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Y AL FINAL, ¿QUÉ?

JAI Confidencial

La visita pastoral a Gijón se clausuró ayer con la participación del Arzobispo en el VII Encuentro de Consejos y colaboradores parroquiales del Arciprestazgo. Como era de esperar las conclusiones de la visita pastoral habían levantado una cierta expectación que fue descendiendo en forma inversamente proporcional a la exposición que el arzobispo hacía de las mismas.

Al finalizar la visita pastoral al arciprestazgo de Gijón las conclusiones, presentadas ayer por el arzobispo en el encuentro anual de consejos y colaboradores parroquiales, han quedado recogidas en una carta pastoral que él mismo ha dirigido a la iglesia “que peregrina” en Gijón.
La carta es extensa, unos ocho folios, y abarca impresiones, interrogantes y toda una concepción de Iglesia que el arzobispo trasmite en sus palabras.
Quienes esperaban duras condenas sobre “algunos excesos litúrgicos” a los que el arzobispo se refiere de pasada, alguna clarificación sobre la cuestión de los tanatorios y la presencia de sacerdotes en el cementerio de Ceares o la invitación a recuperar y potenciar la pastoral obrera y social que un día vivió Gijón, prácticamente se quedaron con las ganas.
Y no porque en su carta pastoral el arzobispo diga lo contrario sino porque, con talante de padre y pastor señala, indica, apunta pero no acaba disparando. Al menos no acaba disparando como algunos esperaban, claro.
Y para ello basta un ejemplo. Aunque la carta debe ser leída en su integridad con tomar solo un párrafo destacado de la misma podemos darnos una idea de la cordialidad existente en la misma ajena, por otro lado, al “baculazo” que algunos esperaban:

“Es destacable la reforma litúrgica que habéis asumido en las diversas parroquias y centros de culto, no exenta a veces de excesos, debido a interpretaciones personales en la celebración de los Sacramentos. Estoy seguro que sabréis valorar y descubrir que las celebraciones litúrgicas de la Iglesia no son hacer “nuestra” liturgia o “nuestros” particulares sacramentos. Somos un Pueblo que ha recibido una herencia que no está al servicio de protagonismos personales, sino que hemos sido llamados a vivir la misión que el Señor entregó a la Iglesia y que legitimó en quienes hizo columnas de la misma. No obstante, es destacable el atrevimiento sincero y comprometido realizado en las comunidades parroquiales por vivir experiencialmente la liturgia como fuente y culmen de toda la vida cristiana. ¡Cuántos esfuerzos por trabajar en la renovación de muchos aspectos de la existencia de nuestras parroquias! ¡Cuántos esfuerzos en la promoción de las diversas vocaciones y ministerios!”

Quien conozca un poco la iglesia asturiana y, en concreto, la ciudad de Gijón sabe que el arzobispo se refiere a las absoluciones generales. Habla de excesos pero no dice nada de que en muchas parroquias se continúen celebrando o de que en otras, con gran tradición en este sentido se hayan suprimido. Tanto quienes esperaban que las condenara enérgicamente como si alguno esperaba que las justificara (caso que dudo que hubiera) el resultado final es que “se cometieron excesos” pero fue “un atrevimiento sincero y comprometido”. Todo un rasgo de fina diplomacia.
Como bien apuntaba al final del encuentro de ayer Jesús Jerónimo Rodríguez, secretario del Consejo Arciprestal, “las palabras del arzobispo deberán traducirse en acciones pastorales concretas” y eso será un trabajo que, aunque ayudados por las orientaciones episcopales, solo podrán hacer las parroquias gijonesas.
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