los sacerdotes a los obispos. Si me preocupo más de predicar lo que yo pienso, lo que yo creo o lo que a mi me parece que de anunciar a Jesucristo sin fisuras, sin omitir aquello que pueda ser más controvertido o que pueda chocar con los tiempos que corren, me estaré anunciando a mi mismo pero estaré arrinconando a Jesucristo y manipulando la fe de la Iglesia. Y eso, sobre todo en alguien que tiene la responsabilidad de guiar al Pueblo de Dios, es algo grave que muy pocas veces se suele tener en cuenta.
Y todo esto no quiere decir que no tenga una gran importancia la vivencia personal de Jesucristo, la oración individual o el encuentro personal con Dios. Es muy importante pero todo ello siempre va a repercutir y va a llevarnos a la comunidad, a la Iglesia, a la vida de cada día donde deberemos esforzarnos, como cristianos, en ser uno en lo que creemos y en lo que vivimos y celebramos, y no inventarnos un Jesucristo y una Iglesia a nuestra manera, a nuestra propia conveniencia o ajustada a la moda del momento.

“Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina”
(Salmo 117)

 
La República

El Diurnal de JAI
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Setenta y cinco años han pasado desde que España contase con un modelo de estado republicano y setenta desde que, entre unos y otros, se lo cargasen. Las celebraciones a lo largo de este mes han sido varias, unas más esperpénticas que otras, pero todas han puesto de manifiesto algo con lo que, desde mi humilde opinión, no puedo estar de acuerdo. La Republica, como modelo de estado, no es un patrimonio de la izquierda al igual que la Monarquía tampoco tiene porque ser cosa sólo de las derechas.
Cuando alguien oye hablar a políticos sobre la República da la impresión de que ésta sólo era querida y apoyada por la izquierda, y además por la izquierda más extrema, cosa que no es cierta. Como modelo de estado la República, al igual que la Monarquía, ofrece un ámbito y un espacio suficientemente amplio para que quepan todas las orientaciones políticas, sean de un signo o de otro.
Que con motivo de las celebraciones en el aniversario de la República éstas se hayan monopolizado por la izquierda poco favor hace a la causa republicana al margen de colores, banderas y partidos políticos porque, se quiera o no, se acaba identificando con la izquierda mas revolucionaria. Y que tampoco nadie venga a decirnos que defender la República como modelo de estado es cosa de ateos o que la Iglesia Católica sobra dentro de un modelo republicano. Dentro de la República, como de la Monarquía, o cabemos todos o no cabe aquello que sustenta ambas en la actualidad, la democracia.
Y convendría también recordar, a la hora de hablar de la República, que quizás la última vivida en España no sea el mejor ejemplo de lo que en realidad debería de ser un estado republicano porque, entre otras cosas que tampoco podremos obviar, fue la propia izquierda más extrema la que, con sus prisas y su “internacionalización” se cargó todas las ilusiones que se habían puesto en ella. Ilusiones, repito una vez más, de todo signo y color político.
Recordar acontecimientos históricos que han marcado la vida de España está bien porque, entre otra cosas, lo que nunca se puede perder es la memoria, pero hay que recordarlos sin querer hacerse dueño de ellos y sin querer excluir de un modelo de estado a ideas o signos políticos que tienen perfecta cabida dentro de él.

“Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo, Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos”. (Rm 14, 7-9)
 
Hijo predilecto

El Diurnal de JAI
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Mañana Jueves Don Gabino Díaz Merchán, Arzobispo emérito de Oviedo, será nombrado hijo predilecto de Toledo. Desde este modesto espacio quiero sumarme a tal acto y darle la enhorabuena ya que creo que se lo merece porque aunque se haya pasado media vida en Asturias nunca ha renegado de su condición de Manchego, al contrario, era algo que con frecuencia solía esgrimir para que comprendiésemos su forma de reaccionar y algunas de sus actitudes ante las problemáticas que se le presentaban.
Tras más de treinta años al frente del Arzobispado de Oviedo es lógico que, en cuestión de opiniones sobre su labor pastoral, haya para todos los gustos como es casi seguro que la habrá sobre la mía o sobre la de cualquier sacerdote al frente de su parroquia. Es imposible llegar a gustar a todos y en todo momento. Pero lo que si es innegable es que, acertadamente o no, Don Gabino siempre quiso desarrollar su labor de la mejor manera posible, siendo fiel a la Iglesia y respetuoso al máximo con las personas.

