Lobos cuidando ovejas

JAI Confidencial
No es la primera vez que, llevados por un calentón dialéctico, oímos aquello de que los primeros que no creen en Dios son los Obispos. Evitando este tipo de exageraciones que, como todos los comentarios, no están exentas de motivación, no es menos cierto que en ocasiones la confianza en la Iglesia y, sobre todo, en sus instituciones, se ve amenazada por mantener al frente de las mismas a personas que, estando muy capacitadas a nivel técnico, no viven ni sienten dentro de los parámetros esenciales de la vida eclesial.
Si, como ejemplo, al frente de Caritas hay alguien que no cree en el diálogo, en la fraternidad eclesial o que, simplemente, le repugnan los pobres, mantenerlo al frente de la misma no deja de ser una temeridad.
Y para que no haya malas interpretaciones en el recurso a los ejemplos podemos poner mas. ¿Se el ocurriría a alguien poner al frente de la pastoral juvenil a quien no crea en los jóvenes?. ¿Y al frente de la Casa Sacerdotal a quien no soportara tratar con ancianos?.
Los ejemplos podrían ser muchos más. El problema es cuando estas cosas dejan de ser ejemplos y pasan a ser una triste realidad.
Salvo dejar constancia de su incoherencia o, en muchos casos de su hipocresía, nada mas se les puede reclamar a quienes son responsables de unas instituciones a las que contradicen con sus propios actos. Es entonces cuando la responsabilidad mira siempre hacia arriba.
Hay personas el frente de algunas instituciones que no dejan de ser responsabilidad directa de los obispos que al frente de ellas los mantienen, aunque luego digan no estar de acuerdo con algunas de sus actuaciones o limiten las mismas al campo de lo puramente personal.
Cuando un obispo mantiene su confianza en quien no vive, como debe ser, la Iglesia y sus valores primordiales que luego no se queje de la carnicería que puede organizar entre las ovejas. La culpa será única y exclusivamente de quien no supo ser buen pastor y no solo dejo entrar al lobo sino que le entregó las ovejas.