CUESTION DE DECENCIA, por Julio Asterio Fernández López
Cuando los ataques a los valores que la Iglesia y buena parte de la sociedad defienden dejan de ser una discrepancia y se materializan en actos que, por su violencia, son delictivos a nadie puede extrañar que los obispos se pongan al frente de los cristianos para protestar por todo ello.Aunque tradicionalmente la Conferencia Episcopal ha navegado, con arte diplomático, entre el clamor de sus fieles y las relaciones con los diferentes gobiernos, en esta ocasión no ha dudado en sumarse a la manifestación del día 18 y animar a participar en ella a sus fieles. Por algo será.
Hace poco me han contando una anécdota sucedida en un casino de un señorial barrio avilesino en los primeros albores de la democracia en España. Un casino a la española que, lejos de ser algo parecido a lo que pulula en Las Vegas (Nevada) no es, porque aún existe, más que un centro social y cultural.
Al poco de llegar la democracia a España la directiva de aquel “casino” se vio obligada a colocar en el mismo un letrero que procuraba velar por las buenas maneras dentro del mismo. “se prohíbe blasfemar”. Ante aquel cartel, que no hacía mas que recordar un artículo de la ley vigente, uno de los socios del casino se dirigió al presidente del mismo, también conocido colaborador de la parroquia, y le dijo: “¿qué tenemos que venir al casino con rosario?” a lo que aludido con agudeza respondió. “no, lo que hay que venir es con decencia”.
Pues algo parecido sucede con todo el jaleo organizado ante la manifestación del próximo día 18 de Junio en defensa de la familia y contra la regulación del “matrimonio gay” que pretende el gobierno. No es sólo una cuestión religiosa o de fidelidad al magisterio eclesial, (el “rezar el rosario” del socio) es una cuestión de valores, de principios que va mas allá de lo puramente religioso o confesional (la “decencia” del presidente del casino).
Me imagino que a la manifestación no irán solo católicos sino todos aquellos que quieran defender un modelo concreto de familia y una idea de matrimonio que en nada tiene que ver con la que el gobierno quiere implantar.
Pero, además, tampoco a nadie debe extrañarle que la Conferencia Episcopal se pronuncie y anime a participar en ella. Lo realmente extraño en estos obispos nuestros es que no lo hayan hecho mucho antes y ante otros muchos temas que afectaban tanto a las creencias religiosas como a la decencia moral y a la higiene social.
Pero, como se dice vulgarmente, “nunca es tarde si la dicha es buena” y aunque se equivoquen no está de mas que, al menos por una vez, los Obispos manifiesten con claridad lo que piensan y lo que piden a la sociedad.