Su forma de ser y de desarrollar su labor pastoral, ya digo que criticada por unos y alabada por otros, le granjeo que muchos progresistas le criticasen por no secundar sus avanzadas propuestas e iniciativas y que otros tantos, más conservadores, hiciesen lo propio por considerar que arropaba demasiado a determinado sector del clero que en su progresismo iba mas allá de lo permitido en la disciplina y el Magisterio de la Iglesia. Yo creo que ambas críticas se equivocaban o al menos no eran del todo justas sobre todo partiendo de un clero que ya fuera conservador o progresista siempre contó con la protección y el amparo de su obispo al que, en más de una ocasión, ponían entre la espada y la pared con sus actuaciones, sus escritos o sus iniciativas. Y yo el primero, para que nadie se pueda sentir molesto.
Esa protección o amparo al clero llevaba a Don Gabino a no admitir, ni en público ni en privado, que se le hablara mal de un sacerdote o que se acudiera a él con el fin de criticar la labor desarrollada por el mismo. Esto, aunque a veces puede parecer excesivo y en algunas ocasiones los comentarios podrían ser justificados, dice mucho sobre esa función de “padre” que un obispo debe desarrollar con su clero sin que por ello, claro, quede oscurecida la otra faceta, la de “pastor”.
Su etapa al frente de la Conferencia Episcopal como presidente de la misma es harina de otro costal pero baste recordar que Don Gabino sale elegido presidente por vez primera en la tarde del 23 de Febrero de 1981, tarde memorable en la reciente historia contemporánea de España y que durante su mandato, tan solo un año después, llega al poder el primer gobierno socialista y la visita de Juan Pablo II a España. Casi nada.
Desde el respeto más profundo a quien piense y crea lo contrario creo que Don Gabino, a parte de ser un gran sacerdote y una excelente persona, fue un Arzobispo que se esforzó por hacer las cosas lo mejor posible. Si los resultados en ocasiones no le acompañaron habría que analizar detenidamente las causas y, a lo mejor, reconocer la parte de responsabilidad que algunos de los sacerdotes pudimos tener en ello.
Don Gabino, enhorabuena y que siga disfrutando de sus ochenta años.

“Caerá con el tiempo nuestro nombre en el olvido, nadie se acordará de nuestras obras; pasará nuestra vida como rastro de nube, se disipará como niebla acosada por los rayos del sol y por su calor vencida.” (Sb 2, 4)
 
Luto en Gijón

El Diurnal de JAI
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El accidente de tráfico de un grupo de Scouts de la parroquia gijonesa de San Miguel de Pumarín y que costó la vida a un niño de 9 años, un joven de 15 y dos monitoras, a la par que dejó numerosos heridos de diferente gravedad, algunos de los cuales arrastrarán secuelas de por vida, ha sumido a la ciudad de Gijón y a todo Asturias en un profundo dolor. Aunque siempre somos muy dados a buscar culpables esta vez parece que no lo fue ni la velocidad, no el alcohol... ¿tal vez un despiste del que nadie está libre?, ¿un fallo mecánico?. Lo importante es el dolor causado a un montón de familias gijonesas. Aunque nuestra fe sea muy grande y el mensaje de la Pascua de Resurrección tan reciente es casi imposible e inhumano no sufrir por desgracias como esta. Con este motivo recogemos hoy el artículo publicado en La Nueva España escrito por el Arcipreste de Gijón Fernando Fueyo.

Unidos en silencio
FERNANDO FUEYO

El Viernes Santo, celebrando la muerte del Señor, confesaba que entre los momentos más difíciles y amargos en la vida de un cura están las visitas al tanatorio, y la celebración de los funerales acompañando a los familiares de los difuntos, sobre todo cuando, como en el caso de Jesús y en el caso de hoy, se trata de personas jóvenes y muertas trágicamente.
No podía sospechar que sólo dos días después habría que acompañar a cuatro familias de vidas muy distintas, pero hermanadas en el mismo dolor y en desolación total.
Las palabras se vuelven mudas y sólo queda estar cerca, acariciar y llorar juntos. Hasta el rezar se pone cuesta arriba porque brota espontánea la protesta, que también es oración, preguntándole a Dios por qué.
A pesar de todo, intentamos acercarnos a Jesús, a quien siempre, y muy especialmente en estos días pascuales, proclamamos Resucitado y vencedor de todas las muertes. En las manos de Dios dejamos al pequeño Kevin, al chaval Alex, a Carmen, que cumplió ese domingo negro 20 años, y a la joven monitora que se llamaba Verónica y de «verónica» ejercía en el grupo y en casa.
Jesús Resucitado, resucítalos contigo.

Fernando Fueyo es arcipreste de Gijón.

“¿Por qué buscais entre los muertos al que esta vivo?. No está aquí; ha resucitado” (Lc 24, 5-6)
 
