Nobleza obliga

JAI Confidencial
A los obispos les preocupa la imagen que de ellos se proyecta pero, todo hay que decirlo, no más que a cualquiera cuyas responsabilidades tengan una trascendencia pública.
Pero en cuestiones de imagen hay para todos los gustos y colores. Si hace unos años tras una larga lucha obrera algunos de los sindicalistas entregaron al arzobispo Díaz Merchán un “gomeru” de los que usaban en sus refriegas con la policía y la foto, para gusto de unos y disgusto de otros, lleno todas las portadas y aún es frecuentemente recordada, ya hay quien espera la foto del actual arzobispo pero esta vez rodeado de la nobleza que el próximo sábado, según citaba ayer la Nueva España, le nombrará su capellán de honor.
Habría que decir, para desencanto de los llamados conservadores, que ni la imagen de Don Gabino con el “gomeru” fue para tanto ni lo de Don Carlos con estas cosas de la nobleza ahora o de los caballeros cruzados hace un año es, para disgusto esta vez de los progresistas, para otro tanto.
No fueron pocos los comentarios que ayer suscitó la información de La Nueva España sobre la intención de la llamada “nobleza” de nombrar a Don Carlos su capellán de honor y, la verdad, pocos eran partidarios de esta cuestión o defensores del arzobispo en ella.
Para sorpresa de algunos, y sin que sirva de precedente, le toca a JAI esta vez decir que la cosa no es para ponerse así. Ni el “gomeru” hizo de Don Gabino mas progresista o amante de la clase obrera de lo que era ni este acto del sábado va a transformar a Don Carlos en mas amante de la nobleza de lo que ya sea. Pero es la imagen lo que parece que realmente importa.
Quienes criticaron en su día a Don Gabino por la foto fue por la imagen que daba de colocarse al lado de la clase obrera en el enfrentamiento que acababa de terminar. Quien hoy critica a Don Carlos por este acto lo hace por la imagen de un obispo agasajado por la nobleza y las clases mas poderosas. Lo único cierto y que podemos suscribir es que tanto una imagen como otra pueden ser un buen material para ejercer la más sutil demagogia.
Pero estas cosas algo sí que pueden enseñar.
A pesar de que uno siempre prefería salir impune de las palabras que pronuncia o de las opciones y decisiones que toma, el daño a la imagen no suele hacerlo solo la prensa, las web o los blogs.... el daño a la imagen puede, generalmente sin pretenderlo, hacérselo uno mismo sin calibrar adecuadamente la repercusión que determinados actos, decisiones u homenajes pueden tener. Y es que, ante la opinión pública, hay incienso cuyo olor puede resultarnos agradable mientras que para la mayoría supone un tufo insoportable.