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¿Será de esta?
En el tema del famoso martillo de Santa Ana, que da por un lado del viejo edificio andamiado al museo de Bellas Artes y por el otro al aparcamiento del Arzobispado, ha pasado como con el viejo tema musical de la “yenca”, un paso adelante y otro hacia atrás. Primero iba a realizarse en ese espacio la ampliación del Arzobispado, las viviendas para los obispos e incluso, en los bajos, la librería del Arzobispado. Los planos de aquella idea circularon entre la curia y algunos, por si acaso, se apresuraron a reservarse una parcela para sus dependencias. Pero se jubiló Don Gabino, llegó Don Carlos y, al parecer, se dio prioridad a otras obras. De ampliación del Arzobispado nada de nada.
Hace unos pocos meses el Museo de Bellas Artes propuso la adquisición de esa parcela para realizar una ampliación de sus instalaciones. Parecía que, por fín, se atisbaba una solución. Pero la respuesta del Arzobispado fue que no, que no se vendía nada de lo que era patrimonio de la Iglesia. Otro paso atrás.
Ahora es la propia Iglesia la que lanza la posibilidad de construir un edificio donde ella conservara la propiedad y pudiera alquilar sus servicios. Propuesta que, aunque parece razonable para el Museo de Bellas Artes, como hoy se puede leer en La Nueva España, no deja de plantear alguna duda por el hecho de quien va a realizar la construcción del edificio. Y es que esa va a ser la gran pregunta. La lógica parece indicar que el edificio lo construirá el propietario que luego va a alquilar la propiedad. La pregunta entonces ya no es qué se va a hacer en el martillo de Santa Ana sino ¿cuánto nos va a costar?
No