Toda una declaración de guerra

El Diurnal de JAI
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Tras la publicación del último documento de los obispos “Teología y secularización en España” se han levantado muchas voces críticas con el mismo pero, de todo lo leído, ninguna de la envergadura de la que ha hecho pública Esglesia Plural mediante un documento en el que se hacen afirmaciones como: “Es un documento muy duro, cargado de violencia y rencor, que intenta estigmatizar a todas las personas y grupos que no se pliegan al dictado de la jerarquía” ; “Es un documento hecho con mala fe...”; “La Buena Nueva de Jesús, en su boca, se convierte en un mensaje estéril”. Y esto, simplemente, a modo de ejemplo. En el blog de Rumores de Ángeles puede leerse en su totalidad.
Lejos de entrar en un análisis polémico del contenido de lo que dice Esglesia Plural, cuyos argumentos pueden servir para un extenso debate, lo que si parece es que reflejan una situación que es, en definitiva, la que los propios obispos reflejaban en el documento: la alineación de sectores eclesiales que en nombre del progresismo parece que desarrollan una Iglesia paralela a la que representa la jerarquía a la que sitúan, casi sin excepción, dentro del conservadurismo mas rancio y enemigo de cualquier tipo de evolución social y religiosa.
Así como creo que todas las generalizaciones son malas y no se puede meter a todos los teólogos llamados progresistas e incluso denominados por algunos “disidentes” en el mismo saco, tampoco creo que el colectivo episcopal actúe “de mala fe” o con “violencia y rencor”, tal y como se les acusa.
No habría que olvidar que aunque en esta vida todo es discutible y opinable dentro de la Iglesia quienes tienen la responsabilidad de cuidar del Magisterio de la Iglesia son los Obispos, herederos de los apóstoles. Podremos criticar sus actuaciones, sus palabras o muchas de sus decisiones, sobre todo aquellas en las que no se pone en juego la doctrina o el propio Magisterio, pero siempre teniendo en cuenta quienes son y lo que representan. Si esto lo perdemos de vista podemos, con mucha facilidad, perder también el sentido eclesial ya que conviene recordar que no se podría entender una Iglesia sin obispos.
La instrucción episcopal puede tener muchos aspectos que se pueden debatir y criticar, partiendo de la misma aplicación que puede tener y de las acciones episcopales que del mismo documento se derivarían, pero llevar esa crítica al enfrentamiento personal con los obispos acusándoles de mala fe y de rencor no es más que buscar una guerra con los sectores mas “progresistas” que a nada parece que va a conducir salvo a provocar una situación en la que se tengan que tomar decisiones que a nadie gustarían.
La crítica y una cierta disensión en torno a los documentos y decisiones episcopales siempre ha existido y existirá en la Iglesia pero cuando se pierde de vista quien es cada cual y lo que representa o cuando la misma se hace perdiendo los límites del respeto, la misma crítica más que argumentada queda totalmente deslegitimada.
Dentro de la Iglesia las declaraciones de guerra, sobre todo contra la jerarquía, nunca han traído nada bueno ni han beneficiado a quien, muchas veces estupefacto, contempla las mismas, el Pueblo de Dios.

“Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación”. (Rm 10, 10)

 
El testamento de Jesús de Nazaret

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Cuando uno viaja por internet hay ocasiones en las que se encuentra con textos y documentos, unas veces anónimos y otras con autor, que son una maravilla. Hoy, en este día de Viernes Santo, recojo uno, quizás un poco largo, que aparece como anónimo y que simboliza lo que podría ser, en palabras del propio Jesucristo, su propio testamento.

TESTAMENTO DE JESÚS (Anónimo)

Yo, Jesús de Nazareth, viendo próxima mi hora
y estando en posesión de plenas facultades para firmar este documento,
deseo repartir mis bienes entre las personas más cercanas a Mí.
Mas siendo entregado como cordero para la salvación de la Humanidad,
creo conveniente repartir entre todos.
Y así os dejo:
Todas las cosas que desde mi nacimiento han estado presentes en mi vida y la han marcado de un modo significativo:
La estrella, a los que están desorientados y necesitan ver claro para seguir adelante, y a todo aquel que desee ser guiado y/o servir de guía; el pesebre, a los que no tienen nada,
ni siquiera un sitio para cobijarse o un fuego donde calentarse y poder hablar con un amigo.
Mis sandalias, son sus sandalias, las de los que deseen emprender un camino, de los que están dispuestos a estar siempre en camino.
La palangana donde os he lavado los pies, a quien quiera servir, a quien desee ser pequeño ante los hombres, pues será grande a los ojos de mi Padre.
El plato donde he partido el pan: es para los que vivan en fraternidad, para los que estén dispuestos a amar,ante todo y a todos.
El cáliz, lo dejo a quienes están sedientos de un mundo mejor y una sociedad más justa.
La cruz es para todo aquel que esté dispuesto a cargar con ella.
Mi túnica a todo aquel que la divida y la reparta.
También quiero dejar como legado, a la Humanidad entera, las actitudes que han guiado mi Vida, actitudes que quiero que guíen también las vuestras.
Mi Palabra y la enseñanza que me confió mi Padre, a todo el que la escucha y la pone en práctica.
La alegría a todos los que deseen compartirla.
La humildad, es para quien esté dispuesto a trabajar por la expansión del Reino de los Cielos.
Mi hombro, a todo aquél que necesite un amigo en quien reclinar la cabeza, y al abatido por el cansancio del camino, para que puedan descansar y recobrar fuerzas para seguir caminando.
Mi perdón, es para todos, para todos los que día tras día, pecado tras pecado, sepan volver al Padre.
Mi Madre, para todos los que están solos y abatidos. En Ella encontrarán la fuerza necesaria para permanecer al pie de la cruz de cada día.
Mi Amor... mi Amor es para todos, buenos y malos, justos e injustos, para todos los hombres sin ningún tipo de distinción.
Eso sí, siento especial predilección por los más débiles.
Todo esto y aún más quisiera dejaros, pero sobre todo es mi Vida lo que os ofrezco.
Soy Yo mismo quien me quedo con vosotros para seguir caminando a vuestro lado,
compartiendo vuestras preocupaciones y problemas, alegrías y gozos.
SÍ, YO SOY LA VIDA, PERO TÚ PUEDES TRANSMITIRLA
Nada más.
Manteneros unidos y amaos de verdad.
Yo os he amado hasta el extremo y os llevo en mi Corazón.
Pronto, muy pronto, volveré.
 
Amor Fraterno

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El Jueves Santo la Iglesia, junto con la celebración de la institución de la Eucaristía celebra el día del amor fraterno. Es algo singular que la misma distribución de las lecturas evangélicas de ese día coloquen la narración de las palabras Eucarísticas en boca de San Pablo, en la segunda lectura, reservando para el evangelio el momento del servicio, el lavatorio de los pies. Algo que por singular o llamativo no deja de tener su trascendencia.
El amor fraterno, o si se prefiere la caridad, es algo que no se agota en una institución, por mucho que esta se llame Caritas, ni tan siquiera en alguna orden religiosa que lleva su nombre. La caridad es algo que afecta a la totalidad de la Iglesia.
Si bien es cierto que para canalizar esfuerzos la Iglesia se dota de un organismo concreto, llamado Caritas, que muestra uno de los mejores rostros de la Iglesia ante la sociedad, no deja de ser importante que o la caridad es algo en lo que se ve implicada toda la comunidad eclesial o puede quedar reducida a una mera atención asistencial, meramente técnica o burocrática.
Aunque a nivel civil muchas veces sea considerada como tal, Caritas no puede ser para los cristianos una ONG al igual que existen otras muchas que también realizan o intentan realizar un bien social. Caritas es la totalidad de la Iglesia actuando en el mundo de la pobreza y desarrollando la llamada central de Jesucristo a vivir el amor fraterno.
Y todos sabemos que la caridad tiene mucho más que ver con la sensibilización de los corazones que con una buena organización administrativa de los recursos, aunque esta también sea necesaria. Pero no deja de ser algo que llama la atención el observar como muchas veces en la medida en que se mejoran las tareas administrativas, la gestión de los recursos y se perfeccionan los organigramas y proyectos, en la misma medida comienza a haber un distanciamiento u olvido de algo que es fundamental, la implicación de la comunidad parroquial, de los fieles, en una institución que es suya y que, además, actúa y canaliza esfuerzos en su nombre.
Además cuando hablamos del amor fraterno en un día como hoy descubrimos también que, lejos de viejas concepciones o del reduccionismo al que a veces sometemos las cosas, Caritas es algo más que una organización eclesial para atender a los pobres y necesitados. Es también el instrumento de la propia Iglesia para toda una reflexión social, para despertar la sensibilidad ante cualquier tipo de injusticia y, como no, para vivir la reconciliación y el mandato del amor. Casi nada.
Hubo quien alguna vez al escuchar algo parecido exclamo: ¡entonces Caritas lo es todo!. Pues a nivel de animar la vida de la comunidad cristiana puede que no lo sea todo, al menos solo como institución, pero la caridad es su motor principal, el corazón de toda su actividad catequética, litúrgica y evangelizadora.
Cosa que recuerda el propio Benedicto XVI en su encíclica Deus Caritas est: “Las organizaciones caritativas de la Iglesia, sin embargo, son un opus propium suyo, un cometido que le es congenial, en el que ella no coopera colateralmente, sino que actúa como sujeto directamente responsable, haciendo algo que corresponde a su naturaleza. La Iglesia nunca puede sentirse dispensada del ejerció de la caridad como actividad organizada de los creyentes y, por otro lado, nunca habrá situaciones en las que no haga falta la caridad de cada cristiano individualmente, porque el hombre, más allá de la justicia, tiene y tendrá siempre necesidad de amor”. (nº 29)
Que la celebración de la Eucaristía de esta tarde que celebraremos en nuestras parroquias sea una verdadera expresión del amor fraterno.

“Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo toméis en memoria mía” (1 Co 11, 24.25)

 
Obispos versus teólogos

El Diurnal de JAI
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Según recogen prácticamente todos los medios el último documento de los Obispos, la instrucción pastoral “Teología y secularización en España”, culpa a los teólogos más críticos y a los medios de la imagen de disensión interna de la Iglesia que falsamente se ofrece. Es entre los números 48 y 51 donde más propiamente se recoge esta apreciación. Lógicamente el documento es mucho más amplio (69 números) recogidos en unas 26 páginas y necesitará de una mayor atención y pormenorizada lectura. Pero, aunque sea de forma somera y sin un análisis profundo de su contenido, algo si que podemos comentar, al menos, sobre la polvareda mediática que ha comenzado a levantar.
Recuerdo de mis comienzos en los estudios de Teología que siempre se solía presentar esta materia como una “ciencia” que abría caminos a la reflexión y que ofrecía pistas a la evolución del Dogma y del Magisterio de la Iglesia. Ello producía, con cierta lógica, una cierta tensión entre lo que la Iglesia cree y algunas ideas y sugerencias nuevas que el pensamiento y la experiencia de Dios y de la Iglesia aportan. La misma tensión que podemos contemplar en tantas cosas de la vida entre el cómo son las cosas y cómo algunos las pueden ver dentro de una cierta evolución.
El problema es cuando esa tensión lógica y diría que incluso sana, que beneficia tanto a la teología como al propio Magisterio de la Iglesia, cambia de tono y se convierte en una crítica poco constructiva, en un enrocamiento de posiciones y en un abierto disenso donde resulta difícil conciliar la reflexión con el dogma.
Todos tenemos experiencia de lo que en esos números de la instrucción pastoral los obispos recogen: hay en ocasiones una crítica a la “oficialidad” de la Iglesia que parece estar presentando la misma en dos niveles, uno más conservador e intransigente (el de la Jerarquía) y otro mucho más liberal, humano y tolerante (el de los grupos más críticos).
Que los Obispos denuncien esta realidad no sé por qué produce tanta extrañeza cuando es una realidad fácilmente palpable. Lo que si puede causar sorpresa es que en esta ocasión hayan abordado esta cuestión con la claridad que lo hacen.
Discrepar en lo accesorio, en las formas o en ciertas materias discutibles, no es el problema. Este surge cuando la discrepancia llega a lo fundamental, cuando se pone en duda la resurrección de Jesucristo o la misma Eucaristía y hablamos de ello como algo simbólico o cuando, en otro orden de cosas, la discrepancia es tal que acabamos diciendo cosas contrarias que, lógicamente, desconciertan a los fieles.
De lo que ya tengo mis dudas es de que la presunta mala imagen de la Iglesia venga motivada por esta tensión con la teología o con algunos grupos que se identifican como vanguardia eclesial. Algo de autocrítica también debemos de hacer y reconocer ahora, no después de muchos años, que a veces no sabemos o no nos esforzamos lo suficiente es mostrar la realidad de lo que la Iglesia significa y por ello la imagen que se percibe es distorsionada y circunstancial.
Hay que aliviar disensos internos en esa tensión entre el Magisterio y la Teología pero también hay que mejorar la forma que tenemos de presentar, vivir y hablar de la Iglesia que decimos amar y en la que vivimos nuestra fe.

“Dichoso el que tú eliges y acercas
para que viva en tus atrios:
que nos saciemos de los bienes de tu casa,
de los dones sagrados de tu templo”
(Salmo 64)

 
A propósito de un sínodo diocesano

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Este es el título con el que José Ramón Alvarez, sociólogo Diocesano y párroco de Pruvia (Llanera), publicaba ayer en las páginas del diario El Comercio su opinión personal y su postura ante el anuncio de la celebración de un próximo Sínodo Diocesano en la diócesis de Oviedo. Por su interés y por la argumentación esgrimida que, aunque sea personal, no deja de ser muy razonable, lo recojo hoy en estas páginas. Creo que es muy interesante.

A propósito de un sínodo diocesano

JOSÉ RAMÓN ÁLVAREZ ÁLVAREZ
SOCIÓLOGO. PÁRROCO DE PRUVIA-LLANERA/

En la Iglesia de Asturias se ha abierto en el mes de marzo un periodo de reflexión y discernimiento sobre la conveniencia o no de la celebración de un sínodo diocesano. En pocas palabras, un sínodo es una especie de reunión extraordinaria de los obispos con los sacerdotes, religiosos/as y seglares para debatir juntos sobre el momento presente de la evangelización y sobre los acentos más significativos de ésta para el futuro próximo en Asturias. En definitiva: un alto en el camino para reflexionar y debatir con el objetivo último de aconsejar al prelado sobre juntos el rumbo de nuestra iglesia local.
La carta pastoral del arzobispo invitando a la reflexión hace referencia al espíritu y los documentos del Concilio Vaticano II como luz para el discernimiento. Sin perderlos de vista en cuanto pueden ser materiales útiles, no conviene olvidar el tiempo transcurrido desde entonces. En 40 años han cambiado muchas cosas en el mundo y en Asturias. También lo han hecho los problemas y su magnitud. Hay que comenzar a decir y a asumir que el Concilio tiene aspectos en los que se ha quedado obsoleto. La mayor parte de los problemas eclesiales tienen que ver con un deficiente análisis de la realidad que le hacen dar respuestas del pasado a problemas del presente, responder a preguntas inexistentes o sencillamente ignorar la existencia de los mismos problemas.
Por diversas razones que se enumerarán, me encuentro entre quienes no consideran conveniente la celebración de este acontecimiento eclesial. La principal de las razones de esta negativa tiene que ver con los problemas que separan a la Iglesia de la sociedad. Su magnitud y dimensiones exceden las competencias de nuestra iglesia local, afectan a todo el orbe católico y han quedado zanjados de modo temporal, que no definitivo, por las jerarquías vaticanas. Si, como ya nos anuncian, estos asuntos no se tocan y son temas tabú, ¿de qué vamos a hablar que pueda resultar de mediano interés? La Iglesia de Asturias tiene experiencias negativas recientes, como la Asamblea Sacerdotal del año 1978, que no han conducido a nada. El debate por el debate, aparte de su escasa utilidad, provoca frustración.
La segunda razón para la negativa tiene que ver con los hipotéticos participantes en el proceso. ¿Quiénes van a ser? ¿Cómo van a ser elegidos? Lo que nos conduce a la cuestión de la participación y la representatividad en los procesos de toma de decisión eclesiales. A estas alturas de la película ya nos conocemos todas las preguntas y las respuestas. La experiencia de muchos años sobre el funcionamiento de los organismos de consejo eclesiales nos revela que, en la mayor parte de los casos, los consejeros son aconsejados por aquellos a quienes debieran aconsejar. Por si esto fuera poco, los escasos miembros electos suelen ignorar de modo sistemático la voluntad y la opinión de quienes depositaron su confianza en ellos. El resultado final de estos procedimientos es la irrelevancia de esos organismos y la indiferencia que suscitan los asuntos que abordan.
Una tercera y última razón tiene que ver con la ausencia de liderazgo en la Iglesia asturiana para pilotar no sólo el desarrollo del hipotético sínodo, sino las posibles conclusiones que de él emerjan. Es más, este problema trasciende nuestras fronteras diocesanas y ya es un lugar común entre todos los analistas eclesiales que se precien en España. Sin líderes cercanos, queridos, aceptados, imaginativos, capaces de trabajar en equipo, queda poco espacio para el diseño del próximo futuro. Entre nosotros, la prueba más evidente la tenemos en el agonizante Plan Pastoral Diocesano que ha pasado sin pena ni gloria. También en otros decretos firmados en espectaculares ceremonias litúrgicas de cuyo desarrollo y cumplimiento nada más se ha sabido.
En líneas generales, este es el panorama que tenemos. Puede haber otros análisis e interpretaciones porque la Iglesia asturiana es bastante más plural de lo que muchos piensan o quisieran. Podemos seguir trabajando juntos desde la diversidad como lo hemos hecho hasta ahora. Otros posicionamientos, apoyados en imaginarias mayorías, podrán vencer, pero nunca convencer. Por eso es tan necesario el consenso previo antes de emprender aventuras como la del sínodo.
Por último, convendrá recordar, a modo de aviso para navegantes presuntamente ortodoxos, que cuando hay un proyecto, aunque sea en la Iglesia, se puede opinar e incluso disentir. En este sentido, la invocación a la comunión eclesial en este punto bueno será dejarla para cuando se tome la decisión concreta.

“Grande es lo que el Señor nos promete para el futuro, pero es mucho mayor aún aquello que celebramos recordando lo que ha hecho por nosotros” (De los sermones de San Agustín)

 
La Semana santa

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Estamos a las puertas de la Semana Santa y por ello me permito traer hoy a este blog el texto de un compañero sacerdote, ya jubilado, que hoy publica el diario La Nueva España. Un texto que puede ayudarnos a la reflexión que me parece una buena introducción a lo que como Iglesia vamos a vivir en estos próximos días tan importantes.

RAMOS

Hoy leemos, sin duda, la página más dramática del evangelio de Marcos: «Todos los discípulos abandonaron a Jesús y huyeron. Llevaron a Jesús a un lugar llamado Gólgota. Entonces lo crucificaron».
Desde la emocionante cena de despedida hasta la soledad de la cruz y su muerte infamante, pasando por el abandono de los suyos, por la traición de Judas, por la cobardía de las autoridades, por la injusta condena y por el grito angustioso en la cruz, en esta semana reviviremos los más importantes misterios de nuestra fe cristiana.
Lo que ha sucedido hace más de dos mil años sigue sucediendo a lo largo de una historia repetida y cruel. El Señor sigue padeciendo y sufriendo, cosido a la cruz, en la que están crucificados con Él los de siempre: los excluidos, los ancianos solos, las mujeres maltratadas, los enfermos mentales desatendidos, los enfermos de sida que sufren la doble marginación de su enfermedad y del rechazo social; las mujeres de la calle, atrapadas en una situación casi irreversible, sin posible retorno; los drogodependientes, víctimas de quienes no se atreven a desmontar el negocio de los narcotraficantes; los inmigrantes, los sin papeles, sin empleo, sin vivienda, sin familiaÉ Larga procesión de hombres y de mujeres, que recorren el camino del calvario sin músicas, sin cofradías, sin acompañantes.
Hoy empezamos una semana en la que vamos a ver a un hombre justo encaminarse, coherente con sus ideas, hacia la muerte, consecuencia de haber hecho el bien. En Jesús de Nazaret, en ese hombre ultrajado, abofeteado, coronado de espinas, clavado en la cruz, reconocemos al Hijo de Dios. Ése es el misterio de la cruz, no la glorificación del dolor por el dolor, sino la revelación suprema del amor.
La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén es una fiesta que no todos vieron de la misma manera. Los que esperaban un Mesías triunfador creyeron que éste era el momento. Para las autoridades religiosas, esta entrada triunfal era la última gota que iba a colmar el vaso.
Para Jesús era el comienzo de su hora.
En la celebración de hoy, los cristianos tenemos ante los ojos esa postura firme y valiente de Jesús, que entra en Jerusalén decidido a afrontar las consecuencias de este viaje y escuchamos a una multitud enardecida, que alfombra la calle con ramas y palmas de olivo, gritando alabanzas: «Bendito el que viene en el nombre del Señor».
Y Jesús de Nazaret irá a la cruz, solidario con todos los hombres que llevamos a cuestas la cruz de la vida. Y le clavarán para que no se mueva. No saben los que le crucifican que no hay clavos que sujeten las ideas.

José Luis Martínez, sacerdote jubilado.


“Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos”.
(Salmo 33)

 
XXX Marcha de Jóvenes a Covadonga

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Covadonga es para los asturianos el santuario mariano por excelencia donde se dan cita peregrinos que movidos por su fe acuden a la casa de la Madre implorando ayuda, dando gracias o simplemente visitando lo que para los asturianos, cristianos y no tan cristianos, es un centro esencial para nuestra vivencia de la fe, nuestra cultura y nuestra identidad.
Desde hace 30 años (probablemente sea alguno más que no se ha contabilizado) Covadonga acoge anualmente una peregrinación de jóvenes que saliendo de Cangas de Onís o de sus inmediaciones caminan durante unos doce kilómetros para llegar al santuario.
La Marcha en sí suele estar siempre precedida de un trabajo previo que orienta y centra la reflexión y el sentido de la peregrinación de ese año. Desde hace siete años suele hacerse coincidir el día con la víspera de la Jornada Mundial de la Juventud que se celebra el Domingo de Ramos y por ello este año se ha asumido para la misma el lema de dicha Jornada: “Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en el sendero”, ofertándose como material previo para la reflexión el mensaje de S.S. Benedicto XVI para ese día.
Aunque a lo largo de su historia la Marcha a Covadonga ha tenido diferentes épocas y algunos elementos de su organización han podido variar con el tiempo, siempre se ha mantenido lo esencial: es un encuentro de los jóvenes asturianos que ese día conviven, oran, peregrinan y celebran junto a su obispo la Eucaristía.
Es innegable que en 1998 se dio un importante giro a la Marcha a Covadonga con el consiguiente coste de asistentes. El replanteamiento, por otro lado, era necesario. Hubo años anteriores en los que llegaron a alcanzarse cifras de ensueño, mas de cinco mil jóvenes acudieron en alguna de las convocatorias, pero también hay que reconocer que se convirtió durante unos cuantos años en una “romería juvenil” donde acudían multitudes de jóvenes que no tenían ningún tipo de motivación religiosa, parroquial o de fe sino que acudían simplemente “a la movida” que se organizaba. Fue en 1998 cuando la fecha de su celebración (que antes era el primer domingo de Mayo) se modificó y ello motivó que, por primera vez en mucho tiempo, los asistentes no llegasen al millar pero se recuperase el sentido de peregrinación y religiosidad que parecía haberse comenzado a perder y que ahora no sólo se mantiene sino que crece con los años.
A pesar de que, según las estadísticas, cada vez son menos los jóvenes que confían en la Iglesia, mañana sábado la Virgen de Covadonga va a acoger de nuevo a muchos jóvenes asturianos. Sabemos que es una actividad puntual y que lo verdaderamente importante es el día a día, el compromiso en la parroquia y en los movimientos eclesiales, pero estoy convencido de que la Marcha a Covadonga ayuda a todo ello. Lo que tampoco podemos ignorar es algo que se observa año tras año y es que las edades de los asistentes cada vez están mas cerca de la adolescencia que de la juventud propiamente dicha pero eso también es reflejo de lo que tenemos en nuestras parroquias, ¿o no?.

“Por tanto, los niños, que han sido entregados a vuestro cuidado, han de ver que sois ministros de Dios porque ejercéis vuestro oficio con una caridad sincera y una fraternal diligencia. El pensar que sois no sólo ministros de Dios, sino también de Cristo y de la Iglesia, os debe ayudar a cumplir con vuestra obligación” (De las Meditaciones de San Juan Bautista de la Salle)


 
Cuando un padre se va

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No es sólo que, como nos dice la canción con referencia a los amigos, algo se muera en el alma. Cuando un padre nos deja, algo se rompe en todo el esquema de tu vida y es difícil que vuelva a ser como antes porque, de alguna forma, un soporte muy importante de todo nuestro ser nos falta ya para siempre. Hace muy poco me ha tocado despedir a mi padre aunque en cada gesto, en mi propio carácter y en cada cosa que haga para el resto de mi vida, sé que va a vivir siempre conmigo.
Hay un detalle que rodea todo lo que significa la despedida a alguien que se va que no deja de ser significativo. El evangelio del domingo pasado nos decía que el grano de trigo para dar fruto ha de morir y en todo el entorno de la muerte hay pequeños frutos que no dejan de tener su valor. Ante el hecho de la muerte, las personas se reencuentran para compartir el dolor, se recomponen relaciones distanciadas, hay abrazos, palabras y miradas que emocionan y ayudan a mostrar, por encima de todo, lo mejor que tenemos en el corazón.
Todo eso, en mayor o menor medida, lo he vivido hace muy poco en primera persona y no tengo la menor duda de que, a pesar de su muerte, mi padre ha sido el verdadero artífice de todo ello.
Siempre, es verdad, puede quedar alguna pequeña espina. En mi caso esperaba poder dar un gran abrazo, guardado desde hace muchos años, a alguien muy querido que en mi juventud fue para mí toda una referencia personal y con quien perdí la buena relación por, al lado de otras cosas, la poca fortuna de algunos de estos artículos míos de opinión que ahora, quince años más viejo, o no haría o haría de otra forma. No pudo ser, y me imagino que por un cierto temor o una excesiva prudencia, pero sé que ese abrazo sigue pendiente y que en nombre y recuerdo de mi padre un día, no muy lejano, llegará.
Cuando ya finaliza la despedida al ser querido que se nos va, nos queda el sentimiento de la gratitud tanto a quienes en esos momentos nos han mostrado su afecto como, en mi caso, al mismo Dios que me sonrió con un padre como el que dio y del que siempre estaré orgulloso.
Ahora comienza lo mas difícil: aprender a vivir con el vacío que deja, con ese hueco que se produce en nuestras vidas que nada ni nadie, por mucho amor y afecto que nos rodeen, puede llenar y con el que a uno no le queda mas remedio que seguir viviendo para siempre.
Cuando un padre se va, uno se acuerda de tantas cosas que le hubiera gustado poder haberle dicho de poder haber tenido más tiempo... de tantas muestras de cariño que muchas veces damos por supuestas y que ahora nos pesa no haberlas exteriorizado mucho más. Pero de todo ello me queda la convicción de la esperanza cristiana de que ahora todo eso que hay en mi corazón él ya lo sabe y que su muerte va a seguir dando fruto porque si alguna vez necesito fuerzas para afrontar otras pruebas de la vida sé que ahora tengo al lado de Dios a un abogado y a un intercesor que me quiso tanto como solamente un padre, un gran padre, puede llegar a querer.

“Lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. Lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios” (1Co 1, 25.27)

 
Un año sin Juan Pablo II

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Cercana ya la fecha del aniversario del fallecimiento de Juan Pablo II uno no puede menos de recordar tanto lo que aquellos días supusieron para la Iglesia Católica y para el mundo en general como lo que su largo pontificado supuso para la Iglesia de finales del siglo XX y comienzo del tercer milenio. Un año después de su muerte ni sus más acérrimos defensores ni tan siquiera aquellos más críticos con lo que fue su pontificado pueden negar la enorme importancia y trascendencia que tuvo en la vida de la Iglesia y en una parte importante de la historia de la humanidad contemporánea.
A Juan Pablo II se le ha presentado de muchas formas: el Papa de las multitudes, de los jóvenes, el viajero..., creo que todo ello se queda corto o que presenta tan sólo una dimensión muy corta de lo que fue su pontificado.
Al lado de imágenes que despertaron muy duras críticas como la famosa en la que parecía riñendo a Ernesto Cardenal o la del Palacio de la Moneda al lado de Pinochet, hay muchas otras que sin haber tenido tanta trascendencia muestran a un Papa empeñado en anunciar a Jesucristo y, además, anunciarlo a cuanta más gente mejor. Indudablemente la imagen de un Papa, cualquiera que fuese, captada en el momento en que parece que está dando un rapapolvo a un sacerdote, ministro de un gobierno de izquierdas en Nicaragua, o la foto sonriente y cordial al lado de un presunto genocida como Pinochet no pueden estar exentas de cierta crítica y menos por parte de quien así la busca. Pero conviene recordar que ese mismo Papa también se fotografío y recibió altos elogios por parte de otro presunto genocida como Fidel Castro. Aunque para unos u otros ni el uno ni el otro serán ni dictadores, ni genocidas.
Tuve la oportunidad de estar por dos veces muy cerca de Juan Pablo II: en Toronto y en Cuatro Vientos y la Plaza de Colón y no puedo negar que su sola presencia irradiaba una fuerza espiritual que estaba muy por encima de las multitudes y de los jóvenes que en sus viajes solía arrastrar.
Tras de sí dejó un inmenso magisterio que en los próximos años será muy citado y al que con frecuencia deberemos acudir porque ha supuesto las bases para la presencia de la Iglesia en el mundo en los inicios de este tercer milenio.
¿Qué su pontificado no esta exento de críticas?. ¿Qué hubo cosas que pudieron hacerse mejor o incluso no hacerse?. Casi con toda seguridad, como ocurre con toda obra en la que tenga algo que ver la mano del ser humano. Pero el balance final de todo su pontificado, a un año vista, no puede ser mas alentador.
Un año después de su fallecimiento tenemos que seguir dando gracias por todo lo que significó, y sigue significando con su obra, para la vida de la Iglesia. Una Iglesia que continúa su camino y lo hace apoyada en todo lo que fue su magisterio pero de la mano de otro Papa, Benedicto XVI, que parece que va consiguiendo que la añoranza sea cada vez mas leve.

“Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar el mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces, venid, y litigaremos – dice el Señor. Aunque vuestros pecados sean como púrpura, blanquearán como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana” (Is 1, 16-18)